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¿En qué novelas puedes utilizar un comienzo ab ovo?

Cada tipo de novela requiere de un comienzo diferente porque no todas las historias tienen el mismo ritmo, tensión, intriga… Comenzar «ab ovo» supone arrancar desde el principio, desde el origen de los hechos, antes de que ocurra el conflicto o que la acción esté avanzada.

En este vídeo-post te comparto cuáles son las características de un «ab ovo» y en qué novelas es recomendable utilizar este principio y en cuáles no. También te pongo ejemplos de autores/as que han inaugurado sus novelas de este modo y te explico las diferencias con respecto a los comienzos «in media res» o «in extrema res».

Érase una vez… 

El comienzo ab ovo es el más clásico. El «Érase una vez» que inaugura todos los cuentos de hadas tradicionales. Esta fórmula fue creada por Charles Perrault en 1694 en su cuento «Tres deseos ridículos»

Pero, ¿qué significa la expresión «ab ovo»? Viene del latín «ab», desde, y «ovo«, huevo. Lo que quiere decir es que la historia comienza desde el origen cronológico, desde la causa primera que desencadena los hechos. El conflicto todavía no ha sucedido y la acción se va a ir desarrollando en orden temporal. No sucede lo mismo en comienzos como «in media res» (a mitad de la historia) o «in extrema res» (al final de la obra) en los que el conflicto principal ya está expuesto en el principio. Por simplificarlo, podríamos decir que en estos dos últimos comienzos el cadáver aparece en el primer párrafo de la novela y el resto del relato trata de dar solución, por ejemplo, a quién ha sido el asesino. 

Tipos de novelas con este comienzo

Este tipo de principios son interesantes para narraciones intimistas, pausadas, con cierta lentitud y morosidad. Va muy bien con historias de corte clásico. Por ejemplo, es el caso de «El Quijote» que inaugura todo un universo, presenta a los personajes y nos va poniendo poco a poco en situación para desarrollar posteriormente todas las aventuras del hidalgo de La Mancha. 

El comienzo ab ovo también es muy utilizado en novelas del siglo XIX como «Madame Bovary» de Flaubert, «Ana Karenina» de Tolstói o casi todas las obras de Charles Dickens. Son principios que comienzan describiendo el ambiente donde va a suceder la acción o incluyen disertaciones filosóficas para enmarcar el tema de toda la novela o la época en la que se desarrollan los hechos. Por ejemplo, yo utilicé como epígrafe de mi novela «La mujer que vendía el tiempo», el primer párrafo de «Historia de dos ciudades» de Dickens. Para que veas cómo es este ab ovo te lo copio aquí:

‘Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos. La edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero nada teníamos, íbamos directamente al cielo y nos perdíamos en sentido opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere tanto al bien como al mal, solo es aceptable la comparación en grado superlativo’.

Como puedes comprobar, es un comienzo moroso, tranquilo y lento. 

¿En qué novelas no utilizaría un ab ovo?

Creo que ya te has podido hacer una idea de en qué historias no es recomendable utilizarlo, por ejemplo, aquellas novelas donde la tensión, la intriga y la acción sean los elementos fundamentales. Thrillers de toda clase, novelas negras, novelas de detectives, de misterio, de acción y aventuras… Si quieres que el lector se enganche desde el minuto cero a tu historia y quiera seguir leyendo, es más interesante que utilices un comienzo in media res o in extrema res.

Aunque esta recomendación, como todo en la escritura, no está escrita en piedra, es decir, que no es una ley que haya que cumplir a rajatabla. De hecho, hay una novela titulada «Siempre hemos vivido en el castillo» de Shirley Jackson que utiliza un comienzo ab ovo, pero es tan inquietante y misterioso que incita al lector a seguir pasando páginas. Como verás, es un principio que genera enorme curiosidad a pesar de que todavía no ha ocurrido nada. Dice así: «Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.»

Así que ya sabes, dependiendo del tipo de historia que estés escribiendo es recomendable empezar con uno u otro principio, siempre y cuando sean creíbles e inciten al lector a seguir leyendo. Ahora dale al play si quieres saber más sobre en qué novelas puedes utilizar un comienzo ab ovo. Y déjame un comentario aquí o en mi canal de YouTube si tienes alguna duda o consulta.

Espero que este vídeo te sirva de utilidad y muchísimas gracias por verlo. 

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