¿Cómo ambientar una novela gracias a las descripciones?

Todas las acciones de una historia suceden en un espacio. Incluso aquellas narraciones que ocurren en un «no lugar» tienen que estar contextualizadas en un marco de referencia para que el lector pueda interpretar los hechos. Por eso el ambiente y los escenarios tienen tanta importancia. Y, ¿cómo se consigue recrearlo de manera excelente? Pues gracias a las descripciones. En este post te comparto cómo ambientar tu novela utilizando la figura de la descripción. 

La importancia de los escenarios

El sentido del lugar fue un desarrollo bastante tardío en la historia de la narrativa. Las ciudades de la narración clásica son telones de fondo para el argumento y pueden ser intercambiables: lo mismo daría Éfeso que Corinto o Siracusa, dado que se cuenta muy poco de esas ciudades.

En cambio, a partir de los autores ingleses del siglo XIX, los espacios empiezan a cobrar mucha fuerza y protagonismo en la narración. Por ejemplo, es el caso de los vívidos detalles visuales que utiliza Dickens en sus obras, descripciones pormenorizadas de un Londres que nos pinta también las variaciones de clase y de estatus de sus habitantes, según la visión irónica del autor. El movimiento romántico de aquella época, hizo que los escritores se empezaran a fijar en la belleza del paisaje natural, y más tarde en el sombrío simbolismo de los paisajes urbanos de la era industrial. Volviendo a Dickens, sus escenarios resultan muchas veces más vivos que sus personajes, como si la vida hubiera sido extraída de las personas para resurgir de forma destructiva y malvada en las calles, máquinas, objetos, etc…

El peligro de las descripciones

El peligro que tienen las descripciones de lugar muy detalladas es que si se suceden muchas frases declarativas y se suspende la acción, el lector puede perder interés por el hilo de la narración. Las descripciones tienen que ser cortas y no se debe abusar de ellas. Para hacerlas más ágiles, puedes usar el presente para describir el lugar como si fuera el movimiento del narrador por ese espacio.

Puedes también cambiar los modos verbales, del indicativo (“Sales del hotel”) al interrogativo (“¿Lograrás que te sirvan la cena?”) y al imperativo (“Quédase en casa. No ande. Conduzca. No ande. ¡Corra!”). O puedes utilizar el pronombre de segunda persona del singular para implicar al lector y que no muera de aburrimiento.

Los fenómenos atmosféricos

Un recurso muy utilizado en las descripciones para enfatizar los estados de ánimo de los personajes, son los fenómenos atmosféricos. Antes del siglo XIX, salvo alguna tempestad en el mar, el clima recibió poca atención literaria. Pero, a partir de entonces, los fenómenos atmosféricos son muy utilizados, gracias a la poesía y la pintura románticas y al interés en la literatura por el individuo y sus sentimientos, que influyen en (y son influidos por) su percepción del mundo exterior.

Porque está claro que el tiempo afecta a nuestro estado de ánimo. No es lo mismo un día de verano con sol en el Caribe que un invierno cuajado de nieve en el norte de Europa. Los fenómenos meteorológicos se usan para provocar el efecto que John Ruskin llamó “la falacia patética”, la proyección de emociones humanas sobre el mundo natural. Pero, si se usa con inteligencia y discreción, es un recurso retórico capaz de conmover y de producir poderosos efectos en el lector.

El clima marca las emociones

El clima cambiante de Inglaterra y de Transilvania es fundamental en una novela como “Drácula” para enfatizar las emociones intensas que están viviendo los personajes. El tiempo en las novelas de Jane Austen suele ser algo que tiene consecuencias prácticas en la vida social de los personajes, más que un síntoma metafórico de sus vidas interiores. Por ejemplo, utilizar una tormenta de verano puede ser una analogía muy precisa para mostrar los sentimientos de un personaje protagónico con respecto a su futuro.

En “Casa desolada, Dickens utiliza un primer párrafo genial: “Un tiempo implacable de noviembre”. La personificación del tiempo, al calificarlo de implacable, es común en el lenguaje coloquial, pero en este caso al mezclarse con alusiones al Antiguo Testamento, da a entender que es una manifestación de la ira divina (“Como si las aguas acabaran de retirarse de la faz de la tierra”) evocando la descripción de la Creación del Génesis y del Diluvio Universal.

Ahora dale al play si quieres saber más sobre cómo ambientar una novela gracias a las descripciones. Y déjame un comentario aquí o en mi canal de YouTube si tienes alguna duda o consulta.

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Espero que este podcast te sirva de utilidad y muchísimas gracias por escucharlo.

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