Dentro de nada tu trabajo lo hará un robot… y lo sabes

La semana pasada presentamos en Madrid mi primera novela breve “La mujer que vendía el tiempo”. Empecé a escribirla en 2015 y en aquel entonces yo trabajaba en un banco. Sí, ahora me parece increíble… No me disgustaba lo que hacía pero odiaba la maquinaria del sistema. Me encontraba siempre fuera, todo me parecía un engranaje kafkiano y muchas veces estuve a punto de dejarlo. Pero marcharme sin un euro después de 17 años, no me parecía una buena salida… Y llegó mi rescate, que fue una bendición, en forma de ERE. Me acogí al despido, me indemnizaron, me dieron dinero por antigüedad, por la voluntariedad de acogerme al ERE y me compré mi tiempo. Me compré la posibilidad de reinventarme y de pensar en qué quería invertir esa vida tan preciosa que tenía por delante.

Y te preguntarás por qué te cuento todo esto

Cuando empecé a escribirla yo era una auténtica vendedora de tiempo. Trabajaba para el dinero de otros, en un sistema que no entendía, luchando contra los viejos paradigmas. Tenía siempre la sensación de ir contra el tiempo. Nunca tenía horas suficientes, siempre quería más para hacer más cosas, para llenar una vida profesional que no me satisfacía. Y de pronto me di cuenta de que estaba malgastando un montón de horas de mi vida en transportarme a un sitio para trabajar, que no me gustaba, para volver tardísimo a casa y repetir la secuencia todos los días con el parón del fin de semana… Me pareció que no estaba haciendo nada significativo, nada que dijera algo bueno de mi, solo nació, trabajó en un sitio que no le gustaba para ganar dinero y comprar cosas que no quería y… murió. Y era así de triste, de verdad…

Escribir la novela de “La mujer que vendía el tiempo” me permitió poner en orden mis ideas y tratar de explicarme mis obsesiones. ¿Qué es el tiempo? Durante tantos años trabajando con el concepto del dinero que es acumulable, me di cuenta que el tiempo es el único recurso, la única energía que no es almacenable ni renovable. Así me hice consciente de la necesidad de aprovechar correctamente esa energía, haciendo lo que hemos venido a hacer en este momento que nos ha sido dado, con las personas y las experiencias adecuadas.

Encuentra tu talento, no malvendas tu tiempo

Toda esta reflexión anterior, me lleva a la conclusión de que encontrar en la vida tu verdadero talento se está convirtiendo en una necesidad, dado que la tecnología está cambiando completamente el panorama profesional y el mundo empresarial. Los negocios ya no son lo que eran y las profesiones más demandadas, según el mapa de la empleabilidad en España de la Fundación Teléfonica, son las digitales: desarrolladores Java, ingenieros de Big Data, expertos en ciberseguridad…

¿Qué te encanta hacer, aquello que harías aunque no te pagaran? ¿Qué se te da bien hacer y solo tú sabes hacerlo de una determinada manera? ¿Cuál es tu pasión? ¿Tienes talento para algo en concreto? Apunta todo lo que se te ocurra, desde pequeñas cosas que creas que no tienen sentido hasta los trabajos que has tenido y en los que has disfrutado. Ahí tienes la clave…y ahora, ¿crees que habría alguien interesado en lo que tú haces genial y en cómo lo haces? ¿Crees que ayudarías a alguien con ese talento que tienes para…? Seguro que si te pones a pensarlo durante un rato con un papel y un boli, te saldrán ideas sorprendentes.

Porque si tu trabajo lo puede hacer un robot…

…dentro de nada lo hará un robot, eso seguro. Cada vez más trabajos manuales están siendo sustituidos por máquinas y en un futuro no muy lejano veremos transportes públicos sin conductor, cadenas de montaje controladas a distancia por un ordenador, máquinas limpiadoras que se mueven solas en los aeropuertos y centros comerciales, brazos mecánicos realizando operaciones a corazón abierto, robots humanoides cuidando a nuestros mayores en las residencias… Algunas de estas cosas ya son una realidad en países como Japón.

Hace falta un replantamiento y reorientación de las carreras profesionales de tal forma que tiendan más a la búsqueda del talento que cada persona puede desarrollar, que a las horas que puede venderle a una empresa. Porque los robots pueden trabajar 24/7 sin quejarse ni pedir aumento de sueldo ni horas extras. El paradigma del presentismo ha muerto (¡menos mal!) y la conciliación de la vida laboral y personal se impone en las sociedades occidentales. Los humanos tenemos entonces que aportar otro significado, otro sentido a la forma de trabajar. ¿Qué valor estás aportando tú?

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Sobre este cambio de paradigma y las oportunidades de la vida reflexiono en mi novela. Si te apetece leer “La mujer que vendía el tiempo”, puedes encontrarla en la librería Cervantes y Compañía, calle del Pez, 27 – Madrid. Es un regalo fantástico para estas Navidades que se acercan, palabrita de autora.

Y si te ha gustado este post, me harás muy feliz si me dejas un comentario y más si lo compartes.

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