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¿Cómo resolver un final Deus ex machina?

¿Te has metido alguna vez en un final sin salida? Seguro que escribiendo una historia, has liado tanto los hilos de la trama que no has sabido resolverla. Has acabado en el típico desenlace fallido, conocido como “Deus ex machina”. En este vídeo-post anterior te hablo sobre qué es este tipo de final y por qué se suele producir. Y ahora te cuento tres formas de resolverlo. Para que puedas verlo venir con antelación y puedas corregir el rumbo de tu historia sin defraudar a los lectores. ¿Cómo resolver un final Deus ex machina?

1. Cambia las reglas del juego

Decía Chejov algo así como que si sacas una pistola cargada en el primer párrafo de tu relato, esa pistola tiene que ser disparada. Esto quiere decir que todo elemento que incluyes en tu historia tiene que ser relevante y congruente con lo que estás contando. Deus ex machina sería lo contrario, es decir, meter un elemento que no ha aparecido antes en la trama, sin haber dado pistas al lector, pero que resulta ser lo que resuelve todo el conflicto. Llamémosle pistola, personaje espontáneo, fuerza externa, dios, azar, sueño, etc…

Toda historia de ficción sigue unas reglas determinadas, haces un pacto con el lector desde la primera frase. Si estás escribiendo una novela realista histórica y luego la resuelves en el plano de la fantasía, el lector se verá defraudado porque no entenderá de dónde ha salido ese final. Luego si has caído en un Deus ex machina, tendrás que volver atrás y cambiar las reglas de tu historia para que toda la trama sea congruente de principio a fin.

2. Dar pistas al lector

Otra manera de resolver un Deus ex machina es dar pistas al lector, ir dejando miguitas de pan en forma de elemento o personaje que luego vaya a resolver el conflicto. Por ejemplo, crear una trama o subtrama con ese personaje que va a ser la pieza final.

En una novela negra quedaría muy feo si el asesino no sale hasta la última página. Habría que anticiparlo, de forma sutil, a través de una subtrama dedicada a él, pistas falsas, una aparición para contactar con el investigador/detective… Lo que sea pero que no parezca que al final te lo has inventado porque no sabías cómo resolver el barullo en el que te habías metido.

3. No caer en él, obvio 🙂

¡Bravo, Nuria! Grandísima aportación. No, ahora en serio. Con esto quiero decir que te sientes a recapacitar antes de escribir y planifiques dónde quieres llegar. Nada más comenzar, es importante esbozar el capítulo final. Al menos cómo quieres que termine el personaje de tu historia, con qué emoción, en qué situación o qué sensación quieres que tenga el lector cuando cierre tu libro. Eso actúa como un GPS: el comienzo es el punto A y el destino el punto B al que tienes que llegar. Si sabes dónde quieres llegar, te resultará más fácil poner el punto final.

Ahora dale al play si quieres conocer más en detalle cómo resolver un final Deus ex machina. Si esto te resuena, por favor déjame un comentario más abajo:

Espero que este vídeo te sirva de utilidad y muchísimas gracias por verlo.

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¿Qué es un final llamado Deus ex machina?

Seguro que alguna vez escribiendo una historia, has liado tanto los hilos de la trama que no has sabido resolverla. O has creado tensión y momentos de conflicto en tu relato, pero se ha complicado tanto que el final era irresoluble. En este vídeo-post te hablo de desenlaces fallidos, como por ejemplo el conocido “Deus ex machina”. Pero, ¿qué es un final Deus ex maquina?

Dios baja de una máquina

Es una locución latina que proviene del teatro griego y literalmente significa “Dios baja (sale) de una máquina”. Los autores griegos recurrían a un actor que hacía el papel de dios y que entraba en escena montado en una grúa (máquina). Este personaje que “surgía de la nada” era el encargado de resolver todos los embrollos de la tragedia. En el sistema de valores de los griegos, no estaba mal visto que un dios externo solucionara todos los problemas de la historia. Pero actualmente, los lectores necesitamos resoluciones más redondas.

Desenlace fallido

Por tanto, esta frase viene a decir que la novela o el relato se resuelve con un elemento, fuerza externa o personaje que no había aparecido antes en la historia. Algo que nos hemos “sacado de la manga”, o como yo lo suelo llamar utilizando el símil de los magos, es el “conejo sacado de la chistera”.

No tiene que ser necesariamente un dios o una fuerza sobrenatural, puede ser cualquier cosa que no hubiera aparecido antes en la acción. La ficción juega con una serie de reglas determinadas y no podemos hacerle trampas al lector. Si le damos al lector las reglas de una historia realista, no podemos resolverla en el plano fantástico, no puede haber un personaje con poderes sobrenaturales o finales del tipo “todo había sido un sueño”. No hay nada más decepcionante y frustrante que leer trescientas páginas y acabar en ese final. Esto resulta muy evidente y sonado en las series de televisión.

Es el caso también de esas novelas negras en las que el asesino es el vecino del quinto, que no había salido antes en la historia. Y de repente, se convierte en el personaje principal. En la ficción no podemos dejar nada al azar, todos los elementos que salen a escena tienen que tener un porqué, un sentido lógico dentro de las reglas del juego que hemos pactado con nuestros lectores.

Pistas para detectar un final Deus ex machina

¿Cómo puedes detectar que te estás metiendo en un desenlace fallido?

  1. La estás “liando parda”Estás metiendo a tu personaje en un conflicto tras otro, generando tensión para mantener la intriga del lector, pero que no sabes cómo vas a unir todos los cabos. Y esto se produce por el siguiente punto.
  2. No tienes claro el final. No te has parado a pensar dónde quieres llegar con tu historia. Nada más comenzar a escribir, es importante esbozar el capítulo final. Al menos cómo quieres que termine el personaje de tu cuento, con qué emoción, en qué situación o qué sensación quieres que tenga el lector cuando cierre tu libro. Eso actúa como un GPS: el comienzo es el punto A y el destino el punto B al que tienes que llegar. Si sabes dónde quieres llegar, te resultará más fácil poner el punto final.

Ahora dale al play si quieres conocer más en detalle qué es un final Deus ex machina. Si esto te resuena, por favor déjame un comentario más abajo:

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Finales redondos para tus historias de ficción

Poner el punto final a una historia, ya sea un relato o una novela, tiene mucho mérito. Si además, el desenlace es redondo, mejor que mejor. En este post te comparto qué son los finales redondos para tus historias de ficción.

Pero, ¿qué es el final? Es el desenlace, la unión de todas las tramas que has ido desarrollando en tu historia, donde todas las fuerzas contrapuestas y obstáculos se resuelven, donde el personaje protagónico ha concluido su transformación, donde todas las aguas bravas del relato vuelven a su cauce.

Finales redondos

Podemos decir entonces que los finales redondos son aquellos que concluyen, que atan todos los hilos de la historia, pero al mismo tiempo están lo suficientemente abiertos para que el lector pueda imaginar qué podría suceder después. David Lodge en su libro sobre técnica narrativa titulado  “El arte de la ficción” dice lo siguiente sobre los finales: 

Para los novelistas victorianos el final resultaba particularmente problemático, porque lectores y editores les presionaban para que fuese feliz. El último capítulo se llamaba en el negocio editorial wind-up, <<liquidación>>; Henry James lo describía con sarcasmo como <<un reparto, por fin, de premios, pensiones, maridos, mujeres, bebés, millones, párrafos añadidos y frases alegres>>. El mismo James fue pionero del final <<abierto>> característico de la ficción moderna: más de una vez puso punto final a sus novelas en medio de una conversación, dejando en el aire una frase, con la resonancia, pero también con la ambigüedad que eso implica.

Huir de los clichés

En la actualidad, los finales very very happy son un cliché, un estereotipo del que hay que huir. Por ejemplo, finales cerrados del tipo “se casaron, fueron felices y comieron perdices” o finales en los que el malo malísimo muere. Los finales abiertos son como la vida, que siempre continua, a pesar de los obstáculos e incluso de la muerte. Así, haces partícipe de tu historia al lector y le dejas abierta la posibilidad de imaginar qué podría haberle pasado a tu personaje más allá de ese momento que le has contado. Los buenos finales son un nuevo comienzo.

Escribir primero el desenlace

Y para terminar, un apunte de técnica que yo suelo utilizar cuando escribo relatos. Nada más comenzar a escribir, tengo en mente ya el final. Al menos sé cómo quiero que termine el personaje de mi cuento, con qué emoción, en qué situación o qué sensación quiero que se quede el lector. Eso actúa como un GPS: el comienzo es el punto A y el destino el punto B al que quiero llegar. Si sabes dónde quieres llegar, te resultará más fácil poner el punto final.

Ahora dale al play si quieres conocer más en detalle qué son los finales redondos para tus historias de ficción. Si esto te resuena, por favor déjame un comentario más abajo:

Espero que este vídeo te sirva de utilidad y muchísimas gracias por verlo.

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Cómo terminar las historias empezadas sin acabar

¿Tienes un montón de historias empezadas pero ninguna está terminada? ¿Mil ideas anotadas pero no sabes cómo desarrollarlas hasta llegar al punto final? La semana pasada recibí una consulta a través de un formulario de la web. Era una chica llamada Elienai que me comentaba lo siguiente:

“Mi problema es que he tenido varias ideas para escribir pero no sé cómo desarrollarlas bien. Tengo el tiempo para escribir y la voluntad para ponerle dedicación. Pero no encuentro la forma de desarrollar una idea bien hasta terminarla. Tengo varias historias empezadas pero ninguna está terminada. Espero que me puedas ayudar”.

A raíz de esta cuestión me puse a reflexionar sobre la cantidad de comienzos de relatos, escenas de novelas, ideas para personajes… que tengo almacenadas en el ordenador y sin haber llegado a la palabra “FIN”. Escribimos enormes cantidades de palabras que luego no somos capaces de desarrollar hasta el desenlace por tres razones fundamentales. En el vídeo te explico las causas punto por punto pero te adelanto que son las siguientes:

  1. Empezamos a escribir un primer párrafo glorioso o una frase que va a ser la cumbre de la literatura universal, pero no hemos pensado cómo va a terminar, dónde va a estar el protagonista, qué emociones/sensaciones/sentimientos quieres que la historia deje en el lector.
  2. Tenemos miedo a no ser perfectos, a esa voz que nos juzga y nos dice que no escribimos bien, que no merece la pena seguir escribiendo, que esto es una basura… La perfección no existe y para llegar a ser Alice Munro, Cortázar o García Márquez, hay que echarle horas y horas de trabajo. El músculo de la escritura solo se desarrolla escribiendo y escribiendo.
  3. Nos faltan herramientas y técnicas de escritura. Todos sabemos leer y escribir porque nos enseñan de niños. Pero escribir ficción requiere de una serie de habilidades que solo se aprenden en talleres o cursos de escritura. Es importante estar siempre en continuo aprendizaje y, sobre todo, compartir tus textos con compañeros escritor@s para que otros puntos de vista te ayuden a mejorar.

Dale al play y dime en los comentarios en cuál de las tres razones crees que te encuentras tú para no poder terminar tus historias.

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