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¿Cuál es el peor enemigo de tu escritura?

“Todavía no he terminado la novela pero ya estoy corrigiendo desde el principio”, este comentario se lo escucho a algunos alumnos en clase de novela. Y les digo, “no puedes corregir mientras estás escribiendo”. ¿Por qué? Porque cada actividad reside en un hemisferio cerebral y si las juntamos las dos, es como si estuviéramos escuchando dos voces al mismo tiempo. ¿A cuál de las dos vas a hacer caso? ¿Quieres saber cuál es el peor enemigo de tu escritura?

Primero escribe, luego corrige

Actividades como imaginar o crear, están en el lado creativo del cerebro, el derecho. Cuando estamos ejercitando la escritura creativa se activa el hemisferio de los sentimientos y las artes. No puede haber cortapisas, hay que dejar que esa parte escritora juegue y se divierta. En cambio, la corrección es el territorio de la parte izquierda, la analítica, lógica y racional. El escritor que imagina no se puede ver juzgado por el crítico interno que nos pone frenos, que nos mete miedos y que nos corrige.

Ambas facetas son imprescindibles pero hay que hacerlas cada una en su momento. Si estás corrigiendo al mismo tiempo que escribes, no acabarás nunca el relato o la novela, te cansarás de escuchar esa vocecita que te dice “esto no está perfecto, dale una vuelta más, quita una coma, pon un punto…” Agotador. Por eso muchos autores dicen que publican para dejar de corregir. Y es verdad, hay que buscar la excelencia y olvidarse de la perfección, que además no existe. Primero escribe sin ponerte límites y, cuando tengas toda la novela terminada, empieza a corregir. Corregir un texto es una parte fundamental del proceso. Como decía A. Chéjov:

“El arte de escribir es el arte de borrar”

No escuches demasiado la voz de tu crítico interno

Creo que ya has llegado a la conclusión de que el peor enemigo a la hora de escribir somos nosotros mismos, nuestro juez interior. Ese que nos mete los miedos, las dudas, que nos dice que no lo vamos a conseguir, que no valemos, que nadie nos va a leer, que nunca llegaremos a publicar nada digno… Hazte un favor, no le hagas demasiado caso a la voz de tu crítico. Solo te está protegiendo porque le da pánico lo desconocido, el qué dirán, qué habrá más allá cuando pongas el punto final a tu historia. Revisa, corrige y busca la mejor versión posible de tu texto. Pero no dejes que la voz de tu crítico interno te ponga palos en las ruedas a la hora de escribir, mantenlo encerrado y amordázalo hasta que termines tu relato o novela.

Ahora dale al play si quieres conocer más en detalle cuál es el peor enemigo de tu escritura. Si este tema te resuena, por favor déjame un comentario más abajo:

Espero que este vídeo te sirva de utilidad y muchísimas gracias por verlo.

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5 puntos débiles de los borradores de libros [Segunda Parte]

Hace dos semanas publiqué un artículo sobre los 5 puntos débiles que tenían la mayoría de los borradores de libros de ficción que he leído en mi vida. Al lanzarlo me pareció un post bastante sencillo, y pensé, a quién le va a interesar esto. Pero cuál sería mi sorpresa cuando vi el número de veces que se ha compartido y empecé a leer vuestros comentarios. Así que nunca podemos dar nada por supuesto. En vista de la buena acogida, aquí va la segunda parte, las otras cinco flaquezas de la mayoría de los manuscritos que leo. ¡¡Y son unos cuantos!! Espero que resulte al menos igual de útil y leída que la primera. Porque segundas partes también pueden ser excelentes, aunque ahora no se me ocurre ninguna 😃

  • Comienzo. ¿Cuándo empieza una historia? Hay tantas maneras de comenzar una novela que daría para una tesis. Pero lo más importante (y la única regla, si es que existe alguna) es que la frase inicial agarre al lector por el cuello y le obligue literalmente a traspasar el umbral de la primera página. Pero también asegúrate de que no empiezas demasiado en “alto” la historia y que luego no puedas mantener ese nivel porque así se frustran las expectativas del lector. Se puede comenzar con una larga descripción, la de un paisaje natural o urbano (como hace Chéjov), con una conversación, con una autopresentación del narrador (como en “Moby Dick”), con una reflexión filosófica o con un marco histórico para contextualizar el relato. Uno de mis comienzos clásicos favoritos es el de “Historia de dos ciudades” de Charles Dickens:

«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, solo es aceptable la comparación en grado superlativo».

  • Final. Tanto el principio como el final de una novela, tienen que estar íntimamente ligados y ser coherentes con toda la estructura del relato. Pero como en los comienzos, no hay demasiadas reglas y si las hay, están para saltárselas 😉 Si bien, este punto de la estructura no lo voy a tratar en este post porque se haría eterno, sí os contaré que Hemingway fue el primer autor que se cargó de un plumazo el primer acto de la estructura clásica: ya sabéis, planteamiento, nudo y desenlace de toda la vida. Él decidió que ya teníamos suficiente información en nuestro imaginario colectivo como para saltarnos los comienzos. Pero unas décadas antes, A. Chéjov ya había destrozado el tercer acto, es decir, el final de la historia. El autor ruso creía que hay conflictos que no se pueden resolver. Hay cosas que pasan en la literatura pero no en la vida, porque la vida siempre sigue. Más tarde, desde Salinger y sobre todo desde Carver, la estructura se desbarata y ya no hay ni principio ni final. Hay un momento epifánico en el que los personajes entienden algo (se hace luz sobre un conocimiento que estaba oculto) pero no se resuelve nada. La vida continúa y por tanto los finales deben ser abiertos. Yo no me creo los finales que cierran demasiado. Como lectora, no me dejan margen a la imaginación. Uno de mis “The End” favoritos (aunque está bastante cerrado) es el de “El gran Gatsby” de F. Scott Fitzgerald: [SPOILER]

«Había recorrido un largo camino para llegar a este verde césped, y su sueño debió de parecerle tan próximo que no le sería imposible lograrlo. No sabía ya que estaba detrás de él en alguna parte de aquella vasta oscuridad, más allá de la ciudad, donde los oscuros campos se desplegaban bajo las sombras de la noche. Gatsby creía en la luz verde, el orgiástico futuro que, año tras año, aparece ante nosotros…Nos esquiva, pero no importa; mañana correremos más de prisa, abriremos los brazos, y…un buen día…Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado».

[Un inciso: si te interesa el tema de la estructura de las obras de ficción, te recomiendo que escuches esta charla del escritor argentino Federico Falco. A partir del minuto 24 habla sobre comienzos y finales, aunque todo el podcast merece muchísimo la pena.]

  • Tiempo. También muy relacionado con la estructura, está el punto del tiempo interno de la narración. Lo más sencillo es contar una historia en el orden cronológico en el que se sucedieron los acontecimientos. Pero es aburrida hoy en día. Estamos bastante cansados de consumir historias sobre todo en el formato cinematográfico. Los cambios temporales le dan frescura y dinamismo a los textos: los retrocesos temporales o flashback; la visión anticipada de lo que va a ocurrir en el futuro o flashforward; las estructuras fragmentadas que van dando saltos en el pasado y en el futuro y que hay que reconstruir una vez acabada la historia como Pulp Fiction… Una de mis estructuras favoritas, sobre todo para construir relato corto, es in media res, es decir, comenzar en medio de la historia, cuando ya han sucedido muchas cosas, e ir retrocediendo y avanzando hasta superar de nuevo el comienzo y poner el punto y final. Así es como empiezan la mayoría de los capítulos de las series actuales de televisión. No te limites a contar linealmente de un punto A a uno B, juega con los cambios temporales. Tendrás que construir primero la historia de forma lineal y luego ir cortándola para introducir los saltos.
  • Ambientación. Toda historia sucede en un espacio. Las largas descripciones estaban fantásticas en el siglo XIX, antes del cine y de la televisión. Pero ahora tenemos otra forma de leer, más rápida y apresurada, donde la acción prima sobre la descripción. A mi me encanta leer clásicos; eso sí, lo hago en vacaciones cuando tengo más tiempo. El resto del año prefiero textos que fluyan. Eso no significa que no haya descripciones, pero estas tienen que hacerse con cuatro pinceladas, sin demorarse en los detalles. En el siglo XXI donde todo es visual y estamos aburridos de consumir imágenes en internet, tenemos suficiente información en la cabeza sobre ciudades y lugares de todo el planeta. Es difícil que una descripción de ambiente no caiga en el costumbrismo. Lo que sí sigue siendo interesante es el recurso de los fenómenos meteorológicos, tanto para marcar el paso del tiempo en la historia (las estaciones del año) como para mostrar los estados anímicos o como síntoma metafórico de las vidas interiores de los personajes: nevadas, tempestades en el mar, lluvia de ceniza, calor que derrite a los pájaros… Pero de nuevo, sin caer en la descripción demasiado pormenorizada y sobre adjetivada. Estoy pensando en <<Afuera está la primera inmunda>> de Silvina Ocampo, <<Un tiempo implacable de noviembre>> de “Casa desolada” (Dickens) o <<la muerte del sol>> de “La máquina del Tiempo” (H.G. Wells)
  • Tema. Lo he puesto en último lugar pero me parece el punto más esencial de cualquier historia. El tema es el foco principal al que se dirige la novela. Respondería a la pregunta ¿de qué va esta historia?, ¿qué quiere contar este relato? Sirve también para definir el género en el que se enmarca. Es conveniente que haya un único tema principal aunque puede haber temas secundarios. Muchas veces me encuentro con novelas que van dando bandazos entre un tema y otro. ¿Es una novela de investigación en la que se resuelve un misterio? ¿Es una historia sobre una ciudad? ¿Es un relato sobre un hombre en plena crisis sentimental? En ocasiones, la mezcla de varias historias que compiten en importancia hacen que el relato vaya dando tumbos. Unas veces “juega” a una cosa y otras veces a otra, pero no hay un equilibrio. Parece como si el autor estuviera en una partida de póker y al mismo tiempo en una de parchís con las mismas reglas. Habría que tomar una decisión: ¿cuál de todas las historias es la principal? Y seguir el hilo de la trama desde el principio hasta el final, intercalando las tramas secundarias.

Comentaba en el artículo anterior sobre los personajes, la acción y la tensión, la credibilidad, el narrador y el estilo. Son puntos tan importantes como los anteriores. Si bien, no flojean todos a la vez, es cierto que si uno falla, hace que el resto pierda fuerza. Lo mejor es que haya un equilibrio entre todos los pilares de la historia, ya sea una novela o un libro de relatos.

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5 puntos débiles de los borradores de libros

correcciones textos literarios

En este post comentaba en qué consistía la lectura editorial y cómo la figura del lector profesional suele estar vinculada a una editorial o a una agencia literaria. Desde 2006 he trabajado para diferentes sellos de Penguin Random House y para la agencia literaria Dos Passos. En la época pre-crisis leí mucho, muchísimo, más de 300 lecturas de libros maravillosos y otros no tanto. Había presupuesto para dedicar a la labor de “filtro” que en el fondo es lo que hace un buen lector: seleccionar para el editor aquellos libros que merecería la pena ser publicados teniendo en cuenta el enfoque editorial que se esté buscando.

Cuando no hay una editorial por medio, el lector hace de filtro directo para el autor. Es una especie de testeo de si el “producto” merece la pena o habría que corregirlo antes de ponerlo en circulación, ya sea para enviarlo a una editorial o para autopublicarlo. Se trata de hacer de espejo donde el autor pueda ver reflejados los puntos débiles de su obra que tendría que retocar. Es, digamos, una lectura más crítica y en profundidad para convertir el borrador en una novela, libro de relatos, ensayo, etc…Por mi experiencia, las flaquezas de la mayoría de los borradores de ficción que leo están en:

  • Los personajes: suelen ser planos y sin profundidad. Estereotipos faltos de vida que caen en lugares comunes. Está claro que Madame Bovary solo hay una pero si la protagonista de tu historia es tan previsible que el lector se adelanta a sus pasos, no será memorable, que al final es lo que importa para empatizar con ella.
  • La acción y la tensión: a veces los comienzos de las novelas son tan buenos que luego es difícil mantener el nivel. Se frustran las expectativas del lector y las acciones se convierten en una sucesión de anécdotas sin pies ni cabeza.
  • La credibilidad de la historia: cuando un escritor cuenta una historia, está creando un pacto con el lector. Y si ese pacto se rompe, toda la ficción se viene abajo. Esto nos lleva a la siguiente problemática de los borradores: la vida de uno mismo no es ficción; en cambio, la ficción sí es una recreación de la vida, un material veraz que tiene que convertirse en universal, en literario.
  • El narrador: ¿quién cuenta y desde dónde lo cuenta? Hay borradores de novela en los que comienza a contar la historia una primera persona, pero luego sin razón aparente cambia el foco y se mezcla con la voz del autor.
  • El estilo: los lectores normalmente buscamos rasgos frescos y diferenciadores, que no te sugieran el tan temido “esto ya lo he leído antes”. El estilo es complicado de definir. Es algo tan personal e intransferible porque tiene mucho que ver con la mirada del autor. Si bien, se puede “copiar” el de otros autores, hacerse con un estilo propio es como conocerse a uno mismo, como saber qué ropa o qué corte de pelo te va mejor. A veces me encuentro estilos pedantes, pastelosos, plagados de metáforas y adjetivos ñoños, demasiado informativos…

Hay más puntos débiles que se pueden mejorar. Pero no quiero extenderme más, así que los dejaremos para otra ocasión.

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¿Qué es la lectura profesional?

lectura profesional

“¿Y dices que te pagan por leer? ¿Y puedes hacerlo tumbada en el sofá y en pijama?”… Cuando le comento a la gente que no trabaja en el mundo editorial que soy lectora profesional, siempre me miran con cara de incredulidad y me preguntan cosas por el estilo. “Pero si leer y escribir lo hace todo el mundo, ¿cómo que esa actividad vale dinero?” Cierto, leer y escribir son las dos primeras cosas “serias” que nos enseñan en el colegio después de pintar con los dedos y colorear sin salirse de las líneas, tareas que ahora vistas con la perspectiva de los años me parecen mucho más interesantes 😄 A lo que voy, todos sabemos leer y escribir y lo hemos tenido que hacer en más de una ocasión a lo largo de nuestras vidas, sobre todo en el periodo escolar.

Entonces, ¿cuál es el plus que aporta un lector profesional? Imagínate que quieres reformar tu cocina o necesitas hacer tu declaración de la Renta o te duele un horror la muela del juicio. ¿A quién acudirías? En cada caso a su profesional correspondiente. Asegúrate de que llamas a un obrero, un asesor financiero y un dentista, y además en ese orden. Esto que parece tan obvio, en el mundo de la escritura parece que hay que justificarlo continuamente. “No, como mi madre sabe leer, le he impreso la novela que estoy escribiendo y aprovechando la comida de Navidad se la he dado para que le eche un vistazo”… No pongo en dudo que tu madre lea. La mía también es una gran lectora pero antes que lectora es mi madre y me quiere a morir. No podría ser jamás objetiva. Hazte un favor, si tienes una novela, libro de relatos, ensayo, guion o cualquier cosa escrita que creas que tiene potencial para ser publicado, no se la des a nadie de tu familia. Necesita la mirada de un “lector cero” para que la valore y te haga un informe.

Qué incluye un informe de valoración

lectura profesional para editorialesTengo que reconocer que me encanta la visión romántica y frívola del lector que tiene la gente: ese ser relajado que se tumba en el sofá con una batamanta y el portátil sobre el regazo, y lee mientras escucha su lista favorita de Spotify… Pero la realidad es mucho menos sexy. Es un trabajo que requiere de gran concentración, de ir tomando notas, de ejercitar la memoria para saber qué posibles errores de fechas, de nombres o de continuidad de escenas se pueden producir…Vamos, que no recomiendo hacerlo tumbado. Cuando la lectura se realiza para una editorial o para una agencia literaria, estos son los apartados que no pueden faltar en el informe:

  • Sinopsis de la obra: es un breve resumen del argumento para que el editor/agente se haga una idea del tema principal de la historia.
  • Impresiones y valoración personal: es uno de los aspectos que más valoran las editoriales. ¿Qué te hace sentir un libro, qué emociones te provoca? ¿Lo comprarías, lo recomendarías…?
  • Puntos fuertes y mejorables: este apartado ayuda sobre todo a los autores porque pueden hacerse una idea del valor de su historia y de aquellas cosas en las que flojea y podría mejorar. Si te interesa saber cuáles son los principales puntos débiles que encuentro en los manuscritos, lee este post.
  • Lugar, época y ambiente de la acción: las coordenadas espacio-temporales en las que se ubica la historia.
  • Género y público objetivo: ¿quién sería el lector ideal de ese libro? ¿Sería sencillo catalogarlo en algún género? Este punto aporta tanto a la editorial para saber si el manuscrito encajaría en su mercado, como para un autor que quiere autopublicarse y necesita buscar su nicho de potenciales lectores.
  • Personajes: cómo están construidos, sus motivaciones y actantes, su psicología, las relaciones entre ellos, los protagónicos y los secundarios…
  • Tono y estilo: la voz del narrador, el lenguaje utilizado, la estructura, el tempo interno de la trama…
  • Valoración comercial/valoración literaria: normalmente es una puntuación del 0 al 10.

Estas cuestiones varían en función de si es una lectura para una editorial o agencia que solicita un trabajo específico (a veces requiere más profundidad en uno u otro punto) o si es un informe directo para un autor que en ese caso se trabaja más sobre los aspectos a mejorar.

Si tienes un borrador de novela o cualquier otra tipología de libro guardado en una carpeta de tu ordenador (o mejor aún, en un cajón de tu escritorio) y no sabes qué hacer con ello, lo más práctico para salir de dudas es dárselo a un profesional y testarlo. Quién sabe, igual se convierte en el próximo bestseller.

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