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¿Qué habilidades hay que desarrollar para escribir?

Como cualquier actividad que emprendas, escribir requiere de una serie de habilidades que tendrás que desarrollar si quieres seguir en el camino sin desistir. En este post te comparto cuatro que me parecen fundamentales. Probablemente hay muchas más, pero sin estas, estarás algo perdido.

1. Perseverancia

La constancia y la fortaleza te van a hacer falta para mantenerte en el proceso de escritura sin tirar la toalla. Todos los días escribiendo un poco, quizá solo media hora, un párrafo… ser perseverante es la clave. Como decía Doris Lessing:

“El talento es algo bastante corriente. No escasea la inteligencia, sino la constancia”.

2. Resiliencia

Relacionada con la habilidad anterior, está la resiliencia. Esta palabra viene del mundo de la física y la química. Es la capacidad de resistencia que tienen los materiales, por ejemplo, sería la capacidad del acero para volver a su forma original a pesar de los golpes que recibe y los intentos por deformarlo. En psicología se utiliza para designar la capacidad de los seres humanos para adaptarnos a las situaciones adversas, para sobreponernos ante un trauma, crisis, muerte… La escritura no es en sí misma una situación adversa, es una pasión y una necesidad. Pero la resiliencia te servirá para sobreponerte a los “noes” de las editoriales o a la frustración por no conseguir, por ejemplo, llegar a un número mayor de lectores con tus libros.

3. Hábito de lectura

Para ser escritor, es necesario e imprescindible desarrollar el hábito de la lectura. Somos lo que leemos, el cúmulo de lecturas que hemos hecho a lo largo de la vida. No te cierres a la posibilidad de conocer lo que han escrito los autores y las autoras que te preceden para “robarles” (en el buen sentido de la palabra) aquellas fórmulas que te gustan de ellos/as.

4. Curiosidad

Estar siempre atento a todo lo que veas, escuches, sientas… Todo puede ser material narrativo. Apunta lo que te suceda en un “cuaderno de ideas” que puedes ir recopilando para luego darles forma y convertir en ficción. La escritura es un punto de vista sobre lo que nos ocurre, por eso es importante estar despierto en la vida.

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¿Qué barreras mentales te impiden escribir?

¿Alguna vez te has preguntado qué es lo que te impide escribir? ¿Por qué no acabas de dar el paso? Sí, tienes esa idea para una novela o un cuento, pero hay algo que te impide avanzar. Las barreras mentales son limitaciones que nos ponemos a nosotros mismos para no hacernos cargo de alguna tarea, en este caso de la escritura. Estos frenos autoimpuestos esconden miedos y constituyen la excusa perfecta para no tomar acción, para aplazar nuestra pasión. ¿Qué barreras mentales te impiden escribir? En este vídeo-post te comparto las cuatro barreras que, por mi experiencia de estos años (y por haberlas vivido), son las más comunes entre los que comienzan a escribir.

1. No tengo edad

“Ya estoy muy mayor para escribir, esto era un sueño que tenía yo de joven, pero ahora…” ¿Dónde está el límite para hacer algo en la vida? Bueno, si quieres ser astronauta o correr una maratón, sin haber hecho deporte antes, igual sí que son importantes los años. Pero para escribir nunca es tarde. Cualquier momento es perfecto para empezar.

2. No tengo tiempo

El tiempo es igual para todos. Tenemos veinticuatro horas al día, tú decides qué hacer con ellas y cómo invertirlas. ¿Tumbarte en el sofá a ver la tele y atocinarte? ¿O sentarte delante del ordenador o del cuaderno y ponerte manos a la obra? El tiempo se hace. Cada día dedícale un momento, media hora, una hora… para escribir un párrafo o dos. Ser constante es la clave.

3. Nunca he escrito antes

Algo habrás escrito, no sé, de niño en el colegio, en el instituto, una redacción sobre la primavera o el Día de la Madre… La escritura es un talento que tiene que coincidir con tu pasión, pero se acaba aprendiendo si tienes esa necesidad. Hay muchísima formación y cursos online con los que puedes aprender las herramientas y tácticas básicas de la escritura.

4. No me voy a hacer famoso

Esta barrera está muy relacionada con los objetivos que persigas en tu escritura. “No voy a vivir de esto, no voy a hacerme rico…” Bien, si quieres tener éxito o hacerte famoso, quizá no deberías escribir. La escritura es una necesidad y una pasión. Pero a priori, no tienes una bola de cristal para predecir el futuro, luego no sabes si triunfarás y si tu escritura llegará a los lectores. Tienes las mismas probabilidades del “sí” que del “no”. Pero hasta que no le pongas acción y comiences a escribir, no sabrás hasta dónde puedes llegar.

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¿Puedes ser escritor aunque no leas?

A veces escucho la frase, “me encanta escribir, quiero ser escritor, pero no leo mucho”. Esto me deja bastante sorprendida. Imagínate que quieres ser cocinero, pero no te gusta comer ni probar lo que cocinas. O quieres ser pintor, pero no vas a los museos. O quieres hacer danza clásica, pero no has ido nunca a un ballet. O quieres ser cantante, pero no escuchas música ni vas a conciertos. Esto que parece absurdo y que no tiene ningún sentido, ocurre. En este video-post quiero reflexionar sobre si puedes ser escritor aunque no leas.

Si lees, se nota

Y mucho. Cuando me llega un manuscrito para hacer un informe de lectura y las primeras diez páginas me tienen enganchada y emocionada, estoy convencida de que ese escritor ha sido y es lector. Efectivamente, tener una buena capacidad narrativa es fruto de lecturas variadas. Se nota de lejos si un escritor ha sido y es lector. Porque la voz y el estilo de un autor se va conformando en función de los escritores y las escritoras que ha leído en su vida.

La literatura son vasos comunicantes

Además, me parece un planteamiento empobrecido. Porque la literatura son vasos comunicantes, somos herederos de una larga tradición, nos comunicamos con el pasado, el presente y el futuro a través de las palabras. Es probable que todo lo que se haya escrito y lo que se escribirá esté conectado (¡Ehhhhh! que me pongo intensa y filosófica :-). La realidad es que necesitas saber qué se ha escrito antes para “imitar” y ver cómo han resuelto los escritores anteriores lo que tú quieres hacer. Una de las mejores formas de aprender a escribir es leyendo, ejercitar tu escritura a través de los ojos de otros. Si quieres ser escritor, lee, lee, lee, lo que quieras, cualquier género, pero lee.

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Diez recomendaciones para escritores principiantes

Si estás empezando a escribir, te animo a que leas este post hasta el final. Porque en él te comparto diez recomendaciones para escritores principiantes. Si no tienes muy claro por dónde comenzar, estás algo perdido en el proceso de escritura o te atascas y no sabes cómo continuar, estas pautas pueden servirte como orientación, para que tengas unos puntos básicos que seguir y a los que acudir cuando te den ganas de abandonar tu pasión. Porque todos hemos sido novatos en alguna actividad y hemos necesitado un pequeño empujón para continuar en el camino.

1. No desistir

La escritura no es una carrera de velocidad, sino una maratón, una carrera a largo plazo que va a durar muchísimos kilómetros, tantos como tu vida. Porque la escritura evoluciona contigo y forma parte de ti.

2. Apúntate a clases

No solo para aprender técnicas y herramientas de escritura, para practicar y entrenar tu estilo, también para estar vinculado a un grupo de personas que comparten tu pasión y te ayudarán a mejorar tus textos.

3. Lee, lee, lee y lee

Todo buen escritor ha sido y es un buen lector. La lectura te sirve para descubrir cómo otros autores/as han resuelto lo que tú quieres escribir, para analizar otras miradas y puntos de vista sobre la literatura.

4. Lleva siempre un cuaderno de notas

Apunta todo lo que te resuene, una frase que has escuchado, una imagen que has visto, un argumento o personaje que surgen de pronto en tu cabeza, un sentimiento, una emoción que te ha provocado un encuentro con alguien… Todo lo que te ocurre puede ser material para convertir en ficción.

5. Métete en el mundillo literario

Acude a eventos, presentaciones, congresos literarios… Visita las librerías, investiga los títulos que se están publicando, las editoriales que te gustan. Es la forma más lúdica de convertirte en experto en la materia.

6. Escribe todos los días

Aunque solo sea un párrafo o tres líneas, pero dedica un tiempo diario, media hora por ejemplo, a escribir para crear el hábito de la escritura. Una vez que esté integrada esta rutina en tu vida, será difícil que la abandones.

7. Practica otra actividad

Si te has quedado atascado en un relato, haz otra cosa distinta. Puedes ir a correr, pintar, cantar, bailar… lo que te guste. Tu cerebro estará trabajando en segundo plano y será capaz de desenredar el nudo de tu historia.

8. Investiga sobre lo que estás escribiendo

Tanto si estás escribiendo relato como novela, y más si tiene una ambientación histórica, lee y documéntate sobre el tema que quieres desarrollar, artículos, libros, busca imágenes…

9. Planifica

Antes de sentarte a escribir y soltar la primera idea feliz que te ha venido a la cabeza, siéntate y planifica lo que quieres contar y dónde quieres llegar con esa historia. Al menos, piensa en los puntos fundamentales, en cómo quieres que acabe, cuál va a ser el conflicto y qué le va a pasar a tu protagonista.

10. Diviértete escribiendo

Vale, está bien planificar. Pero déjate también llevar por la escritura, fluye, juega y diviértete. Si no te lo pasas bien escribiendo, déjalo por un tiempo. Porque la escritura tiene que hacerte vibrar y resonar como las buenas pasiones.

Espero que estas pautas te resulten útiles y las pongas en práctica. Ahora dale al play si quieres conocer más en detalle las diez recomendaciones para escritores principiantes. Si este tema te resuena, por favor déjame un comentario más abajo:

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Cinco errores de los escritores principiantes

Todos hemos sido novatos alguna vez en la vida. Cuando aprendemos una nueva habilidad es lógico y normal cometer errores. Dicen que hace falta practicar más de 1.000 horas para convertirse en expertos de un tema. Y mientras tanto, hay que fallar y resistir en el intento. Los pilotos de avión, antes de pilotar en real, se enfrentan a un simulador de vuelo. En la escritura tenemos mucha suerte, no hace falta simular nada, podemos lanzarnos a volar desde el primer minuto. En este vídeo-post te comparto los cinco errores de los escritores principiantes.

1. Utilizar un lenguaje rebuscado

No sé de dónde surge la idea de que cuanto más retorcido y críptico es el lenguaje, más se parece a la buena literatura. Todo lo contrario. Los relatos y novelas que enganchan son aquellos que se leen con fluidez, que transmiten emociones con las palabras justas. Te aseguro que es más complicado escribir un texto que en apariencia puede parecer sencillo. Deja el lenguaje enrevesado para los contratos jurídicos y su dichosa letra pequeña ininteligible.

2. Abusar de los adjetivos

Relacionado con el punto anterior, cuando empezamos a escribir, creemos que los adjetivos son “preciosos”, que adornan y embellecen la literatura. Y no están mal de vez en cuando, como el azúcar. Pero donde esté un buen sustantivo o un verbo conciso colocado de forma estratégica, que se quiten los adjetivos. Intenta no abusar de ellos, recargan el texto y no aportan gran cosa.

3. Dejarse llevar por la primera idea sin pensar

Nos levantamos una mañana y hemos tenido una idea genial que va a revolucionar la literatura de este siglo, un argumento que jamás nadie ha contado ¿?, un personaje increíble… y nos ponemos a escribir sin pensar en nada más. Antes de ponerte a escribir sin sentido y quedarte atascado en la página diez, por ejemplo, planifica y organiza de forma mínima lo que vas a contar y qué quieres transmitirle al lector.

4. Empeñarse en escribir las historias personales (o las de algún familiar)

“Tengo una historia personal…mi vida sí que da para una novela…mi madre tuvo una infancia que ni la de Oliver Twist…” Estos comentarios los escucho mucho en los escritores principiantes. Si bien, es un buen punto de partida comenzar a narrarnos a nosotros mismos, a contar nuestras vivencias, todo ese material personal (recuerdos, infancia, sueños, anécdotas…) hay que pasarlo por el tamiz de la ficción y convertirlas en historias universales que interesen al resto de los lectores y no solo a ti o a tu familia.

5. Enamorarse de todas las frases y párrafos

Cuando era alumna del Taller de Escritura Creativa de Clara Obligado, recuerdo que a los principiantes nos decía: “No os enamoréis tanto de lo que escribís”. A veces nos encanta una frase, una metáfora, un párrafo que, sin embargo, no encaja para nada en el relato que estamos escribiendo. Y en lugar de eliminarlo, como nos da penita, lo dejamos, a ver si nadie se da cuenta de que no tiene ninguna relación. No te encariñes demasiado con lo que escribes, recorta, limpia, poda, elimina, y guarda ese material sobrante para otros cuentos.

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¿Qué hacer con una historia que está en un túnel sin salida?

Seguro que tienes algún relato o comienzo de novela guardada en una carpeta de tu ordenador desde hace tiempo. Es una historia que te obsesiona y que da vueltas en tu cabeza, pero no sabes cómo terminar. No le ves la salida y no da para más. En este vídeo-post te comparto qué hacer con una historia de ficción que está en un túnel sin salida.

Como la vida misma

Esto también nos pasa en la vida. A veces tenemos relaciones amistosas, amorosas, profesionales… que acaban en una vía muerta y que por mucho que nos empeñemos no sabemos cómo cerrar. Le damos vueltas y vueltas a su fin, pero nos da pena abandonar una historia que lleva meses o incluso años acompañándonos. ¿Qué hacer con ella?

Congela tu historia, sí, literalmente

Creo que fue Raymond Carver, uno de los grandes maestros del relato, el que dijo que cuando no veía la salida a uno de sus cuentos, lo congelaba, literalmente. Vamos, que metía las páginas en el congelador, al lado, (supongo) de los pechugas de pollo y los guisantes congelados. Y ahí los dejaba ¿semanas, meses? Vaya usted a saber. Pero le servía como método para decirle a su cabeza que esa historia tenía que pasar un tiempo en stand-by, a la espera de una conclusión. A veces, la solución de un relato o de una novela no está en el presente, sino en el futuro. Quizá haya algo que todavía no sabes y que necesitas para concluir esa historia. Déjala de momento al lado de las croquetas.

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El narrador de la historia no es el autor

Así de claro. El narrador de la historia no es autor. ¿Eh? ¿Cómo dices? ¿Que la persona que escribe no es la que está narrando la historia? Sí, sé que es difícil procesar esta afirmación. Pero es cierto, o al menos debería serlo. Cuanto más lejos esté el autor de su obra, mejor. Incluso si está escribiendo autoficción, es decir, utilizando sus vivencias y recuerdos personales para escribir un relato o una novela.

Decidir quién cuenta la historia es complicado

Una de las decisiones más importantes antes de ponerse a escribir es reflexionar sobre quién va a contar esa historia, qué narrador vamos a utilizar y qué punto de vista es el idóneo para transmitir al lector esa ficción. Si nos equivocamos, es bastante probable que tengamos que empezar de cero. Por eso, es fundamental saber desde el principio que el autor, la persona que escribe, no debe ser el narrador, no debe existir dentro de la ficción.

¿Leer o no leer el libro de un autor que me cae mal?

Es normal que tendamos a identificar al escritor con su obra. Pero la realidad es que no sabemos qué pensaba un autor cuando creó a sus personajes, no sabemos con certeza qué le pasaba por el cerebro cuando imaginó ese mundo de ficción. Por eso caemos en el debate estéril: ¿leer o no leer una obra de un autor que me cae mal? Hay escritores que nos caen genial como personas, pero sus libros son infumables. Y al revés, hay autores que aborreces por su vida, pero que su obra es una maravilla de la literatura. 

Aléjate de tu propio texto

En la poesía el autor se identifica con el narrador, pero en el caso de la narrativa, deberían estar separados. Hay que alejar lo más posible nuestras experiencias personales de nuestros personajes. Utilizar el material personal, pero transformarlo de tal forma que se convierta en un texto universal, no una mirada al ombligo propio. La función del autor debe ser, por tanto, crear, imaginar, documentar, organizar la información, escribir… y retirarse de la ficción, desaparecer y dejar que sean sus personajes los que nos narren la historia.  

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El síndrome del impostor en la escritura

¿Qué es el síndrome del impostor? ¿Cómo puede afectar a tus objetivos como escritor/a? El síndrome del impostor lo puedes encontrar en psicología y se define como un malestar emocional que viene acompañado de un sentimiento de “no merecimiento”, de no creerte que eres merecedor de un determinado trabajo, casa, coche, posición social, pareja, etc… En este post voy a aplicar el término al arte de escribir: el síndrome del impostor en la escritura.

No nos creemos que somos escritores

Escritor es aquel que escribe, con mayor o menor acierto, pero que dedica su tiempo y su esfuerzo a escribir. A veces, puede darse el caso de que no te creas esta condición, que por mucho que escribas no te sientas escritor, que no mereces escribir. Que llegues a considerarte un fraude.

Esto puede llevar a compararte con otros escritores que tienen muchísimo éxito y que están en la cima de sus carreras. La comparación constante conduce a la frustración y a abandonar tu pasión, porque piensas que nunca llegarás a conseguir reconocimiento. Pero compararse con J.K. Rowling o Stephen King o cualquier otro/a autor/a que lleva décadas trabajando, que ha tenido sus fracasos y sus obstáculos, es un freno que no te permite avanzar a ti en tu proceso de crecimiento como escritor. Te confesaré algo, siempre habrá alguien que escriba mejor que tú. Lo importante es que encuentras tu voz y el valor de tu escritura.

“Cursillistas” perpetuos 

El síndrome del impostor también provoca que, al no creerte que eres escritor, sientas la necesidad de hacer más cursos y acumular más teoría. Si bien, la formación continua es clave para avanzar en la escritura, llega un momento en el que hay que lanzarse a escribir en serio y romper tus miedos. Tener las herramientas y saber las técnicas es fundamental. Pero hay que practicar, atreverse a enviar relatos a concursos, mandar tu novela a una editorial,… Salir de tu zona de pánico y empezar a creértelo. Atrévete.

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Comenzar una historia in media res, ¿qué significa?

Podemos comenzar nuestro relato o novela de varias maneras. Partiendo de la estructura del viaje del héroe, podemos, por ejemplo, arrancar en orden cronológico desde el inicio, presentando al protagonista y su vida antes de la aventura (comienzo ab ovo) o podemos empezar desde el final, casi cuando está a punto de terminar la historia (comienzo in extremis). Pero una de las fórmulas más poderosas y atractivas para el lector es comenzar una historia in media res.

Empezar con el protagonista “metido en faena”

¿Qué significa entonces in media res? Que la historia comienza con el protagonista ya metido en la acción, cuando ya han sucedido hechos importantes y el personaje está en mitad del conflicto.

A partir de ese punto, podemos contar hacia atrás para ver cómo ha llegado nuestro héroe a esa situación. Y posteriormente, seguir contando hacia delante hasta alcanzar el final de la historia.

El comienzo más utilizado de las series actuales

Es un tipo de comienzo que están utilizando gran cantidad de series actuales. Se trata de captar la atención del espectador desde la primera escena. Este inicio genera tensión e induce a seguir leyendo o viendo el episodio, dado que juega con nuestra curiosidad, queremos saber más, ¿cómo ha llegado el/la protagonista a esa situación?

Pero este comienzo no es nada novedoso. Las grandes epopeyas griegas y romanas ya comenzaban así, como la Iliada y la Odisea de Homero o la Eneida de Virgilio.

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¿Cuál es el peor enemigo de tu escritura?

“Todavía no he terminado la novela pero ya estoy corrigiendo desde el principio”, este comentario se lo escucho a algunos alumnos en clase de novela. Y les digo, “no puedes corregir mientras estás escribiendo”. ¿Por qué? Porque cada actividad reside en un hemisferio cerebral y si las juntamos las dos, es como si estuviéramos escuchando dos voces al mismo tiempo. ¿A cuál de las dos vas a hacer caso? ¿Quieres saber cuál es el peor enemigo de tu escritura?

Primero escribe, luego corrige

Actividades como imaginar o crear, están en el lado creativo del cerebro, el derecho. Cuando estamos ejercitando la escritura creativa se activa el hemisferio de los sentimientos y las artes. No puede haber cortapisas, hay que dejar que esa parte escritora juegue y se divierta. En cambio, la corrección es el territorio de la parte izquierda, la analítica, lógica y racional. El escritor que imagina no se puede ver juzgado por el crítico interno que nos pone frenos, que nos mete miedos y que nos corrige.

Ambas facetas son imprescindibles pero hay que hacerlas cada una en su momento. Si estás corrigiendo al mismo tiempo que escribes, no acabarás nunca el relato o la novela, te cansarás de escuchar esa vocecita que te dice “esto no está perfecto, dale una vuelta más, quita una coma, pon un punto…” Agotador. Por eso muchos autores dicen que publican para dejar de corregir. Y es verdad, hay que buscar la excelencia y olvidarse de la perfección, que además no existe. Primero escribe sin ponerte límites y, cuando tengas toda la novela terminada, empieza a corregir. Corregir un texto es una parte fundamental del proceso. Como decía A. Chéjov:

“El arte de escribir es el arte de borrar”

No escuches demasiado la voz de tu crítico interno

Creo que ya has llegado a la conclusión de que el peor enemigo a la hora de escribir somos nosotros mismos, nuestro juez interior. Ese que nos mete los miedos, las dudas, que nos dice que no lo vamos a conseguir, que no valemos, que nadie nos va a leer, que nunca llegaremos a publicar nada digno… Hazte un favor, no le hagas demasiado caso a la voz de tu crítico. Solo te está protegiendo porque le da pánico lo desconocido, el qué dirán, qué habrá más allá cuando pongas el punto final a tu historia. Revisa, corrige y busca la mejor versión posible de tu texto. Pero no dejes que la voz de tu crítico interno te ponga palos en las ruedas a la hora de escribir, mantenlo encerrado y amordázalo hasta que termines tu relato o novela.

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