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¿Cómo crear una rutina en tu escritura?

A veces la vida se nos va de las manos. Y reconozcámoslo, hay mil cosas más importantes que escribir. Salvo que vivas de tus novelas y tu editor esté dándote con el látigo todos los días. Pero si escribes por placer, por la sencilla razón de que te encanta y es tu pasión, en ocasiones la vida se desborda y tienes otras prioridades. Por eso en este podcast-post quiero compartirte cómo crear una rutina en tu escritura, aunque te parezca odiosa o precisamente por eso.

Hay momentos en los que todo parece un verdadero desbarajuste: mudanzas, cambios de ciudad, viajes constantes, problemas en el trabajo, hijos enfermos… Incluso en las vacaciones de verano cambiamos el ritmo y todo se vuelve caótico. A mí me pasa que por mucho que intento mantener en agosto la constancia de posts, de vídeos y de publicaciones en las redes sociales, este mes se me va de las manos y el caos puede conmigo.

Bien, esto pasa y tampoco hay que castigarse por ello. Sirve para aprender lo importante que es tener las cosas planificadas con antelación. Así que entonando el “mea culpa”, este artículo lo escribo para que me sirva como recordatorio, y para personas como yo, que aunque son organizadas, dejan bastante campo a la improvisación. ¡Es tan aburrida la planificación! Pero por otro lado, reconozco que la estructura es liberadora de tiempo, minimiza imprevistos y riesgos y te permite tener capacidad de reacción.

Vaya por delante que este post no solo sirve para planificar tu escritura, sino también otras facetas de tu vida que te cueste poner en piloto automático. Porque se trata de crear “caminos mentales” que no te supongan un esfuerzo extra para que las tareas sean más llevaderas, de integrar hábitos en tu rutina diaria.

¿Qué cinco prácticas puedes llevar a cabo?

  1. Incorporar el hábito a una rutina ya establecida. Piensa que hay mil cosas que haces en una cadena rutinaria. Por ejemplo, antes de acostarte te pones el pijama, te lavas la cara, te cepillas los dientes, te pones crema de noche… Y estoy segura de que siempre lo haces en el mismo orden sin darte cuenta. Tengo una amiga que dirige una tienda online de cosmética coreana. La rutina nocturna de exfoliantes, esencias y cremas consta de 10 pasos ¡¡¡10!!! Al principio cuesta entender que tengas que ponerte 10 productos en un orden determinado todas las noches…pero se acaba convirtiendo en una rutina. Con la escritura, pasa lo mismo. Elige una hora del día, siempre la misma e intégrala dentro de tu rutina. Por ejemplo, voy a escribir una hora o media hora entre el café de la merienda y recoger a los niños de la clase de inglés, o entre mi entrenamiento del gimnasio y la hora de la cena. La idea es integrarlo como un paso más dentro de tu día a día.
  2. La repetición es la clave. Una vez que has elegido la hora dentro de tus tareas rutinarias, siéntate y escribe. ES-CRI-BE. Esto significa cerrar las redes sociales, el email, silenciar el móvil… Evitar distracciones y aunque no te salga nada, porque no todos los días está uno con la inspiración a flor de piel, escribe palabras, frases inconexas, recuerdos, posibles párrafos, comienzos de capítulos, descripción de un personaje…
  3. Apunta tu rutina. En post-it, anotaciones en el calendario, avisos en el móvil…Hora de escribir, escribir, escribir…
  4. Recuérdate los “para qué” del hábito. Es importante asociar tu escritura a para qué escribes, cuál es la zanahoria que te motiva a seguir avanzando. Así será más fácil que no lo abandones. Es como el que odia ir al gimnasio pero recuerda que tiene el colesterol alto y hacer ejercicio es muy beneficioso para su salud, para evitar por ejemplo un ataque al corazón. Y es más sencillo si lo pones en positivo, es decir, piensa en las ventajas que tiene el nuevo hábito de escribir. Este es el típico consejo que te dan cuando quieres dejar de fumar, piensa en tooooodos los beneficios para tu salud.
  5. Empieza escribiendo en cortos espacios de tiempo. Yo odiaba correr. Empecé hace 17 años unos días de verano que pasé en Sitges. Mi pareja de aquel entonces corría y me aficionó. Al principio, daba pasitos como un ganso loco y no más de 5 minutos. Pero al final de aquella semana de vacaciones, ya trotaba ida y vuelta por el paseo marítimo. Llegué a correr la media maratón de Madrid. Y ahora no es que sea Usain Bolt, pero hacer 10 kilómetros en un entrenamiento normal, no me asustan. Empieza con 5 minutos, que luego serán 10 y cuando te des cuenta, todas las horas de tu día te parecerán pocas.

Resumiendo, la incorporación del hábito de la escritura en el resto de rutinas de tu vida te permite planificar para avanzar tanto en un relato como en una novela. Solo puedes corregir el rumbo si estás en movimiento. Pero aunque la planificación sea fundamental, deja margen para la improvisación. Algunas veces también hay que dejarse llevar un poco, no?

Ahora dale al play si quieres escuchar el podcast sobre cómo crear una rutina en tu escritura. Y déjame un comentario aquí o en mi canal de YouTube si tienes alguna duda o consulta.

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Lecciones del deporte que sirven para la escritura

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¿En qué se parecen el deporte y la escritura? ¿Podríamos extraer alguna característica del ejercicio físico que se pueda aplicar al proceso de escribir? A priori te diré que cualquier actividad que practiques y en la que quieras convertirte en un experto, te va a requerir esfuerzo, disciplina y tiempo. En este podcast-post te comparto seis lecciones del deporte que sirven para la escritura.

Pero antes, déjame que te cuente mi experiencia personal. Te confieso que nunca he sido una gran deportista. De niña era más bien patosa. Aprobaba la gimnasia con un suficiente pelado y era un pelín “paquete” en el equipo de baloncesto del colegio. Con trece años empecé a jugar los veranos al voley playa y eso sí que me gustaba. No el hecho en sí de competir, sino la brisa, la arena, el sol, darse un baño al terminar el partido… las sensaciones, vamos. No, no he sido nunca muy fan del deporte. Me aburren cuando los ponen en la televisión, salvo los de los Juegos Olímpicos, el patinaje, la gimnasia rítmica, la natación sincronizada… que me parecen bellísimos.

Sin embargo, hace unos veinte años empecé a ir habitualmente al gimnasio y luego comencé a correr. Me costó muchísimo incluir esta rutina en mi vida. Eso que dicen que se tarda veintiún días en establecer un hábito, te aseguro que con el deporte no funciona. Necesitas mucho esfuerzo, voluntad, tesón o llámalo “por narices que esto lo hago yo”. Comencé corriendo cinco minutos, luego quince… hasta que en 2010 acabé la media maratón de Madrid.

Ahora corro, monto bici, nado, hago entrenamientos personales y clases colectivas en el gimnasio: boxeo, cardio combat, spinning, abdominales, bodypump… Un variadito para no aburrirme. Y lo tengo tan integrado en mi día a día que cuando no voy al gimnasio, me falta algo. Pero te aseguro que me ha llevado muuuuucho tiempo y que aún, cuando suena el despertador a las 07:00 hrs para ir al gimnasio (sobre todo en invierno, cuando llueve o se está tan a gustito bajo el edredón), me pienso varias veces el levantarme. Pero después de todos estos años de entrenamiento, esfuerzo y disciplina, he aprendido seis lecciones del deporte que sirven para la escritura.

El escritor japonés Haruki Murakami escribió en 2007 un libro que es como el best seller del running: “De qué hablo cuando hablo de correr”. Para mi gusto, aunque pretende ser divulgativo, es un libro espeso y difícil, probablemente porque estoy bastante peleada, estilísticamente hablando, con el autor. Pero tiene algunos hallazgos interesantes como la soledad del corredor, disfrutar de una cerveza después de correr o la reivindicación de la siesta, con los que estoy muy de acuerdo.

Históricamente hemos dividido el cuerpo y la mente en territorios estancos, como si estuvieran peleados: el cuerpo, mundano y la mente, pura espiritualidad. Actualmente, la ciencia sabe de la importancia y la relación tan estrecha que hay entre cerebro y todo lo demás. Y yo, después de todos estos años, me he dado cuenta que de la práctica del ejercicio, se pueden extraer algunas herramientas interesantes para aplicar a la escritura.

1. Luchar contra los límites.

Cuando practicas ejercicio continuado, siempre hay un límite en que tu cuerpo dice “vale, ya está bien, me rindo”. Y es en ese umbral donde se trabaja: cada día ir un poco más allá, correr un minuto más, hacer cuatro abdominales más, o levantar tres kilos más. En el caso de la escritura, sin llegar a caer en el perfeccionismo que inmoviliza, siempre hay que luchar contra la frustración de ese relato que no funciona y no sabes por qué, el atasco en una escena de la novela o ese final que se resiste.

2. Competir contra uno mismo.

Cuando te planteas hacer un tiempo en una carrera, es tu tiempo, no es el del keniata maratoniano que está en la élite mundial. No puedes compararte con nadie, solo bajar el cronómetro que hiciste tú en la carrera anterior.

En la escritura ocurre lo mismo. Siempre buscando la excelencia, se trata de escribir mejor que hace diez años, de conocer con más criterio el estilo y la voz propios, de tener una técnica cada vez más depurada. Además, cada autor/a tenemos un público, un nicho de lectores que no se puede comparar, porque no a todos nos gustan los mismos libros.

3. La importancia del descanso.

Para seguir rindiendo en el deporte, todo deportista sabe que  necesita recargar pilas durmiendo y dejar de hacer ejercicio durante algún día de la semana para no sobrecargar el cuerpo. En el caso de la escritura, los escritores también necesitamos ese descanso. Es una actividad mental intensa en la que se está continuamente uniendo conceptos y conectando distintas partes del cerebro.

Mi descanso es la lectura. Cuando estoy atascada en algún punto del relato, leo alguna obra de un género parecido o de un estilo que pueda servirme para una voz o un personaje.

4. Socialización.

Aunque me gusta montar en bicicleta o ir a correr sola, reconozco que voy al gimnasio porque me divierto. Y sobre todo porque es una forma de socializar, de conocer a más gente que está como tú, esforzándose, dedicando una hora al día a su cuerpo y a ellos mismos, sudando y en muchos casos, pasándolo mal. Uno de los principales motivos de abandono de la escritura es la soledad, demasiadas horas con uno mismo, luchando contra un párrafo, desesperándote porque no te salen las palabras…

Por eso, los talleres y escuelas de escritura cumplen un papel fundamental, no solo en la formación técnica de los autores, sino en la emocional. Juntarse con personas que tienen tus mismas inquietudes y pasiones es lo mejor que te puede pasar. Yo estuve diez años asistiendo al Taller de Escritura Creativa de Clara Obligado, donde comparto experiencias con una gran familia de escritores.

5. Vencer el miedo al ridículo.

Cuando empiezas una nueva actividad deportiva, te sientes estúpido, te miras al espejo y te dices pero ¿qué hago si no me entero de los pasos, de la coreografía, si ya estoy sudando antes de montarme en la bici, la gente me mira cuando corro…? Nuestro cerebro es experto en ponernos excusas, “palos en las ruedas” para no seguir con el ejercicio.

Y déjame que te diga que no eres el centro del universo, que nadie te está mirando y que es muy probable que el resto de la gente esté pensando lo mismo que tú. Esto es una tremenda liberación, de verdad. Y esto también se aprende en las clases de escritura: exponer tus textos a los demás, hacerte visible, que te lean y valoren tu escrito es una forma de darse cuenta de que nadie te juzga a ti, sino a tu texto.

6. Estar presente.

Estamos siempre en el pasado (¿qué habría pasado si…?) o en el futuro (¿qué pasará si…?)… vivimos la vida en condicional. Pero cuando el cuerpo está en movimiento, disfruta del “aquí y ahora”, y no tiene otra cosa en la que pensar. Eso mismo ocurre con la escritura: te permite fluir en el presente y estar concentrado en esa tarea, solo avanzar.

Sin entrar en los beneficios físicos del deporte (mantenimiento del peso, bajada del colesterol, regulación de la presión arterial, aumento del tono muscular…), a mi me aporta energía, flexibilidad mental, concentración, coordinación…

Te animo a que practiques algún deporte, pero no hace falta que te pongas a correr maratones. Elige algún ejercicio con el que te sientas a gusto: nadar, jugar al ping-pong, bailar swing, boxear… o si eres de los afortunados que viven cerca del mar, salir a pasear por la playa. Porque como decía George Orwell, “El deporte tomado en serio es como la guerra pero sin tiros”.

Ahora dale al play si quieres escuchar el podcast sobre las lecciones del deporte que sirven para la escritura. Y déjame un comentario aquí o en mi canal de YouTube si tienes alguna duda o consulta.

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Beneficios de la escritura creativa para la salud

Con el inicio de la pandemia a partir de marzo de 2020, hemos sido más conscientes que nunca de lo fundamental que es tener salud. Porque es verdad que hasta que no tenemos alguna molestia física o nos ponemos enfermos, no nos damos cuenta de lo importante que es estar bien. Centrarnos en el bienestar propio debería ser una prioridad en nuestro día a día. Por eso, en este vídeo-post quiero compartirte siete beneficios de la escritura creativa para tu salud. Para que compruebes que practicar la escritura es un hábito más que saludable.

1. Incrementa la relajación

La escritura te permite entrar en flow, ese estado en el que todo fluye, estás relajado y el tiempo pasa sin darte cuenta. Si te gusta escribir seguro que alguna vez has vivido esta sensación de dejarte llevar, muy similar a los momentos de meditación o de mindfulness. Los niveles de estrés y ansiedad se rebajan.

2. Crea un hábito

La escritura te permite crear una rutina en tu vida. Dedicarle a tu pasión media hora al día o más tiempo el fin de semana, crea una estructura fija que genera equilibrio y te aleja de las preocupaciones diarias.

3. Sirve de terapia

Escribir por pasión es sanador. Poner en palabras lo que sientes, piensas, lo que te pasa cada día, sirve para superar baches y malas rachas. Permite liberar cargas emocionales y poner orden en el caos cotidiano. Si algo no entiendes demasiado, intenta escribirlo y verás cómo le encuentras un sentido.

4. Mejora la memoria

Incrementa tu capacidad de retentiva al crear asociaciones y conceptos nuevos. Tu cerebro va construyendo ese mundo imaginario y reteniendo los datos que está desarrollando. Antes de tomar “rabos de pasas para la memoria” como dice el refrán, escribe todo lo que se te pase por la mente.

5. Ayuda a comunicarse mejor

Cuando escribes estás ordenando información y organizando conceptos diversos con cierto criterio. Por ejemplo, crear una escaleta de una novela o trazar la coherencia interna de un libro de relatos es una forma de comunicar tu proyecto de una manera más eficaz.

6. Apoya el aprendizaje

Somos homo narrator, el cerebro de nuestra especia está preparado para aprender a través de estructuras narrativas. Por eso es tan importante contarles historias a los niños, para abrir su mente a nuevas asociaciones de conceptos y también para desarrollar su curiosidad y empatía.

7. Aumenta tu creatividad

Este artículo de LinkedIn comenta cuál será la habilidad más valorada en la pospandemia. Adivina… Sí, la creatividad va a ser una de las aptitudes más importantes para los trabajos futuros. No es más que la resolución de problemas de una forma diferente. La escritura, al crear mundos y situaciones, te permite enfrentarte a un conflicto en la ficción. Si luego se te presenta en la vida real, ya tendrás la solución al problema. Es como tener por adelantado la experiencia de algo que todavía no te ha ocurrido.

Ahora dale al play si quieres saber más sobre los beneficios de la escritura creativa para la salud. Y déjame un comentario aquí o en mi canal de YouTube si tienes alguna duda o consulta.

Espero que este vídeo te sirva de utilidad y muchísimas gracias por verlo.

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