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¿Qué es el conflicto en la escritura de ficción?

Sin conflicto no hay literatura, no hay emoción, ni acción, ni transformación del protagonista. Es uno de los ingredientes fundamentales de las historias de ficción. Así que imagínate lo importante que es que haya fuerzas contrapuestas que luchen entre ellas para hacer avanzar la narración. Porque eso es el conflicto, tensión entre distintos personajes o una batalla interna que está teniendo lugar en la cabeza de tu protagonista. En este vídeo-post, además de definir en profundidad qué es el conflicto en la escritura de ficción, veremos cuántos tipos hay y ejemplos literarios de cada uno de ellos.

¿Qué es conflicto?

Según el diccionario de la RAE, conflicto viene del latín conflictus y el término tiene seis acepciones:

  1. Combate, lucha, pelea.
  2. Enfrentamiento armado.
  3. Apuro, situación desgraciada y de difícil salida.
  4. Problema, cuestión, materia de discusión. Conflicto de competencia, de jurisdicción.
  5. En psicología, coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo, capaces de generar angustia y trastornos neuróticos.
  6. Momento en que la batalla es más dura y violenta.

Entonces, ¿qué es el conflicto en la escritura de ficción? Exactamente lo mismo que la definición el diccionario. Son fuerzas contrapuestas que luchan cada una para su terreno y eso es lo que genera la tensión. Como si tiraras de un elástico. De verdad, soy muy categórica en esto, pero sin conflicto no hay historia, ahí es donde se crea la intriga y el avance de la trama. También es lo que genera la evolución y la transformación del personaje protagónico.

Tipos de conflictos

Hay dos grandes grupos: los conflictos internos y los externos.

  • Conflictos internos. Las batallas que tiene que lidiar tu protagonista contra sí mismo, contra su sistema de valores, creencias y emociones. Por ejemplo, tiene que tomar una decisión trascendental que cambiará su vida: ¿qué es más importante el trabajo o la familia?, ¿quiere un trabajo estable o crear un negocio? La literatura está llena de conflictos internos, como la vida, ¿quién no conoce a alguien que no haya tenido un obstáculo, un problema, una desgracia a la que enfrentarse?

Ejemplo de conflicto interno: “Grandes esperanzas” de Charles Dickens. Todo comienza cuando el protagonista, Pip, quiere convertirse en caballero para ganarse el amor de Estella, pero está condenado a ser un humilde herrero. Luego la historia se va complicando con más conflictos externos.

  • Conflictos externos. Te voy a compartir cuatro tipos:
    • Protagonista contra antagonista. Es el conflicto más clásico, que está muy presente en la estructura del viaje del héroe. Hay dos personajes distintos con motivaciones opuestas y que luchan por conseguir objetivos diferentes sobre un mismo hecho u objeto. Por ejemplo, “El Señor de los Anillos” de Tolkien, donde los dos bandos quieren conseguir el anillo de poder.
    • Protagonista contra la naturaleza. Todo tipo de fenómenos atmosféricos, meteoritos, pandemias, grandes animales… Por ejemplo, toda la literatura de catástrofes o el clásico “Moby Dick” de Melville.
    • Protagonista contra la sociedad. La lucha del individuo contra las normas establecidas, las reglas culturales. Aquí tenemos todo el campo de las distopías. Por ejemplo, “El cuento de la criada” de Margaret Atwood.
    • Protagonista contra la tecnología. Los avances científicos que someten al individuo, los robots que se hacen con el poder del planeta… Aquí se enmarca todo el género de ciencia ficción. Un ejemplo que me apasiona es la película “Matrix”, porque no solo muestra el conflicto tecnológico de una “raza” de robots esclavizando al hombre, sino también gran cantidad de conflictos internos del protagonista Neo.

Los conflictos no son estancos. Son híbridos, se mezclan unos con otros y es ahí donde está la riqueza de las historias, la tensión que hace avanzar la acción y evolucionar a tus personajes. Recuerda siempre, sin conflicto no hay literatura.

Ahora dale al play si quieres saber más sobre qué es el conflicto en la escritura de ficción. Y déjame un comentario aquí o en mi canal de YouTube si tienes alguna duda o consulta.

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Trucos para aprovechar los viajes como material de escritura

¿Qué harías si tuvieras todo el dinero y la libertad para disfrutar de tu tiempo? Yo lo tengo claro: viajar, leer y escribir. Aunque lucho contra mi “respeto” a volar desde unas turbulencias titánicas en un viaje a Grecia, me encanta conocer otros lugares. Sí, a veces voy agarrada al reposabrazos del asiento como si eso me fuera a salvar la vida, pero el placer que me produce patear otras ciudades, probar platos diferentes o ver cómo se vive el día a día en lugares distintos, vence a mi miedo. Y he desarrollado varios trucos para aprovechar los viajes como material de escritura.

En este año 2020 seguro que estamos viajando con menos frecuencia de lo que nos gustaría debido a la pandemia. Pero se pueden hacer viajes locales, provinciales, o dentro del mismo país. Incluso el desplazamiento cotidiano al trabajo también es un viaje. Entonces, ¿qué tiene que ver la escritura con los viajes? T-O-D-O.

Cinco trucos para aprovechar el viaje en tu escritura

  • Lleva siempre un cuaderno encima. No sé a ti pero a mí las “mejores” ideas se me ocurren en los momentos más insospechados. Y ya se sabe que “la peor tinta es mejor que la mejor memoria”. Anota todo aquello que te llama la atención: una conversación que escuchas en un autobús o en la barra de un bar, los nombres de lugares curiosos, los sentimientos que te inspira una cala desierta en Mallorca o una plaza en el centro de Varsovia. También es muy útil la aplicación de “Notas” del móvil que luego puedes copiar y enviarte los textos al ordenador.
  • No subestimes los desplazamientos cotidianos. En las grandes ciudades, ir y volver del trabajo te puede suponer unas dos horas diarias. Si vas en transporte público, además de leer, puedes aprovechar para poner en orden todas las notas y apuntes que has ido tomando, para describir el carácter de un personaje o para, lo que más me gusta, fijarte en los otros viajeros e inventar sus vidas. ¿A dónde irá la chica de los ojos verdes y las botas militares? ¿En qué trabaja el hombre de las gafas que va leyendo un ensayo político?

    Mapa de Amsterdam

    Dentro del laberinto, Amsterdam

  • Consulta mapas. Lo reconozco, soy una friki de los mapas. Me encantan los mapas en papel y siempre que visito una nueva ciudad, procuro ir a la Oficina de Turismo para hacerme con uno. Visualmente te permiten trazar el recorrido por las calles donde se moverán tus personajes, marcar las distancias entre puntos de la ciudad o conocer las fronteras naturales como ríos, lagos, montañas… Si hay un mapa que me vuelve loca, ese es el laberíntico de Amsterdam 😄
  • Déjate llevar por las sensaciones. La escritura tiene mucho que ver con la mirada, con la forma en que cada uno tenemos de enfocar un detalle arquitectónico, una playa, un campo nevado, una bandada de golondrinas… Abandonarse a un paisaje es conectar con las emociones de ese lugar y con las tuyas. Escribe lo que te hace sentir y déjalo que duerma como material descriptivo hasta que decidas la manera en que lo vas a utilizar en tu historia. Incluso puedes hacer este ejercicio mientras paseas por la ciudad o el pueblo en el que vives. Aunque hayas pasado mil veces por esa calle, seguro que si lo haces de forma consciente, encontrarás un nuevo punto de vista. Yo a veces paseo como una “guiri” por mi ciudad, voy como una turista sorprendida por el centro a pesar de que llevo viviendo en la zona varios años.
  • Escribe durante y corrige después. El viaje es siempre acción. Psicológicamente ese movimiento nos hace avanzar también en la escritura. Los desplazamientos son el momento idóneo para darle vida a la trama o construir los diálogos. Cuando paramos o volvemos del viaje, es más útil escribir descripciones sin acción o corregir lo escrito. Y como todo en la escritura, este truco no es ciencia cierta y a cada uno nos funciona una forma de actuar en función de nuestra manera de ser.

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Cinco recomendaciones para organizar tu tiempo de escritura

El tiempo es una de las excusas más utilizadas por los/as escritores/as principiantes para no hacer la tarea… “es que no tengo tiempo”… Y a todos les digo lo mismo: el tiempo no se tiene, se hace, se quita de otras actividades para poder dedicárselo a la escritura. Así que es mejor organizarlo bien para que puedas aprovechar unos minutos cada día a enfocarte en escribir. En este vídeo-post te comparto cinco recomendaciones para organizar tu tiempo de escritura.

Son pequeñas cosas que están en tu mano, porque solo con cambiar tus hábitos, notarás la diferencia. Pero advierto, no creo en las reglas estándar escritas en piedra para todos. Cada escritor/a es un mundo y lo más práctico (y productivo) es conocerse a uno mismo, testarse, ver qué cosas te funcionan mejor y repetirlas. Aquí van las acciones que yo realizo y me funcionan.

1. Agrupación de tareas en días

Organizo la agenda (en papel, soy una romántica) con antelación y coloco las tareas que voy a hacer en los siguientes días, divididos por categoría de trabajo: el lunes lo dedico a programar las redes sociales, el martes a escribir posts, el miércoles a leer manuscritos, el jueves a escribir ficción…O a veces lo fragmento en horas dentro del mismo día: dos horas para escribir, dos para leer… Si solo tienes media hora para escribir al día, márcala en tu agenda, deja ese espacio reservado única y exclusivamente para escribir. La idea de agendar el tiempo de esa tarea es “sitiar” al cerebro, decirle que te vas a concentrar solo en escribir, en enfocarte en un único tema, aunque sea un rato reducido.

2. Poner plazos

Trabajar con fechas en España es duro, lo sé… Mientras que en otros países es algo lógico marcarse plazos, aquí lo dejamos todo para el último día. Siempre que me piden algún texto o informe, pregunto ¿Para cuándo? No he encontrado otra forma de poder organizar mi trabajo y sobre todo de desmenuzar las tareas que conlleva un proyecto. Además, tener un objetivo temporal me sirve para luchar contra la resistencia y la procrastinación, que son miedos a si seré capaz de hacerlo, a qué pasará si… voy acallando a mi “juez” interior marcándome objetivos medibles y acotados por el reloj. Si vas dejando tu novela para cuando tengas tiempo, créeme, nunca lo vas a tener. Ponte una fecha, escríbela por todas partes, hazte una camiseta, cuéntasela a tu gente o tatúatela… Es la única forma de que te comprometas con tu escritura.

3. Levantarse pronto o acostarse tarde

¿Eres alondra o búho? ¡Cuántas veces habré escuchado esta frase! Me levanto entre 7:00 – 8:00 de lunes a viernes. Me gustaría hacerlo antes, pero soy búho hasta la médula, y a mis años ya me he dado por vencida. ¿Por qué tengo que madrugar si es lo más parecido a que me arranquen el hígado? Hay gente que es más productiva a las 6 de la mañana y otras personas que están a tope a las 10 de la noche. Yo estudié toda la carrera de noche y sigo viva. Adoro el silencio de la oscuridad y mi cabeza funciona mejor según va avanzando el día. Escribe cuando estés más despierto, si es antes de ir a trabajar por las mañanas o al volver del trabajo por la tarde o cuando la familia duerme, lo deciden tus biorritmos. Y seguimos con las recomendaciones para organizar tu tiempo de escritura.

4. Elegir un espacio

Somos animales de costumbres. Incluso cuando éramos una tribu nómada, elegíamos una cueva para resguardarnos de la lluvia. Como te decía en el punto anterior, prefiero el silencio así que muchos días trabajo en la biblioteca que hay cerca de mi casa. Me ayuda a concentrarme y me “obliga” a no estar haciendo llamadas o cogiendo el teléfono, que puedo hacer en otros momentos del día. Pero conozco escritores/as que escriben en cafeterías con gente, en trenes (sin vagón de silencio), en su casa con la televisión puesta o encerrados en un cuarto sin ventanas. Siempre que tengas adquirido el hábito de escribir, lo harás en cualquier parte, aunque yo soy partidaria de tener “una habitación propia”.

5. Cerrar las redes sociales y el resto de programas

Qué difícil es esto, sobre todo si trabajas como yo en proyectos online. La idea es la misma que en el primer punto: concentrarse en la tarea sin distracción. Mensajes que entran y necesitas contestar ya o sucede una desgracia en el mundo, gente que te saluda por el chat… Si eres de los que escriben a mano, lo tienes mucho más fácil. De momento el cuaderno y el boli no tienen conexión a internet.

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¿Qué puedes aprender de los grandes clásicos?

En este vídeo-post te comparto varias enseñanzas que puedes extraer de los libros de toda la vida, esos que conoces de sobra y nunca te has parado a leer. A lo mejor has visto una adaptación cinematográfica o una serie de televisión, pero no has leído la obra completa. ¿Qué puedes aprender de los grandes clásicos?

El verano es una época perfecta para leer a los clásicos del siglo XIX, ya que tienen un tempo y un ritmo muy distinto al que nos tienen acostumbrados las redes sociales o las plataformas de streaming. Requieren de una lectura pausada y tranquila, dado que en estos clásicos abundan las descripciones de ambientes y la recreación de los detalles.

Aquí te propongo cinco más que conocidos. ¿Por qué? Por eso mismo, porque los damos por conocidos. Porque nos sabemos el argumento, hemos visto mil películas sobre ellos, pero ¿de verdad, los hemos leído? Y lo mejor de todo, ¿sabemos qué nos pueden enseñar? ¿Qué trucos utilizan los grandes autores? ¿Qué podemos “apropiarnos” de ellos para nuestra escritura?

Frankenstein, Mary Shelley

En el mismo verano en el que Polidori daba forma a su Vampyre, Mary Shelley dio a luz a su criatura. Alojados en dos villas junto a las orillas del lago Lemán (la famosa Villa Diodati), cerca de Ginebra, el círculo de amigos de Shelley pasaron aquel tormentoso, frío y oscuro verano contando historias de fantasmas y charlando en lugar de hacer excursiones o navegar. Habría que ver a la pandilla… De esa oscuridad nacerían las pesadillas y el arte, sumidos en ese caldo decimonónico de superstición, religión, razón, ciencia y romanticismo. Es un texto principalmente filosófico, que hace reflexionar sobre el sentido de la existencia, la figura del creador y la divinidad, la maldad y la fealdad, el miedo a lo desconocido… Es una novela de la que no se sale indemne.

Cumbres Borrascosas, Emily Brontë

Publicada por primera vez en 1847, ha dado lugar a mil  adaptaciones, incluyendo varias películas, dramatizaciones radiofónicas y televisivas, un musical, telenovelas y canciones. Todos tenemos en la cabeza que es la gran historia de amor, el super culebrón que no puede superar ningún serial colombiano…Pero nada más lejos de la realidad. Cumbres Borrascosas es una historia oscura y atormentada con una estructura innovadora para su época, que se suele comparar con un conjunto de muñecas de matryoshka, y que dejó a los críticos boquiabiertos. Por supuesto, se ganó el mito de incomprendida, tanto la obra como la autora. Si quieres aprender sobre descripción de ambientes y pintura de los espacios, sumérgete en la finca Cumbres Borrascosas y la Granja de los Tordos. Y seguimos con qué puedes aprender de los grandes clásicos.

Madame Bovary, Gustave Flaubert

He de reconocer que es de esos clasicazos con los que nunca me atreví por su tamaño. Hace pocos años lo leí durante el verano en la playa y me enamoré del personaje. Bien es cierto que es una obra realista con un comienzo bastante lento para mi gusto. Pero que tiene tantas capas de significado profundo en Emma que tendré que volver a leerla para exprimir al máximo su épica y su alegoría. Si quieres aprender cómo se construye la psicología de un personaje con todas sus aristas y redondeces, esta es tu novela. Solo la escena maravillosa de Emma con su amante dentro del coche de caballos, esa elipsis que Flaubert utiliza para contar la escena de amor pasional de los protagonistas, es una de las cumbres de la literatura. Magistral: lee y “copia”.

Historia de dos ciudades, Charles Dickens 

De este maestro habría que leerlo todo porque es un grande en la construcción de “culebrones”, de relatos con unos personajes inolvidables, de argumentos universales y “copiados” hasta la náusea. Si quieres aprender a estructurar y a crear una trama que enganche, ya sabes. Pero ¿por qué esta novela? Primero, porque tiene el comienzo más maravilloso de todos los tiempos. Y segundo, porque es un poco diferente a las demás que escribió. En su mayoría eran historias protagonizadas por niños o adolescentes que pretendían denunciar a la sociedad británica de la época y las consecuencias de la industrialización. Pero en esta novela histórica se narra la vida en el siglo XVIII. Se desarrolla entre Londres y París, en los comienzos de la Revolución Francesa. Fue publicada en la revista All the Year Round (fundada por el propio Dickens, ¡¡qué crack!!) en 31 entregas semanales entre abril y noviembre de 1859.​ Fue la primera publicación de la revista con una enorme aceptación. Llegó a tener una tirada de 120.000 ejemplares. Un bestseller en toda regla, ¡vaya!

Y ahora vamos con el último qué puedes aprender de los grandes clásicos.

Drácula, Bram Stoker

¿Qué te voy a contar que no sepas del vampiro? Se han cumplido ya más de 120 años de la publicación de la novela y es alucinante lo bien que se mantiene, no solo el mito, sino la estructura del relato. Parece que fue escrito ayer. Si la lees, te vas a enamorar de los usos de la primera persona y el manejo de los puntos de vista. El recurso de contar la historia a través de cartas, telegramas, diarios de a bordo, recortes de periódico y otras pruebas escritas, ordenadas “luego” de forma cronológica, era algo ya muy visto en el siglo XIX. Lo habían hecho Frankenstein o Wilkie Collins, el pionero de la narrativa detectivesca, en La piedra lunar. Stoker escribía entonces para sacarse un dinero extra, novelas y relatos de corte sensacionalista, gótico y de terror que gustaban mucho a sus contemporáneos. Tras varios años interesado por el folklore europeo y tras absorber varias lecturas e influencias, construyó la novela que ha sentado las bases de lo que entendemos actualmente por un vampiro, a pesar de que para entonces ya existían Carmilla de Sheridan Le Fanu, Varney the Vampire de James Malcolm Rymer, y el Vampyre de John Polidori. Hay que decir que la película de Francis Ford Coppola es la versión que más se acerca al libro, aunque con un punto más romántico.

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¿Con qué criterios leen los escritores?

Una de las claves fundamentales para aprender a escribir es leer, leer y leer. Pero, ¿te has parado alguna vez a pensar cómo leen los escritores? ¿Si tienen algunos criterios o pautas para adentrarse en la lectura? En este vídeo-post te comparto una serie de recomendaciones para que puedas leer con un cierto orden y no te pierdas en la ingente cantidad de libros que podrías escoger. Basado en la forma en la que leen los que se dedican profesionalmente a la escritura, porque ¿con qué criterios leen los escritores?

Cada uno tiene su método y su lógica, pero las pautas siguientes te pueden servir como recomendaciones para organizar tus lecturas (porque, seamos sinceros, nunca jamás podremos leer todo lo que se ha publicado y lo que se publica cada año).  Y sobre todo, para aprender de los autores y las autoras que han recorrido antes el camino que tú estás iniciando en la escritura. Para “apropiarte” de aquello que te gusta y que podrías adaptar a tu forma de escribir.

1. Elegir una época histórica

Así puedes aprender el contexto socio-cultural de esa época, de los autores que vivieron en ese momento histórico, por ejemplo, Antigua Grecia, Roma, Siglo de Oro, siglo XIX… Este método te permite también conectar diferentes regiones o países. Mientras en España se escribía El Quijote, ¿qué escribían en Francia o en Inglaterra?

2. Especializarte en un solo autor o autora

El inconveniente que tiene este criterio es que te tiene que gustar muchísimo ese escritor/a porque si no acabarás saturado. Recuerdo que un verano me leí todos los cuentos de Carver y acabé algo cansada, a pesar de mi enamoramiento por este autor. Pero la ventaja es que de esta forma puedes conocer en profundidad su obra, sus temas, sus estructuras, personajes… y convertirte en un verdadero experto.

3. Leer todos los autores de una corriente literaria

Leer todos los autores/as de una determinada etiqueta literaria, adentrarte en el realismo mágico, el gótico sureño, el realismo sucio, la Generación del 27,… te permite también aprender sobre las vidas de esos escritores y los diferentes lugares en los que han vivido, sus conexiones entre ellos y el impacto sobre corrientes posteriores.

4. Hacerte experto en un género literario

Este criterio te permite convertirte también en un experto de ese género, si lo haces de forma sistemática, así como de los autores que se enmarcan en él, de diferentes lugares y épocas. Especializarte en ciencia ficción, terror, relato, novela negra, de detectives…

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¿Cómo resolver un final Deus ex machina?

¿Te has metido alguna vez en un final sin salida? Seguro que escribiendo una historia, has liado tanto los hilos de la trama que no has sabido resolverla. Has acabado en el típico desenlace fallido, conocido como “Deus ex machina”. En este vídeo-post anterior te hablo sobre qué es este tipo de final y por qué se suele producir. Y ahora te cuento tres formas de resolverlo. Para que puedas verlo venir con antelación y puedas corregir el rumbo de tu historia sin defraudar a los lectores. ¿Cómo resolver un final Deus ex machina?

1. Cambia las reglas del juego

Decía Chejov algo así como que si sacas una pistola cargada en el primer párrafo de tu relato, esa pistola tiene que ser disparada. Esto quiere decir que todo elemento que incluyes en tu historia tiene que ser relevante y congruente con lo que estás contando. Deus ex machina sería lo contrario, es decir, meter un elemento que no ha aparecido antes en la trama, sin haber dado pistas al lector, pero que resulta ser lo que resuelve todo el conflicto. Llamémosle pistola, personaje espontáneo, fuerza externa, dios, azar, sueño, etc…

Toda historia de ficción sigue unas reglas determinadas, haces un pacto con el lector desde la primera frase. Si estás escribiendo una novela realista histórica y luego la resuelves en el plano de la fantasía, el lector se verá defraudado porque no entenderá de dónde ha salido ese final. Luego si has caído en un Deus ex machina, tendrás que volver atrás y cambiar las reglas de tu historia para que toda la trama sea congruente de principio a fin.

2. Dar pistas al lector

Otra manera de resolver un Deus ex machina es dar pistas al lector, ir dejando miguitas de pan en forma de elemento o personaje que luego vaya a resolver el conflicto. Por ejemplo, crear una trama o subtrama con ese personaje que va a ser la pieza final.

En una novela negra quedaría muy feo si el asesino no sale hasta la última página. Habría que anticiparlo, de forma sutil, a través de una subtrama dedicada a él, pistas falsas, una aparición para contactar con el investigador/detective… Lo que sea pero que no parezca que al final te lo has inventado porque no sabías cómo resolver el barullo en el que te habías metido.

3. No caer en él, obvio 🙂

¡Bravo, Nuria! Grandísima aportación. No, ahora en serio. Con esto quiero decir que te sientes a recapacitar antes de escribir y planifiques dónde quieres llegar. Nada más comenzar, es importante esbozar el capítulo final. Al menos cómo quieres que termine el personaje de tu historia, con qué emoción, en qué situación o qué sensación quieres que tenga el lector cuando cierre tu libro. Eso actúa como un GPS: el comienzo es el punto A y el destino el punto B al que tienes que llegar. Si sabes dónde quieres llegar, te resultará más fácil poner el punto final.

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¿Qué es un final llamado Deus ex machina?

Seguro que alguna vez escribiendo una historia, has liado tanto los hilos de la trama que no has sabido resolverla. O has creado tensión y momentos de conflicto en tu relato, pero se ha complicado tanto que el final era irresoluble. En este vídeo-post te hablo de desenlaces fallidos, como por ejemplo el conocido “Deus ex machina”. Pero, ¿qué es un final Deus ex maquina?

Dios baja de una máquina

Es una locución latina que proviene del teatro griego y literalmente significa “Dios baja (sale) de una máquina”. Los autores griegos recurrían a un actor que hacía el papel de dios y que entraba en escena montado en una grúa (máquina). Este personaje que “surgía de la nada” era el encargado de resolver todos los embrollos de la tragedia. En el sistema de valores de los griegos, no estaba mal visto que un dios externo solucionara todos los problemas de la historia. Pero actualmente, los lectores necesitamos resoluciones más redondas.

Desenlace fallido

Por tanto, esta frase viene a decir que la novela o el relato se resuelve con un elemento, fuerza externa o personaje que no había aparecido antes en la historia. Algo que nos hemos “sacado de la manga”, o como yo lo suelo llamar utilizando el símil de los magos, es el “conejo sacado de la chistera”.

No tiene que ser necesariamente un dios o una fuerza sobrenatural, puede ser cualquier cosa que no hubiera aparecido antes en la acción. La ficción juega con una serie de reglas determinadas y no podemos hacerle trampas al lector. Si le damos al lector las reglas de una historia realista, no podemos resolverla en el plano fantástico, no puede haber un personaje con poderes sobrenaturales o finales del tipo “todo había sido un sueño”. No hay nada más decepcionante y frustrante que leer trescientas páginas y acabar en ese final. Esto resulta muy evidente y sonado en las series de televisión.

Es el caso también de esas novelas negras en las que el asesino es el vecino del quinto, que no había salido antes en la historia. Y de repente, se convierte en el personaje principal. En la ficción no podemos dejar nada al azar, todos los elementos que salen a escena tienen que tener un porqué, un sentido lógico dentro de las reglas del juego que hemos pactado con nuestros lectores.

Pistas para detectar un final Deus ex machina

¿Cómo puedes detectar que te estás metiendo en un desenlace fallido?

  1. La estás “liando parda”Estás metiendo a tu personaje en un conflicto tras otro, generando tensión para mantener la intriga del lector, pero que no sabes cómo vas a unir todos los cabos. Y esto se produce por el siguiente punto.
  2. No tienes claro el final. No te has parado a pensar dónde quieres llegar con tu historia. Nada más comenzar a escribir, es importante esbozar el capítulo final. Al menos cómo quieres que termine el personaje de tu cuento, con qué emoción, en qué situación o qué sensación quieres que tenga el lector cuando cierre tu libro. Eso actúa como un GPS: el comienzo es el punto A y el destino el punto B al que tienes que llegar. Si sabes dónde quieres llegar, te resultará más fácil poner el punto final.

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Finales redondos para tus historias de ficción

Poner el punto final a una historia, ya sea un relato o una novela, tiene mucho mérito. Si además, el desenlace es redondo, mejor que mejor. En este post te comparto qué son los finales redondos para tus historias de ficción.

Pero, ¿qué es el final? Es el desenlace, la unión de todas las tramas que has ido desarrollando en tu historia, donde todas las fuerzas contrapuestas y obstáculos se resuelven, donde el personaje protagónico ha concluido su transformación, donde todas las aguas bravas del relato vuelven a su cauce.

Finales redondos

Podemos decir entonces que los finales redondos son aquellos que concluyen, que atan todos los hilos de la historia, pero al mismo tiempo están lo suficientemente abiertos para que el lector pueda imaginar qué podría suceder después. David Lodge en su libro sobre técnica narrativa titulado  “El arte de la ficción” dice lo siguiente sobre los finales: 

Para los novelistas victorianos el final resultaba particularmente problemático, porque lectores y editores les presionaban para que fuese feliz. El último capítulo se llamaba en el negocio editorial wind-up, <<liquidación>>; Henry James lo describía con sarcasmo como <<un reparto, por fin, de premios, pensiones, maridos, mujeres, bebés, millones, párrafos añadidos y frases alegres>>. El mismo James fue pionero del final <<abierto>> característico de la ficción moderna: más de una vez puso punto final a sus novelas en medio de una conversación, dejando en el aire una frase, con la resonancia, pero también con la ambigüedad que eso implica.

Huir de los clichés

En la actualidad, los finales very very happy son un cliché, un estereotipo del que hay que huir. Por ejemplo, finales cerrados del tipo “se casaron, fueron felices y comieron perdices” o finales en los que el malo malísimo muere. Los finales abiertos son como la vida, que siempre continua, a pesar de los obstáculos e incluso de la muerte. Así, haces partícipe de tu historia al lector y le dejas abierta la posibilidad de imaginar qué podría haberle pasado a tu personaje más allá de ese momento que le has contado. Los buenos finales son un nuevo comienzo.

Escribir primero el desenlace

Y para terminar, un apunte de técnica que yo suelo utilizar cuando escribo relatos. Nada más comenzar a escribir, tengo en mente ya el final. Al menos sé cómo quiero que termine el personaje de mi cuento, con qué emoción, en qué situación o qué sensación quiero que se quede el lector. Eso actúa como un GPS: el comienzo es el punto A y el destino el punto B al que quiero llegar. Si sabes dónde quieres llegar, te resultará más fácil poner el punto final.

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¿Qué habilidades hay que desarrollar para escribir?

Como cualquier actividad que emprendas, escribir requiere de una serie de habilidades que tendrás que desarrollar si quieres seguir en el camino sin desistir. En este post te comparto cuatro que me parecen fundamentales. Probablemente hay muchas más, pero sin estas, estarás algo perdido.

1. Perseverancia

La constancia y la fortaleza te van a hacer falta para mantenerte en el proceso de escritura sin tirar la toalla. Todos los días escribiendo un poco, quizá solo media hora, un párrafo… ser perseverante es la clave. Como decía Doris Lessing:

“El talento es algo bastante corriente. No escasea la inteligencia, sino la constancia”.

2. Resiliencia

Relacionada con la habilidad anterior, está la resiliencia. Esta palabra viene del mundo de la física y la química. Es la capacidad de resistencia que tienen los materiales, por ejemplo, sería la capacidad del acero para volver a su forma original a pesar de los golpes que recibe y los intentos por deformarlo. En psicología se utiliza para designar la capacidad de los seres humanos para adaptarnos a las situaciones adversas, para sobreponernos ante un trauma, crisis, muerte… La escritura no es en sí misma una situación adversa, es una pasión y una necesidad. Pero la resiliencia te servirá para sobreponerte a los “noes” de las editoriales o a la frustración por no conseguir, por ejemplo, llegar a un número mayor de lectores con tus libros.

3. Hábito de lectura

Para ser escritor, es necesario e imprescindible desarrollar el hábito de la lectura. Somos lo que leemos, el cúmulo de lecturas que hemos hecho a lo largo de la vida. No te cierres a la posibilidad de conocer lo que han escrito los autores y las autoras que te preceden para “robarles” (en el buen sentido de la palabra) aquellas fórmulas que te gustan de ellos/as.

4. Curiosidad

Estar siempre atento a todo lo que veas, escuches, sientas… Todo puede ser material narrativo. Apunta lo que te suceda en un “cuaderno de ideas” que puedes ir recopilando para luego darles forma y convertir en ficción. La escritura es un punto de vista sobre lo que nos ocurre, por eso es importante estar despierto en la vida.

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¿Qué barreras mentales te impiden escribir?

¿Alguna vez te has preguntado qué es lo que te impide escribir? ¿Por qué no acabas de dar el paso? Sí, tienes esa idea para una novela o un cuento, pero hay algo que te impide avanzar. Las barreras mentales son limitaciones que nos ponemos a nosotros mismos para no hacernos cargo de alguna tarea, en este caso de la escritura. Estos frenos autoimpuestos esconden miedos y constituyen la excusa perfecta para no tomar acción, para aplazar nuestra pasión. ¿Qué barreras mentales te impiden escribir? En este vídeo-post te comparto las cuatro barreras que, por mi experiencia de estos años (y por haberlas vivido), son las más comunes entre los que comienzan a escribir.

1. No tengo edad

“Ya estoy muy mayor para escribir, esto era un sueño que tenía yo de joven, pero ahora…” ¿Dónde está el límite para hacer algo en la vida? Bueno, si quieres ser astronauta o correr una maratón, sin haber hecho deporte antes, igual sí que son importantes los años. Pero para escribir nunca es tarde. Cualquier momento es perfecto para empezar.

2. No tengo tiempo

El tiempo es igual para todos. Tenemos veinticuatro horas al día, tú decides qué hacer con ellas y cómo invertirlas. ¿Tumbarte en el sofá a ver la tele y atocinarte? ¿O sentarte delante del ordenador o del cuaderno y ponerte manos a la obra? El tiempo se hace. Cada día dedícale un momento, media hora, una hora… para escribir un párrafo o dos. Ser constante es la clave.

3. Nunca he escrito antes

Algo habrás escrito, no sé, de niño en el colegio, en el instituto, una redacción sobre la primavera o el Día de la Madre… La escritura es un talento que tiene que coincidir con tu pasión, pero se acaba aprendiendo si tienes esa necesidad. Hay muchísima formación y cursos online con los que puedes aprender las herramientas y tácticas básicas de la escritura.

4. No me voy a hacer famoso

Esta barrera está muy relacionada con los objetivos que persigas en tu escritura. “No voy a vivir de esto, no voy a hacerme rico…” Bien, si quieres tener éxito o hacerte famoso, quizá no deberías escribir. La escritura es una necesidad y una pasión. Pero a priori, no tienes una bola de cristal para predecir el futuro, luego no sabes si triunfarás y si tu escritura llegará a los lectores. Tienes las mismas probabilidades del “sí” que del “no”. Pero hasta que no le pongas acción y comiences a escribir, no sabrás hasta dónde puedes llegar.

Ahora dale al play si quieres conocer más en detalle qué barreras mentales te impiden escribir. Si esto te resuena, por favor déjame un comentario más abajo:

Espero que este vídeo te sirva de utilidad y muchísimas gracias por verlo.

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