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¿Qué puedes aprender de los grandes clásicos?

En este vídeo-post te comparto varias enseñanzas que puedes extraer de los libros de toda la vida, esos que conoces de sobra y nunca te has parado a leer. A lo mejor has visto una adaptación cinematográfica o una serie de televisión, pero no has leído la obra completa. ¿Qué puedes aprender de los grandes clásicos?

El verano es una época perfecta para leer a los clásicos del siglo XIX, ya que tienen un tempo y un ritmo muy distinto al que nos tienen acostumbrados las redes sociales o las plataformas de streaming. Requieren de una lectura pausada y tranquila, dado que en estos clásicos abundan las descripciones de ambientes y la recreación de los detalles.

Aquí te propongo cinco más que conocidos. ¿Por qué? Por eso mismo, porque los damos por conocidos. Porque nos sabemos el argumento, hemos visto mil películas sobre ellos, pero ¿de verdad, los hemos leído? Y lo mejor de todo, ¿sabemos qué nos pueden enseñar? ¿Qué trucos utilizan los grandes autores? ¿Qué podemos “apropiarnos” de ellos para nuestra escritura?

Frankenstein, Mary Shelley

En el mismo verano en el que Polidori daba forma a su Vampyre, Mary Shelley dio a luz a su criatura. Alojados en dos villas junto a las orillas del lago Lemán (la famosa Villa Diodati), cerca de Ginebra, el círculo de amigos de Shelley pasaron aquel tormentoso, frío y oscuro verano contando historias de fantasmas y charlando en lugar de hacer excursiones o navegar. Habría que ver a la pandilla… De esa oscuridad nacerían las pesadillas y el arte, sumidos en ese caldo decimonónico de superstición, religión, razón, ciencia y romanticismo. Es un texto principalmente filosófico, que hace reflexionar sobre el sentido de la existencia, la figura del creador y la divinidad, la maldad y la fealdad, el miedo a lo desconocido… Es una novela de la que no se sale indemne.

Cumbres Borrascosas, Emily Brontë

Publicada por primera vez en 1847, ha dado lugar a mil  adaptaciones, incluyendo varias películas, dramatizaciones radiofónicas y televisivas, un musical, telenovelas y canciones. Todos tenemos en la cabeza que es la gran historia de amor, el super culebrón que no puede superar ningún serial colombiano…Pero nada más lejos de la realidad. Cumbres Borrascosas es una historia oscura y atormentada con una estructura innovadora para su época, que se suele comparar con un conjunto de muñecas de matryoshka, y que dejó a los críticos boquiabiertos. Por supuesto, se ganó el mito de incomprendida, tanto la obra como la autora. Si quieres aprender sobre descripción de ambientes y pintura de los espacios, sumérgete en la finca Cumbres Borrascosas y la Granja de los Tordos. Y seguimos con qué puedes aprender de los grandes clásicos.

Madame Bovary, Gustave Flaubert

He de reconocer que es de esos clasicazos con los que nunca me atreví por su tamaño. Hace pocos años lo leí durante el verano en la playa y me enamoré del personaje. Bien es cierto que es una obra realista con un comienzo bastante lento para mi gusto. Pero que tiene tantas capas de significado profundo en Emma que tendré que volver a leerla para exprimir al máximo su épica y su alegoría. Si quieres aprender cómo se construye la psicología de un personaje con todas sus aristas y redondeces, esta es tu novela. Solo la escena maravillosa de Emma con su amante dentro del coche de caballos, esa elipsis que Flaubert utiliza para contar la escena de amor pasional de los protagonistas, es una de las cumbres de la literatura. Magistral: lee y “copia”.

Historia de dos ciudades, Charles Dickens 

De este maestro habría que leerlo todo porque es un grande en la construcción de “culebrones”, de relatos con unos personajes inolvidables, de argumentos universales y “copiados” hasta la náusea. Si quieres aprender a estructurar y a crear una trama que enganche, ya sabes. Pero ¿por qué esta novela? Primero, porque tiene el comienzo más maravilloso de todos los tiempos. Y segundo, porque es un poco diferente a las demás que escribió. En su mayoría eran historias protagonizadas por niños o adolescentes que pretendían denunciar a la sociedad británica de la época y las consecuencias de la industrialización. Pero en esta novela histórica se narra la vida en el siglo XVIII. Se desarrolla entre Londres y París, en los comienzos de la Revolución Francesa. Fue publicada en la revista All the Year Round (fundada por el propio Dickens, ¡¡qué crack!!) en 31 entregas semanales entre abril y noviembre de 1859.​ Fue la primera publicación de la revista con una enorme aceptación. Llegó a tener una tirada de 120.000 ejemplares. Un bestseller en toda regla, ¡vaya!

Y ahora vamos con el último qué puedes aprender de los grandes clásicos.

Drácula, Bram Stoker

¿Qué te voy a contar que no sepas del vampiro? Se han cumplido ya más de 120 años de la publicación de la novela y es alucinante lo bien que se mantiene, no solo el mito, sino la estructura del relato. Parece que fue escrito ayer. Si la lees, te vas a enamorar de los usos de la primera persona y el manejo de los puntos de vista. El recurso de contar la historia a través de cartas, telegramas, diarios de a bordo, recortes de periódico y otras pruebas escritas, ordenadas “luego” de forma cronológica, era algo ya muy visto en el siglo XIX. Lo habían hecho Frankenstein o Wilkie Collins, el pionero de la narrativa detectivesca, en La piedra lunar. Stoker escribía entonces para sacarse un dinero extra, novelas y relatos de corte sensacionalista, gótico y de terror que gustaban mucho a sus contemporáneos. Tras varios años interesado por el folklore europeo y tras absorber varias lecturas e influencias, construyó la novela que ha sentado las bases de lo que entendemos actualmente por un vampiro, a pesar de que para entonces ya existían Carmilla de Sheridan Le Fanu, Varney the Vampire de James Malcolm Rymer, y el Vampyre de John Polidori. Hay que decir que la película de Francis Ford Coppola es la versión que más se acerca al libro, aunque con un punto más romántico.

Ahora dale al play si quieres saber más sobre qué puedes aprender de los grandes clásicos. Y déjame un comentario si se te ocurre algún clásico más del siglo XIX.

Espero que este vídeo te sirva de utilidad y muchísimas gracias por verlo.

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¿Con qué criterios leen los escritores?

Una de las claves fundamentales para aprender a escribir es leer, leer y leer. Pero, ¿te has parado alguna vez a pensar cómo leen los escritores? ¿Si tienen algunos criterios o pautas para adentrarse en la lectura? En este vídeo-post te comparto una serie de recomendaciones para que puedas leer con un cierto orden y no te pierdas en la ingente cantidad de libros que podrías escoger. Basado en la forma en la que leen los que se dedican profesionalmente a la escritura, porque ¿con qué criterios leen los escritores?

Cada uno tiene su método y su lógica, pero las pautas siguientes te pueden servir como recomendaciones para organizar tus lecturas (porque, seamos sinceros, nunca jamás podremos leer todo lo que se ha publicado y lo que se publica cada año).  Y sobre todo, para aprender de los autores y las autoras que han recorrido antes el camino que tú estás iniciando en la escritura. Para “apropiarte” de aquello que te gusta y que podrías adaptar a tu forma de escribir.

1. Elegir una época histórica

Así puedes aprender el contexto socio-cultural de esa época, de los autores que vivieron en ese momento histórico, por ejemplo, Antigua Grecia, Roma, Siglo de Oro, siglo XIX… Este método te permite también conectar diferentes regiones o países. Mientras en España se escribía El Quijote, ¿qué escribían en Francia o en Inglaterra?

2. Especializarte en un solo autor o autora

El inconveniente que tiene este criterio es que te tiene que gustar muchísimo ese escritor/a porque si no acabarás saturado. Recuerdo que un verano me leí todos los cuentos de Carver y acabé algo cansada, a pesar de mi enamoramiento por este autor. Pero la ventaja es que de esta forma puedes conocer en profundidad su obra, sus temas, sus estructuras, personajes… y convertirte en un verdadero experto.

3. Leer todos los autores de una corriente literaria

Leer todos los autores/as de una determinada etiqueta literaria, adentrarte en el realismo mágico, el gótico sureño, el realismo sucio, la Generación del 27,… te permite también aprender sobre las vidas de esos escritores y los diferentes lugares en los que han vivido, sus conexiones entre ellos y el impacto sobre corrientes posteriores.

4. Hacerte experto en un género literario

Este criterio te permite convertirte también en un experto de ese género, si lo haces de forma sistemática, así como de los autores que se enmarcan en él, de diferentes lugares y épocas. Especializarte en ciencia ficción, terror, relato, novela negra, de detectives…

Ahora dale al play si quieres conocer más en detalle con qué criterios leen los escritores. Si esto te resuena, por favor déjame un comentario más abajo:

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¿Cómo resolver un final Deus ex machina?

¿Te has metido alguna vez en un final sin salida? Seguro que escribiendo una historia, has liado tanto los hilos de la trama que no has sabido resolverla. Has acabado en el típico desenlace fallido, conocido como “Deus ex machina”. En este vídeo-post anterior te hablo sobre qué es este tipo de final y por qué se suele producir. Y ahora te cuento tres formas de resolverlo. Para que puedas verlo venir con antelación y puedas corregir el rumbo de tu historia sin defraudar a los lectores. ¿Cómo resolver un final Deus ex machina?

1. Cambia las reglas del juego

Decía Chejov algo así como que si sacas una pistola cargada en el primer párrafo de tu relato, esa pistola tiene que ser disparada. Esto quiere decir que todo elemento que incluyes en tu historia tiene que ser relevante y congruente con lo que estás contando. Deus ex machina sería lo contrario, es decir, meter un elemento que no ha aparecido antes en la trama, sin haber dado pistas al lector, pero que resulta ser lo que resuelve todo el conflicto. Llamémosle pistola, personaje espontáneo, fuerza externa, dios, azar, sueño, etc…

Toda historia de ficción sigue unas reglas determinadas, haces un pacto con el lector desde la primera frase. Si estás escribiendo una novela realista histórica y luego la resuelves en el plano de la fantasía, el lector se verá defraudado porque no entenderá de dónde ha salido ese final. Luego si has caído en un Deus ex machina, tendrás que volver atrás y cambiar las reglas de tu historia para que toda la trama sea congruente de principio a fin.

2. Dar pistas al lector

Otra manera de resolver un Deus ex machina es dar pistas al lector, ir dejando miguitas de pan en forma de elemento o personaje que luego vaya a resolver el conflicto. Por ejemplo, crear una trama o subtrama con ese personaje que va a ser la pieza final.

En una novela negra quedaría muy feo si el asesino no sale hasta la última página. Habría que anticiparlo, de forma sutil, a través de una subtrama dedicada a él, pistas falsas, una aparición para contactar con el investigador/detective… Lo que sea pero que no parezca que al final te lo has inventado porque no sabías cómo resolver el barullo en el que te habías metido.

3. No caer en él, obvio 🙂

¡Bravo, Nuria! Grandísima aportación. No, ahora en serio. Con esto quiero decir que te sientes a recapacitar antes de escribir y planifiques dónde quieres llegar. Nada más comenzar, es importante esbozar el capítulo final. Al menos cómo quieres que termine el personaje de tu historia, con qué emoción, en qué situación o qué sensación quieres que tenga el lector cuando cierre tu libro. Eso actúa como un GPS: el comienzo es el punto A y el destino el punto B al que tienes que llegar. Si sabes dónde quieres llegar, te resultará más fácil poner el punto final.

Ahora dale al play si quieres conocer más en detalle cómo resolver un final Deus ex machina. Si esto te resuena, por favor déjame un comentario más abajo:

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¿Qué es un final llamado Deus ex machina?

Seguro que alguna vez escribiendo una historia, has liado tanto los hilos de la trama que no has sabido resolverla. O has creado tensión y momentos de conflicto en tu relato, pero se ha complicado tanto que el final era irresoluble. En este vídeo-post te hablo de desenlaces fallidos, como por ejemplo el conocido “Deus ex machina”. Pero, ¿qué es un final Deus ex maquina?

Dios baja de una máquina

Es una locución latina que proviene del teatro griego y literalmente significa “Dios baja (sale) de una máquina”. Los autores griegos recurrían a un actor que hacía el papel de dios y que entraba en escena montado en una grúa (máquina). Este personaje que “surgía de la nada” era el encargado de resolver todos los embrollos de la tragedia. En el sistema de valores de los griegos, no estaba mal visto que un dios externo solucionara todos los problemas de la historia. Pero actualmente, los lectores necesitamos resoluciones más redondas.

Desenlace fallido

Por tanto, esta frase viene a decir que la novela o el relato se resuelve con un elemento, fuerza externa o personaje que no había aparecido antes en la historia. Algo que nos hemos “sacado de la manga”, o como yo lo suelo llamar utilizando el símil de los magos, es el “conejo sacado de la chistera”.

No tiene que ser necesariamente un dios o una fuerza sobrenatural, puede ser cualquier cosa que no hubiera aparecido antes en la acción. La ficción juega con una serie de reglas determinadas y no podemos hacerle trampas al lector. Si le damos al lector las reglas de una historia realista, no podemos resolverla en el plano fantástico, no puede haber un personaje con poderes sobrenaturales o finales del tipo “todo había sido un sueño”. No hay nada más decepcionante y frustrante que leer trescientas páginas y acabar en ese final. Esto resulta muy evidente y sonado en las series de televisión.

Es el caso también de esas novelas negras en las que el asesino es el vecino del quinto, que no había salido antes en la historia. Y de repente, se convierte en el personaje principal. En la ficción no podemos dejar nada al azar, todos los elementos que salen a escena tienen que tener un porqué, un sentido lógico dentro de las reglas del juego que hemos pactado con nuestros lectores.

Pistas para detectar un final Deus ex machina

¿Cómo puedes detectar que te estás metiendo en un desenlace fallido?

  1. La estás “liando parda”Estás metiendo a tu personaje en un conflicto tras otro, generando tensión para mantener la intriga del lector, pero que no sabes cómo vas a unir todos los cabos. Y esto se produce por el siguiente punto.
  2. No tienes claro el final. No te has parado a pensar dónde quieres llegar con tu historia. Nada más comenzar a escribir, es importante esbozar el capítulo final. Al menos cómo quieres que termine el personaje de tu cuento, con qué emoción, en qué situación o qué sensación quieres que tenga el lector cuando cierre tu libro. Eso actúa como un GPS: el comienzo es el punto A y el destino el punto B al que tienes que llegar. Si sabes dónde quieres llegar, te resultará más fácil poner el punto final.

Ahora dale al play si quieres conocer más en detalle qué es un final Deus ex machina. Si esto te resuena, por favor déjame un comentario más abajo:

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Finales redondos para tus historias de ficción

Poner el punto final a una historia, ya sea un relato o una novela, tiene mucho mérito. Si además, el desenlace es redondo, mejor que mejor. En este post te comparto qué son los finales redondos para tus historias de ficción.

Pero, ¿qué es el final? Es el desenlace, la unión de todas las tramas que has ido desarrollando en tu historia, donde todas las fuerzas contrapuestas y obstáculos se resuelven, donde el personaje protagónico ha concluido su transformación, donde todas las aguas bravas del relato vuelven a su cauce.

Finales redondos

Podemos decir entonces que los finales redondos son aquellos que concluyen, que atan todos los hilos de la historia, pero al mismo tiempo están lo suficientemente abiertos para que el lector pueda imaginar qué podría suceder después. David Lodge en su libro sobre técnica narrativa titulado  “El arte de la ficción” dice lo siguiente sobre los finales: 

Para los novelistas victorianos el final resultaba particularmente problemático, porque lectores y editores les presionaban para que fuese feliz. El último capítulo se llamaba en el negocio editorial wind-up, <<liquidación>>; Henry James lo describía con sarcasmo como <<un reparto, por fin, de premios, pensiones, maridos, mujeres, bebés, millones, párrafos añadidos y frases alegres>>. El mismo James fue pionero del final <<abierto>> característico de la ficción moderna: más de una vez puso punto final a sus novelas en medio de una conversación, dejando en el aire una frase, con la resonancia, pero también con la ambigüedad que eso implica.

Huir de los clichés

En la actualidad, los finales very very happy son un cliché, un estereotipo del que hay que huir. Por ejemplo, finales cerrados del tipo “se casaron, fueron felices y comieron perdices” o finales en los que el malo malísimo muere. Los finales abiertos son como la vida, que siempre continua, a pesar de los obstáculos e incluso de la muerte. Así, haces partícipe de tu historia al lector y le dejas abierta la posibilidad de imaginar qué podría haberle pasado a tu personaje más allá de ese momento que le has contado. Los buenos finales son un nuevo comienzo.

Escribir primero el desenlace

Y para terminar, un apunte de técnica que yo suelo utilizar cuando escribo relatos. Nada más comenzar a escribir, tengo en mente ya el final. Al menos sé cómo quiero que termine el personaje de mi cuento, con qué emoción, en qué situación o qué sensación quiero que se quede el lector. Eso actúa como un GPS: el comienzo es el punto A y el destino el punto B al que quiero llegar. Si sabes dónde quieres llegar, te resultará más fácil poner el punto final.

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¿Qué habilidades hay que desarrollar para escribir?

Como cualquier actividad que emprendas, escribir requiere de una serie de habilidades que tendrás que desarrollar si quieres seguir en el camino sin desistir. En este post te comparto cuatro que me parecen fundamentales. Probablemente hay muchas más, pero sin estas, estarás algo perdido.

1. Perseverancia

La constancia y la fortaleza te van a hacer falta para mantenerte en el proceso de escritura sin tirar la toalla. Todos los días escribiendo un poco, quizá solo media hora, un párrafo… ser perseverante es la clave. Como decía Doris Lessing:

“El talento es algo bastante corriente. No escasea la inteligencia, sino la constancia”.

2. Resiliencia

Relacionada con la habilidad anterior, está la resiliencia. Esta palabra viene del mundo de la física y la química. Es la capacidad de resistencia que tienen los materiales, por ejemplo, sería la capacidad del acero para volver a su forma original a pesar de los golpes que recibe y los intentos por deformarlo. En psicología se utiliza para designar la capacidad de los seres humanos para adaptarnos a las situaciones adversas, para sobreponernos ante un trauma, crisis, muerte… La escritura no es en sí misma una situación adversa, es una pasión y una necesidad. Pero la resiliencia te servirá para sobreponerte a los “noes” de las editoriales o a la frustración por no conseguir, por ejemplo, llegar a un número mayor de lectores con tus libros.

3. Hábito de lectura

Para ser escritor, es necesario e imprescindible desarrollar el hábito de la lectura. Somos lo que leemos, el cúmulo de lecturas que hemos hecho a lo largo de la vida. No te cierres a la posibilidad de conocer lo que han escrito los autores y las autoras que te preceden para “robarles” (en el buen sentido de la palabra) aquellas fórmulas que te gustan de ellos/as.

4. Curiosidad

Estar siempre atento a todo lo que veas, escuches, sientas… Todo puede ser material narrativo. Apunta lo que te suceda en un “cuaderno de ideas” que puedes ir recopilando para luego darles forma y convertir en ficción. La escritura es un punto de vista sobre lo que nos ocurre, por eso es importante estar despierto en la vida.

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¿Qué barreras mentales te impiden escribir?

¿Alguna vez te has preguntado qué es lo que te impide escribir? ¿Por qué no acabas de dar el paso? Sí, tienes esa idea para una novela o un cuento, pero hay algo que te impide avanzar. Las barreras mentales son limitaciones que nos ponemos a nosotros mismos para no hacernos cargo de alguna tarea, en este caso de la escritura. Estos frenos autoimpuestos esconden miedos y constituyen la excusa perfecta para no tomar acción, para aplazar nuestra pasión. ¿Qué barreras mentales te impiden escribir? En este vídeo-post te comparto las cuatro barreras que, por mi experiencia de estos años (y por haberlas vivido), son las más comunes entre los que comienzan a escribir.

1. No tengo edad

“Ya estoy muy mayor para escribir, esto era un sueño que tenía yo de joven, pero ahora…” ¿Dónde está el límite para hacer algo en la vida? Bueno, si quieres ser astronauta o correr una maratón, sin haber hecho deporte antes, igual sí que son importantes los años. Pero para escribir nunca es tarde. Cualquier momento es perfecto para empezar.

2. No tengo tiempo

El tiempo es igual para todos. Tenemos veinticuatro horas al día, tú decides qué hacer con ellas y cómo invertirlas. ¿Tumbarte en el sofá a ver la tele y atocinarte? ¿O sentarte delante del ordenador o del cuaderno y ponerte manos a la obra? El tiempo se hace. Cada día dedícale un momento, media hora, una hora… para escribir un párrafo o dos. Ser constante es la clave.

3. Nunca he escrito antes

Algo habrás escrito, no sé, de niño en el colegio, en el instituto, una redacción sobre la primavera o el Día de la Madre… La escritura es un talento que tiene que coincidir con tu pasión, pero se acaba aprendiendo si tienes esa necesidad. Hay muchísima formación y cursos online con los que puedes aprender las herramientas y tácticas básicas de la escritura.

4. No me voy a hacer famoso

Esta barrera está muy relacionada con los objetivos que persigas en tu escritura. “No voy a vivir de esto, no voy a hacerme rico…” Bien, si quieres tener éxito o hacerte famoso, quizá no deberías escribir. La escritura es una necesidad y una pasión. Pero a priori, no tienes una bola de cristal para predecir el futuro, luego no sabes si triunfarás y si tu escritura llegará a los lectores. Tienes las mismas probabilidades del “sí” que del “no”. Pero hasta que no le pongas acción y comiences a escribir, no sabrás hasta dónde puedes llegar.

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¿Puedes ser escritor aunque no leas?

A veces escucho la frase, “me encanta escribir, quiero ser escritor, pero no leo mucho”. Esto me deja bastante sorprendida. Imagínate que quieres ser cocinero, pero no te gusta comer ni probar lo que cocinas. O quieres ser pintor, pero no vas a los museos. O quieres hacer danza clásica, pero no has ido nunca a un ballet. O quieres ser cantante, pero no escuchas música ni vas a conciertos. Esto que parece absurdo y que no tiene ningún sentido, ocurre. En este video-post quiero reflexionar sobre si puedes ser escritor aunque no leas.

Si lees, se nota

Y mucho. Cuando me llega un manuscrito para hacer un informe de lectura y las primeras diez páginas me tienen enganchada y emocionada, estoy convencida de que ese escritor ha sido y es lector. Efectivamente, tener una buena capacidad narrativa es fruto de lecturas variadas. Se nota de lejos si un escritor ha sido y es lector. Porque la voz y el estilo de un autor se va conformando en función de los escritores y las escritoras que ha leído en su vida.

La literatura son vasos comunicantes

Además, me parece un planteamiento empobrecido. Porque la literatura son vasos comunicantes, somos herederos de una larga tradición, nos comunicamos con el pasado, el presente y el futuro a través de las palabras. Es probable que todo lo que se haya escrito y lo que se escribirá esté conectado (¡Ehhhhh! que me pongo intensa y filosófica :-). La realidad es que necesitas saber qué se ha escrito antes para “imitar” y ver cómo han resuelto los escritores anteriores lo que tú quieres hacer. Una de las mejores formas de aprender a escribir es leyendo, ejercitar tu escritura a través de los ojos de otros. Si quieres ser escritor, lee, lee, lee, lo que quieras, cualquier género, pero lee.

Ahora dale al play si quieres conocer más en detalle si puedes ser escritor aunque no leas. Si esta reflexión te resuena, por favor déjame un comentario más abajo:

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Diez recomendaciones para escritores principiantes

Si estás empezando a escribir, te animo a que leas este post hasta el final. Porque en él te comparto diez recomendaciones para escritores principiantes. Si no tienes muy claro por dónde comenzar, estás algo perdido en el proceso de escritura o te atascas y no sabes cómo continuar, estas pautas pueden servirte como orientación, para que tengas unos puntos básicos que seguir y a los que acudir cuando te den ganas de abandonar tu pasión. Porque todos hemos sido novatos en alguna actividad y hemos necesitado un pequeño empujón para continuar en el camino.

1. No desistir

La escritura no es una carrera de velocidad, sino una maratón, una carrera a largo plazo que va a durar muchísimos kilómetros, tantos como tu vida. Porque la escritura evoluciona contigo y forma parte de ti.

2. Apúntate a clases

No solo para aprender técnicas y herramientas de escritura, para practicar y entrenar tu estilo, también para estar vinculado a un grupo de personas que comparten tu pasión y te ayudarán a mejorar tus textos.

3. Lee, lee, lee y lee

Todo buen escritor ha sido y es un buen lector. La lectura te sirve para descubrir cómo otros autores/as han resuelto lo que tú quieres escribir, para analizar otras miradas y puntos de vista sobre la literatura.

4. Lleva siempre un cuaderno de notas

Apunta todo lo que te resuene, una frase que has escuchado, una imagen que has visto, un argumento o personaje que surgen de pronto en tu cabeza, un sentimiento, una emoción que te ha provocado un encuentro con alguien… Todo lo que te ocurre puede ser material para convertir en ficción.

5. Métete en el mundillo literario

Acude a eventos, presentaciones, congresos literarios… Visita las librerías, investiga los títulos que se están publicando, las editoriales que te gustan. Es la forma más lúdica de convertirte en experto en la materia.

6. Escribe todos los días

Aunque solo sea un párrafo o tres líneas, pero dedica un tiempo diario, media hora por ejemplo, a escribir para crear el hábito de la escritura. Una vez que esté integrada esta rutina en tu vida, será difícil que la abandones.

7. Practica otra actividad

Si te has quedado atascado en un relato, haz otra cosa distinta. Puedes ir a correr, pintar, cantar, bailar… lo que te guste. Tu cerebro estará trabajando en segundo plano y será capaz de desenredar el nudo de tu historia.

8. Investiga sobre lo que estás escribiendo

Tanto si estás escribiendo relato como novela, y más si tiene una ambientación histórica, lee y documéntate sobre el tema que quieres desarrollar, artículos, libros, busca imágenes…

9. Planifica

Antes de sentarte a escribir y soltar la primera idea feliz que te ha venido a la cabeza, siéntate y planifica lo que quieres contar y dónde quieres llegar con esa historia. Al menos, piensa en los puntos fundamentales, en cómo quieres que acabe, cuál va a ser el conflicto y qué le va a pasar a tu protagonista.

10. Diviértete escribiendo

Vale, está bien planificar. Pero déjate también llevar por la escritura, fluye, juega y diviértete. Si no te lo pasas bien escribiendo, déjalo por un tiempo. Porque la escritura tiene que hacerte vibrar y resonar como las buenas pasiones.

Espero que estas pautas te resulten útiles y las pongas en práctica. Ahora dale al play si quieres conocer más en detalle las diez recomendaciones para escritores principiantes. Si este tema te resuena, por favor déjame un comentario más abajo:

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Cinco errores de los escritores principiantes

Todos hemos sido novatos alguna vez en la vida. Cuando aprendemos una nueva habilidad es lógico y normal cometer errores. Dicen que hace falta practicar más de 1.000 horas para convertirse en expertos de un tema. Y mientras tanto, hay que fallar y resistir en el intento. Los pilotos de avión, antes de pilotar en real, se enfrentan a un simulador de vuelo. En la escritura tenemos mucha suerte, no hace falta simular nada, podemos lanzarnos a volar desde el primer minuto. En este vídeo-post te comparto los cinco errores de los escritores principiantes.

1. Utilizar un lenguaje rebuscado

No sé de dónde surge la idea de que cuanto más retorcido y críptico es el lenguaje, más se parece a la buena literatura. Todo lo contrario. Los relatos y novelas que enganchan son aquellos que se leen con fluidez, que transmiten emociones con las palabras justas. Te aseguro que es más complicado escribir un texto que en apariencia puede parecer sencillo. Deja el lenguaje enrevesado para los contratos jurídicos y su dichosa letra pequeña ininteligible.

2. Abusar de los adjetivos

Relacionado con el punto anterior, cuando empezamos a escribir, creemos que los adjetivos son “preciosos”, que adornan y embellecen la literatura. Y no están mal de vez en cuando, como el azúcar. Pero donde esté un buen sustantivo o un verbo conciso colocado de forma estratégica, que se quiten los adjetivos. Intenta no abusar de ellos, recargan el texto y no aportan gran cosa.

3. Dejarse llevar por la primera idea sin pensar

Nos levantamos una mañana y hemos tenido una idea genial que va a revolucionar la literatura de este siglo, un argumento que jamás nadie ha contado ¿?, un personaje increíble… y nos ponemos a escribir sin pensar en nada más. Antes de ponerte a escribir sin sentido y quedarte atascado en la página diez, por ejemplo, planifica y organiza de forma mínima lo que vas a contar y qué quieres transmitirle al lector.

4. Empeñarse en escribir las historias personales (o las de algún familiar)

“Tengo una historia personal…mi vida sí que da para una novela…mi madre tuvo una infancia que ni la de Oliver Twist…” Estos comentarios los escucho mucho en los escritores principiantes. Si bien, es un buen punto de partida comenzar a narrarnos a nosotros mismos, a contar nuestras vivencias, todo ese material personal (recuerdos, infancia, sueños, anécdotas…) hay que pasarlo por el tamiz de la ficción y convertirlas en historias universales que interesen al resto de los lectores y no solo a ti o a tu familia.

5. Enamorarse de todas las frases y párrafos

Cuando era alumna del Taller de Escritura Creativa de Clara Obligado, recuerdo que a los principiantes nos decía: “No os enamoréis tanto de lo que escribís”. A veces nos encanta una frase, una metáfora, un párrafo que, sin embargo, no encaja para nada en el relato que estamos escribiendo. Y en lugar de eliminarlo, como nos da penita, lo dejamos, a ver si nadie se da cuenta de que no tiene ninguna relación. No te encariñes demasiado con lo que escribes, recorta, limpia, poda, elimina, y guarda ese material sobrante para otros cuentos.

Ahora dale al play si quieres conocer más en detalle cuáles son los cinco errores de los escritores principiantes. Si este tema te resuena, por favor déjame un comentario más abajo:

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