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¿Qué es el momento epifánico en la literatura?

Seguro que alguna vez en tu vida has tenido un momento de revelación, un instante mágico en el cual has descubierto algo que no sabías. Te has dado cuenta de que un trabajo que hacías no te gustaba, o de lo que querías dedicarte en la vida, o del engaño de un amigo, o de que esa pareja no era para ti. Este instante trascendental que da un giro a tu vida suele llamarse epifanía, y entonces, ¿qué es el momento epifánico en la literatura?

Lo llaman también catarsis y es el instante en el que el protagonista de la historia descubre algo en la trama que le hace avanzar y evolucionar. Es una revelación, probablemente un conocimiento que ya tenía de forma inconsciente pero que sale a la luz. Esta epifanía está muy relacionada con el conflicto y la transformación del protagonista. Y por supuesto con el subtexto de tu relato o novela.

Según el diccionario de la RAE, epifanía viene del latín tardío epiphanīa, y este del griego ἐπιφάνεια epipháneia. El término tiene dos acepciones:

  1. Manifestación, aparición, revelación.
  2. Festividad de la Iglesia Católica que se celebra el 6 de enero, en conmemoración de la adoración de los Reyes Magos.

La segunda acepción no nos incumbe en este caso.

De las luchas contrapuestas que genera el conflicto surge este momento que yo llamo ¡ajá! ¡Era esto! El protagonista descubre algo que sale a la luz y que le permite cambiar y evolucionar. Si tu historia no tiene estos ingredientes, conflicto, epifanía y transformación, revísala porque le falta lo más importante.

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¿Qué es el conflicto en la escritura de ficción?

Sin conflicto no hay literatura, no hay emoción, ni acción, ni transformación del protagonista. Es uno de los ingredientes fundamentales de las historias de ficción. Así que imagínate lo importante que es que haya fuerzas contrapuestas que luchen entre ellas para hacer avanzar la narración. Porque eso es el conflicto, tensión entre distintos personajes o una batalla interna que está teniendo lugar en la cabeza de tu protagonista. En este vídeo-post, además de definir en profundidad qué es el conflicto en la escritura de ficción, veremos cuántos tipos hay y ejemplos literarios de cada uno de ellos.

¿Qué es conflicto?

Según el diccionario de la RAE, conflicto viene del latín conflictus y el término tiene seis acepciones:

  1. Combate, lucha, pelea.
  2. Enfrentamiento armado.
  3. Apuro, situación desgraciada y de difícil salida.
  4. Problema, cuestión, materia de discusión. Conflicto de competencia, de jurisdicción.
  5. En psicología, coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo, capaces de generar angustia y trastornos neuróticos.
  6. Momento en que la batalla es más dura y violenta.

Entonces, ¿qué es el conflicto en la escritura de ficción? Exactamente lo mismo que la definición el diccionario. Son fuerzas contrapuestas que luchan cada una para su terreno y eso es lo que genera la tensión. Como si tiraras de un elástico. De verdad, soy muy categórica en esto, pero sin conflicto no hay historia, ahí es donde se crea la intriga y el avance de la trama. También es lo que genera la evolución y la transformación del personaje protagónico.

Tipos de conflictos

Hay dos grandes grupos: los conflictos internos y los externos.

  • Conflictos internos. Las batallas que tiene que lidiar tu protagonista contra sí mismo, contra su sistema de valores, creencias y emociones. Por ejemplo, tiene que tomar una decisión trascendental que cambiará su vida: ¿qué es más importante el trabajo o la familia?, ¿quiere un trabajo estable o crear un negocio? La literatura está llena de conflictos internos, como la vida, ¿quién no conoce a alguien que no haya tenido un obstáculo, un problema, una desgracia a la que enfrentarse?

Ejemplo de conflicto interno: “Grandes esperanzas” de Charles Dickens. Todo comienza cuando el protagonista, Pip, quiere convertirse en caballero para ganarse el amor de Estella, pero está condenado a ser un humilde herrero. Luego la historia se va complicando con más conflictos externos.

  • Conflictos externos. Te voy a compartir cuatro tipos:
    • Protagonista contra antagonista. Es el conflicto más clásico, que está muy presente en la estructura del viaje del héroe. Hay dos personajes distintos con motivaciones opuestas y que luchan por conseguir objetivos diferentes sobre un mismo hecho u objeto. Por ejemplo, “El Señor de los Anillos” de Tolkien, donde los dos bandos quieren conseguir el anillo de poder.
    • Protagonista contra la naturaleza. Todo tipo de fenómenos atmosféricos, meteoritos, pandemias, grandes animales… Por ejemplo, toda la literatura de catástrofes o el clásico “Moby Dick” de Melville.
    • Protagonista contra la sociedad. La lucha del individuo contra las normas establecidas, las reglas culturales. Aquí tenemos todo el campo de las distopías. Por ejemplo, “El cuento de la criada” de Margaret Atwood.
    • Protagonista contra la tecnología. Los avances científicos que someten al individuo, los robots que se hacen con el poder del planeta… Aquí se enmarca todo el género de ciencia ficción. Un ejemplo que me apasiona es la película “Matrix”, porque no solo muestra el conflicto tecnológico de una “raza” de robots esclavizando al hombre, sino también gran cantidad de conflictos internos del protagonista Neo.

Los conflictos no son estancos. Son híbridos, se mezclan unos con otros y es ahí donde está la riqueza de las historias, la tensión que hace avanzar la acción y evolucionar a tus personajes. Recuerda siempre, sin conflicto no hay literatura.

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Trucos para aprovechar los viajes como material de escritura

¿Qué harías si tuvieras todo el dinero y la libertad para disfrutar de tu tiempo? Yo lo tengo claro: viajar, leer y escribir. Aunque lucho contra mi “respeto” a volar desde unas turbulencias titánicas en un viaje a Grecia, me encanta conocer otros lugares. Sí, a veces voy agarrada al reposabrazos del asiento como si eso me fuera a salvar la vida, pero el placer que me produce patear otras ciudades, probar platos diferentes o ver cómo se vive el día a día en lugares distintos, vence a mi miedo. Y he desarrollado varios trucos para aprovechar los viajes como material de escritura.

En este año 2020 seguro que estamos viajando con menos frecuencia de lo que nos gustaría debido a la pandemia. Pero se pueden hacer viajes locales, provinciales, o dentro del mismo país. Incluso el desplazamiento cotidiano al trabajo también es un viaje. Entonces, ¿qué tiene que ver la escritura con los viajes? T-O-D-O.

Cinco trucos para aprovechar el viaje en tu escritura

  • Lleva siempre un cuaderno encima. No sé a ti pero a mí las “mejores” ideas se me ocurren en los momentos más insospechados. Y ya se sabe que “la peor tinta es mejor que la mejor memoria”. Anota todo aquello que te llama la atención: una conversación que escuchas en un autobús o en la barra de un bar, los nombres de lugares curiosos, los sentimientos que te inspira una cala desierta en Mallorca o una plaza en el centro de Varsovia. También es muy útil la aplicación de “Notas” del móvil que luego puedes copiar y enviarte los textos al ordenador.
  • No subestimes los desplazamientos cotidianos. En las grandes ciudades, ir y volver del trabajo te puede suponer unas dos horas diarias. Si vas en transporte público, además de leer, puedes aprovechar para poner en orden todas las notas y apuntes que has ido tomando, para describir el carácter de un personaje o para, lo que más me gusta, fijarte en los otros viajeros e inventar sus vidas. ¿A dónde irá la chica de los ojos verdes y las botas militares? ¿En qué trabaja el hombre de las gafas que va leyendo un ensayo político?

    Mapa de Amsterdam

    Dentro del laberinto, Amsterdam

  • Consulta mapas. Lo reconozco, soy una friki de los mapas. Me encantan los mapas en papel y siempre que visito una nueva ciudad, procuro ir a la Oficina de Turismo para hacerme con uno. Visualmente te permiten trazar el recorrido por las calles donde se moverán tus personajes, marcar las distancias entre puntos de la ciudad o conocer las fronteras naturales como ríos, lagos, montañas… Si hay un mapa que me vuelve loca, ese es el laberíntico de Amsterdam 😄
  • Déjate llevar por las sensaciones. La escritura tiene mucho que ver con la mirada, con la forma en que cada uno tenemos de enfocar un detalle arquitectónico, una playa, un campo nevado, una bandada de golondrinas… Abandonarse a un paisaje es conectar con las emociones de ese lugar y con las tuyas. Escribe lo que te hace sentir y déjalo que duerma como material descriptivo hasta que decidas la manera en que lo vas a utilizar en tu historia. Incluso puedes hacer este ejercicio mientras paseas por la ciudad o el pueblo en el que vives. Aunque hayas pasado mil veces por esa calle, seguro que si lo haces de forma consciente, encontrarás un nuevo punto de vista. Yo a veces paseo como una “guiri” por mi ciudad, voy como una turista sorprendida por el centro a pesar de que llevo viviendo en la zona varios años.
  • Escribe durante y corrige después. El viaje es siempre acción. Psicológicamente ese movimiento nos hace avanzar también en la escritura. Los desplazamientos son el momento idóneo para darle vida a la trama o construir los diálogos. Cuando paramos o volvemos del viaje, es más útil escribir descripciones sin acción o corregir lo escrito. Y como todo en la escritura, este truco no es ciencia cierta y a cada uno nos funciona una forma de actuar en función de nuestra manera de ser.

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¿Cómo volver a escribir después de un tiempo sin hacerlo?

Es normal. Suele ocurrir. En las relaciones a largo plazo, a veces tenemos momentos de bajón, de pérdida de pasión, de huída del entusiasmo. Y con la escritura también pasa porque la relación que tenemos con ella es una de las más intensas, lujuriosas, fértiles y a la vez tormentosas. Decía Bukowski, “Si algo arde en tu alma con propósito y deseo, es tu obligación ser reducido a cenizas. Cualquier otra forma de existencia será otro aburrido libro en la biblioteca de la vida”. ¿Qué hacemos entonces para avivar la llama, para sentir el enamoramiento de nuevo? ¿Las mariposas en el estómago y la cabeza perdida? ¿Cómo volver a escribir después de un tiempo sin hacerlo?

1. Reconecta con el porqué y el para qué

¿Te has preguntado por qué escribes? ¿Cuál es la razón que te impulsa a sentarte delante del ordenador o del cuaderno, a pesar de la falta de tiempo o de inspiración? ¿Qué buscas con tu escritura: ser rico, famoso, simplemente conectar con los demás a través de tus palabras…? Todos los que nos dedicamos a escribir tenemos una o varias razones y a veces ocurre que perdemos el foco, nos desconectamos de los motivos que nos impulsan a seguir. Hay que recuperar la zanahoria, esa con la que se engaña al burro para que avance. ¿Cuál es tu zanahoria?

2. Desconecta durante un tiempo

En ocasiones, hay que darse tiempo, no forzar las cosas. Si estás tan atascad@ en tu novela, que no ves la luz al final del túnel, déjala reposar, escribe relato corto u otro género distinto. Dedícate a leer, a salir de tu entorno, o a cambiar de arte. ¿Y si durante un tiempo en lugar de escribir, aprendes a pintar, a bailar o a tejer? Cualquier otra actividad que te permita estar activo y que tu mente siga trabajando en la escritura en un segundo plano.

Al mismo tiempo que desconectas de tu escritura, puedes conectar con otros/as escritores/as. Conocer a otras personas que tienen tu misma pasión, te ayuda a salir de tu propia escritura, a verla con perspectiva, a compartir tus obstáculos y obsesiones con gente que no te mirará como un bicho raro. Métete en grupos de escritores de Facebook, por ejemplo, que hay muchos y muy didácticos como El escritor emprendedor. También puedes apuntarte a un curso, taller o escuela de escritura que te permitirá, además de conectar con otros escritores, aprender nuevas técnicas y compartir tus textos.

3. Vive la naturaleza

Si eres como yo, urbanita hasta la médula, entenderás la importancia de este punto. Me encanta estar rodeada de edificios, plazas, bares, restaurantes, librerías, cines, teatros, gente…pero es cierto que a veces también resulta cansado. Y salir de la ciudad, aunque sea a dar una vuelta por sus alrededores campestres, es una forma de conectar con tu intuición, con lo que sientes y con algo mucho más grande que tú (y todo esto, sin ponerme trascendental 😄) Ahora que llega el buen tiempo, lo que más deseo es volver al sur, a ver ese azul gaditano que me vuelve loca, a sentarme en la orilla y dejar que las frases vayan y vuelvan al ritmo de las olas. Además, los viajes, como te comentaba en este post, pueden generar un material perfecto para tu escritura.

4. Trasciende los miedos

Los miedos y las dudas sobre nuestra escritura hay que tomárselos como una fase del cambio, de evolución, de mantener la calma y pensar que estás en el camino correcto si no puedes dejar de escribir. Trascender esos miedos te convierte en la persona capaz de conseguir lo que quieres. Es el famoso viaje del héroe, que ya he puesto de ejemplo otras veces: hace falta pasar por determinados obstáculos en la vida para enfrentarse al problema y resurgir de forma distinta. Sin cambio, no hay literatura.

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Cinco recomendaciones para organizar tu tiempo de escritura

El tiempo es una de las excusas más utilizadas por los/as escritores/as principiantes para no hacer la tarea… “es que no tengo tiempo”… Y a todos les digo lo mismo: el tiempo no se tiene, se hace, se quita de otras actividades para poder dedicárselo a la escritura. Así que es mejor organizarlo bien para que puedas aprovechar unos minutos cada día a enfocarte en escribir. En este vídeo-post te comparto cinco recomendaciones para organizar tu tiempo de escritura.

Son pequeñas cosas que están en tu mano, porque solo con cambiar tus hábitos, notarás la diferencia. Pero advierto, no creo en las reglas estándar escritas en piedra para todos. Cada escritor/a es un mundo y lo más práctico (y productivo) es conocerse a uno mismo, testarse, ver qué cosas te funcionan mejor y repetirlas. Aquí van las acciones que yo realizo y me funcionan.

1. Agrupación de tareas en días

Organizo la agenda (en papel, soy una romántica) con antelación y coloco las tareas que voy a hacer en los siguientes días, divididos por categoría de trabajo: el lunes lo dedico a programar las redes sociales, el martes a escribir posts, el miércoles a leer manuscritos, el jueves a escribir ficción…O a veces lo fragmento en horas dentro del mismo día: dos horas para escribir, dos para leer… Si solo tienes media hora para escribir al día, márcala en tu agenda, deja ese espacio reservado única y exclusivamente para escribir. La idea de agendar el tiempo de esa tarea es “sitiar” al cerebro, decirle que te vas a concentrar solo en escribir, en enfocarte en un único tema, aunque sea un rato reducido.

2. Poner plazos

Trabajar con fechas en España es duro, lo sé… Mientras que en otros países es algo lógico marcarse plazos, aquí lo dejamos todo para el último día. Siempre que me piden algún texto o informe, pregunto ¿Para cuándo? No he encontrado otra forma de poder organizar mi trabajo y sobre todo de desmenuzar las tareas que conlleva un proyecto. Además, tener un objetivo temporal me sirve para luchar contra la resistencia y la procrastinación, que son miedos a si seré capaz de hacerlo, a qué pasará si… voy acallando a mi “juez” interior marcándome objetivos medibles y acotados por el reloj. Si vas dejando tu novela para cuando tengas tiempo, créeme, nunca lo vas a tener. Ponte una fecha, escríbela por todas partes, hazte una camiseta, cuéntasela a tu gente o tatúatela… Es la única forma de que te comprometas con tu escritura.

3. Levantarse pronto o acostarse tarde

¿Eres alondra o búho? ¡Cuántas veces habré escuchado esta frase! Me levanto entre 7:00 – 8:00 de lunes a viernes. Me gustaría hacerlo antes, pero soy búho hasta la médula, y a mis años ya me he dado por vencida. ¿Por qué tengo que madrugar si es lo más parecido a que me arranquen el hígado? Hay gente que es más productiva a las 6 de la mañana y otras personas que están a tope a las 10 de la noche. Yo estudié toda la carrera de noche y sigo viva. Adoro el silencio de la oscuridad y mi cabeza funciona mejor según va avanzando el día. Escribe cuando estés más despierto, si es antes de ir a trabajar por las mañanas o al volver del trabajo por la tarde o cuando la familia duerme, lo deciden tus biorritmos. Y seguimos con las recomendaciones para organizar tu tiempo de escritura.

4. Elegir un espacio

Somos animales de costumbres. Incluso cuando éramos una tribu nómada, elegíamos una cueva para resguardarnos de la lluvia. Como te decía en el punto anterior, prefiero el silencio así que muchos días trabajo en la biblioteca que hay cerca de mi casa. Me ayuda a concentrarme y me “obliga” a no estar haciendo llamadas o cogiendo el teléfono, que puedo hacer en otros momentos del día. Pero conozco escritores/as que escriben en cafeterías con gente, en trenes (sin vagón de silencio), en su casa con la televisión puesta o encerrados en un cuarto sin ventanas. Siempre que tengas adquirido el hábito de escribir, lo harás en cualquier parte, aunque yo soy partidaria de tener “una habitación propia”.

5. Cerrar las redes sociales y el resto de programas

Qué difícil es esto, sobre todo si trabajas como yo en proyectos online. La idea es la misma que en el primer punto: concentrarse en la tarea sin distracción. Mensajes que entran y necesitas contestar ya o sucede una desgracia en el mundo, gente que te saluda por el chat… Si eres de los que escriben a mano, lo tienes mucho más fácil. De momento el cuaderno y el boli no tienen conexión a internet.

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¿Por qué fracasan los escritores principiantes?

Escribir no es fácil. Pensamos que sí porque todos aprendimos a hacerlo en la escuela. Pero enfrentarse a una novela o un relato, es abrir la puerta a la creación de un universo, a la transmisión de emociones y sentimientos que viven los personajes en ese mundo que has creado. Y eso no es nada sencillo. Requiere de técnica, tiempo, esfuerzo y dedicación. Durante los años que llevo dedicada a la escritura y al trabajo con autores y autoras, me he dado cuenta de que hay muchas personas que comienzan con ganas y fuerzas, pero pronto abandonan el proceso. Y he detectado tres posibles causas de por qué fracasan la mayoría de los escritores principiantes.

En este vídeo-post me pongo un poco seria, que no suele ser mi tono, para reflexionar sobre las razones de este abandono. No se trata de desanimar ni desmotivar a nadie, sino de poner encima de la mesa la cuestión del fracaso en el proceso de escritura, entendiendo fracaso como abandono.

1.- No sabemos cuáles son los objetivos por los que empezamos a escribir

Los objetivos son como el faro que alumbra nuestro viaje. Siempre hay que tenerlos presentes para cuando nos empiecen a flaquear las fuerzas. ¿Qué esperas de la escritura? ¿Por qué escribes? ¿Por pasión, por conectar con los lectores, por presentarte a concursos, por enviar tus trabajos a editoriales, por autopublicarte? Si es para hacerte rico y/o famoso con la escritura, ya te digo que este objetivo es bastante complicado de conseguir. 

2.- No queremos hacer el trabajo, solo nos gusta el resultado

Como en la vida, en ocasiones queremos el resultado, pero no hacer el trabajo para conseguirlo. Porque escribir conlleva muchas horas de dedicación. Y tendrás que renunciar a hacer otras cosas para dedicarle tiempo. Plantéate si estás dispuesto a darlo todo, a esforzarte por conseguir los objetivos que te has planteado. Sí, de los que te hablaba en el punto 1.

3.- No nos parece importante formarnos 

Como todos aprendemos a escribir de niños en el colegio, pensamos que sabemos escribir. Pero la realidad es que la ficción tiene sus propias reglas. Necesitas conocer las técnicas narrativas, los tipos de narradores y estructura, la creación de personajes… Puedes tener mucho talento, pero recibir una formación específica de narrativa, es fundamental para avanzar. Además, estar vinculado a compañeros apasionados por la escritura, te dará un plus para no desmotivarte. Poder mostrar tus textos en clase te permite recoger su feedback, si funciona o no un determinado relato, si la historia emociona, si habría que cambiar algún párrafo para darle más ritmo… En definitiva, te ayuda a estar conectado con la escritura para no abandonar. Porque estoy segura de que tienes un millón de cosas más en tu vida a parte de escribir.

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¿Cómo enfrentarse a la hoja en blanco?

Seguro que más de una vez te has sentado a escribir sin tener mucha idea de lo que querías contar y has sentido el síndrome de la hoja en blanco, ese miedo al que hay que enfrentarse para poner la primera palabra y continuar tu historia. No esperes que aparezcan las musas o los duendes y te digan qué tienes que escribir. Es mejor trabajar de forma constante para evitar precisamente no sentir ese vacío. Entonces, ¿cómo enfrentarse a la hoja en blanco?

En este vídeo-post te comparto tres recomendaciones basadas en mi experiencia. Son hábitos que practico con frecuencia para tener siempre en mente ideas, personajes, argumentos… y no tener que esperar a ver si me viene la inspiración cuando me siento a escribir.

1.- Leer es la cura para todos los males

Leer te da ideas, es una gran fuente de inspiración. Por mi trabajo de lectora profesional, estoy constantemente leyendo manuscritos de diferentes géneros, además de libros ya publicados. Los fines de semana me gusta leer los suplementos y dominicales de los periódicos, esas revistas de temática variada que me resultan de lo más entretenidas. Siempre cuento que el personaje de mi novela “La mujer que vendía el tiempo”, surgió a raíz de la lectura de un artículo de la revista Yorokobu. Para que veas lo importante que es la lectura para un escritor.

2.- Apuntar lo que te resuene en un cuaderno de ideas

Anota en un cuaderno o documento digital todo aquello que te resuene, que te parezca interesante. Nunca sabes dónde te puede llevar esa idea. No hace falta que sigas un orden. De hecho, estoy convencida de que las mejores historias surgen de ideas cruzadas que a simple vista no tienen relación.

Otra fuente de inspiración es la calle, el día a día. Cuando escucho alguna frase o veo una imagen que me llama la atención, la apunto en una nota de voz del móvil o en la aplicación de recordatorios y luego la traspaso a mi cuaderno de ideas.

3.- Escribir todos los días, aunque sea un párrafo sin sentido 

La escritura es un músculo que se trabaja cada día. Si llevas mucho tiempo sin escribir no pretendas que el argumento de tu vida surja de la nada. Tienes que entrenar al menos diez minutos todos los días, realizar ese acto te lleva a crear un rutina. Y cuanto más habitúes a tu mente a escribir, más fácil será que aparezca la magia. No hace falta que escribas historias completas, puede ser pasar a un documento digital tus anotaciones del cuaderno de ideas, un párrafo que te ha venido a la mente, la descripción de un personaje, una conversación que has escuchado en el autobús…

Te animo a que pruebes estas recomendaciones durante un tiempo y a que practiques otra actividad artísticas que te suponga movimiento, por ejemplo bailar, pintar, cantar, hacer teatro… O correr, como es mi caso. Tu mente estará trabajando en un segundo plano para encontrar la salida a esa historia que te estás enfrentando.

Y si todo esto no surte efecto, igual tienes que estar un tiempo sin escribir, dejarlo pasar y flow… A veces nos empeñamos en lo que no puede ser o simplemente no es el momento. Como decía Cervantes:

Confía en el tiempo que suele dar dulces salidas a amargas dificultades.

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¿Con qué criterios leen los escritores?

Una de las claves fundamentales para aprender a escribir es leer, leer y leer. Pero, ¿te has parado alguna vez a pensar cómo leen los escritores? ¿Si tienen algunos criterios o pautas para adentrarse en la lectura? En este vídeo-post te comparto una serie de recomendaciones para que puedas leer con un cierto orden y no te pierdas en la ingente cantidad de libros que podrías escoger. Basado en la forma en la que leen los que se dedican profesionalmente a la escritura, porque ¿con qué criterios leen los escritores?

Cada uno tiene su método y su lógica, pero las pautas siguientes te pueden servir como recomendaciones para organizar tus lecturas (porque, seamos sinceros, nunca jamás podremos leer todo lo que se ha publicado y lo que se publica cada año).  Y sobre todo, para aprender de los autores y las autoras que han recorrido antes el camino que tú estás iniciando en la escritura. Para “apropiarte” de aquello que te gusta y que podrías adaptar a tu forma de escribir.

1. Elegir una época histórica

Así puedes aprender el contexto socio-cultural de esa época, de los autores que vivieron en ese momento histórico, por ejemplo, Antigua Grecia, Roma, Siglo de Oro, siglo XIX… Este método te permite también conectar diferentes regiones o países. Mientras en España se escribía El Quijote, ¿qué escribían en Francia o en Inglaterra?

2. Especializarte en un solo autor o autora

El inconveniente que tiene este criterio es que te tiene que gustar muchísimo ese escritor/a porque si no acabarás saturado. Recuerdo que un verano me leí todos los cuentos de Carver y acabé algo cansada, a pesar de mi enamoramiento por este autor. Pero la ventaja es que de esta forma puedes conocer en profundidad su obra, sus temas, sus estructuras, personajes… y convertirte en un verdadero experto.

3. Leer todos los autores de una corriente literaria

Leer todos los autores/as de una determinada etiqueta literaria, adentrarte en el realismo mágico, el gótico sureño, el realismo sucio, la Generación del 27,… te permite también aprender sobre las vidas de esos escritores y los diferentes lugares en los que han vivido, sus conexiones entre ellos y el impacto sobre corrientes posteriores.

4. Hacerte experto en un género literario

Este criterio te permite convertirte también en un experto de ese género, si lo haces de forma sistemática, así como de los autores que se enmarcan en él, de diferentes lugares y épocas. Especializarte en ciencia ficción, terror, relato, novela negra, de detectives…

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¿Cómo resolver un final Deus ex machina?

¿Te has metido alguna vez en un final sin salida? Seguro que escribiendo una historia, has liado tanto los hilos de la trama que no has sabido resolverla. Has acabado en el típico desenlace fallido, conocido como “Deus ex machina”. En este vídeo-post anterior te hablo sobre qué es este tipo de final y por qué se suele producir. Y ahora te cuento tres formas de resolverlo. Para que puedas verlo venir con antelación y puedas corregir el rumbo de tu historia sin defraudar a los lectores. ¿Cómo resolver un final Deus ex machina?

1. Cambia las reglas del juego

Decía Chejov algo así como que si sacas una pistola cargada en el primer párrafo de tu relato, esa pistola tiene que ser disparada. Esto quiere decir que todo elemento que incluyes en tu historia tiene que ser relevante y congruente con lo que estás contando. Deus ex machina sería lo contrario, es decir, meter un elemento que no ha aparecido antes en la trama, sin haber dado pistas al lector, pero que resulta ser lo que resuelve todo el conflicto. Llamémosle pistola, personaje espontáneo, fuerza externa, dios, azar, sueño, etc…

Toda historia de ficción sigue unas reglas determinadas, haces un pacto con el lector desde la primera frase. Si estás escribiendo una novela realista histórica y luego la resuelves en el plano de la fantasía, el lector se verá defraudado porque no entenderá de dónde ha salido ese final. Luego si has caído en un Deus ex machina, tendrás que volver atrás y cambiar las reglas de tu historia para que toda la trama sea congruente de principio a fin.

2. Dar pistas al lector

Otra manera de resolver un Deus ex machina es dar pistas al lector, ir dejando miguitas de pan en forma de elemento o personaje que luego vaya a resolver el conflicto. Por ejemplo, crear una trama o subtrama con ese personaje que va a ser la pieza final.

En una novela negra quedaría muy feo si el asesino no sale hasta la última página. Habría que anticiparlo, de forma sutil, a través de una subtrama dedicada a él, pistas falsas, una aparición para contactar con el investigador/detective… Lo que sea pero que no parezca que al final te lo has inventado porque no sabías cómo resolver el barullo en el que te habías metido.

3. No caer en él, obvio 🙂

¡Bravo, Nuria! Grandísima aportación. No, ahora en serio. Con esto quiero decir que te sientes a recapacitar antes de escribir y planifiques dónde quieres llegar. Nada más comenzar, es importante esbozar el capítulo final. Al menos cómo quieres que termine el personaje de tu historia, con qué emoción, en qué situación o qué sensación quieres que tenga el lector cuando cierre tu libro. Eso actúa como un GPS: el comienzo es el punto A y el destino el punto B al que tienes que llegar. Si sabes dónde quieres llegar, te resultará más fácil poner el punto final.

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¿Qué es un final llamado Deus ex machina?

Seguro que alguna vez escribiendo una historia, has liado tanto los hilos de la trama que no has sabido resolverla. O has creado tensión y momentos de conflicto en tu relato, pero se ha complicado tanto que el final era irresoluble. En este vídeo-post te hablo de desenlaces fallidos, como por ejemplo el conocido “Deus ex machina”. Pero, ¿qué es un final Deus ex maquina?

Dios baja de una máquina

Es una locución latina que proviene del teatro griego y literalmente significa “Dios baja (sale) de una máquina”. Los autores griegos recurrían a un actor que hacía el papel de dios y que entraba en escena montado en una grúa (máquina). Este personaje que “surgía de la nada” era el encargado de resolver todos los embrollos de la tragedia. En el sistema de valores de los griegos, no estaba mal visto que un dios externo solucionara todos los problemas de la historia. Pero actualmente, los lectores necesitamos resoluciones más redondas.

Desenlace fallido

Por tanto, esta frase viene a decir que la novela o el relato se resuelve con un elemento, fuerza externa o personaje que no había aparecido antes en la historia. Algo que nos hemos “sacado de la manga”, o como yo lo suelo llamar utilizando el símil de los magos, es el “conejo sacado de la chistera”.

No tiene que ser necesariamente un dios o una fuerza sobrenatural, puede ser cualquier cosa que no hubiera aparecido antes en la acción. La ficción juega con una serie de reglas determinadas y no podemos hacerle trampas al lector. Si le damos al lector las reglas de una historia realista, no podemos resolverla en el plano fantástico, no puede haber un personaje con poderes sobrenaturales o finales del tipo “todo había sido un sueño”. No hay nada más decepcionante y frustrante que leer trescientas páginas y acabar en ese final. Esto resulta muy evidente y sonado en las series de televisión.

Es el caso también de esas novelas negras en las que el asesino es el vecino del quinto, que no había salido antes en la historia. Y de repente, se convierte en el personaje principal. En la ficción no podemos dejar nada al azar, todos los elementos que salen a escena tienen que tener un porqué, un sentido lógico dentro de las reglas del juego que hemos pactado con nuestros lectores.

Pistas para detectar un final Deus ex machina

¿Cómo puedes detectar que te estás metiendo en un desenlace fallido?

  1. La estás “liando parda”Estás metiendo a tu personaje en un conflicto tras otro, generando tensión para mantener la intriga del lector, pero que no sabes cómo vas a unir todos los cabos. Y esto se produce por el siguiente punto.
  2. No tienes claro el final. No te has parado a pensar dónde quieres llegar con tu historia. Nada más comenzar a escribir, es importante esbozar el capítulo final. Al menos cómo quieres que termine el personaje de tu cuento, con qué emoción, en qué situación o qué sensación quieres que tenga el lector cuando cierre tu libro. Eso actúa como un GPS: el comienzo es el punto A y el destino el punto B al que tienes que llegar. Si sabes dónde quieres llegar, te resultará más fácil poner el punto final.

Ahora dale al play si quieres conocer más en detalle qué es un final Deus ex machina. Si esto te resuena, por favor déjame un comentario más abajo:

Espero que este vídeo te sirva de utilidad y muchísimas gracias por verlo.

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