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Diferencias entre autobiografía y autoficción

Hace algo más de un año publiqué un vídeo-post sobre qué es la autoficción. No pensaba que el tema interesaría tanto. Pero a día de hoy todavía sigue siendo uno de los vídeos más vistos y comentados de mi canal de YouTube. Así que en este post, te traigo un tema que amplía este concepto en relación con otro término que podría considerarse similar: diferencias entre autobiografía y autoficción.

Y sí, aunque ambos géneros están escritos en primero persona y el autor coincide con el narrador, presentan algunos matices que los diferencian. Sobre todo el pacto que hace cada tipo de obra con el lector.

Autobiografía

Este género nació en Inglaterra en el siglo XIX. Se trata de la narración de una vida o parte de ella, escrita por el propio protagonista. Muestra su nacimiento, logros, fracasos, experiencias, reconocimientos y hechos relevantes. Se encuentra en la frontera entre literatura e historia, cercano a la biografía, las memorias o los diarios.

En este tipo de libros el autor hace un pacto autobiográfico con el lector, es decir, el escritor/narrador se compromete a que todo lo que cuente en la obra ocurrió de verdad. Y el lector entonces se compromete a creérselo como hechos reales.

Pero, ¿quién puede comprobar que lo narrado sucedió? ¿Cómo se podría contrastar? Y además, el proceso de recordar es en parte una ficción, porque consiste en rescatar solo unos hechos de la memoria, es decir, un relato construido por la mente del escritor. Pero, ¿de verdad es lo que pasó? En cualquier caso, el lector decide que se lo va a creer porque el género autobiografía se basa precisamente en ese pacto.

Autoficción

En cambio, el término autoficción lo creó un crítico y novelista francés en 1977. Son obras escritas en primera persona por el propio autor, que coincide con el narrador, pero aquí algunos nombres, lugares o hechos han sido modificados para darles un barniz de ficción.

Si en el pacto autobiográfico el autor se compromete a contar la verdad de los hechos y el lector a creérselo, al otro extremo tenemos el pacto de la ficción. Por ejemplo, en una novela se supone que todo lo narrado es verosímil, es decir, es una simulación de la realidad, pero nada ocurrió como cuenta la historia.

En la autoficción el pacto que se establece es ambiguo, dado que se encuentra a medio camino entre el pacto autobiográfico y el de ficción. Algunos hechos narrados pueden haber sido verdad, aunque se han cambiado nombres o lugares o matices de la realidad para darle una capa de ficción. ¿Qué es la realidad y qué es lo inventado? Solo lo sabe el autor y, en todo caso, aquellas personas cercanas que vivieron lo contado.

Ahora dale al play si quieres saber más sobre las diferencias entre autobiografía y autoficción. Y déjame un comentario aquí o en mi canal de YouTube si tienes alguna duda o consulta.

Espero que este vídeo te sirva de utilidad y muchísimas gracias por verlo.

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¿Cómo evitar que el teletrabajo afecte a tu escritura?

Si hace poco tiempo que estás teletrabajando y la nueva situación te está provocando ansiedad, pero quieres seguir escribiendo, este vídeo-post es para ti. En él te comparto tres recomendaciones basadas en mi experiencia sobre ¿cómo evitar que el teletrabajo afecte a tu escritura?

No tengo una bola de cristal y no sabría decirte si la expansión del teletrabajo a raiz de la pandemia ha venido para quedarse. Pero la realidad es que en el momento en el que está grabado este vídeo, febrero de 2021, hay muchas personas que se han visto obligadas a teletrabajar a consecuencia de los confinamientos.

Romper las fronteras entre el paradigma clásico de ir a una oficina y relacionarte con tus compañeros, a quedarte en tu casa delante de la pantalla de un ordenador, da vértigo y puede provocar situaciones de ansiedad y estrés. Y te lo dice una persona que lleva desde finales de 2016 habituándose a esta forma de trabajar.

Aquí van tres recomendaciones que a mí me han servido para organizar mi trabajo a distancia y poder compaginarlo con mi pasión por la escritura.

1. Crear un espacio para escribir

Si llevas unos meses trabajando en tu casa, imagino que ya tendrás un despacho o lugar separado del resto que te permita diferenciar tu zona de trabajo del ocio y descanso en familia. Puede ser un escritorio, con buena luz y una silla cómoda, que genere la sensación de que estás en un entorno laboral. Cuando te pongas a escribir en ese mismo espacio, “tunea” un poco la mesa. Puedes quitar tus carpetas de trabajo y en su lugar poner tus libros y cuadernos de escritura. O adornarla con algo que te sirva de inspiración para escribir: una foto, un cubilete con lápices, un dibujo, un esquema de tu historia… Se trata de cambiar el “chip” del trabajo a la escritura.

2. Delimitar tu horario laboral

Por experiencia propia, te diré que los que trabajamos a distancia en casa tendemos a echar más horas de la cuenta. Porque aunque no invertimos tiempo en desplazamientos, nos sentimos algo culpables cuando hacemos ese “paroncito” para ir a un recado, o para meter la ropa en la lavadora o atender al cartero o mil historias que van surgiendo a cada momento. Por eso, esa sensación de “no he rendido demasiado”, la compensamos con más horas. La jornada laboral acaba no teniendo fin, por eso es fundamental ponerse un horario y cumplirlo a rajatabla. Habrá días en los que se pueda hacer más y otros menos. Lo importante es seguir avanzando.

3. Agendar tu tiempo de escritura

Igual que el resto de tareas de tu día a día, la escritura necesita un tiempo y dedicación. Búscale un hueco en tu agenda cuando termines tu jornada laboral, aunque sea media hora al día. Lo que marca la diferencia es mantener el músculo de la escritura en buena forma física a diario.

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Diez hábitos de los escritores exitosos

Un hábito es un acto o actos que repetimos de forma sistemática y que con el tiempo se acaban integrando en nuestra vida y formando parte de nuestro carácter. Hay autores y autoras con una serie de características que les permiten alcanzar todos los objetivos que se proponen, ya sea terminar una novela, publicar una obra o simplemente escribir una página cada día. En este vídeo-post te comparto un listado con los diez hábitos de los escritores exitosos.

Para que los pongas en práctica y los apliques a tu forma de escribir.

1. Escribir todos los días

Aunque sea un solo párrafo. La escritura es un músculo que se trabaja cada día y la práctica es la única forma de aprender a escribir.

2. Comprometerse con la escritura

Ponte un plazo para terminar la historia que te traes entre manos y comprométete públicamente. Cuéntaselo a un familiar, amigo, pareja… de tal forma que te sirva de “juez” cuando los ánimos te fallen y te ayude a continuar en la tarea.

3. Visualizar el libro terminado

Lo más motivador es escribir el capítulo final de tu libro. Hazlo nada más empezar, así te servirá de punto de llegada en el GPS de tu escritura. Si tienes un destino marcado, es más fácil que llegues a él. Tardarás más o menos, pero arribarás a tu puerto.

4. Invertir tiempo

La escritura requiere un esfuerzo y también renunciar a otras cosas para hacerle un hueco en tu vida. Sé que nos ponemos muchas excusas, “los niños, el trabajo…”. Bien, mira la aplicación de rendimiento de tu móvil, ¿cuántas horas has gastado sin sentido en las Redes Sociales? Ahí tienes la respuesta a todas tus excusas, invierte esas horas en la escritura.

5. Desarrollar la energía positiva

Los escritores que consiguen sus objetivos no son nada derrotistas, derrochan buena vibra y le ponen acción a la historia que tienen en la cabeza. No se dejan caer en la parálisis por análisis.

6. Establecer objetivos

Terminar tu novela a final de año, presentarte a cinco concursos de relatos al mes, escribir un párrafo al día… Sea cual sea tu objetivo, ponle un plazo y dale acción.

7. Formación continua

En la escritura, como en la vida, hay que plantearse que somos eternos estudiantes, que siempre hay algo nuevo que aprender, técnica narrativa, trucos de escritores, novedades literarias… Y más si quieres crecer como autor/a, subir de nivel y llegar a publicar tu obra.

8. Leer, leer y leer

Relacionado con el hábito anterior, cualquier escritor/a es un gran lector. Igual que el que quiere tocar un instrumento, escucha música o va a conciertos, el que escribe tiene que estar sumergido siempre en un libro para aprender de otros/as autores/as y de sus obras.

9. Domar el ego

Si hay algo que nos sobra a los que escribimos es el ego 🙂 Por eso, es importante trabajar la humildad, la empatía, el saber encajar las críticas y los feedbacks sobre nuestro trabajo. Cuanto menos te tomes en serio a ti mismo y a lo que escribes, mejor será tu obra.

10. No rendirse

Los escritores exitosos suelen trabajar la capacidad de resiliencia para superar todos los obstáculos y seguir adelante. Enfrentarse a los “noes” y creer en su escritura como un proceso, un viaje y no un fin en sí misma.

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¿Qué significa la escritura para ti?

No todos escribimos por los mismos motivos. Puede ser que solo busques en la escritura una forma de desahogarte, de contar lo que pasa en tu día a día, de transmitir tus emociones. O puede ser que quieras tomarte más en serio las historias que escribes y llegar cada vez a un mayor número de lectores. Sea cual sea tu manera de entender la escritura estás en lo cierto, pero deberás tomar caminos distintos. En este vídeo-post te invito a reflexionar qué significa la escritura para ti.

Escritura como desahogo

Todos los humanos tenemos la necesidad de expresar lo que llevamos dentro gracias a algún tipo de creación artística, ya sea pintando, bailando, cantando, tocando un instrumento o escribiendo. Muchas personas sienten la atracción por las palabras y les gusta sentarte un rato cada día a soltar todo lo que llevan dentro como una forma de desahogarse y “desnudarse” en la página en blanco. Practicar la escritura terapéutica es un objetivo más que interesante y sirve como una forma de poner en orden nuestros pensamientos y sentimientos. Sin esperar nada más, solo para nosotros mismos.

Escribir para que te lean

Sin embargo, hay otras personas que escriben que necesitan ir un paso más allá. Les gusta contar historias, ya sea novelas o relatos, con el fin de ser leídos, de llegar a los lectores y divulgar su obra. En este caso, es fundamental subir un nivel, dedicarle más tiempo a la escritura y, sobre todo, hacerlo con un fin: publicar. Para ello, hace falta formarse, aprender técnica narrativa, practicar y practicar, leer a otros autores/as, conocer personas relacionadas con el mundo literario… Es decir, tomárselo un poco más en serio, porque si dejas guardado tu libro en un cajón de tu escritorio o en una carpeta de tu ordenador, es bastante difícil que llegue a ser tenido en cuenta por una editorial. Tendrás que esforzarte en trabajar tu manuscrito lo más posible (para darte recomendaciones sobre los puntos débiles y fuertes de tu obra existen los lectores profesionales) y darle visibilidad para que se difunda más allá de las fronteras de tus familiares y amigos. ¿Qué buscas con la escritura? ¿Hasta dónde quieres llegar? Te invito a seguir reflexionando sobre qué significa la escritura para ti.

Escritura como proceso

Yo te confieso que para mí la escritura es una mezcla de las dos facetas anteriores. Es donde pongo en orden (y en palabras) aquellas situaciones de mi vida a las que no encuentro mucho sentido. Pero es también una forma de estar en el mundo, una pasión que me tiene atrapada, un proceso vital que me lleva a desarrollarme y a ir ascendiendo niveles gracias a la formación, el aprendizaje continuo y la conexión con personas del mundo literario. Cuanto más me conozco a mí misma, más fluido es lo que escribo, más facilidad tengo para saber qué quiero y no quiero escribir. En mi caso, vivir y escribir van siempre unidos.

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¿Cómo puedes ser escritor sin tener imaginación?

¿Crees que no tienes imaginación para escribir? O quizá un familiar o amigo te ha dicho, ¿pero qué vas a escribir si no eres nada imaginativo? O a lo mejor de niño sí tenías una imaginación desbordante, pero al ir madurando has perdido esa capacidad creativa. En este vídeo-post te comparto cómo puedes ser escritor sin tener imaginación. Y te doy recomendaciones para pongas a funcionar la habilidad que ya posees.

Definición de imaginación

La palabra “imaginación” procede del latín “imaginatio” y se podría definir como el proceso creativo que permite a un individuo manipular información generada intrínsecamente con el fin de crear una representación percibida por los sentidos. Luego no solo está vinculada a la vista (“imagen” proviene de la misma raíz latina) sino también al oído, tacto, olfato…

La imaginación es un proceso abstracto que no necesita de un objeto presente en la realidad para desarrollarse. Se sirve de la memoria para manipular la información y relacionarla de formas que no dependen del momento actual en el que se encuentre el creador.

Desmitificando la imaginación

Si el proceso creativo de imaginar depende de la memoria, es decir, de hechos que ya han ocurrido en el pasado, eso significa que cualquier persona puede crear a partir de su experiencia propia. Y además puede vincular ideas que ya tiene en su cabeza para convertirlas en otra realidad. De hecho, las mejores historias son las que surgen de unir conceptos aparentemente opuestos.

Somos Homo narrator

La imaginación toma elementos antes percibidos y experimentados y los transforma en nuevas realidades. Luego cualquiera de nosotros lleva en su ADN la capacidad de narrar, es intrínseco a nuestra especie. Somos Homo narrator desde que vivíamos en cuevas, contábamos historias alrededor del fuego para alertar de los peligros a la tribu, para relatar las hazañas de una cacería de gacelas, para dar explicación a las estrellas y la luna o para entender qué hay más allá de la muerte.

Cuando somos niños nuestra imaginación está a flor de piel, somos capaces de inventar a través de la pintura, la plastilina, los cuentos… Pero según vamos madurando, entra en juego la educación formal, el trabajo, la vida que se supone que tenemos que llevar… y se acabó la creatividad. Por eso es tan importante volver a reconectar con esa habilidad que tenemos todos y entrenar de nuevo el músculo de la imaginación.

Tipos de procesos creativos

Según los expertos, hay dos tipo de procesos:

1. Imaginación reproductiva: recrea imágenes de la memoria para inventar historias.

2. Imaginación creativa: construye imágenes a partir de nosotros mismos y nuestra experiencia.

¿Todavía sigues pensando que cómo puedes ser escritor sin tener imaginación? Todos poseemos en mayor o menor medida la habilidad o facilidad para proyectar imágenes en nuestra mente y crear otras realidades. Luego todos contamos con potencial imaginativo. Resolver problemas de forma distinta es también una faceta creativa. Al fin y al cabo, escribir es como resolver un enigma partiendo de nuestras experiencias y de nuestra visión del mundo. Escribir es un punto de vista y cada persona tenemos uno único e intransferible.

Recomendaciones para desarrollar tu imaginación

Para desarrollar tu creatividad, tendrás que volver a ser un poco niño, recuperar el juego, la espontaneidad y el pensamiento lúdico. Aquí tienes tres tips prácticos:

  1. Relájate y fluye. Escribe todo lo que te surge sin criterio ni rumbo. Déjate llevar por la escritura automática y ya pensarás si más tarde se convierte en un relato, una novela o simplemente en un texto surgido de tu imaginación.
  2. No te censures, mantén a raya al crítico que llevas dentro. Estás jugando, no te impongas leyes, solo escribe y disfruta.
  3. Practica otra actividad a ser posible física. Mientras tu cuerpo se mueve, tu mente trabaja en segundo plano recreando imágenes o dando solución a algún problema de tu argumento o de tus personajes. Las mejores ideas siempre se me ocurren cuando estoy en el gimnasio, nadando o montando en bici.

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¿Es lo mismo argumento y tema de una historia?

Cuando en las clases de asesoramiento de escritura le pregunto a un/a autor/a que está empezando a construir su novela que me diga qué es lo que quiere transmitir al lector, todos/as me cuentan el argumento de su historia. Y sí, el argumento es fundamental, pero por debajo de él, tiene que existir también el sentido o el significado profundo que queremos contar. Te invito a leer y ver este vídeo-post donde contesto a la pregunta ¿es lo mismo argumento y tema de una historia?

El relato de los hechos

Existen diferencias entre el relato de los hechos, es decir, aquello que ocurre en la narración, que sería el argumento, y lo que queremos contar al lector, que sería el significado o el sentido profundo. El argumento es la capa superficial, los acontecimientos que le van pasando al protagonista en función del arco del personaje, su conflicto y transformación.

Por debajo de la capa superficial tenemos que tener muy claro cuál es el tema que sostiene nuestro argumento, porque si no iremos dando tumbos en el proceso de escritura y no seremos capaces de conectar con los lectores, de empatizar con ellos y que se enganchen hasta el capítulo final.

La semilla de nuestra historia

El tema es la semilla que plantamos en la capa profunda de nuestra historia. El problema está en que mientras que el argumento es concreto, los temas suelen ser abstractos. Decía Gabriel García Márquez que “solo hay tres temas, la vida, la muerte y el amor”. Fijaos lo amplio que puede ser este concepto. Por eso hay que intentar materializarlos y concretarlos.

El tema es como un faro que impide que nos estrellemos contra las rocas, es el foco al que tenemos que dirigir nuestra narración para no perder el rumbo de la escritura. En una novela puede haber varios temas relacionados que se desarrollen en subtramas, pero no podemos utilizar temas sin conexión y saltar de uno a otro porque el lector terminará aburriéndose si no entiende nada.

Ejemplos para clarificar la diferencia

Con un mismo argumento podemos tratar diferentes temas. Voy a poner unos ejemplos para aclarar si es lo mismo el argumento y el tema de una historia. Con el argumento de “La Metamorfosis”Una mañana, después de un sueño intranquilo, Gregorio Samsa trata de levantarse para asistir a su trabajo, pero se da cuenta de que durante la noche se ha transformado en un insecto – Kafka podría haber tratado diferentes temas, pero elige aquellos que como escritor más le resuenan y que aparecen también en otras de sus obras: la pérdida de la identidad del individuo, la alienación, la soledad…

Es importante que elijas temas que te interesan, porque pasarás mucho tiempo hablando de ellos, sobre todo si escribes una novela. Cuanto mejor te conozcas a ti mismo, tus valores, lo que adoras y lo que odias, más concretarás los temas sobre los que quieres escribir.

También te pongo un ejemplo propio. En la sinopsis de mi novela breve “La mujer que vendía el tiempo” están contenidos los tres temas relacionados que trato en mi historia: “Ruth pelea por mantener su negocio a flote. Erika manda cartas al frente, con la esperanza de mantener el amor de Willy. Mary observa las velas de una tarta con un único deseo. Y, mientras las tres intentan sobrevivir en un mundo en guerra, un gran péndulo resuena en los salones de Greenwich. Es el tiempo, que parece inamovible en este breve novelón sobre el amor propio, los cambios de paradigma y las oportunidades. Una historia que confirma a Nuria Sierra como una escritora audaz, hábil para contar grandes historias”.

Con el escenario de la II Guerra Mundial podría haber contado mil temas, pero me enfoqué en tres que me interesaban como escritora y que casaban a la perfección con Ruth, la protagonista, con su conflicto y evolución como mujer empresaria en un mundo hostil sometido a un movimiento constante: el amor propio, los cambios de paradigma y las oportunidades.

Ejercicios prácticos sobre argumento y tema

Haz dos listados, en uno de ellos apunta los argumentos que te vengan a la cabeza y en el otro los temas que te interesan. Luego júntalos y observa cuáles encajan mejor, qué argumento podría desarrollar a la perfección según qué tema o temas relacionados.

También puedes acudir a librerías y bibliotecas para leer las sinopsis de libros sin mirar el título ni la portada, e intentar averiguar cuál es el tema que quiere desarrollar el/la autor/a en esa obra.

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¿Qué son los detonantes de la acción?

Cualquier historia de ficción, ya sea un relato corto, novela, película o serie, necesita unos ingredientes básicos para que funcione, para enganchar al lector o al espectador y despertar su interés. Uno de los elementos que desencadena el conflicto y la transformación del protagonista es el catalizador de la acción. En este post te comparto ¿qué son los detonantes de la acción?

La chispa adecuada

También llamados premisa dramática o evento incitador, los detonantes de la acción son la chispa que enciende la mecha de la historia. Hacen que se desarrolle el cambio para que la acción evolucione y se resuelva la búsqueda de aquello que ansía el héroe de la historia.

Se tiene que producir en las primeras páginas de una novela o en los 10-15 minutos iniciales de una película, en el planteamiento de la historia. Este catalizador va a desembocar en la segunda parte que sería el nudo, dando paso a todos los obstáculos, problemas y conflictos con los que tiene que hacer frente el protagonista.

Un suceso que genere interés

En definitiva, un detonante es un suceso que afecta al personaje principal provocando un cambio de actitud en él y que va a definir el conflicto a resolver. Lo fundamental es que sea un giro potente que genere interés en el lector (o espectador) por la resolución del problema. Debe provocar un interrogante sobre si el protagonista conseguirá o no su objetivo. Se trata de que el lector quiera seguir leyendo tu historia para darle una solución al enigma del planteamiento.

Puede ser un acontecimiento, un encuentro inesperado con otro personaje, un cambio de trabajo, una ruptura con su pareja, la necesidad de hacer un viaje… todo elemento que permita un giro en la vida del protagonista, que le haga cambiar su forma de vivir y le obligue a evolucionar. Tenemos que hacer que nuestro héroe (o heroína) se transforme. Al final de la historia tiene que ser diferente a cuando empezó.

Ejemplos de detonantes de la acción

En el vídeo puedes ver con más detalle dos ejemplos clásicos de detonantes en “Drácula” y en “Madame Bovary”. En el primer caso, el desencadenante de la acción es que Jonathan Harker, un pasante de un bufete de abogados londinense, tiene que ir al castillo de un conde en los Cárpatos para ayudarle con el traspaso de una propiedad y otros papeles legales. El detonante es el encuentro del joven con Drácula. A partir de ese momento, Harker es prisionero del vampiro y se desarrolla todo el conflicto.

En el caso de Emma Bovary, será el encuentro con Léon Dupuis la chispa que encienda la mecha del drama. Aburrida de su existencia y gran lectora de novelas románticas, Madame Bovary iniciará una aventura extramatrimonial que la convertirá en otra mujer y la arrastrará sin remedio al trágico final.

También te pongo un ejemplo propio: el detonante de mi novela breve “La mujer que vendía el tiempo”. Mi protagonista, Ruth Burrell, se enfrenta a unas declaraciones malintencionadas hechas por el dueño de la empresa que es su principal competidor. A partir de ese enfrentamiento, Ruth irá de mal en peor hasta tener que tomar una decisión drástica sobre su negocio que representa toda su vida.

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