Diferencias entre arquetipos y estereotipos

Toda historia de ficción, ya sea un relato corto o una novela, le sucede a unos personajes. Ellos serán los protagonistas del argumento que estás creando. Y cuanto más reales sean, más de carne y hueso, más interesantes serán para los lectores. Hay una clasificación muy general que divide a los personajes en dos tipos. En este vídeo-post te comparto las diferencias entre arquetipos y estereotipos y por qué es mejor utilizar los arquetipos para construir a nuestros personajes.

Los arquetipos son universales

El término arquetipo fue acuñado por el psicólogo Carl Gustav Jung. Estableció una clasificación basada en patrones universales de conducta que provienen de imágenes o símbolos, independientes de la cultura o la sociedad en la que vivamos. Provienen del “inconsciente colectivo” y se heredan de generación en generación. En psicología se utiliza para establecer pautas de comportamiento asociadas a una tipología determinada. En la escritura de ficción podemos aplicar estos patrones a la creación de personajes.

A día de hoy, se han desarrollado más arquetipos a raíz de los creados por Jung. Por ejemplo, el héroe, el sabio, el mago, el gobernante, el creador, el explorador, el rebelde, el inocente, el hombre común, el amante, el bufón… Cada uno de ellos lleva asociada una serie de características que puedes utilizar para crear tus personajes. Incluso mezclar las de un arquetipo y otro para generar un protagonista nuevo.

Los arquetipos sobreviven al tiempo, no dependen de una época concreta. Por ejemplo, el arquetipo de Ulises se sigue utilizando actualmente. Y ya ha llovido desde la Odisea  de Homero… Además, siempre se están reinventando. Como provienen del imaginario colectivo, perduran y se van adaptando a cada época y a cada sociedad.

Los estereotipos son clichés

Son lugares comunes en los que es fácil caer. No son universales, dependen de cada cultura, de cada sociedad o momento histórico. Porque son las etiquetas que les ponemos a los personajes en función del grupo/colectivo al que pertenecen: la rubia tonta, la guapa que no sabe que es guapa, el angustiado que solo se lamenta pero no hace nada, los obreros, los millonarios sin escrúpulos, los policías corruptos,…

En lugar de individualizar a tus personajes, los estereotipos son generalizaciones asociadas a un colectivo que tiene características inamovibles. Así, no podrás evolucionar a tus personajes ni convertirlos en seres de carne y hueso que empaticen con los lectores. Los estereotipos son “hijos de su tiempo”, no sobreviven más allá de la idea que en un momento histórico tenemos de un grupo o colectivo social.

Huye de los personajes planos y sin profundidad

Intenta crear arquetipos, reinventando los estereotipos, asignándoles nuevas características o valores, dándole la vuelta al clásico lugar común. Por ejemplo, lo que hizo William Steig con Shrek, transformando el mito del ogro malvado. Recuerda que los estereotipos están faltos de vida. Estamos cansados de ver personajes muy malos o muy buenos, blancos o negros. Los más interesantes son los que tienen una gama de grises, mezcla de diferentes patrones. Si el/la protagonista de tu historia es tan previsible que el lector se adelanta a sus pasos, no será memorable, que al final es lo que importa para que empaticen con tus criaturas.

Ahora dale al play si quieres saber más sobre las diferencias entre arquetipos y estereotipos. Y déjame un comentario aquí o en mi canal de YouTube si tienes alguna duda o consulta.

Espero que este vídeo te sirva de utilidad y muchísimas gracias por verlo.

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Trucos para desbloquear la escritura de tu novela

Como estar rodeada de paredes de ladrillos y no tener ningún superpoder para atravesarlas. A veces me siento así cuando me enfrento a un capítulo de una novela o cuando estoy frente a un relato complicado. Atascada, bloqueada, sin salida. Se ha hablado hasta la náusea de este tema, lo sé, como del miedo a la hoja en blanco o del pánico al qué dirán los lectores. Y sin embargo, sigue y sigue sucediendo. Vale, los que escribimos somos humanos… ya está desvelado el secreto. Por eso, en este vídeo-post te comparto trucos para desbloquear la escritura de tu novela.

¿Cuál es la fórmula mágica? No existe, no me canso de repetirlo. Cada autor es un mundo, y aquellos consejos que funcionan para algunos, para otros no sirven de nada. Pero sí hay una serie de pautas que pueden ayudarte a romper el muro y empezar a ver la luz:

1. Planifica. Antes de pegarte cabezazos contra el muro, hay una fase previa que yo me suelo saltar, lo reconozco. Es la fase de planificación, que para mí es un aburrimiento. Adoro la documentación, me lo paso en grande leyendo sobre un tema o buscando fotos para ambientar los vestidos de una época. Pero odio tener que sentarme a planificar. Si eres un escritor de mapa (no creo mucho en esta clasificación, pero en fin…), te encantará trazar un plan y tenerlo todo atado antes de ponerte a escribir. Yo soy más de brújula y sobre todo más del método de Muriel Spark, que no empezaba a escribir hasta tener mentalmente un comienzo satisfactorio. En definitiva, si vas a escribir algo que tenga más de 20 páginas, haz un esquema previo y fichas de personajes.

2. Mata a un personaje. Cuando ya estés bloqueado y no sepas cómo continuar con una trama que se te ha venido abajo, asesina a un personaje protagónico y párate a pensar cómo va a afectar a la vida de los otros personajes. Si le da “vidilla” a la historia, además de un giro inesperado, sigue por ese camino.

3. Invéntate un personaje. Es similar al ejemplo anterior, sácate de la manga un personaje nuevo que te permita comenzar con una subtrama novedosa. A lo mejor no te lleva a ninguna parte, pero te puede dar ideas para desatascarte.

4. Escribe el final. Es una de las pautas que más me sirven para avanzar y que recomiendo a los autores. Normalmente empezamos a escribir porque hemos tenido una idea “genialísima”, o hemos parido una primera frase “perfecta”. Pero esto es como los matrimonios, al principio hay un enamoramiento loco pero en cuanto empiezan los problemas, ya puedes tener un fin en mente, un propósito y una intención que quieres transmitir con esa historia. Escribe a dónde quieres llegar. Puede que luego lo cambies, pero si en tu viaje tienes un punto de llegada, es más fácil que puedas trazar la ruta, aunque sea un camino tortuoso.

5. Pórtate mal con tus personajes. Hazles putaditas, ponlos a prueba, permítete ser malvado y búscate la vida para que salgan del agujero (o no). No hay nada mejor que la estructura del viaje del héroe que se lleva utilizando en literatura desde La Odisea para darle frescura a una historia que no sabes continuar. Inventa conflicto tras conflicto y cuando tu protagonista ya esté en el sótano de sus miserias, recuerda que siempre hay un sótano del sótano. Y vamos con los últimos cinco trucos para desbloquear la escritura de tu novela.

6. Revisa las motivaciones del protagonista. ¿Por qué está haciendo lo que hace, por qué quiere ir a ese lugar, por qué tiene esa relación con el antagonista? Conocer los motivos, los actantes (razones que mueven a la acción) permite recomponer una trama caída. Si sabes qué es lo que mueve de verdad a tus personajes, podrás adelantarte al futuro y dar el siguiente paso para desbloquearte.

7. Párate y piensa sobre qué estás escribiendo. Ocurre con bastante frecuencia que empezamos a escribir con un tema en mente, voy a hablar de la dependencia emocional de las mujeres, o del paso del tiempo, o de la esclavitud en el sur de EEUU, pero en el fondo no tenemos muy claro qué queremos contar. El tema es fundamental en cualquier relato, es el foco de la narración. Intenta que sea lo más concreto posible, que aunque haya temas secundarios, el principal siempre sirva de guía. Si estás dando bandazos a la historia, es muy probable que no tengas claro el tema. No pasa nada, párate e intenta escribir en una frase de qué va tu novela. Como si fuera un titular de prensa o un tuit.

8. Escribe algo que no tenga nada que ver. Si estás escribiendo un novelón de aventuras, altérnalo con un relato corto con mucho humor e ironía. O si estás escribiendo género fantástico, altérnalo con algún texto de corte realista. La idea es “engañar” a la mente, hacer que se centre en otra cosa mientras tu inconsciente está trabajando para encontrar una solución al bloqueo.

9. Lee cosas parecidas a lo que estás escribiendo. Te permite asimilar el estilo de ese autor que ha escrito antes lo que tú quieres escribir. O te puede dar ideas para construir un nuevo personaje o una subtrama.

10. Olvídate de la perfección. Primero porque no existe. Segundo porque es enemiga de la acción. Tercero porque es una excusa más para ponerte a escribir. Sigue escribiendo, aunque te falten piezas y escenas. Ya volverás sobre ellas. O a lo mejor descubres más tarde que no hacían falta.

Seguro que alguno de los anteriores trucos te sirve para vencer el bloqueo. Si aún así no lo logras, déjate ayudar por alguien que te asesore y vea desde fuera dónde puede estar el problema de tu novela. Si crees que yo puedo ser esa persona, escríbeme contándome tu caso.

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¿Cómo mantenerse motivado cuando estás de bajón?

Hay momentos de la vida en los que nos sentimos desmotivados y faltos de energía para escribir. Por circunstancias externas o por cosas cotidianas, no tienes ganas de contar historias. No sabemos muy bien por qué, pero sentimos que nos fallan las fuerzas. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo mantenerse motivado cuando estás de bajón?

En este vídeo-post te comparto tres recomendaciones basadas en mi experiencia que espero que te resulten útiles y puedas aplicar a tu día a día como escritor/a.

1. Aislarse de los comentarios externos

Es difícil, lo sé, romper con las opiniones de los demás. Esas personas, bienintencionadas seguro, que te dicen lo que tienes o no tienes que hacer. Ellos hablan desde sus miedos y objeciones, intentando hacer valer su punto de vista. Pueden lanzarte comentarios del tipo “¿Por qué escribes, si eso no sirve para nada?… pierdes el tiempo… ya vas a empezar otra novela… ya estás escribiendo otra chorradita de cuento”, etcétera.

Lo que tienes que tener muy claro es que quieres seguir en el camino de la escritura, saber cuáles son tus objetivos e ir a por ellos. Lo que opinen los demás, te tiene que traer sin cuidado si tú sabes cuál es tu pasión. Huye, de verdad, de la energía negativa que te rodea y sigue adelante.

2. Ponte retos con un plazo concreto

Piensa qué sería un reto para ti: ¿Terminar la novela en una fecha concreta?; ¿Presentarte a concursos de relatos?; ¿Escribir un capítulo diario? Tú decides. Pero ponte un plazo para cumplir tu reto y comprométete con él. Compártelo con algún amigo, familiar, pareja… para que tu compromiso sea público y te sientas más motivado a cumplirlo.

3. Rodéate de energía similar a la tuya

Si en el punto 1 hablaba de huir de comentarios negativos, la mejor forma de contrarrestar esto es unirte a personas que están en tu misma onda. Apasionados de la escritura y la literatura que sepan valorar tu esfuerzo y entiendan el camino que has emprendido. Encontrarás mucho contenido por internet, canales de YouTube, como el mío :-), con formación para escritores, recomendaciones de libros, grupos de Facebook donde compartir tus escritos, cursos y talleres de escritura creativa… Únete a los que están en tu misma vibración.

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Practica la máxima “muestra pero no digas”

Por mi trabajo de lectora profesional, me encuentro con manuscritos de autores/as noveles que dicen demasiadas cosas, dan mucha información al lector, pero no siguen la máxima, “muestra pero no digas”. Así la obra se convierte en un discurso sin emoción que no llega al corazón de los lectores. Por eso te animo a lo siguiente: practica la máxima “muestra pero no digas”.

Por sus actos los conoceréis

Se trata de aparcar el discurso y mostrar la emoción que es lo más importante de la ficción. Para conectar de verdad con el lector, no podemos apelar a su cabeza, sino a sus sentimientos. Antes hay que tocar su alma y su corazón.

Te pondré un ejemplo. Puedo escribir Erika estaba nerviosa. Es una frase informativa y correcta. Pero es más interesante si puedo mostrar cómo Erika está nerviosa, sin decirlo directamente, dándole pistas al lector para que interprete sus actos: Erika se mordía las uñas o Erika tamborileaba los dedos en la mesa o Erika daba vueltas sin parar por la habitación… Seguro que se te ocurren muchos más ejemplos que muestren la acción.

Esa es la diferencia entre un contenido informativo y un contenido de ficción.

¿Cómo conseguir mostrar sin decir explícitamente?

Podemos mostrar las acciones de nuestros personajes a través de metáforas, caracterizarlos con sus motivaciones y darles una voz propia. Esto te permitirá pasar del plano del discurso al plano de la emoción que es lo que interesa en la ficción. Para llegar a enganchar con tu historia a los lectores, tendrás que practicar y practicar y practicar cómo contar los hechos de diferentes maneras distintas. Así irás desarrollando tu estilo y voz particular.

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