¿Qué es el momento epifánico en la literatura?

Seguro que alguna vez en tu vida has tenido un momento de revelación, un instante mágico en el cual has descubierto algo que no sabías. Te has dado cuenta de que un trabajo que hacías no te gustaba, o de lo que querías dedicarte en la vida, o del engaño de un amigo, o de que esa pareja no era para ti. Este instante trascendental que da un giro a tu vida suele llamarse epifanía, y entonces, ¿qué es el momento epifánico en la literatura?

Lo llaman también catarsis y es el instante en el que el protagonista de la historia descubre algo en la trama que le hace avanzar y evolucionar. Es una revelación, probablemente un conocimiento que ya tenía de forma inconsciente pero que sale a la luz. Esta epifanía está muy relacionada con el conflicto y la transformación del protagonista. Y por supuesto con el subtexto de tu relato o novela.

Según el diccionario de la RAE, epifanía viene del latín tardío epiphanīa, y este del griego ἐπιφάνεια epipháneia. El término tiene dos acepciones:

  1. Manifestación, aparición, revelación.
  2. Festividad de la Iglesia Católica que se celebra el 6 de enero, en conmemoración de la adoración de los Reyes Magos.

La segunda acepción no nos incumbe en este caso.

De las luchas contrapuestas que genera el conflicto surge este momento que yo llamo ¡ajá! ¡Era esto! El protagonista descubre algo que sale a la luz y que le permite cambiar y evolucionar. Si tu historia no tiene estos ingredientes, conflicto, epifanía y transformación, revísala porque le falta lo más importante.

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¿Qué es el conflicto en la escritura de ficción?

Sin conflicto no hay literatura, no hay emoción, ni acción, ni transformación del protagonista. Es uno de los ingredientes fundamentales de las historias de ficción. Así que imagínate lo importante que es que haya fuerzas contrapuestas que luchen entre ellas para hacer avanzar la narración. Porque eso es el conflicto, tensión entre distintos personajes o una batalla interna que está teniendo lugar en la cabeza de tu protagonista. En este vídeo-post, además de definir en profundidad qué es el conflicto en la escritura de ficción, veremos cuántos tipos hay y ejemplos literarios de cada uno de ellos.

¿Qué es conflicto?

Según el diccionario de la RAE, conflicto viene del latín conflictus y el término tiene seis acepciones:

  1. Combate, lucha, pelea.
  2. Enfrentamiento armado.
  3. Apuro, situación desgraciada y de difícil salida.
  4. Problema, cuestión, materia de discusión. Conflicto de competencia, de jurisdicción.
  5. En psicología, coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo, capaces de generar angustia y trastornos neuróticos.
  6. Momento en que la batalla es más dura y violenta.

Entonces, ¿qué es el conflicto en la escritura de ficción? Exactamente lo mismo que la definición el diccionario. Son fuerzas contrapuestas que luchan cada una para su terreno y eso es lo que genera la tensión. Como si tiraras de un elástico. De verdad, soy muy categórica en esto, pero sin conflicto no hay historia, ahí es donde se crea la intriga y el avance de la trama. También es lo que genera la evolución y la transformación del personaje protagónico.

Tipos de conflictos

Hay dos grandes grupos: los conflictos internos y los externos.

  • Conflictos internos. Las batallas que tiene que lidiar tu protagonista contra sí mismo, contra su sistema de valores, creencias y emociones. Por ejemplo, tiene que tomar una decisión trascendental que cambiará su vida: ¿qué es más importante el trabajo o la familia?, ¿quiere un trabajo estable o crear un negocio? La literatura está llena de conflictos internos, como la vida, ¿quién no conoce a alguien que no haya tenido un obstáculo, un problema, una desgracia a la que enfrentarse?

Ejemplo de conflicto interno: “Grandes esperanzas” de Charles Dickens. Todo comienza cuando el protagonista, Pip, quiere convertirse en caballero para ganarse el amor de Estella, pero está condenado a ser un humilde herrero. Luego la historia se va complicando con más conflictos externos.

  • Conflictos externos. Te voy a compartir cuatro tipos:
    • Protagonista contra antagonista. Es el conflicto más clásico, que está muy presente en la estructura del viaje del héroe. Hay dos personajes distintos con motivaciones opuestas y que luchan por conseguir objetivos diferentes sobre un mismo hecho u objeto. Por ejemplo, “El Señor de los Anillos” de Tolkien, donde los dos bandos quieren conseguir el anillo de poder.
    • Protagonista contra la naturaleza. Todo tipo de fenómenos atmosféricos, meteoritos, pandemias, grandes animales… Por ejemplo, toda la literatura de catástrofes o el clásico “Moby Dick” de Melville.
    • Protagonista contra la sociedad. La lucha del individuo contra las normas establecidas, las reglas culturales. Aquí tenemos todo el campo de las distopías. Por ejemplo, “El cuento de la criada” de Margaret Atwood.
    • Protagonista contra la tecnología. Los avances científicos que someten al individuo, los robots que se hacen con el poder del planeta… Aquí se enmarca todo el género de ciencia ficción. Un ejemplo que me apasiona es la película “Matrix”, porque no solo muestra el conflicto tecnológico de una “raza” de robots esclavizando al hombre, sino también gran cantidad de conflictos internos del protagonista Neo.

Los conflictos no son estancos. Son híbridos, se mezclan unos con otros y es ahí donde está la riqueza de las historias, la tensión que hace avanzar la acción y evolucionar a tus personajes. Recuerda siempre, sin conflicto no hay literatura.

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Trucos para aprovechar los viajes como material de escritura

¿Qué harías si tuvieras todo el dinero y la libertad para disfrutar de tu tiempo? Yo lo tengo claro: viajar, leer y escribir. Aunque lucho contra mi “respeto” a volar desde unas turbulencias titánicas en un viaje a Grecia, me encanta conocer otros lugares. Sí, a veces voy agarrada al reposabrazos del asiento como si eso me fuera a salvar la vida, pero el placer que me produce patear otras ciudades, probar platos diferentes o ver cómo se vive el día a día en lugares distintos, vence a mi miedo. Y he desarrollado varios trucos para aprovechar los viajes como material de escritura.

En este año 2020 seguro que estamos viajando con menos frecuencia de lo que nos gustaría debido a la pandemia. Pero se pueden hacer viajes locales, provinciales, o dentro del mismo país. Incluso el desplazamiento cotidiano al trabajo también es un viaje. Entonces, ¿qué tiene que ver la escritura con los viajes? T-O-D-O.

Cinco trucos para aprovechar el viaje en tu escritura

  • Lleva siempre un cuaderno encima. No sé a ti pero a mí las “mejores” ideas se me ocurren en los momentos más insospechados. Y ya se sabe que “la peor tinta es mejor que la mejor memoria”. Anota todo aquello que te llama la atención: una conversación que escuchas en un autobús o en la barra de un bar, los nombres de lugares curiosos, los sentimientos que te inspira una cala desierta en Mallorca o una plaza en el centro de Varsovia. También es muy útil la aplicación de “Notas” del móvil que luego puedes copiar y enviarte los textos al ordenador.
  • No subestimes los desplazamientos cotidianos. En las grandes ciudades, ir y volver del trabajo te puede suponer unas dos horas diarias. Si vas en transporte público, además de leer, puedes aprovechar para poner en orden todas las notas y apuntes que has ido tomando, para describir el carácter de un personaje o para, lo que más me gusta, fijarte en los otros viajeros e inventar sus vidas. ¿A dónde irá la chica de los ojos verdes y las botas militares? ¿En qué trabaja el hombre de las gafas que va leyendo un ensayo político?

    Mapa de Amsterdam

    Dentro del laberinto, Amsterdam

  • Consulta mapas. Lo reconozco, soy una friki de los mapas. Me encantan los mapas en papel y siempre que visito una nueva ciudad, procuro ir a la Oficina de Turismo para hacerme con uno. Visualmente te permiten trazar el recorrido por las calles donde se moverán tus personajes, marcar las distancias entre puntos de la ciudad o conocer las fronteras naturales como ríos, lagos, montañas… Si hay un mapa que me vuelve loca, ese es el laberíntico de Amsterdam 😄
  • Déjate llevar por las sensaciones. La escritura tiene mucho que ver con la mirada, con la forma en que cada uno tenemos de enfocar un detalle arquitectónico, una playa, un campo nevado, una bandada de golondrinas… Abandonarse a un paisaje es conectar con las emociones de ese lugar y con las tuyas. Escribe lo que te hace sentir y déjalo que duerma como material descriptivo hasta que decidas la manera en que lo vas a utilizar en tu historia. Incluso puedes hacer este ejercicio mientras paseas por la ciudad o el pueblo en el que vives. Aunque hayas pasado mil veces por esa calle, seguro que si lo haces de forma consciente, encontrarás un nuevo punto de vista. Yo a veces paseo como una “guiri” por mi ciudad, voy como una turista sorprendida por el centro a pesar de que llevo viviendo en la zona varios años.
  • Escribe durante y corrige después. El viaje es siempre acción. Psicológicamente ese movimiento nos hace avanzar también en la escritura. Los desplazamientos son el momento idóneo para darle vida a la trama o construir los diálogos. Cuando paramos o volvemos del viaje, es más útil escribir descripciones sin acción o corregir lo escrito. Y como todo en la escritura, este truco no es ciencia cierta y a cada uno nos funciona una forma de actuar en función de nuestra manera de ser.

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¿Cómo volver a escribir después de un tiempo sin hacerlo?

Es normal. Suele ocurrir. En las relaciones a largo plazo, a veces tenemos momentos de bajón, de pérdida de pasión, de huída del entusiasmo. Y con la escritura también pasa porque la relación que tenemos con ella es una de las más intensas, lujuriosas, fértiles y a la vez tormentosas. Decía Bukowski, “Si algo arde en tu alma con propósito y deseo, es tu obligación ser reducido a cenizas. Cualquier otra forma de existencia será otro aburrido libro en la biblioteca de la vida”. ¿Qué hacemos entonces para avivar la llama, para sentir el enamoramiento de nuevo? ¿Las mariposas en el estómago y la cabeza perdida? ¿Cómo volver a escribir después de un tiempo sin hacerlo?

1. Reconecta con el porqué y el para qué

¿Te has preguntado por qué escribes? ¿Cuál es la razón que te impulsa a sentarte delante del ordenador o del cuaderno, a pesar de la falta de tiempo o de inspiración? ¿Qué buscas con tu escritura: ser rico, famoso, simplemente conectar con los demás a través de tus palabras…? Todos los que nos dedicamos a escribir tenemos una o varias razones y a veces ocurre que perdemos el foco, nos desconectamos de los motivos que nos impulsan a seguir. Hay que recuperar la zanahoria, esa con la que se engaña al burro para que avance. ¿Cuál es tu zanahoria?

2. Desconecta durante un tiempo

En ocasiones, hay que darse tiempo, no forzar las cosas. Si estás tan atascad@ en tu novela, que no ves la luz al final del túnel, déjala reposar, escribe relato corto u otro género distinto. Dedícate a leer, a salir de tu entorno, o a cambiar de arte. ¿Y si durante un tiempo en lugar de escribir, aprendes a pintar, a bailar o a tejer? Cualquier otra actividad que te permita estar activo y que tu mente siga trabajando en la escritura en un segundo plano.

Al mismo tiempo que desconectas de tu escritura, puedes conectar con otros/as escritores/as. Conocer a otras personas que tienen tu misma pasión, te ayuda a salir de tu propia escritura, a verla con perspectiva, a compartir tus obstáculos y obsesiones con gente que no te mirará como un bicho raro. Métete en grupos de escritores de Facebook, por ejemplo, que hay muchos y muy didácticos como El escritor emprendedor. También puedes apuntarte a un curso, taller o escuela de escritura que te permitirá, además de conectar con otros escritores, aprender nuevas técnicas y compartir tus textos.

3. Vive la naturaleza

Si eres como yo, urbanita hasta la médula, entenderás la importancia de este punto. Me encanta estar rodeada de edificios, plazas, bares, restaurantes, librerías, cines, teatros, gente…pero es cierto que a veces también resulta cansado. Y salir de la ciudad, aunque sea a dar una vuelta por sus alrededores campestres, es una forma de conectar con tu intuición, con lo que sientes y con algo mucho más grande que tú (y todo esto, sin ponerme trascendental 😄) Ahora que llega el buen tiempo, lo que más deseo es volver al sur, a ver ese azul gaditano que me vuelve loca, a sentarme en la orilla y dejar que las frases vayan y vuelvan al ritmo de las olas. Además, los viajes, como te comentaba en este post, pueden generar un material perfecto para tu escritura.

4. Trasciende los miedos

Los miedos y las dudas sobre nuestra escritura hay que tomárselos como una fase del cambio, de evolución, de mantener la calma y pensar que estás en el camino correcto si no puedes dejar de escribir. Trascender esos miedos te convierte en la persona capaz de conseguir lo que quieres. Es el famoso viaje del héroe, que ya he puesto de ejemplo otras veces: hace falta pasar por determinados obstáculos en la vida para enfrentarse al problema y resurgir de forma distinta. Sin cambio, no hay literatura.

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