Trucos para aprovechar los viajes como material de escritura

¿Qué harías si tuvieras todo el dinero y la libertad para disfrutar de tu tiempo? Yo lo tengo claro: viajar, leer y escribir. Aunque lucho contra mi “respeto” a volar desde unas turbulencias titánicas en un viaje a Grecia, me encanta conocer otros lugares. Sí, a veces voy agarrada al reposabrazos del asiento como si eso me fuera a salvar la vida, pero el placer que me produce patear otras ciudades, probar platos diferentes o ver cómo se vive el día a día en lugares distintos, vence a mi miedo. Y he desarrollado varios trucos para aprovechar los viajes como material de escritura.

En este año 2020 seguro que estamos viajando con menos frecuencia de lo que nos gustaría debido a la pandemia. Pero se pueden hacer viajes locales, provinciales, o dentro del mismo país. Incluso el desplazamiento cotidiano al trabajo también es un viaje. Entonces, ¿qué tiene que ver la escritura con los viajes? T-O-D-O.

Cinco trucos para aprovechar el viaje en tu escritura

  • Lleva siempre un cuaderno encima. No sé a ti pero a mí las “mejores” ideas se me ocurren en los momentos más insospechados. Y ya se sabe que “la peor tinta es mejor que la mejor memoria”. Anota todo aquello que te llama la atención: una conversación que escuchas en un autobús o en la barra de un bar, los nombres de lugares curiosos, los sentimientos que te inspira una cala desierta en Mallorca o una plaza en el centro de Varsovia. También es muy útil la aplicación de “Notas” del móvil que luego puedes copiar y enviarte los textos al ordenador.
  • No subestimes los desplazamientos cotidianos. En las grandes ciudades, ir y volver del trabajo te puede suponer unas dos horas diarias. Si vas en transporte público, además de leer, puedes aprovechar para poner en orden todas las notas y apuntes que has ido tomando, para describir el carácter de un personaje o para, lo que más me gusta, fijarte en los otros viajeros e inventar sus vidas. ¿A dónde irá la chica de los ojos verdes y las botas militares? ¿En qué trabaja el hombre de las gafas que va leyendo un ensayo político?

    Mapa de Amsterdam

    Dentro del laberinto, Amsterdam

  • Consulta mapas. Lo reconozco, soy una friki de los mapas. Me encantan los mapas en papel y siempre que visito una nueva ciudad, procuro ir a la Oficina de Turismo para hacerme con uno. Visualmente te permiten trazar el recorrido por las calles donde se moverán tus personajes, marcar las distancias entre puntos de la ciudad o conocer las fronteras naturales como ríos, lagos, montañas… Si hay un mapa que me vuelve loca, ese es el laberíntico de Amsterdam 😄
  • Déjate llevar por las sensaciones. La escritura tiene mucho que ver con la mirada, con la forma en que cada uno tenemos de enfocar un detalle arquitectónico, una playa, un campo nevado, una bandada de golondrinas… Abandonarse a un paisaje es conectar con las emociones de ese lugar y con las tuyas. Escribe lo que te hace sentir y déjalo que duerma como material descriptivo hasta que decidas la manera en que lo vas a utilizar en tu historia. Incluso puedes hacer este ejercicio mientras paseas por la ciudad o el pueblo en el que vives. Aunque hayas pasado mil veces por esa calle, seguro que si lo haces de forma consciente, encontrarás un nuevo punto de vista. Yo a veces paseo como una “guiri” por mi ciudad, voy como una turista sorprendida por el centro a pesar de que llevo viviendo en la zona varios años.
  • Escribe durante y corrige después. El viaje es siempre acción. Psicológicamente ese movimiento nos hace avanzar también en la escritura. Los desplazamientos son el momento idóneo para darle vida a la trama o construir los diálogos. Cuando paramos o volvemos del viaje, es más útil escribir descripciones sin acción o corregir lo escrito. Y como todo en la escritura, este truco no es ciencia cierta y a cada uno nos funciona una forma de actuar en función de nuestra manera de ser.

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¿Cómo volver a escribir después de un tiempo sin hacerlo?

Es normal. Suele ocurrir. En las relaciones a largo plazo, a veces tenemos momentos de bajón, de pérdida de pasión, de huída del entusiasmo. Y con la escritura también pasa porque la relación que tenemos con ella es una de las más intensas, lujuriosas, fértiles y a la vez tormentosas. Decía Bukowski, “Si algo arde en tu alma con propósito y deseo, es tu obligación ser reducido a cenizas. Cualquier otra forma de existencia será otro aburrido libro en la biblioteca de la vida”. ¿Qué hacemos entonces para avivar la llama, para sentir el enamoramiento de nuevo? ¿Las mariposas en el estómago y la cabeza perdida? ¿Cómo volver a escribir después de un tiempo sin hacerlo?

1. Reconecta con el porqué y el para qué

¿Te has preguntado por qué escribes? ¿Cuál es la razón que te impulsa a sentarte delante del ordenador o del cuaderno, a pesar de la falta de tiempo o de inspiración? ¿Qué buscas con tu escritura: ser rico, famoso, simplemente conectar con los demás a través de tus palabras…? Todos los que nos dedicamos a escribir tenemos una o varias razones y a veces ocurre que perdemos el foco, nos desconectamos de los motivos que nos impulsan a seguir. Hay que recuperar la zanahoria, esa con la que se engaña al burro para que avance. ¿Cuál es tu zanahoria?

2. Desconecta durante un tiempo

En ocasiones, hay que darse tiempo, no forzar las cosas. Si estás tan atascad@ en tu novela, que no ves la luz al final del túnel, déjala reposar, escribe relato corto u otro género distinto. Dedícate a leer, a salir de tu entorno, o a cambiar de arte. ¿Y si durante un tiempo en lugar de escribir, aprendes a pintar, a bailar o a tejer? Cualquier otra actividad que te permita estar activo y que tu mente siga trabajando en la escritura en un segundo plano.

Al mismo tiempo que desconectas de tu escritura, puedes conectar con otros/as escritores/as. Conocer a otras personas que tienen tu misma pasión, te ayuda a salir de tu propia escritura, a verla con perspectiva, a compartir tus obstáculos y obsesiones con gente que no te mirará como un bicho raro. Métete en grupos de escritores de Facebook, por ejemplo, que hay muchos y muy didácticos como El escritor emprendedor. También puedes apuntarte a un curso, taller o escuela de escritura que te permitirá, además de conectar con otros escritores, aprender nuevas técnicas y compartir tus textos.

3. Vive la naturaleza

Si eres como yo, urbanita hasta la médula, entenderás la importancia de este punto. Me encanta estar rodeada de edificios, plazas, bares, restaurantes, librerías, cines, teatros, gente…pero es cierto que a veces también resulta cansado. Y salir de la ciudad, aunque sea a dar una vuelta por sus alrededores campestres, es una forma de conectar con tu intuición, con lo que sientes y con algo mucho más grande que tú (y todo esto, sin ponerme trascendental 😄) Ahora que llega el buen tiempo, lo que más deseo es volver al sur, a ver ese azul gaditano que me vuelve loca, a sentarme en la orilla y dejar que las frases vayan y vuelvan al ritmo de las olas. Además, los viajes, como te comentaba en este post, pueden generar un material perfecto para tu escritura.

4. Trasciende los miedos

Los miedos y las dudas sobre nuestra escritura hay que tomárselos como una fase del cambio, de evolución, de mantener la calma y pensar que estás en el camino correcto si no puedes dejar de escribir. Trascender esos miedos te convierte en la persona capaz de conseguir lo que quieres. Es el famoso viaje del héroe, que ya he puesto de ejemplo otras veces: hace falta pasar por determinados obstáculos en la vida para enfrentarse al problema y resurgir de forma distinta. Sin cambio, no hay literatura.

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Cinco recomendaciones para organizar tu tiempo de escritura

El tiempo es una de las excusas más utilizadas por los/as escritores/as principiantes para no hacer la tarea… “es que no tengo tiempo”… Y a todos les digo lo mismo: el tiempo no se tiene, se hace, se quita de otras actividades para poder dedicárselo a la escritura. Así que es mejor organizarlo bien para que puedas aprovechar unos minutos cada día a enfocarte en escribir. En este vídeo-post te comparto cinco recomendaciones para organizar tu tiempo de escritura.

Son pequeñas cosas que están en tu mano, porque solo con cambiar tus hábitos, notarás la diferencia. Pero advierto, no creo en las reglas estándar escritas en piedra para todos. Cada escritor/a es un mundo y lo más práctico (y productivo) es conocerse a uno mismo, testarse, ver qué cosas te funcionan mejor y repetirlas. Aquí van las acciones que yo realizo y me funcionan.

1. Agrupación de tareas en días

Organizo la agenda (en papel, soy una romántica) con antelación y coloco las tareas que voy a hacer en los siguientes días, divididos por categoría de trabajo: el lunes lo dedico a programar las redes sociales, el martes a escribir posts, el miércoles a leer manuscritos, el jueves a escribir ficción…O a veces lo fragmento en horas dentro del mismo día: dos horas para escribir, dos para leer… Si solo tienes media hora para escribir al día, márcala en tu agenda, deja ese espacio reservado única y exclusivamente para escribir. La idea de agendar el tiempo de esa tarea es “sitiar” al cerebro, decirle que te vas a concentrar solo en escribir, en enfocarte en un único tema, aunque sea un rato reducido.

2. Poner plazos

Trabajar con fechas en España es duro, lo sé… Mientras que en otros países es algo lógico marcarse plazos, aquí lo dejamos todo para el último día. Siempre que me piden algún texto o informe, pregunto ¿Para cuándo? No he encontrado otra forma de poder organizar mi trabajo y sobre todo de desmenuzar las tareas que conlleva un proyecto. Además, tener un objetivo temporal me sirve para luchar contra la resistencia y la procrastinación, que son miedos a si seré capaz de hacerlo, a qué pasará si… voy acallando a mi “juez” interior marcándome objetivos medibles y acotados por el reloj. Si vas dejando tu novela para cuando tengas tiempo, créeme, nunca lo vas a tener. Ponte una fecha, escríbela por todas partes, hazte una camiseta, cuéntasela a tu gente o tatúatela… Es la única forma de que te comprometas con tu escritura.

3. Levantarse pronto o acostarse tarde

¿Eres alondra o búho? ¡Cuántas veces habré escuchado esta frase! Me levanto entre 7:00 – 8:00 de lunes a viernes. Me gustaría hacerlo antes, pero soy búho hasta la médula, y a mis años ya me he dado por vencida. ¿Por qué tengo que madrugar si es lo más parecido a que me arranquen el hígado? Hay gente que es más productiva a las 6 de la mañana y otras personas que están a tope a las 10 de la noche. Yo estudié toda la carrera de noche y sigo viva. Adoro el silencio de la oscuridad y mi cabeza funciona mejor según va avanzando el día. Escribe cuando estés más despierto, si es antes de ir a trabajar por las mañanas o al volver del trabajo por la tarde o cuando la familia duerme, lo deciden tus biorritmos. Y seguimos con las recomendaciones para organizar tu tiempo de escritura.

4. Elegir un espacio

Somos animales de costumbres. Incluso cuando éramos una tribu nómada, elegíamos una cueva para resguardarnos de la lluvia. Como te decía en el punto anterior, prefiero el silencio así que muchos días trabajo en la biblioteca que hay cerca de mi casa. Me ayuda a concentrarme y me “obliga” a no estar haciendo llamadas o cogiendo el teléfono, que puedo hacer en otros momentos del día. Pero conozco escritores/as que escriben en cafeterías con gente, en trenes (sin vagón de silencio), en su casa con la televisión puesta o encerrados en un cuarto sin ventanas. Siempre que tengas adquirido el hábito de escribir, lo harás en cualquier parte, aunque yo soy partidaria de tener “una habitación propia”.

5. Cerrar las redes sociales y el resto de programas

Qué difícil es esto, sobre todo si trabajas como yo en proyectos online. La idea es la misma que en el primer punto: concentrarse en la tarea sin distracción. Mensajes que entran y necesitas contestar ya o sucede una desgracia en el mundo, gente que te saluda por el chat… Si eres de los que escriben a mano, lo tienes mucho más fácil. De momento el cuaderno y el boli no tienen conexión a internet.

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“Posición de tiro” de Ramón Rodríguez

Desde la mirada del asesino

Gracias a mi faceta de lectora profesional tengo el privilegio de poder leer con antelación unos cincuenta manuscritos al año (telita) de los que solo un pequeño porcentaje llegan a ver la luz. Bien porque alguna editorial decide publicarlo o bien porque el/la autor/a que ha solicitado mi informe de lectura, se lanza a la piscina y lo autopublica. El caso de “Posición de tiro” de Ramón Rodríguez es un ejemplo de los segundos y tuve la fortuna de que cayera en mis manos (y mis ojos) en 2018 antes de que lo leyera nadie más. Aún siendo un primer borrador, me pareció un texto redondo, rebosante de buenas ideas en lo que concierne al argumento, la voz del narrador, la ambientación y la interacción entre los personajes.

La gran baza de este thriller es la narración en primera persona, la capacidad que tiene la novela para meterte en la cabeza de un asesino a sueldo que prepara con minuciosidad su trabajo, consciente de que cualquier fallo diminuto puede dar al traste con sus planes. Si partimos de que la buena ficción no solo cuenta historias, sino que también intenta comprenderlas más que juzgarlas, esta novela cumple con creces la premisa. Entenderás cómo funciona la mente de este francotirador sin escrúpulos… hasta que una chica desconocida tambalea su esquema de valores.

Una novela cinematográfica

No olvidemos que su autor, Ramón Rodríguez, es guionista, luego no podía ser de otra manera que su narrativa visual y cinematográfica acabara impregnando su faceta literaria. De hecho, recuerdo que le comenté en el informe de lectura que podría plantearse también escribir el guion de una película. ¿Por qué no?

En esta novela negra abunda la tensión y los giros imprevistos sustentados por una buena estructura y tiempo interno. Las escenas que transcurren durante la búsqueda de la posición idónea de tiro son un perfecto manual descriptivo. Tiene un subtexto potente, que le da profundidad al relato más allá de la anécdota. La “historia B” de crecimiento y redención del francotirador hilvana muy bien la trama. Y es un relato universal que llega al corazón del lector, una historia impactante que, de verdad, no deja indiferente a quien la lee. Te agarra la emoción desde la primera página. A pesar de lo “extrañas” que pueden parecer las motivaciones y las acciones de un francotirador, la historia está empapada de verdad.

Personajes imposibles de olvidar

Otro de los grandes hallazgos de la novela son sus personajes. El protagonista es redondo, de carne y hueso, perfectamente construido, con un millón de aristas y de sombras. Todo lo vemos a través de sus ojos. Ejercicio complicado el de narrar en primera, pero el autor consigue a través de la contención que esa voz se clave en la mente del lector y sea coherente a lo largo de toda la narración. Su trabajo, como él mismo dice, es esperar. Y en esos momentos de espera, reflexionar sobre la vida, la muerte y la condición humana. Mostrar el paso de la frialdad a la empatía no es sencillo, pero el momento epifánico es tan sutil que se muestra entre líneas. El protagonista está rodeado de un coro de personajes igual de maravillosos como la paseadora de perros, los ladrones, los mafiosos, el portero… Sin caer en los tópicos ni en los lugares comunes. Realismo, crudeza y gotas de humor para una primera novela con una gran proyección.

Te gustará si…

  • Te apasiona el thriller negro.
  • Lo tuyo son las historias de asesinos a sueldo.
  • Quieres disfrutar de una narración trepidante y cargada de significado.
  • Te apetece engancharte y no poder dejar de leer.
  • Tienes interés por saber cómo es la vida cotidiana de un asesino.

“Posición de tiro”, Ramón Rodríguez

Disponible en Amazon


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¿Por qué fracasan los escritores principiantes?

Escribir no es fácil. Pensamos que sí porque todos aprendimos a hacerlo en la escuela. Pero enfrentarse a una novela o un relato, es abrir la puerta a la creación de un universo, a la transmisión de emociones y sentimientos que viven los personajes en ese mundo que has creado. Y eso no es nada sencillo. Requiere de técnica, tiempo, esfuerzo y dedicación. Durante los años que llevo dedicada a la escritura y al trabajo con autores y autoras, me he dado cuenta de que hay muchas personas que comienzan con ganas y fuerzas, pero pronto abandonan el proceso. Y he detectado tres posibles causas de por qué fracasan la mayoría de los escritores principiantes.

En este vídeo-post me pongo un poco seria, que no suele ser mi tono, para reflexionar sobre las razones de este abandono. No se trata de desanimar ni desmotivar a nadie, sino de poner encima de la mesa la cuestión del fracaso en el proceso de escritura, entendiendo fracaso como abandono.

1.- No sabemos cuáles son los objetivos por los que empezamos a escribir

Los objetivos son como el faro que alumbra nuestro viaje. Siempre hay que tenerlos presentes para cuando nos empiecen a flaquear las fuerzas. ¿Qué esperas de la escritura? ¿Por qué escribes? ¿Por pasión, por conectar con los lectores, por presentarte a concursos, por enviar tus trabajos a editoriales, por autopublicarte? Si es para hacerte rico y/o famoso con la escritura, ya te digo que este objetivo es bastante complicado de conseguir. 

2.- No queremos hacer el trabajo, solo nos gusta el resultado

Como en la vida, en ocasiones queremos el resultado, pero no hacer el trabajo para conseguirlo. Porque escribir conlleva muchas horas de dedicación. Y tendrás que renunciar a hacer otras cosas para dedicarle tiempo. Plantéate si estás dispuesto a darlo todo, a esforzarte por conseguir los objetivos que te has planteado. Sí, de los que te hablaba en el punto 1.

3.- No nos parece importante formarnos 

Como todos aprendemos a escribir de niños en el colegio, pensamos que sabemos escribir. Pero la realidad es que la ficción tiene sus propias reglas. Necesitas conocer las técnicas narrativas, los tipos de narradores y estructura, la creación de personajes… Puedes tener mucho talento, pero recibir una formación específica de narrativa, es fundamental para avanzar. Además, estar vinculado a compañeros apasionados por la escritura, te dará un plus para no desmotivarte. Poder mostrar tus textos en clase te permite recoger su feedback, si funciona o no un determinado relato, si la historia emociona, si habría que cambiar algún párrafo para darle más ritmo… En definitiva, te ayuda a estar conectado con la escritura para no abandonar. Porque estoy segura de que tienes un millón de cosas más en tu vida a parte de escribir.

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“Las hormigas también gritan”

las hormigas también gritan

Jugar con el hormiguero

¿Quién no ha jugado de niño a meter un palito en un hormiguero y observar cómo los insectos se revolucionan? O a pisar el reguero de esforzadas trabajadoras que se dirigen a su agujero cargadas de comida. Lo hemos hecho todos, sí, tú también, aunque ya no lo recuerdes. Pero si hubiésemos podido escuchar sus alaridos por las compañeras muertas o por el grano de trigo desperdiciado, seguro que hubiéramos dejado en paz a estos diminutos seres. Porque “Las hormigas también gritan” o al menos es lo que nos propone su autor, Ignacio Rubio Arese, en esta colección de microrrelatos.

En este libro hay hormigas literatas que beben de multitud de géneros y fuentes, hormigas imaginativas que recrean baobas, bicicletas, ventrílocuos y hasta partisanos, hormigas guerreras que coquetean con la violencia y la muerte. El lector asiste a las idas y venidas de estas curiosas criaturas por sus túneles como un observador privilegiado que estuviera delante de un terrario.

Hormigas tan parecidas a nosotros

Además de gritar, estas hormigas tienen una infancia muy parecida a la nuestra, o al menos a la de la generación nacida en los ochenta, esa del balón de Naranjito, de carreras de chapas y de canciones de Rosa León. El hallazgo de estas minificciones es la mezcla tan rara de referentes, desde Machado, hasta el Capitán América, pasando por las películas de indios y vaqueros, el cubismo o la Guerra Civil. O quizá tampoco es tan extraña, porque ya se sabe que lo siniestro no es más que lo extraño en lo familiar. El lector va saltando de sorpresa en sorpresa, de microhistorias que conforman todo un mundo de sensaciones, de ositos de felpa y recreos jugando a las canicas.

Debut literario

Dice el autor de “Las hormigas también gritan” en la biografía de la solapa que quería ser bombero, mosquetero y torero, y acabó siendo profesor de secundaria que también tiene un poco de apagafuegos, espadachín y diestro del capote con los adolescentes a los que enseña.

Y para terminar, un poco de making of de esta reseña. Resulta que el escritor, o sea Nacho, me encontró en ese gran bazar de microficciones que es Facebook. Pero dio la casualidad de que ya nos conocíamos de antes. ¿Cómo? Pues sí, yo no lo recordaba pero hubo un tiempo en el que bailaba swing (eso da para algo más que un microrrelato) y coincidimos en unas clases en Madrid. ¡Qué lejana me parece aquella época en la que se bailaba! En definitiva, ha sido un azar genial que este libro llegara a mis manos. Larga vida a tus hormigas, Nacho, y que sigan moviéndose al ritmo de la música como hacíamos entonces.

Te gustará si…

  • El microrrelato es tu género.
  • Lo tuyo son pequeñas grandes historias cargadas de imaginación y creatividad.
  • Te pone que te sorprendan en cada página con una narración diferente.
  • Crees que la infancia es uno de los territorios por excelencia de la ficción.
  • Te apetece una colección fresca, llena de vida y chispa.

“Las hormigas también gritan”, Ignacio Rubio Arese

Editorial Enkuadres

Diciembre de 2019


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¿Cómo enfrentarse a la hoja en blanco?

Seguro que más de una vez te has sentado a escribir sin tener mucha idea de lo que querías contar y has sentido el síndrome de la hoja en blanco, ese miedo al que hay que enfrentarse para poner la primera palabra y continuar tu historia. No esperes que aparezcan las musas o los duendes y te digan qué tienes que escribir. Es mejor trabajar de forma constante para evitar precisamente no sentir ese vacío. Entonces, ¿cómo enfrentarse a la hoja en blanco?

En este vídeo-post te comparto tres recomendaciones basadas en mi experiencia. Son hábitos que practico con frecuencia para tener siempre en mente ideas, personajes, argumentos… y no tener que esperar a ver si me viene la inspiración cuando me siento a escribir.

1.- Leer es la cura para todos los males

Leer te da ideas, es una gran fuente de inspiración. Por mi trabajo de lectora profesional, estoy constantemente leyendo manuscritos de diferentes géneros, además de libros ya publicados. Los fines de semana me gusta leer los suplementos y dominicales de los periódicos, esas revistas de temática variada que me resultan de lo más entretenidas. Siempre cuento que el personaje de mi novela “La mujer que vendía el tiempo”, surgió a raíz de la lectura de un artículo de la revista Yorokobu. Para que veas lo importante que es la lectura para un escritor.

2.- Apuntar lo que te resuene en un cuaderno de ideas

Anota en un cuaderno o documento digital todo aquello que te resuene, que te parezca interesante. Nunca sabes dónde te puede llevar esa idea. No hace falta que sigas un orden. De hecho, estoy convencida de que las mejores historias surgen de ideas cruzadas que a simple vista no tienen relación.

Otra fuente de inspiración es la calle, el día a día. Cuando escucho alguna frase o veo una imagen que me llama la atención, la apunto en una nota de voz del móvil o en la aplicación de recordatorios y luego la traspaso a mi cuaderno de ideas.

3.- Escribir todos los días, aunque sea un párrafo sin sentido 

La escritura es un músculo que se trabaja cada día. Si llevas mucho tiempo sin escribir no pretendas que el argumento de tu vida surja de la nada. Tienes que entrenar al menos diez minutos todos los días, realizar ese acto te lleva a crear un rutina. Y cuanto más habitúes a tu mente a escribir, más fácil será que aparezca la magia. No hace falta que escribas historias completas, puede ser pasar a un documento digital tus anotaciones del cuaderno de ideas, un párrafo que te ha venido a la mente, la descripción de un personaje, una conversación que has escuchado en el autobús…

Te animo a que pruebes estas recomendaciones durante un tiempo y a que practiques otra actividad artísticas que te suponga movimiento, por ejemplo bailar, pintar, cantar, hacer teatro… O correr, como es mi caso. Tu mente estará trabajando en un segundo plano para encontrar la salida a esa historia que te estás enfrentando.

Y si todo esto no surte efecto, igual tienes que estar un tiempo sin escribir, dejarlo pasar y flow… A veces nos empeñamos en lo que no puede ser o simplemente no es el momento. Como decía Cervantes:

Confía en el tiempo que suele dar dulces salidas a amargas dificultades.

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Tres características de los relatos cortos

Cuando hablamos de narrativa de ficción, lo primero que piensa cualquier lector es en la novela. Pero el gran público desconoce que existe un género muy exigente que es el relato corto. Aunque los límites entre los géneros están bastante difuminados y novela y relato se están mezclando, en este vídeo-post te comparto tres características de los relatos cortos que los distinguen del resto de narrativas. 

1.- La extensión

Este punto es algo obvio. El relato es mucho más breve que una novela. Puede ir desde una página hasta cuarenta más o menos, es decir, desde lo que se consideraría un microrrelato hasta una novela corta o nouvelle. En cambio, la novela supera las cien páginas normalmente. Hay algunas autoras del género relato corto que trabajan en una extensión bastante larga como pueden ser la Premio Nobel Alice Munro o Lorrie Moore.

2.- La condensación del tema

En el relato corto cada palabra cuenta. Al estar tan acotada la extensión, es importante contar solo lo imprescindible, sin irse por las ramas y sin florituras. No suele haber más de una trama y el argumento se concentra en el tema principal de la historia. Menos adjetivos y más sustantivos bien colocados.

3.- La historia B

Todo relato es mucho más que una anécdota. Tiene que tener un significado y un sentido profundo que lo convierta en un texto universal. Es muy importante que la “historia B” o subtexto esté escondida por debajo de lo que cuenta el argumento a simple vista. Y por supuesto, como en todo texto de ficción tiene que tener un conflicto y una transformación del personaje protagonista. El relato corto cuenta con un desarrollo, un nudo y un desenlace, es decir, es una unidad de significación completa. Pero cuando adquiere su verdadera complejidad es dentro de un libro de cuentos que traten la misma temática o estén unificados por el estilo.

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“Una piscina en la bodega” de Carmen Sogo

La humedad de lo cotidiano

Piscina, bodega, grifo de agua corriente, playa, lluvias e incluso cerveza. Todos los grados de humedad están presentes en este libro de relatos que narra historias de una España múltiple y a la vez inmutable. Un viaje en el tiempo, desde el presente hasta principios del siglo XX es lo que nos proponen los cuentos de “Una piscina en la bodega” de Carmen Sogo.

Como si la autora utilizara una moviola hacia atrás, van pasando por nuestra pantalla las vidas de mujeres y hombres que se empeñan en salir adelante a pesar de todo, en superar las piedras que se van encontrando en el camino. Momentos fugaces, pero reveladores, plagados de emociones diseccionadas con un potente bisturí lírico.

Detalles mínimos y atmósferas sugerentes

Los personajes de las historias que conforman “Una piscina en la bodega” nos hablan del hambre y la riqueza, de la servidumbre y la libertad, del vértigo y la firmeza, del sexo y la ingenuidad, del campo y las ciudades, territorios contradictorios y unidos con el pegamento de lo mínimo. Escenarios sugerentes y atmósferas que envuelven al lector porque resultan reconocibles y a su vez extraños, como expulsados del tiempo y del espacio. Seres de carne y hueso que claman por contar su verdad y como dice la protagonista de uno de ellos, “Si pudiera elegir me pasaría el resto de mi vida inventando cuentos”.

Escritora entre dos elementos, el agua y el aire

Publicado por La Colección El pez volador, nacida en abril de 2013 en el entorno del Taller de Escritura Creativa de Clara Obligado.  El sello se ha convertido en una cantera de autores/as de relato corto de gran calidad. La autora de este libro es un ejemplo más de esos/as escritores/as que están a medio camino de dos elementos, que nadan y vuelan, que no encuentran lugar en un espacio cuyo discurso excesivamente comercial va en contra de la producción literaria.

Te gustará si…

  • El relato corto es tu género.
  • Las historias con atmósferas y escenarios bien trazados te resuenan.
  • Crees que se puede escribir con elementos minúsculos.
  • Quieres conocer la historia de España a través de una mirada personal.
  • Te apetece una Literatura diferente, fuera de los márgenes.

“Una piscina en la bodega”, Carmen Sogo

Colección El pez volador

Madrid, febrero de 2020


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“Si esta calle fuera mía” de Stefanie Kremser

Si esta calle fuera mía

Por las calles de la vida

Cuando leí este libro en febrero de 2020 quedaban escasas semanas para comenzar el confinamiento por la pandemia en España. Quién se iba a imaginar lo que ocurriría durante los siguientes tres meses y la relevancia que iban a cobrar las calles en nuestras vidas. De nuevo, la realidad superó con creces a la ficción y nos ha devuelto a algo que los medios llaman “nueva normalidad”. Pero este post no va del dichoso virus, va de “Si esta calle fuera mía” de Stefanie Kremser, una delicia de narración autobiográfica que lleva el subtítulo de “Relatos sobre llegadas y despedidas”.

Y eso son exactamente, un conjunto de narraciones cortas que se van hilvanando a través del tiempo y del espacio para crear la historia de la vida de la autora. Desde su infancia en Gierath y Sao Paulo hasta su actual residencia en Barcelona, vamos visitando (y recreando) ciudades de cinco países distintos entre América y Europa. Un viaje cosmopolita y contradictorio, en el que se mezclan los patrones culturales, sociales y políticos para conformar la biografía multimigratoria de la autora. Yo solo he vivido en dos ciudades distintas del mismo país y sin embargo, me puedo imaginar el cambio vital que se produce entre mudanza y mudanza, que en el caso de Kremser asciende a veintidós direcciones distintas.

Una reflexión sobre la memoria

Dicen que tu hogar está donde está la gente que amas. Yo no estoy muy de acuerdo con esta frase y después de leer “Si esta calle fuera mía”, me reafirmo en la idea de que puedes crear en cada calle de cada ciudad, un lugar acogedor en el que sentirte como en casa. Basta con hacer limpieza en cada mudanza, hacerse amigo de la incertidumbre, absorber cada instante y tener bien atada la memoria, ese hilo rojo que va conectando nuestro pasado, presente y futuro y va conformando lo que somos. Porque los lugares también tienen memoria. Pero, ¿dónde están el norte y el sur, si la tierra gira constantemente por el todo?, se pregunta la autora.

Adónde voy, de dónde vengo

Otros temas presentes en estas calles de Kremser son el desarraigo, la identidad, la infancia con su dulce ignorancia (“la infancia es un mundo particular al que jamás se puede volver”), la complejidad para narrar de manera ordenada la caleidoscópica existencia que no es más que la suma de diferentes etapas, de todos esos yoes que somos capaces de recordar a través del tiempo, la certeza de que lo vivido nunca es lo que guardamos en la memoria. Y sobre todo, la necesidad de contarse a uno mismo para no perderse por el dédalo de callejuelas que acaba siendo nuestra vida.

Te gustará si…

  • La autoficción es tu género.
  • Las historias sobre la identidad y la memoria te resuenan.
  • Crees que la vida es un viaje.
  • Quieres un libro entretenido y con una fuerte carga de profundidad.
  • Te apetece leer Literatura que te haga reflexionar.

Si esta calle fuera mía, Stefanie Kremser

Editorial Entre Ambos

Traducción de Palmira Feixas

Barcelona, enero de 2020


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Espero que esta reseña te anime a leer la narración autobiográfica y si la lees, por favor déjame un comentario. Si te ha gustado, me harás muy feliz compartiendo este post con quien creas que le puede interesar.