¿Para qué sirven los epígrafes?

¿Para qué sirven los epígrafes? Esas frases que encontramos en los libros que estamos leyendo y nos resuenan, nos atrapan y nos las “apropiamos”. ¿Son útiles para encabezar un relato o una novela? ¿Los utilizas antes de ponerte a escribir?

Puede resultar un asunto obvio, pero los epígrafes tienen más importancia de lo que parece a simple vista. Sirven para tres funciones principales:

  1. Enfocar el tema. A veces es demasiado abstracto lo que estamos contando y no encontramos las palabras exactas para expresarlo. Por eso, recurrir a frases de otros autores/as nos puede abrir los ojos, dar una nueva perspectiva o aterrizar nuestros pensamientos antes de ponernos a escribir.
  2. Dan pistas al lector. Sugieren el contenido de lo que nos vamos a encontrar dentro de esa historia. También expresan el pensamiento o la idea que ha motivado a escribirla.
  3. Inspirar y motivar. Hay otros autores que han llegado a la misma (o parecida) conclusión que nosotros. Recurrir a sus palabras hace que el proceso de escritura se convierta en un diálogo con otros/as escritores/as. Porque al fin y al cabo, la literatura son vasos comunicantes, es la retroalimentación entre las historias de unos y de otros.

Te animo a que hagas un listado de las frases que más te gusten y las guardes para encabezar posibles relatos o novelas. Ya verás como te sirven de faro para dar luz a tus historias.

Ahora dale al play si quieres saber para qué sirven los epígrafes. Y déjame un comentario aquí debajo o en mi canal de YouTube si tienes alguna duda o consulta.

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¿El antagonista puede ser algo no físico?

A lo largo de los meses, voy recopilando las dudas sobre escritura que me llegan por email, a través de comentarios en YouTube o del blog. Y en agosto, el mes de vacaciones por excelencia en España, me gusta convertirlas en vídeos muy cortos, de aproximadamente un minuto, para dar respuesta a las que me parecen más interesantes o que no he tratado antes en mis contenidos. Así que a los próximos cuatro posts les llamaremos dudas exprés veraniegas. Y vamos con la primera, ¿el antagonista puede ser algo no físico?

¿Algo no físico?

¡Por supuesto! El antagonista suele ser un ser físico. Pero no necesariamente. También puede ser un condicionante mental como miedo, inseguridad, desconocimiento, dudas, etc… Es decir, un oponente interno del protagonista que impida que consiga lo que se propone en tu historia. Este tipo de antagonista es más difícil de crear porque, al ser algo no físico, tendrás que ingeniártelas para transmitir al lector las emociones y sensaciones que provoca este tipo de “adversario” en tu personaje protagónico.

También puede ser algo externo pero no visible. Por ejemplo, un dios-demonio por encima de todos los personajes que maneja los hilos de tus criaturas.

Antagonista sí o sí

Lo más importante es que en tu novela nunca falte un antagonista. Ya sea una persona o ser tangible externo a tu protagonista. O algo inmaterial, mental o invisible que condicione la búsqueda del personaje principal. Siempre, siempre, tienes que crear algo o alguien que se oponga a los deseos y los objetivos del protagonista. Porque sin conflicto entre fuerzas opuestas, no hay literatura.

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¿Por qué hacer una escaleta antes de escribir tu novela?

Antes de lanzarte a escribir la historia que llevas dentro, es importante que recapacites y planifiques el viaje que vas a empezar. Si antes de poner las primeras frases no reflexionas sobre lo que vas a contar, es probable que llegues a un momento de la historia en el que no sepas cómo seguir, te aburras, desmotives y acabes abandonando la novela. Es una de las razones por las cuales muchos escritores principiantes no terminan las obras que empiezan. Pero, ¿hay más razones? Y antes de eso, ¿qué es una escaleta de contenido? Y ¿por qué hacer una escaleta antes de escribir tu novela?

¿Qué es una escaleta de contenido?

La escaleta de contenido de una novela, al igual que la de un guion cinematográfico o de una serie, sirve para planificar los puntos básicos de la narración, como si fuera una hoja de ruta o un GPS que te ayude a no perderte por el camino.

Cuando he escrito este post y grabado el vídeo que le acompaña (en julio de 2020), he visto la tercera temporada de la serie Dark, una auténtica locura alemana sobre las implicaciones existenciales de los viajes en el tiempo y sus efectos sobre la vida de los protagonistas. Creo que es uno de los guiones más complejos que me he encontrado últimamente, con mil giros, mismos personajes que viven en distintas épocas y saltan dimensiones temporales, agujeros de gusano que conectan ciclos de treinta y tres años, el gato de Schrödinger… y un sinfín de subtramas que se fagocitan. Me imagino cómo habrán escrito los guionistas esa escaleta para no perderse en la estructura y seguir la línea de cada uno de los personajes. Verdaderamente complejo si no tienes un esquema inicial que una todos los puntos.

¿Por qué es importante hacer una escaleta antes de escribir?

Este esquema o resumen de tu novela lo puedes hacer en Excel, en Word, en Scrivener… pero lo fundamental es que este documento recoja en cada columna la sinopsis de los capítulos, los personajes que van a aparecer y los sentimientos y emociones que se van a transmitir en ellos.

Sirve como ejercicio de recapacitación y reflexión sobre lo que quieres contar en tu novela. Y hay más razones:

  • Ahorro de tiempo. Es una hoja de ruta planificada que une todos los puntos por los que vas a pasar en tu novela. Es tu GPS. Si dejas de escribir durante días o semanas, siempre tendrás tu esquema y podrás volver justo al momento en el que dejaste de escribir.
  • Dosificación de la información. Si tienes perfilado más o menos cada capítulo, podrás ir dándole al lector el contenido justo en cada momento. Podrás ver de un solo vistazo si estás dando información de más o de menos.
  • Marcar el ritmo y la tensión narrativaSi conoces con antelación lo que le va a ocurrir a tu protagonista, los obstáculos y conflictos (aunque a lo largo del proceso de escritura surjan más tramas o personajes), podrás tener las riendas de la narración y marcar el paso sin dejarte arrastrar por una historia que acabe descarrilando.

Ahora dale al play si quieres saber más sobre por qué hacer una escaleta antes de escribir tu novela. Y déjame un comentario si el tema te resuena.

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¿Qué es un informe de lectura profesional?

En este post anterior te comentaba en qué consiste el trabajo de lector profesional. Se trata de una figura muy importante en el ámbito de las editoriales y agencias literarias porque sirve de filtro entre el manuscrito del autor y el editor o agente. Bien, ¿y cómo se materializa su trabajo? En un informe de lectura que presenta a las editoriales, agencias o a los/as autores/as que se lo solicitan directamente. Entonces, ¿qué es un informe de lectura profesional?

¿Qué es un informe de lectura profesional?

También lo encontrarás nombrado como informe editorial. Es un documento que refleja los puntos principales de un manuscrito. Lo solicitan las agencias literarias, editoriales o autores/as particulares con el fin de valorar una obra, conocer si tiene peso específico para ser publicada, saber cuáles son sus puntos fuertes y débiles y obtener una puntuación literaria y comercial. Sirve para dar pistas al agente, editor y autor/a sobre el potencial que tiene el manuscrito, su salida comercial y los lectores que podrían estar interesados en el libro.

¿Qué incluye un informe de lectura profesional?

Cuando la lectura se realiza para una editorial o para una agencia literaria, estos son los apartados que no pueden faltar en el informe:

  • Sinopsis de la obra. Es un breve resumen del argumento para que el editor/agente se haga una idea del tema principal de la historia.
  • Impresiones y valoración personal. Es uno de los aspectos que más valoran las editoriales. ¿Qué te hace sentir un libro, qué emociones te provoca? ¿Lo comprarías, lo recomendarías…?
  • Puntos fuertes y mejorables. Este apartado ayuda sobre todo a los autores porque pueden hacerse una idea del valor de su historia y de aquellas cosas en las que flojea y podría mejorar. Si te interesa saber cuáles son los principales puntos débiles que encuentro en los manuscritos, lee este post.
  • Lugar, época y ambiente de la acción. Las coordenadas espacio-temporales en las que se ubica la historia.
  • Género y público objetivo. ¿Quién sería el lector ideal de ese libro? ¿Sería sencillo catalogarlo en algún género? Este punto aporta tanto a la editorial para saber si el manuscrito encajaría en su mercado, como para un autor que quiere autopublicarse y necesita buscar su nicho de potenciales lectores.
  • Personajes. Cómo están construidos, sus motivaciones y actantes, su psicología, las relaciones entre ellos, los protagónicos y los secundarios…
  • Tono y estilo. La voz del narrador, el lenguaje utilizado, la estructura, el tempo interno de la trama…
  • Valoración comercial/valoración literaria. Normalmente es una puntuación del 0 al 10.

Estas cuestiones varían en función de si es una lectura para una editorial o agencia que solicita un trabajo específico (a veces requiere más profundidad en uno u otro punto) o si es un informe directo para un autor que en ese caso se trabaja más sobre los aspectos a mejorar.

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¿En qué consiste el trabajo de un lector profesional?

Cuando hablo con personas que no pertenecen al mundo editorial y les cuento que soy lectora profesional, me miran con cara de extrañeza y me preguntan, ¿te pagan por leer? Sí, me pagan por leer en cualquier parte del planeta. La figura del lector profesional es muy importante en el ámbito de las editoriales y agencias literarias porque sirve de filtro entre el manuscrito del autor y el editor o agente. Pero, ¿en qué consiste el trabajo de un lector profesional?

¿Quién es el lector profesional?

Es la persona que lee con criterio literario y comercial el borrador de un libro y valora si es apto para ser publicado, en base a una serie de parámetros establecidos en un informe de lectura. Fuera del mundo editorial es una figura muy desconocida.

El proceso sería el siguiente: El autor termina de escribir su manuscrito y lo envía a una editorial o a su agente. Ellos son los que deciden que debe ser leído por un lector externo que valore los puntos débiles y fuertes de la obra. El informe de lectura es el documento que elabora el lector después de haber leído el contenido. Recoge facetas como la sinopsis, las impresiones y la valoración personal del lector, la revisión de la estructura, los personajes, la temática, el estilo y el tono… así como las posibles editoriales en las que podría encajar (en el caso de una agencia literaria), el género, el público objetivo al que podría ir dirigida y una puntuación numérica (del 0 a 10), literaria y comercial.

¿Qué formación tiene un lector profesional?

Normalmente, los lectores trabajan como freelance para editoriales, agencias literarias o, como en mi caso, para autores/as que me contactan a través de mi página. Suelen venir del mundo de las letras (filólogos, periodistas,…) y tienen formación a través de escuelas online, master de edición, doctorados de literatura… Aunque más importante que una titulación oficial, lo que se valora en un lector a la hora de trabajar es su bagaje de lecturas y su experiencia en el mundo editorial. Hay que haber leído mucho, muchísimo, y te tiene que gustar horrores la literatura, para saber si un manuscrito tiene el valor literario y comercial como para ser publicado.

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¿Qué puedes aprender de los grandes clásicos?

En este vídeo-post te comparto varias enseñanzas que puedes extraer de los libros de toda la vida, esos que conoces de sobra y nunca te has parado a leer. A lo mejor has visto una adaptación cinematográfica o una serie de televisión, pero no has leído la obra completa. ¿Qué puedes aprender de los grandes clásicos?

El verano es una época perfecta para leer a los clásicos del siglo XIX, ya que tienen un tempo y un ritmo muy distinto al que nos tienen acostumbrados las redes sociales o las plataformas de streaming. Requieren de una lectura pausada y tranquila, dado que en estos clásicos abundan las descripciones de ambientes y la recreación de los detalles.

Aquí te propongo cinco más que conocidos. ¿Por qué? Por eso mismo, porque los damos por conocidos. Porque nos sabemos el argumento, hemos visto mil películas sobre ellos, pero ¿de verdad, los hemos leído? Y lo mejor de todo, ¿sabemos qué nos pueden enseñar? ¿Qué trucos utilizan los grandes autores? ¿Qué podemos “apropiarnos” de ellos para nuestra escritura?

Frankenstein, Mary Shelley

En el mismo verano en el que Polidori daba forma a su Vampyre, Mary Shelley dio a luz a su criatura. Alojados en dos villas junto a las orillas del lago Lemán (la famosa Villa Diodati), cerca de Ginebra, el círculo de amigos de Shelley pasaron aquel tormentoso, frío y oscuro verano contando historias de fantasmas y charlando en lugar de hacer excursiones o navegar. Habría que ver a la pandilla… De esa oscuridad nacerían las pesadillas y el arte, sumidos en ese caldo decimonónico de superstición, religión, razón, ciencia y romanticismo. Es un texto principalmente filosófico, que hace reflexionar sobre el sentido de la existencia, la figura del creador y la divinidad, la maldad y la fealdad, el miedo a lo desconocido… Es una novela de la que no se sale indemne.

Cumbres Borrascosas, Emily Brontë

Publicada por primera vez en 1847, ha dado lugar a mil  adaptaciones, incluyendo varias películas, dramatizaciones radiofónicas y televisivas, un musical, telenovelas y canciones. Todos tenemos en la cabeza que es la gran historia de amor, el super culebrón que no puede superar ningún serial colombiano…Pero nada más lejos de la realidad. Cumbres Borrascosas es una historia oscura y atormentada con una estructura innovadora para su época, que se suele comparar con un conjunto de muñecas de matryoshka, y que dejó a los críticos boquiabiertos. Por supuesto, se ganó el mito de incomprendida, tanto la obra como la autora. Si quieres aprender sobre descripción de ambientes y pintura de los espacios, sumérgete en la finca Cumbres Borrascosas y la Granja de los Tordos. Y seguimos con qué puedes aprender de los grandes clásicos.

Madame Bovary, Gustave Flaubert

He de reconocer que es de esos clasicazos con los que nunca me atreví por su tamaño. Hace pocos años lo leí durante el verano en la playa y me enamoré del personaje. Bien es cierto que es una obra realista con un comienzo bastante lento para mi gusto. Pero que tiene tantas capas de significado profundo en Emma que tendré que volver a leerla para exprimir al máximo su épica y su alegoría. Si quieres aprender cómo se construye la psicología de un personaje con todas sus aristas y redondeces, esta es tu novela. Solo la escena maravillosa de Emma con su amante dentro del coche de caballos, esa elipsis que Flaubert utiliza para contar la escena de amor pasional de los protagonistas, es una de las cumbres de la literatura. Magistral: lee y “copia”.

Historia de dos ciudades, Charles Dickens 

De este maestro habría que leerlo todo porque es un grande en la construcción de “culebrones”, de relatos con unos personajes inolvidables, de argumentos universales y “copiados” hasta la náusea. Si quieres aprender a estructurar y a crear una trama que enganche, ya sabes. Pero ¿por qué esta novela? Primero, porque tiene el comienzo más maravilloso de todos los tiempos. Y segundo, porque es un poco diferente a las demás que escribió. En su mayoría eran historias protagonizadas por niños o adolescentes que pretendían denunciar a la sociedad británica de la época y las consecuencias de la industrialización. Pero en esta novela histórica se narra la vida en el siglo XVIII. Se desarrolla entre Londres y París, en los comienzos de la Revolución Francesa. Fue publicada en la revista All the Year Round (fundada por el propio Dickens, ¡¡qué crack!!) en 31 entregas semanales entre abril y noviembre de 1859.​ Fue la primera publicación de la revista con una enorme aceptación. Llegó a tener una tirada de 120.000 ejemplares. Un bestseller en toda regla, ¡vaya!

Y ahora vamos con el último qué puedes aprender de los grandes clásicos.

Drácula, Bram Stoker

¿Qué te voy a contar que no sepas del vampiro? Se han cumplido ya más de 120 años de la publicación de la novela y es alucinante lo bien que se mantiene, no solo el mito, sino la estructura del relato. Parece que fue escrito ayer. Si la lees, te vas a enamorar de los usos de la primera persona y el manejo de los puntos de vista. El recurso de contar la historia a través de cartas, telegramas, diarios de a bordo, recortes de periódico y otras pruebas escritas, ordenadas “luego” de forma cronológica, era algo ya muy visto en el siglo XIX. Lo habían hecho Frankenstein o Wilkie Collins, el pionero de la narrativa detectivesca, en La piedra lunar. Stoker escribía entonces para sacarse un dinero extra, novelas y relatos de corte sensacionalista, gótico y de terror que gustaban mucho a sus contemporáneos. Tras varios años interesado por el folklore europeo y tras absorber varias lecturas e influencias, construyó la novela que ha sentado las bases de lo que entendemos actualmente por un vampiro, a pesar de que para entonces ya existían Carmilla de Sheridan Le Fanu, Varney the Vampire de James Malcolm Rymer, y el Vampyre de John Polidori. Hay que decir que la película de Francis Ford Coppola es la versión que más se acerca al libro, aunque con un punto más romántico.

Ahora dale al play si quieres saber más sobre qué puedes aprender de los grandes clásicos. Y déjame un comentario si se te ocurre algún clásico más del siglo XIX.

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¿Con qué criterios leen los escritores?

Una de las claves fundamentales para aprender a escribir es leer, leer y leer. Pero, ¿te has parado alguna vez a pensar cómo leen los escritores? ¿Si tienen algunos criterios o pautas para adentrarse en la lectura? En este vídeo-post te comparto una serie de recomendaciones para que puedas leer con un cierto orden y no te pierdas en la ingente cantidad de libros que podrías escoger. Basado en la forma en la que leen los que se dedican profesionalmente a la escritura, porque ¿con qué criterios leen los escritores?

Cada uno tiene su método y su lógica, pero las pautas siguientes te pueden servir como recomendaciones para organizar tus lecturas (porque, seamos sinceros, nunca jamás podremos leer todo lo que se ha publicado y lo que se publica cada año).  Y sobre todo, para aprender de los autores y las autoras que han recorrido antes el camino que tú estás iniciando en la escritura. Para “apropiarte” de aquello que te gusta y que podrías adaptar a tu forma de escribir.

1. Elegir una época histórica

Así puedes aprender el contexto socio-cultural de esa época, de los autores que vivieron en ese momento histórico, por ejemplo, Antigua Grecia, Roma, Siglo de Oro, siglo XIX… Este método te permite también conectar diferentes regiones o países. Mientras en España se escribía El Quijote, ¿qué escribían en Francia o en Inglaterra?

2. Especializarte en un solo autor o autora

El inconveniente que tiene este criterio es que te tiene que gustar muchísimo ese escritor/a porque si no acabarás saturado. Recuerdo que un verano me leí todos los cuentos de Carver y acabé algo cansada, a pesar de mi enamoramiento por este autor. Pero la ventaja es que de esta forma puedes conocer en profundidad su obra, sus temas, sus estructuras, personajes… y convertirte en un verdadero experto.

3. Leer todos los autores de una corriente literaria

Leer todos los autores/as de una determinada etiqueta literaria, adentrarte en el realismo mágico, el gótico sureño, el realismo sucio, la Generación del 27,… te permite también aprender sobre las vidas de esos escritores y los diferentes lugares en los que han vivido, sus conexiones entre ellos y el impacto sobre corrientes posteriores.

4. Hacerte experto en un género literario

Este criterio te permite convertirte también en un experto de ese género, si lo haces de forma sistemática, así como de los autores que se enmarcan en él, de diferentes lugares y épocas. Especializarte en ciencia ficción, terror, relato, novela negra, de detectives…

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¿Cómo resolver un final Deus ex machina?

¿Te has metido alguna vez en un final sin salida? Seguro que escribiendo una historia, has liado tanto los hilos de la trama que no has sabido resolverla. Has acabado en el típico desenlace fallido, conocido como “Deus ex machina”. En este vídeo-post anterior te hablo sobre qué es este tipo de final y por qué se suele producir. Y ahora te cuento tres formas de resolverlo. Para que puedas verlo venir con antelación y puedas corregir el rumbo de tu historia sin defraudar a los lectores. ¿Cómo resolver un final Deus ex machina?

1. Cambia las reglas del juego

Decía Chejov algo así como que si sacas una pistola cargada en el primer párrafo de tu relato, esa pistola tiene que ser disparada. Esto quiere decir que todo elemento que incluyes en tu historia tiene que ser relevante y congruente con lo que estás contando. Deus ex machina sería lo contrario, es decir, meter un elemento que no ha aparecido antes en la trama, sin haber dado pistas al lector, pero que resulta ser lo que resuelve todo el conflicto. Llamémosle pistola, personaje espontáneo, fuerza externa, dios, azar, sueño, etc…

Toda historia de ficción sigue unas reglas determinadas, haces un pacto con el lector desde la primera frase. Si estás escribiendo una novela realista histórica y luego la resuelves en el plano de la fantasía, el lector se verá defraudado porque no entenderá de dónde ha salido ese final. Luego si has caído en un Deus ex machina, tendrás que volver atrás y cambiar las reglas de tu historia para que toda la trama sea congruente de principio a fin.

2. Dar pistas al lector

Otra manera de resolver un Deus ex machina es dar pistas al lector, ir dejando miguitas de pan en forma de elemento o personaje que luego vaya a resolver el conflicto. Por ejemplo, crear una trama o subtrama con ese personaje que va a ser la pieza final.

En una novela negra quedaría muy feo si el asesino no sale hasta la última página. Habría que anticiparlo, de forma sutil, a través de una subtrama dedicada a él, pistas falsas, una aparición para contactar con el investigador/detective… Lo que sea pero que no parezca que al final te lo has inventado porque no sabías cómo resolver el barullo en el que te habías metido.

3. No caer en él, obvio 🙂

¡Bravo, Nuria! Grandísima aportación. No, ahora en serio. Con esto quiero decir que te sientes a recapacitar antes de escribir y planifiques dónde quieres llegar. Nada más comenzar, es importante esbozar el capítulo final. Al menos cómo quieres que termine el personaje de tu historia, con qué emoción, en qué situación o qué sensación quieres que tenga el lector cuando cierre tu libro. Eso actúa como un GPS: el comienzo es el punto A y el destino el punto B al que tienes que llegar. Si sabes dónde quieres llegar, te resultará más fácil poner el punto final.

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¿Qué es un final llamado Deus ex machina?

Seguro que alguna vez escribiendo una historia, has liado tanto los hilos de la trama que no has sabido resolverla. O has creado tensión y momentos de conflicto en tu relato, pero se ha complicado tanto que el final era irresoluble. En este vídeo-post te hablo de desenlaces fallidos, como por ejemplo el conocido “Deus ex machina”. Pero, ¿qué es un final Deus ex maquina?

Dios baja de una máquina

Es una locución latina que proviene del teatro griego y literalmente significa “Dios baja (sale) de una máquina”. Los autores griegos recurrían a un actor que hacía el papel de dios y que entraba en escena montado en una grúa (máquina). Este personaje que “surgía de la nada” era el encargado de resolver todos los embrollos de la tragedia. En el sistema de valores de los griegos, no estaba mal visto que un dios externo solucionara todos los problemas de la historia. Pero actualmente, los lectores necesitamos resoluciones más redondas.

Desenlace fallido

Por tanto, esta frase viene a decir que la novela o el relato se resuelve con un elemento, fuerza externa o personaje que no había aparecido antes en la historia. Algo que nos hemos “sacado de la manga”, o como yo lo suelo llamar utilizando el símil de los magos, es el “conejo sacado de la chistera”.

No tiene que ser necesariamente un dios o una fuerza sobrenatural, puede ser cualquier cosa que no hubiera aparecido antes en la acción. La ficción juega con una serie de reglas determinadas y no podemos hacerle trampas al lector. Si le damos al lector las reglas de una historia realista, no podemos resolverla en el plano fantástico, no puede haber un personaje con poderes sobrenaturales o finales del tipo “todo había sido un sueño”. No hay nada más decepcionante y frustrante que leer trescientas páginas y acabar en ese final. Esto resulta muy evidente y sonado en las series de televisión.

Es el caso también de esas novelas negras en las que el asesino es el vecino del quinto, que no había salido antes en la historia. Y de repente, se convierte en el personaje principal. En la ficción no podemos dejar nada al azar, todos los elementos que salen a escena tienen que tener un porqué, un sentido lógico dentro de las reglas del juego que hemos pactado con nuestros lectores.

Pistas para detectar un final Deus ex machina

¿Cómo puedes detectar que te estás metiendo en un desenlace fallido?

  1. La estás “liando parda”Estás metiendo a tu personaje en un conflicto tras otro, generando tensión para mantener la intriga del lector, pero que no sabes cómo vas a unir todos los cabos. Y esto se produce por el siguiente punto.
  2. No tienes claro el final. No te has parado a pensar dónde quieres llegar con tu historia. Nada más comenzar a escribir, es importante esbozar el capítulo final. Al menos cómo quieres que termine el personaje de tu cuento, con qué emoción, en qué situación o qué sensación quieres que tenga el lector cuando cierre tu libro. Eso actúa como un GPS: el comienzo es el punto A y el destino el punto B al que tienes que llegar. Si sabes dónde quieres llegar, te resultará más fácil poner el punto final.

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Finales redondos para tus historias de ficción

Poner el punto final a una historia, ya sea un relato o una novela, tiene mucho mérito. Si además, el desenlace es redondo, mejor que mejor. En este post te comparto qué son los finales redondos para tus historias de ficción.

Pero, ¿qué es el final? Es el desenlace, la unión de todas las tramas que has ido desarrollando en tu historia, donde todas las fuerzas contrapuestas y obstáculos se resuelven, donde el personaje protagónico ha concluido su transformación, donde todas las aguas bravas del relato vuelven a su cauce.

Finales redondos

Podemos decir entonces que los finales redondos son aquellos que concluyen, que atan todos los hilos de la historia, pero al mismo tiempo están lo suficientemente abiertos para que el lector pueda imaginar qué podría suceder después. David Lodge en su libro sobre técnica narrativa titulado  “El arte de la ficción” dice lo siguiente sobre los finales: 

Para los novelistas victorianos el final resultaba particularmente problemático, porque lectores y editores les presionaban para que fuese feliz. El último capítulo se llamaba en el negocio editorial wind-up, <<liquidación>>; Henry James lo describía con sarcasmo como <<un reparto, por fin, de premios, pensiones, maridos, mujeres, bebés, millones, párrafos añadidos y frases alegres>>. El mismo James fue pionero del final <<abierto>> característico de la ficción moderna: más de una vez puso punto final a sus novelas en medio de una conversación, dejando en el aire una frase, con la resonancia, pero también con la ambigüedad que eso implica.

Huir de los clichés

En la actualidad, los finales very very happy son un cliché, un estereotipo del que hay que huir. Por ejemplo, finales cerrados del tipo “se casaron, fueron felices y comieron perdices” o finales en los que el malo malísimo muere. Los finales abiertos son como la vida, que siempre continua, a pesar de los obstáculos e incluso de la muerte. Así, haces partícipe de tu historia al lector y le dejas abierta la posibilidad de imaginar qué podría haberle pasado a tu personaje más allá de ese momento que le has contado. Los buenos finales son un nuevo comienzo.

Escribir primero el desenlace

Y para terminar, un apunte de técnica que yo suelo utilizar cuando escribo relatos. Nada más comenzar a escribir, tengo en mente ya el final. Al menos sé cómo quiero que termine el personaje de mi cuento, con qué emoción, en qué situación o qué sensación quiero que se quede el lector. Eso actúa como un GPS: el comienzo es el punto A y el destino el punto B al que quiero llegar. Si sabes dónde quieres llegar, te resultará más fácil poner el punto final.

Ahora dale al play si quieres conocer más en detalle qué son los finales redondos para tus historias de ficción. Si esto te resuena, por favor déjame un comentario más abajo:

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