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¿Qué hacer con las Redes Sociales en agosto?

Los que como yo hayáis nacido en el último cuarto del siglo XX, seguro que recordáis aquellos veranos en los que todas las familias se montaban apiñadas en el coche con los bártulos playeros y las ciudades parecían un desierto donde las típicas bolas del oeste rodaban por las calles. Aquellos veranos en los que había largas colas en las cabinas telefónicas para hablar con los familiares que se habían quedado trabajando. Aquellos veranos en los que la gente se sentaba en la terraza del paseo marítimo a charlar y leer el periódico… Pues ¡¡fuera nostalgia!! porque aquellos veranos han sido arrasados por el 4G y la movilidad digital que era ciencia-ficción en nuestra infancia.

Ahora no desconectamos. Han cambiado nuestros hábitos sociales y cada vez pasamos más horas en las Redes. Incluso cuando estamos tumbados en la playa o remojando los pies en la piscina de la sierra. El verano es una época crítica en lo que a digital se refiere. Aumentan de forma exponencial los contenidos relativos al ocio y al turismo. Cambian las rutinas, los horarios matinales se retrasan y los nocturnos se alargan, y otros factores que no tendríamos en cuenta la mayor parte del año. Sin embargo, aunque los hábitos cambien eso no significa que la audiencia de las redes sociales desaparezca. Todo lo contrario: tenemos más tiempo para perderlo.

Por esta razón, yo recomiendo a l@s autor@s con los que trabajo en la gestión de sus Redes que no desaparezcan, que reduzcan un poco si quieren su presencia online. Pero que continúen porque es un momento idóneo para destacar, para hacer cosas diferentes. Algun@s me hacen caso y continuamos publicando en sus cuentas y otr@s prefieren desconectar totalmente. Allá cada cual. Si tuvieras una tienda física, ¿cerrarías? ¿Cambiarías tu horario o contratarías a una persona para ayudarte en ese mes? El mundo virtual funciona de la misma manera, pero con la gran ventaja de que puedes preparar con antelación todo el contenido y luego programarlo. ¡¡Bendito internet!!

Cosas que puedes hacer para no cerrar tu chiringuito virtual

  • Crear un calendario editorial de vacaciones. Puedes plantear contenidos más frescos y relajados pero ser constante y publicar todos los días, aunque sea una única publicación diaria. Te aseguro que no todo son fotos de pies en la playa. Cada vez leemos y compramos más en el móvil.
  • Programar las publicaciones. Después de tener el calendario preparado, planifica y programa los impactos en una de las múltiples herramientas del mercado. Yo utilizo el programador de Facebook porque esta red es muy suya y le gusta que utilices todas sus aplicaciones. Hay que decir en su favor que funciona bastante bien. También utilizo Hootsuite, CoShedule y TweetDeck. Sin estas herramientas no podría vivir, estaría continuamente pensando qué publicar, a qué hora…¡¡Qué ansiedad!!
  • Lanzar promociones y sorteos. Si tienes un libro publicado o autopublicado, el verano es genial para darle visibilidad y fidelizar lectores. Con promociones tipo «lee el primer capítulo gratis», o una gymkana con pistas sobre el libro, o un sorteo entre los que suban la mejor foto de tu libro a Instagram con un hashtag concreto, o regalar algo de «merchandising» (marca páginas, dedicatorias personalizadas…) para los que respondan a una pregunta… Esta clase de cosas que te pueden parecer insustanciales, funcionan fenomenal en el cálido y ocioso verano.
  • Promocionar el blog y la newsletter. Si tienes un blog puedes aprovechar para rescatar artículos antiguos o hacer post/vídeos menos sesudos, más lúdicos y divertidos. Que puedas leer/ver en dos minutos antes de pegarte un chapuzón. Y lo mismo si envías una newsletter a tus lectores: aprovecha para «jugar» a contarles otras cosas o cambiar la estructura de contenido que utilizas el resto del año.
  • Analizar y leer a los referentes. Si tienes escritor@s que te encantan o personas que te inspiran en cualquier ámbito, es el momento para cotillear en profundidad lo que hacen, aprender de sus buenas prácticas y aplicar las que te resuenan.
  • Interactuar con la comunidad. Aprovecha unos 10 minutos por la mañana y otros 10 por la tarde/noche para buscar grupos nuevos en Facebook que te interesen y pedir que te inviten a entrar, para compartir y conectar con gente diferente, con escritor@s de otros géneros y países.

También recuerda que el verano es una de las mejores fuentes de inspiración: apaga el móvil (de vez en cuando) y escucha a las señoras que se sientan a tomar el fresco a la puerta de su casita del pueblo o a la familia numerosa que se harta de sandía bajo la sombrilla. ¡¡Ahhh!! y compra una de esas revistas de papel de toda la vida y no olvides hacerte una foto de tus pies en la orilla. 😃

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Los clásicos son para el verano. Trucos que aprender de los libros de toda la vida

En verano el ritmo varía, los hábitos se rompen. Viajamos, cambiamos de ubicación, incluso llegamos a desconectar del resto del planeta. Por eso, las vacaciones estivales son uno de los momentos perfectos del año para sumergirse en la lectura sin horarios. Tenemos más tiempo para disfrutar de una novela larga o con un tempo más lento. Para leer relato corto que requiere más atención, novelas frescas e intrascendentes, sumergirse en toda la bibliografía de un aut@r o para adentrarse en ese sesudo ensayo procrastinado a lo largo del año. Y todo a la sombra de una palmera, mientras escuchas al vendedor playero, o en un casita rural en mitad de los Pirineos.

Soy una privilegiada. Estas semanas de verano puedo disfrutar de mi paraíso terrenal (Cádiz) y practicar una de mis actividades favoritas, además de ir a la playa y montar en bici. Siempre aprovecho esta época para hacer una lectura tranquila de libros que he ido acumulando en meses. Y sobre todo para leer o releer clásicos. En este post os propongo cinco más que conocidos. ¿Por qué? Por eso mismo, porque los damos por conocidos. Porque nos sabemos el argumento, hemos visto mil películas sobre ellos, pero ¿de verdad, los hemos leído? Y lo mejor de todo, ¿sabemos qué nos pueden enseñar? ¿Qué trucos utilizan l@s grandes autor@s? ¿Qué podemos «apropiarnos» de ellos para nuestra escritura?

  • Drácula, Bram Stoker. ¿Qué te voy a contar que no sepas del vampiro? El año pasado se cumplieron 120 años de la publicación de la novela y es alucinante lo bien que se mantiene, no solo el mito, sino la estructura del relato. Parece que fue escrito ayer. Si la lees, vas a flipar con los usos de la primera persona y el manejo de los puntos de vista. El recurso de contar la historia a través de cartas, telegramas, diarios de a bordo, recortes de periódico y otras pruebas escritas, ordenadas “luego” de forma cronológica, era algo ya muy visto en el siglo XIX. Lo habían hecho Frankenstein o Wilkie Collins, el pionero de la narrativa detectivesca, en La piedra lunar. Stoker escribía entonces para sacarse un dinero extra, novelas y relatos de corte sensacionalista, gótico y de terror que gustaban mucho a sus contemporáneos. Tras varios años interesado por el folklore europeo y tras absorber varias lecturas e influencias, construyó la novela que ha sentado las bases de lo que entendemos actualmente por un vampiro, a pesar de que para entonces ya existían Carmilla de Sheridan Le Fanu, Varney the Vampire de James Malcolm Rymer, y el Vampyre de John Polidori. Hay que decir que la película de Francis Ford Coppola es la versión que más se acerca al libro, aunque con un punto más romántico.
  • Frankenstein, Mary Shelley. En el mismo verano en el que Polidori daba forma a su Vampyre, Mary Shelley dio a luz a su criatura. Alojados en dos villas junto a las orillas del lago Lemán (la famosa Villa Diodati), cerca de Ginebra, el círculo de amigos de Shelley pasaron aquel tormentoso, frío y oscuro verano contando historias de fantasmas y charlando en lugar de hacer excursiones o navegar. Habría que ver a la pandilla… De esa oscuridad nacerían las pesadillas y el arte, sumidos en ese caldo decimonónico de superstición, religión, razón, ciencia y romanticismo. La figura de Mary Shelley merece un post entero, pero ¿por qué leer a su monstruo? Por la misma razón que Drácula. Hemos visto tantas reinterpretaciones del mito que se ha perdido su valor original, que va más allá del terror. Es un texto principalmente filosófico, que hace reflexionar sobre el sentido de la existencia, la figura del creador y la divinidad, la maldad y la fealdad, el miedo a lo desconocido… Es una novela de la que no se sale indemne.
  • Historia de dos ciudades, Charles Dickens. De este maestro habría que leerlo todo porque es un grande en la construcción de «culebrones»de relatos con unos personajes inolvidables, de argumentos universales y «copiados» hasta la náusea. Si quieres aprender a estructurar y a crear una trama que enganche, ya sabes. Pero ¿por qué esta novela? Primero, porque tiene el comienzo más maravilloso de todos los tiempos. Y segundo, porque es un poco diferente a las demás que escribió. En su mayoría eran historias protagonizadas por niños o adolescentes que pretendían denunciar a la sociedad británica de la época y las consecuencias de la industrialización. Pero en esta novela histórica se narra la vida en el siglo XVIII. Se desarrolla entre Londres y París, en los comienzos de la Revolución Francesa. Fue publicada en la revista All the Year Round (fundada por el propio Dickens, ¡¡qué crack!!) en 31 entregas semanales entre abril y noviembre de 1859.​ Fue la primera publicación de la revista con una enorme aceptación. Llegó a tener una tirada de 120.000 ejemplares. Un bestseller en toda regla, ¡vaya!
  • Madame Bovary, Gustave Flaubert. He de reconocer que es de esos clasicazos con los que nunca me atreví por su tamaño. Hace dos años lo leí en la playa y me enamoré del personaje. Bien es cierto que es una obra realista con un comienzo bastante lento para mi gusto. Pero que tiene tantas capas de significado profundo en Emma que tendré que volver a leerla para exprimir al máximo su épica y su alegoría. Si quieres aprender cómo se construye la psicología de un personaje con todas sus aristas y redondeces, esta es tu novela. Solo la escena maravillosa de Emma con su amante dentro del coche de caballos, esa elipsis que Flaubert se marca para contar el polvo que están echando los protagonistas, es una de las cumbres de la literatura. Magistral: lee y «copia».
  • Cumbres Borrascosas, Emily Brönte. Como las dos primeras novelas de la lista, esta publicada por primera vez en 1847, ha dado lugar a mil  adaptaciones, incluyendo varias películas, dramatizaciones radiofónicas y televisivas, un musical, telenovelas y canciones. Todos tenemos en la cabeza que es la gran historia de amor, el super culebrón que no puede superar ningún serial colombiano…Pero nada más lejos de la realidad. Cumbres Borrascosas es una historia oscura y atormentada con una estructura innovadora para su época, que se suele comparar con un conjunto de muñecas de matryoshka, y que dejó a los críticos boquiabiertos y ojipláticos. Por supuesto, se ganó el mito de incomprendida, tanto la obra como la autora. Si quieres aprender sobre descripción de ambientes y pintura de los espacios, sumérgete en la finca Cumbres Borrascosas y la Granja de los Tordos.

Ya te he dado unas cuantas razones para bañarte en los clásicos. Si aún así no te sirven, déjate llevar y léelos por el simple placer de leer. Porque estás en tu paraíso, sea cual sea.

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