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Técnica para convertir tus historias personales en ficción

La semana pasada en unas jornadas sobre Storytelling aprendí una técnica muy sencilla, más bien un juego divertido, para convertir tu historia personal en ficción literaria, en un relato universal que atrape la atención de los lectores.

Sé que tú tienes una historia que contar pero en ocasiones no sabes cómo empezar a narrarla: qué anécdotas de tu vida cotidiana elegir para trasladarlas a la ficción, cómo distanciarte de tu historia personal para que se convierta en universal, cómo crear tu mitología íntima para no caer en los tópicos y lugares comunes…

En el vídeo te cuento lo siguiente:

  • ¿Quién me enseñó esta técnica? Juan José Morales, ‘Tate’, dramaturgo, director y actor. Él la aplica a la escritura de obras teatrales pero se puede trasladar perfectamente a una novela o un relato corto.
  • ¿Qué es la mitología íntima vs. los lugares comunes? Crear tus propias metáforas sin caer en los tópicos.
  • Deseo y acción. A todos los personajes de una historia les mueve una motivación, un objetivo que conseguir. Sin acción y sin conflicto no hay historia.
  • Búsqueda del distanciamiento. Para transformar tu historia personal en ficción universal hace falta distanciarse de uno mismo y utilizar un protagonista totalmente ajeno a ti.
  • Los dos pasos de la técnica. Elige un tema, dale características tangibles, busca tu protagonista y las 3 acciones principales que va a realizar. Así contado parece que vas a construir una catedral, pero de verdad que es una técnica muy sencilla.

Contarnos a nosotros mismos y transformar lo cotidiano en épico puede resultar tan fácil como utilizar el juego que te comparto en el vídeo de esta semana. Solo te hacen falta dos folios, un bolígrafo, tu memoria y tu imaginación. Ahora dale al play y ¡¡ponte a jugar/escribir!!

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Espero que este vídeo te sirva de utilidad y muchísimas gracias por verlo.

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Tres razones por las cuales vas a escribir toda la vida

Lo sé. A veces te dan ganas de dejar de escribir, te entra el bajón. Te planteas ¿para qué escribo? ¿A dónde me lleva todo esto?

Yo me lo suelo cuestionar bastante, sobre todo en horas bajas, cuando parece que toda tu vida se va a pique y no puedes corregir el rumbo…. Pero esa es otra historia.

Por suerte la semana pasada me llegó este vídeo de Dimitri Uralov, un coach financiero al que sigo desde hace años. Se titula “Vas a trabajar toda la vida”. Él da tres razones por las cuales piensa que los que tenemos 40 años o menos no vamos a poder dejar de trabajar.

Lejos de lanzar un mensaje pesimista y derrotista, te explica por qué debes abrazar este valor del trabajo. Y sobre todo, ser feliz haciendo lo que mejor sabes hacer. Te invito a que inviertas 14 minutos en verlo porque es revelador.

Así que he grabado un vídeo en esta línea. Para contarte las tres razones por las cuales creo que vas a seguir escribiendo toda tu vida a pesar de todos los inconvenientes y bajones. Es un vídeo optimista, lo prometo, para darte ánimos y para que desates el poder de las palabras y las abraces.

Las tres razones que se desarrollan en el vídeo:

  1. Lo has hecho toda la vida, desde que eres niñ@: no puedes dejar de poner tu vida en palabras.
  2. Todos tenemos una vocación artística que debemos desarrollar: hay gente que pinta, otra que esculpe, otros tocan un instrumento o se suben a un escenario.
  3. No puedes dejar de hacerlo: es una necesidad como comer o dormir, algo fisiológico que te obliga a desatar todas las palabras que llevas dentro.

Y ahora, dale al play y deja que te cuente las tres razones por las cuales vas a escribir toda la vida. Vale, sí, lo que se ve al fondo es el mar, la bahía de Cádiz 😎

Vídeos relacionados:

Espero que este vídeo te sirva de utilidad y muchísimas gracias por verlo.

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Convierte tus historias personales en universales

¿Quieres saber cómo transformar tus historias personales en literatura? ¿Cómo convertir lo que te ocurre en tu día a día en ficción?

Estas preguntas sobre la universalidad de las historias surgen a raíz de dos reflexiones:

  • La primera está relacionada con mi trabajo. Como lectora profesional, leo muchos manuscritos que llevan la etiqueta de “autoficción”. Parece ser un género que está muy de moda. Y me pregunto: ¿todos los que escribimos nos autoficcionamos? ¿Escribimos basándonos en nuestras historias personales? ¿En lo que nos ocurre entre levantarnos de la cama y acostarnos? La respuesta es SÍ. Todos escribimos de lo que conocemos, incluso los escritores de género fantástico o de ciencia-ficción.
  • La segunda tiene que ver con una novela que estoy leyendo: “La pasión” de Jeanette Winterson. El epígrafe que encabeza el libro dice:

“Navegando con furia te alejaste del hogar paterno, fuiste más allá de los escollos del mar y ahora habitas un país extranjero”, “Medea”.

Y estas reflexiones me llevan a pensar sobre el poder que tienen los textos para tocarnos el alma. Para resonarnos, del latín re-sonare: volver a sonar, sonar mucho. Esta frase la escribió el griego Eurípides (431 c.C.) en su tragedia “Medea”, un texto formidable con una protagonista sabia, fuerte, hábil, luchadora, respetada y temida por todos. Y me planteo cómo estas palabras me tocan a mí después de tantos siglos, cómo me dice tantas cosas algo escrito en ese tiempo y en ese lugar tan ajenos a mí.

La literatura son vasos comunicantes

Porque la literatura son las vidas personales que se tejen unas a otras. Se convierten en universales y llegan a nosotros a través del tiempo y el espacio. Pero, ¿qué hace que esa colección de anécdotas personales sean algo más que un relato pormenorizado de lo que hago en mi día a día sin trascendencia? Para convertir el relato personal en universal hacen falta tres pilares:

  1. La emoción: es aquello que engancha y empatiza con el lector.
  2. El conflicto: sin descenso a los infiernos, ruptura y cambio no hay literatura.
  3. El momento epifánico: el punto de inflexión en el que el protagonista se da cuenta de una revelación, de un aprendizaje clave para evolucionar y convertirse en otra persona.

Y ahora, dale al play y dime en los comentarios si crees que hay algún punto más que permita que un relato se convierta en universal.

Vídeo relacionado:

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Cómo terminar las historias empezadas sin acabar

¿Tienes un montón de historias empezadas pero ninguna está terminada? ¿Mil ideas anotadas pero no sabes cómo desarrollarlas hasta llegar al punto final? La semana pasada recibí una consulta a través de un formulario de la web. Era una chica llamada Elienai que me comentaba lo siguiente:

“Mi problema es que he tenido varias ideas para escribir pero no sé cómo desarrollarlas bien. Tengo el tiempo para escribir y la voluntad para ponerle dedicación. Pero no encuentro la forma de desarrollar una idea bien hasta terminarla. Tengo varias historias empezadas pero ninguna está terminada. Espero que me puedas ayudar”.

A raíz de esta cuestión me puse a reflexionar sobre la cantidad de comienzos de relatos, escenas de novelas, ideas para personajes… que tengo almacenadas en el ordenador y sin haber llegado a la palabra “FIN”. Escribimos enormes cantidades de palabras que luego no somos capaces de desarrollar hasta el desenlace por tres razones fundamentales. En el vídeo te explico las causas punto por punto pero te adelanto que son las siguientes:

  1. Empezamos a escribir un primer párrafo glorioso o una frase que va a ser la cumbre de la literatura universal, pero no hemos pensado cómo va a terminar, dónde va a estar el protagonista, qué emociones/sensaciones/sentimientos quieres que la historia deje en el lector.
  2. Tenemos miedo a no ser perfectos, a esa voz que nos juzga y nos dice que no escribimos bien, que no merece la pena seguir escribiendo, que esto es una basura… La perfección no existe y para llegar a ser Alice Munro, Cortázar o García Márquez, hay que echarle horas y horas de trabajo. El músculo de la escritura solo se desarrolla escribiendo y escribiendo.
  3. Nos faltan herramientas y técnicas de escritura. Todos sabemos leer y escribir porque nos enseñan de niños. Pero escribir ficción requiere de una serie de habilidades que solo se aprenden en talleres o cursos de escritura. Es importante estar siempre en continuo aprendizaje y, sobre todo, compartir tus textos con compañeros escritor@s para que otros puntos de vista te ayuden a mejorar.

Dale al play y dime en los comentarios en cuál de las tres razones crees que te encuentras tú para no poder terminar tus historias.

Otros vídeos relacionados:

Espero que este vídeo te sirva de utilidad y muchísimas gracias por verlo.

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Claves para mantener la relación de amor con tu escritura [Contiene escenas amorosas]

Creo que este es el post más personal que he escrito hasta ahora. Y es que mañana es San Valentín. Aunque no soy muy partidaria de este tipo de celebraciones (que me parecen consumistas y artificiales), tengo que confesarte que en esta ocasión quiero celebrarlo. Porque estoy enamorada. Sí, ya lo he dicho, ya está. Vale, estarás pensando, <<“¿y a mí qué?” “Yo soy más de San Solterín”. “¿Esto no era un blog de escritura?” “¿Qué tiene que ver esto con escribir?”…>>

Pues tiene que ver T-O-D-O. Porque no he terminado lo que te estaba contando… Soy de esas personas que creen que hay que ponerle amor a todo lo que se hace en la vida. Que prefiere morir de pasión que de aburrimiento, como decía Zola. Y te confieso que estoy tremendamente enamorada de mi trabajo, de poder ayudar a las personas que tienen una historia que contar y necesitan que el mundo la lea. Después de este año trabajando con diferentes escritor@s, me he dado cuenta de que tod@s ell@s tienen tres cosas en común, que les convierte en grandes apasionados de su escritura. Vamos a llamarlas: claves para mantener y llevar a buen puerto su historia de amor con la escritura.

Pero antes, otra confesión

Yo no siempre he amado lo que hacía [esta es la parte personal del post, así que si no te interesa, puedes saltártela e ir directamente a las claves]. Durante 17 años trabajé en un banco. ¡¡Sí!! Yo también me sorprendo aún cuando lo menciono. Aunque te digo la verdad, no me disgustaba lo que hacía. Me dediqué primero a desarrollar campañas de marketing enfocadas a segmentos. Más tarde gestioné los contenidos digitales y las redes sociales de atención a clientes. Y dirás, pues parece un trabajo chulo. ¡Y lo era! Pero tenía un problema: era desapasionado, no sentía nada por él. Era como una relación de años que ha caído en la rutina y el aburrimiento. No resonaba conmigo, no era mi vocación. Yo necesitaba pasión, aventura, riesgo… sentir que estaba vida. No sé si me estoy explicando.

Y entonces sucedió el milagro…que si te interesa puedes leer en mi historia para no alargarme más. El caso es que a partir de entonces me embarqué en este viaje de no retorno: ayudar a escritoras y escritores a desatar todo el poder de la palabra. ¿Cómo? Leyendo y mejorando sus manuscritos, acompañándoles en el proceso de escritura de su libro o visibilizando y promocionando su obra en redes sociales.

Claves para mantener tu amor por la escritura

Y como te comentaba más arriba, he descubierto tres claves, tres puntos fuertes que tod@s tienen en común para mantener su compromiso con la escritura y que te comparto:

  1. Regar la plantita. O llámalo “mantener viva la llama de amor” aunque suene un poco más ñoño. Igual que con tu pareja, hay que estar pendiente de la relación, de trabajarla con constancia todos los días. Hay que regar a base de bien tu ficus cada mañana…tú ya me entiendes. La escritura es una amante generosa pero también exigente. Exige perseverancia, trabajo, paciencia, tesón, firmeza y grandes dosis de amor. En otras palabras, la escritura es escribir, escribir, escribir, todos los días, aunque sean tres párrafos, dos frases, un título. ESCRIBIR.
  2. Poner todos los sentidos en la relación. Si vas enrollándote por ahí con otr@s, es probable que tu relación de pareja no sea tan fuerte como crees. En la escritura pasa lo mismo, si no sientes algo que te corroe por dentro, una obsesión alimaña como la llamaba Cortázar, si puedes dejar de escribir… haz punto de cruz o pinta naturalezas muertas. Pero si estás “hasta las trancas” por ponerte a contar esa historia que llevas dentro, entonces no hagas otra cosa, enfócate en poner todos tus sentidos en escribir. Lleva siempre un cuaderno o toma notas de voz para recordar esa frase genial que se te ha ocurrido, apunta rasgos de tus personajes y posibles argumentos… En este vídeo amplío el concepto de la atención y la curiosidad en literatura.
  3. Dejarse llevar. A veces nos exigimos demasiado a nosotros mismos y a nuestra pareja. Queremos que todo sea perfecto, que nuestro amante nos dedique su tiempo al máximo, que no la cague, que vayamos perfectamente vestidos y por favor, que no se tire pedos (y que no se me escape ninguno, upss!). Ya, ya, pero la realidad es que hay momentos en la vida que es mejor dejarse llevar, confiar en la improvisación, la espontaneidad, la falta de planificación. En escritura, el concepto “flow” (fluir) es uno de los más poderosos: dejarse arrastrar por la voz de los personajes de un cuento o de una novela es pura magia. Fluye mientras escribes y luego ya corregirás o podrás pedir la opinión de un lector profesional.

Así que trata a tu escritura como a tu relación de pareja: mantenla bien regada, enfócate en ella y flow. ¿Te has quedado con ganas de más? En este post tienes más claves para volver a enamorarte de la escritura si estás en esa etapa de lo dejo o no lo dejo…

*Bonus track: escenas amorosas*

Vuelve al título de este post…¿Dónde están las escenas amorosas? Vale, lo prometido es deuda. Toda novela o relato que se precie tiene que tener algún momento amoroso. Puede que sea explícito, sutil, atormentado, dulce, aludido… Aquí van cinco de mis novelas favoritas con escenas de amor/pasión/sexo para enmarcar. Te recomiendo que las leas (no vale haber visto la película) para “copiar” y fabricar tus propios capítulos de love love love.

  • “Cumbres borrascosas”, Emily Brönte. Pufff, ¡¡madre mía!! Ese amor atormentado entre Heathcliff y Catherine, que perdura más allá de la muerte, esos personajes al borde la locura, ese ambiente del más puro romanticismo… Sin olvidar esa estructura portentosa y desconcertante. Todo un clásico.
  • “El amante”, Marguerite Duras. Acabo de releerla para tomar notas sobre la frialdad con que la protagonista habla de su relación con el chino rico y las escenas de sexo despojadas de amor pero impregnadas de sensualidad. Resulta dura y a la vez tiene un barniz de ternura que deja huella.
  • “Memorias de África”, Isak Dinesen. La baronesa nos regaló esta señora novela, contando su propia historia de amor, épica, colonial y aventurera encarnada en ese cazador profesional, que siempre recordaremos con la cara de Robert Redford. «Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas Ngong»… Muero de amor.

Vale, los hombres también escriben grandísimas historias de esas que se te caen la baba:

  • “Madame Bovary”, Gustave Flaubert. Este señor en el siglo XIX se marcó una de las escenas de sexo más calientes y a la vez más sutiles de la historia de la literatura. Emma Bovary y su amante León Dupuis tienen una larga sesión de “dámelo todo, papito” mientras su carruaje da vueltas por la ciudad de Rouen. La escena, narrada desde el punto de vista del cochero, es una obra maestra de la alusión. He tenido ganas de plagiarla en más de una ocasión. Solo en un instante se ve una parte del cuerpo de los amantes: cuando la mano desenguantada de Emma aparece detrás de las cortinas. ¡¡Por favor!!
  • “Los puentes de Madison”, Robert James Waller. Vale, todo el mundo recuerda la película pero ni idea de quién la escribió, ¿verdad? Yo creo que la fuerza y la credibilidad de esta historia, paradigma clásico del amor imposible, solo puede surgir de una pasión real. ¿Se enamoró locamente de una mujer casada, señor Waller? En cualquier caso, nos da igual que fuera verdad o no. Lo importante de esta novela es el ambiente, cómo las variaciones climatológicas se mezclan con los estados de ánimo de Francesca y Robert. La sensualidad del calor, la melancolía de la lluvia… Bien, solo pido que si hay un remake de la película, el exótico fotógrafo del National Geographic no sea interpretado de nuevo por Clint Eastwood.

Espero que aunque seas más de San Solterín, estas novelas te vuelvan loc@ de amor.

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¿Más historias de love del bueno? Te invito a que las escribas en un comentario. Y si te ha gustado este post, me harás muy feliz si lo compartes.

Narrador en primera persona

¿Sabes que el narrador en primera persona es el que más atrae la atención de los lectores? El personaje que narra en primera se hace real y se cuela rápido en la mente del lector. Es el más creíble porque se convierte en una voz, en una persona que le habla directamente. También es uno de los más difíciles de manejar. En este post hablaba sobre la omnisciencia del narrador en tercera que actúa como un dios caprichoso que lo sabe todo de la historia. En cambio, la primera persona es todo lo contrario. Muy utilizado en la literatura actual, se trata de un personaje principal de la historia hablando de sí mismo como eje de la narración. Es importante que tengas en cuenta una serie de requisitos para que sea creíble y atrape la atención:

  1. Tendrás que tener muy en cuenta qué información puede o no puede manejar tu protagonista en primera. Porque no puede saber lo que piensan el resto de los personajes, lo que han hecho o lo que sienten, a no ser que ellos se lo hayan contado explícitamente. Solo puede imaginar lo que ha pasado o lo que siente el otro personaje. No es posible que tenga el don de la ubicuidad (o a lo mejor tiene superpoderes…), luego no podrá estar en todas partes y solo podrá contar desde su punto de vista lo que le ha pasado directamente. Es importante que juegues con la retención de la información. Mantener la tensión, tratando de revelar la información a medida que el personaje la va averiguando.
  2. Tu personaje en primera tiene que hablar como el personaje. Según la historia que quieras contar y el efecto que quieras conseguir en el lector (empatía, rechazo, complicidad, admiración…), así debes construir a este personaje narrador. Tiene que tener una forma de expresarse concreta, de acuerdo con su carácter, su edad, su procedencia, su estrato social, su formación, etc…
  3. La voz del autor no es la voz del narrador en primera. Tiene un punto de vista de los hechos limitado y subjetivo. El lector vivirá la historia a través de sus ojos, opiniones, pensamientos y emociones. Pero tiene que tener vida propia y coherencia, no ser el punto de vista del autor. Ojo, que muchas veces puede confundirse.
  4. El narrador en primera persona suele narrar su historia en tiempo pasado. Esa distancia temporal le permite tener todos los datos de los acontecimientos que cuenta. La historia ya ha finalizado y el narrador sabe todo lo que ha pasado. A veces, esa distancia se come parte de la tensión de la narración. Y si se trata de una novela de acción o suspense, el lector sabe que el narrador ha sobrevivido a todo lo narrado porque lo está contando. En este último caso, para mantener la tensión puedes hacer tres cosas:
    • Usar el tiempo presente en la narración, aunque resulte chocante y difícil de construir.
    • Hacer que el narrador deje su historia escrita (en primera persona) y sea una segunda persona quien la lea. Así, hasta el final no se sabe si el manuscrito se interrumpe porque algo le sucedió al escritor/personaje en primera que le impidiera concluirlo.
    • O puedes hacer que tu narrador no corra riesgo de muerte. Puede haber otras cosas importantes que estén en peligro: la vida de un ser querido, su estabilidad mental, su libertad…

Hay miles de ejemplos de novelas actuales contadas por un narrador en primera, por ejemplo “Funes, el memorioso” de Borges; “Viaje de Gulliver a Liliput” de Jonathan Swift, “El guardián entre el centeno” de J.D. Salinger;…

Es un narrador empleado con frecuencia en la novela negra. También se utiliza en otros géneros como el epistolar, el diario íntimo, la biografía, el monólogo interior… Uno de los ejemplos clásicos de utilización de múltiples narradores en primera (y mi favorito) es “Drácula” de Bram Stoker. Si no la has leído (no vale haber visto la película :-), no sé a qué esperas.

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Si se te ocurren ejemplos de historias contadas en primera persona, te ha gustado este post o las dos cosas, me harás muy feliz si me dejas un comentario y más si lo compartes.

¿Qué dos cualidades son esenciales para escribir?

En el último vídeo de este año, he me puesto a reflexionar sobre cómo contar historias y desde dónde si ya está todo contado cientos de veces. He llegado a la conclusión de que todos, absolutamente todos los humanos, tenemos dos cualidades esenciales que sirven para escribir y que podemos utilizar para dar un nuevo punto de vista a nuestros relatos. ¿Quieres saber cuáles son?  Porque la escritura es eso, un punto de vista, una forma de mirar lo que tenemos a nuestro alrededor, una manera de entender la vida que es única e intransferible.

Espero que te resulte útil este vídeo. Si quieres ver más trucos de escritura, te invito a suscribirte a mi canal de Youtube.

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El recurso inagotable que tienes y puedes utilizar para escribir

A veces cuando me quedo sin ideas para describir un ambiente, una situación o un personaje, recurro a una fuente inagotable a la que no solemos dar demasiada importancia. En el vídeo de esta semana te cuento cuál es. Lo he grabado en el Parque de María Luisa en Sevilla por una razón que tiene que ver con este recurso que tenemos todos y es muy práctico a la hora de escribir.

 

Espero que te resulte útil este vídeo. Si quieres ver más trucos de escritura, te invito a suscribirte a mi canal de Youtube.

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¿Cómo escribí mi primera novela? Making of de “La mujer que vendía el tiempo”

Hoy vengo a hablar de mi libro porque estoy de celebración. Así de claro. Se acaba de publicar y presentar “La mujer que vendía el tiempo”, mi primera novela breve. La escribí en un mes exactamente. ¿Solo un mes?, me pregunta todo el mundo. Tiempo récord, ¿no? La verdad es que sí, pero te voy a contar el secreto de cómo lo hice para que veas que es más que posible. Aunque tienen que darse varias circunstancias en tu vida…

Antes solo había escrito relatos cortos, algunos de ellos recopilados en el libro “Nido ajeno”, publicado en 2014 en la Colección El Pez Volador. Esta novela comencé a escribirla hace algo más de tres años, a raíz del concurso que lanzó el Taller de Escritura de Clara Obligado del que soy alumna.

Todos tenemos un pasado…

Por aquel entonces de 2015, yo trabajaba en un banco. Sí, ahora me parece increíble… No me disgustaba lo que hacía pero odiaba la maquinaria del sistema. Me encontraba siempre fuera, todo me parecía un engranaje kafkiano y muchas veces estuve a punto de dejarlo. Pero marcharme sin un euro después de 17 años, no me parecía una buena salida… Y llegó mi rescate, que fue una bendición, en forma de ERE. Me acogí al despido, me indemnizaron, me dieron dinero por antigüedad, por la voluntariedad de acogerme al ERE y me compré el tiempo. Me compré la posibilidad de reinventarme y de pensar en qué quería invertir ese tiempo tan precioso que tenía por delante.

Cuando me quedé en el paro, el concurso seguía abierto y Camila Paz, la editora de “La mujer que vendía el tiempo”, me presionó. Me dijo, “ahora no tienes excusa para ponerte a escribir. Tienes un mes para enviar algo al concurso”. Solo faltó mandarme también a unos sicarios…”Ahhh, vale, un mes, me sobran dos semanas”, le dije, ¡¡glups!! Nada como escribir bajo presión…

Empieza con un fin en mente

Lo cierto es que ya tenía el primer capítulo escrito, lo había leído en clase del Taller de Escritura y había gustado el tema. El personaje de Ruth es real. Llegó a mí gracias a un artículo de una revista digital que se llama Yorokobu, de la que saco bastantes ideas para relatos y posts. La historia de Ruth me fascinó. Me apetecía que me contara más, porque una de mis obsesiones es el tiempo. Ruth Belville fue una mujer empresaria, fuerte y con coraje, que heredó el negocio que su padre había creado a mediados del siglo XIX. Consistía en un servicio de venta de la hora, mediante la sincronización de los relojes de los clientes con la estandarización horaria del Observatorio de Greenwich.

Cuidado con la documentación que mata la narración

La novela sucede en Londres en 1940, en plena Blitz o guerra relámpago de los alemanes contra los ingleses en la II Guerra Mundial. No es una novela histórica, sino inspirada en hechos reales, pero lo cierto es que la documentación es importante, sobre todo para no meter la pata. ¿Había bolígrafos en 1940? ¿Qué tipo de faldas llevaban las mujeres mayores? ¿Y las jóvenes? ¿Cómo eran los túneles del metro de Londres? La documentación ya la tenía preparada antes de ponerme a escribir porque me encanta ese periodo histórico, no tanto desde el punto de vista bélico, o sea, macro, sino desde el micro, desde la mirada en detalle de la vida cotidiana. Me pierde la documentación, pasé bastante tiempo buscando cómo eran los aviones, las bombas, los globos antiaéreos, dónde se produjeron los bombardeos, qué pasaba en el paso de Calais,… En fin, me podría pasar la vida documentándome. Durante la construcción de la novela, escuchaba en bucle, en una lista de Spotify, la canción que canta Erika, uno de los personajes principales. Se titula “We will meet again” de Vera Lynn. Es una canción que cantaban los soldados en el frente y es tan bella como escalofriante si recapacitas en la letra y el contexto.

Pero la realidad es que la documentación se come la narración. Es mejor no ir tanto al detalle (a no ser que sea una novela muy fiel a la historia) porque al final acabas metiendo la pata. Hay que utilizar la información más básica e integrarla como si fuera parte de la narración. De hecho, en la novela solo hay una anécdota real de la vida de Ruth, de las pocas que han trascendido de su vida, una noticia que salió en The Times… El resto es ficción, solo he rellenado los huecos de lo que podría haber sido la vida de esta mujer. O no.

Lo siento, no hay un secreto, es solo trabajo y trabajo…

De todo lo demás que sucedía en la novela, no tenía ni idea.  Me levantaba, me sentaba delante del ordenador y Ruth me iba contando la historia. Lo que hice sistemáticamente durante ese mes fue trabajar durante 8 horas, como si me pagaran por ello. Solo paraba a mediodía para ir al gimnasio, comer y luego seguir escribiendo. Fue extrañísimo porque yo no tenía ni idea de lo que iba a pasar, os lo juro, me sentaba y me llegaba la voz. Eso es algo que tuve desde el principio, una voz que me hablaba. Quizá estoy un poco loca… Elegí una tercera persona porque era la más fácil para contar en tan poco tiempo. Esa voz se va pegando a los personajes y va poniendo el foco sobre todo en Ruth y en Erika. Yo lo único que hice fue transcribir lo que me iban contando. En serio, es un momento mágico que espero recuperar. Lo más difícil fue darle tensión, esconder datos, dosificar la información y encontrar una pieza que faltaba, una escena que es crucial en el pasado de Ruth y que explica muchas cosas de su presente. El resto del proceso fue muy placentero. Es una novela que me divirtió mucho escribir. Me hubiera gustado que fuera más larga porque el final, muy muy abierto, sucede fuera de la novela, en la cabeza del lector.

Si te obsesiona un tema, lo mejor para quitárselo de encima es escribirlo

Cuando empecé a escribirla yo era una auténtica vendedora de tiempo. Trabajaba para el dinero de otros, en un sistema que no entendía, luchando contra los viejos paradigmas, y tenía siempre la sensación de ir contra el tiempo. Nunca tenía tiempo de nada, siempre quería más para hacer más cosas, para llenar una vida profesional que no me satisfacía. Y de pronto me di cuenta de que estaba malgastando un montón de horas de mi vida en transportarme a un sitio para trabajar, que no me gustaba, para volver tardísimo a casa y repetir la secuencia todos los días con el parón del fin de semana… Me pareció que no estaba haciendo nada significativo, nada que dijera algo bueno de mi, solo nació, trabajó en un sitio que no le gustaba para ganar dinero y comprar cosas que no quería y… murió. Y era así de triste, de verdad…

Escribir esta novela me permitió poner en orden mis ideas y tratar de explicarme mis obsesiones. ¿Qué es el tiempo? Durante tantos años trabajando con el concepto del dinero que es acumulable, me di cuenta que el tiempo es el único recurso, la única energía que no es almacenable ni renovable. Gracias a la historia de Ruth, fui consciente de la necesidad de aprovechar correctamente esa energía, haciendo lo que hemos venido a hacer en este momento que nos ha sido dado, con las personas y las experiencias adecuadas.

Puedes encontrar “La mujer que vendía el tiempo” en la librería Cervantes y Compañía, calle del Pez, 27, Madrid. Y es un regalo perfecto para estas Navidades que se acercan, palabrita de autora.

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¿Miedos y dudas cuando te sientas a escribir? Bienvenid@ al Club

Tener miedo a la página en blanco, dudas al sentarse al escribir, pensar ¿esto le interesa a alguien, esto que estoy escribiendo es bueno, merece la pena seguir esforzándome? Ainssss…. Pues sí, podríamos fundar un club de miedos@s y dudos@s al escribir. Pero tampoco seríamos tan especiales ni sería un club exclusivo porque, déjame que te confiese, que es lo más normal del mundo.

La realidad es que si no puedes dejar de escribir, si te tiene agarrad@ por el cuello y no te deja vivir, vas a tener que vencer esos miedos y trascender las dudas para convertirte en una mejor versión de ti mism@ y alcanzar tus objetivos como escrit@r. Te lo cuento en el siguiente vídeo:

Espero que estos consejos te sirvan para volver a enamorarte de tu escritura.

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