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Narrador testigo

¿Qué es el narrador testigo? ¿Cuántos tipos hay? ¿Cuáles son sus características principales? En este post te comparto los secretos de un narrador muy útil para determinadas novelas, un punto de vista diferente sobre los hechos.

El narrador testigo nos suele contar la historia en tercera persona. Y aunque no es el protagonista, ha presenciado los hechos de primera mano. Es la mirada del observador que cuenta lo acontecido desde su punto de vista. Puede estar más o menos cerca de las acciones, divisarlas a lo lejos, presenciarlas desde dentro, espiarlas, etc… Pero siempre es un personaje que observa la escena y nos la narra haciendo pocas alusiones a sí  mismo.

Tipos de narradores testigo

Existen muchos tipos pero los más utilizados son estos tres:

  • Testigo impersonal. Es la mirada de la cámara, tiene mucho que ver la fotografía y el cine. Casi siempre cuenta en presente y se limita a contar lo que ve. Por ejemplo, el narrador de La Colmena de Camilo José Cela.
  • Observador presencial. Cuenta en pasado los hechos que ocurrieron hace un tiempo y que presenció en persona. Es el caso del Doctor Watson, el ayudante del detective Sherlock Holmes. O el narrador de una de mis novelas favoritas, El Gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald.
  • El informante. Narra lo que ha pasado transcribiendo los hechos como si fueran un informe, crónica o documento oficial, presentando lo escrito como auténtico. Es el ejemplo de los cuentos de El informe Brodie de J.L. Borges.

Características del narrador testigo

Tienen seis características en común:

    1. No es el protagonista. Este narrador nunca es el protagonista, es alguien que vio lo que ocurrió y lo cuenta de la forma más objetiva posible.
    2. Posee una visión limitada. Nos lo cuenta desde su punto de vista, con su filtro y sus limitaciones. Luego no puede saber lo que piensan o sienten los otros personajes.
    3. Describe y sugiere. Teniendo en cuenta el punto 1 y el 2, esta clase de narrador no puede escribir las razones de las acciones ni tampoco expresar juicios de valor. Describe lo que ve o vio y, alguna vez puede sugerir lo que cree que pasa, pero siempre desde su punto de vista.
    4. Proporciona credibilidad. Porque es como si alguien te cuenta de primera mano, por ejemplo, un accidente que ha visto en la calle. Le da realismo a lo contado y se crea una conexión directa entre el lector y el narrador, casi a modo de confesión.
    5. Utiliza el lenguaje del personaje. Este narrador se expresa como lo haría el personaje. Si la historia la cuenta un niño, no puede hablar como un adulto. Si la cuenta un policía, lo hará en lenguaje de informe pericial. O si es Watson, contará las aventuras de Sherlock desde su visión de hombre de ciencia que solo cree en los hechos empíricos.
    6. El que narra no es el autor. El narrador no debe usarse para que el autor se introduzca en la historia. El testigo tiene que tener vida propia y estar justificado dentro del desarrollo la historia. Cuando se usa este narrador es porque es la mejor manera de contar los hechos.

Ahora dale al play para ampliar el contenido y los ejemplos sobre el narrador testigo. Y déjame tus impresiones en los comentarios si utilizas este tipo de narrador en tus historias.

Espero que este vídeo te sirva de utilidad y muchísimas gracias por verlo.

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Narrador en segunda persona

Si hay un narrador complicado y que se utiliza poco en ficción es el narrador en segunda. Los que escribimos en blogs solemos utilizar este narrador que se dirige a ti o a vosotros. Pero es cierto que hay pocos casos de novelas o relatos que se dirijan directamente al lector.

Bueno, vale, el género epistolar es el rey de la segunda persona y es frecuente encontrar el recurso de las cartas dentro de novelas. También, algunas autobiografías noveladas se dirigen al lector en segunda persona para contar la propia historia del autor, con la idea de que las vivencias y emociones narradas en el libro son cotidianas y podrían ser las de cualquier otro. Así, a través del narrador en segunda persona, el autor logra el efecto de que el lector viva la vida del escritor como si le hubiese sucedido a él.

Características del narrador en segunda persona

  1. El lector es el protagonista. Este narrador consigue una sensación mágica: que los acontecimientos de la historia los protagonice directamente el lector.
  2. La ambientación es clave. Para conseguir que el lector se emocione, sienta miedo, se ría y viva la historia como propia, con tu narrador en segunda persona tendrás que crear una atmósfera real (que no tiene por qué ser realista) para envolver con ella al lector.
  3. El presente es el tiempo fundamental. Utiliza verbos en presente para dirigirte al lector, como si se tratase de un guión. Porque el lector es el actor que interpreta el papel que tú has creado y no tiene recuerdos ni ha vivido las experiencias que le estás contando. Lo está viviendo al mismo tiempo que lee.
  4. Usa la descripción para que el lector visualice. Tu narrador en segunda tiene que describir perfectamente lo que ocurre para que el lector se haga visible a sí mismo en medio de la escena. Además, tendrá que intuir las reacciones del lector para adaptarse a sus emociones y pensamientos. Si quieres que se emocione, tu narrador tendrá que lograrlo a través de la descripción y de los acontecimientos, no diciéndoselo directamente, es decir, no vale la frase «Ahora estás emocionado».

Ejemplos de narrador en segunda persona

Una novela breve maravillosa: «Aura» de Carlos Fuentes. Considerada como una de las mejores de la narrativa mexicana del siglo XX. Es el relato inquietante de un joven historiador que encuentra trabajo en una casa habitada por dos mujeres. Según avanza la acción, se va transformando en una novela de misterio en la que nada es lo que parece. Como lector, te sientes atrapado en ese ambiente extraño y claustrofóbico que genera el narrador en segunda, gracias a las descripciones en presente:

“Caminas, esta vez con asco, hacia ese arcón alrededor del cual pululan las ratas, asoman sus ojillos brillantes entre las tablas podridas del piso, corretean hacia los hoyos abiertos en el muro escarapelado. Abres el arcón y retiras la segunda colección de papeles. Regresas al pie de la cama; la señora Consuelo acaricia a su conejo blanco.”

El fantástico relato «Carta a una señorita en París» (sí, ese famoso de los conejitos) de Julio Cortázar. Lo he leído unas cuantas veces (no sabría decirte el número) y siempre saco una lectura diferente. Es el cuento de las mil interpretaciones. Pero el desasosiego y la incomodidad que me deja, creo que está relacionado con el narrador en segunda persona:

“Usted sabe por qué vine a su casa, a su quieto salón solicitado de mediodía. Todo parece tan natural, como siempre que no se sabe la verdad. Usted se ha ido a París, yo me quedé con el departamento de la calle Suipacha, elaboramos un simple y satisfactorio plan de mutua convivencia hasta que septiembre la traiga de nuevo a Buenos Aires.”

 

 

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Narrador en primera persona

¿Sabes que el narrador en primera persona es el que más atrae la atención de los lectores? El personaje que narra en primera se hace real y se cuela rápido en la mente del lector. Es el más creíble porque se convierte en una voz, en una persona que le habla directamente. También es uno de los más difíciles de manejar. En este post hablaba sobre la omnisciencia del narrador en tercera que actúa como un dios caprichoso que lo sabe todo de la historia. En cambio, la primera persona es todo lo contrario. Muy utilizado en la literatura actual, se trata de un personaje principal de la historia hablando de sí mismo como eje de la narración. Es importante que tengas en cuenta una serie de requisitos para que sea creíble y atrape la atención:

  1. Tendrás que tener muy en cuenta qué información puede o no puede manejar tu protagonista en primera. Porque no puede saber lo que piensan el resto de los personajes, lo que han hecho o lo que sienten, a no ser que ellos se lo hayan contado explícitamente. Solo puede imaginar lo que ha pasado o lo que siente el otro personaje. No es posible que tenga el don de la ubicuidad (o a lo mejor tiene superpoderes…), luego no podrá estar en todas partes y solo podrá contar desde su punto de vista lo que le ha pasado directamente. Es importante que juegues con la retención de la información. Mantener la tensión, tratando de revelar la información a medida que el personaje la va averiguando.
  2. Tu personaje en primera tiene que hablar como el personaje. Según la historia que quieras contar y el efecto que quieras conseguir en el lector (empatía, rechazo, complicidad, admiración…), así debes construir a este personaje narrador. Tiene que tener una forma de expresarse concreta, de acuerdo con su carácter, su edad, su procedencia, su estrato social, su formación, etc…
  3. La voz del autor no es la voz del narrador en primera. Tiene un punto de vista de los hechos limitado y subjetivo. El lector vivirá la historia a través de sus ojos, opiniones, pensamientos y emociones. Pero tiene que tener vida propia y coherencia, no ser el punto de vista del autor. Ojo, que muchas veces puede confundirse.
  4. El narrador en primera persona suele narrar su historia en tiempo pasado. Esa distancia temporal le permite tener todos los datos de los acontecimientos que cuenta. La historia ya ha finalizado y el narrador sabe todo lo que ha pasado. A veces, esa distancia se come parte de la tensión de la narración. Y si se trata de una novela de acción o suspense, el lector sabe que el narrador ha sobrevivido a todo lo narrado porque lo está contando. En este último caso, para mantener la tensión puedes hacer tres cosas:
    • Usar el tiempo presente en la narración, aunque resulte chocante y difícil de construir.
    • Hacer que el narrador deje su historia escrita (en primera persona) y sea una segunda persona quien la lea. Así, hasta el final no se sabe si el manuscrito se interrumpe porque algo le sucedió al escritor/personaje en primera que le impidiera concluirlo.
    • O puedes hacer que tu narrador no corra riesgo de muerte. Puede haber otras cosas importantes que estén en peligro: la vida de un ser querido, su estabilidad mental, su libertad…

Hay miles de ejemplos de novelas actuales contadas por un narrador en primera, por ejemplo «Funes, el memorioso» de Borges; “Viaje de Gulliver a Liliput” de Jonathan Swift, «El guardián entre el centeno» de J.D. Salinger;…

Es un narrador empleado con frecuencia en la novela negra. También se utiliza en otros géneros como el epistolar, el diario íntimo, la biografía, el monólogo interior… Uno de los ejemplos clásicos de utilización de múltiples narradores en primera (y mi favorito) es «Drácula» de Bram Stoker. Si no la has leído (no vale haber visto la película :-), no sé a qué esperas.

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Narrador en tercera persona u omnisciente

¿Te imaginas que lo supieras todo y lo entendieras todo? ¿Que pudieras predecir el futuro, juzgar y meterte en la cabeza de todos tus personajes? Pues esto es lo que puedes hacer con el narrador omnisciente. Ya vimos en este post la definición de narrador y los tipos que existen. Vamos a empezar con el más sencillo de todos. El que nos cuenta la historia en tercera persona. No como un personaje del relato, sino como alguien externo, que no se sabe bien quién es.

Dios caprichoso

Actúa como un dios caprichoso, lo ve todo y lo sabe absolutamente todo. Está o puede estar en todas partes. Penetrar en la mente de todos los personajes, conocer sus pensamientos, sus deseos más íntimos, sus sueños, sus temores… El narrador omnisciente describe en tercera persona del singular lo que los personajes ven, oyen, piensan y sienten. También puede narrar hechos que no hayan sido presenciados por ningún personaje. O viajar al pasado y conocer también el futuro, utilizando para ello recursos temporales como el flashback o la anticipación. Así el lector tiene una mayor información de la escena que aquellos que la protagonizan. Aporta un amplio cuadro de la vida humana o una escena de mínimos detalles.

Narrador del siglo XIX

Es el narrador más utilizado en las novelas del siglo XIX y el que deberías utilizar si no quieres complicarte mucho la vida o si es la primera historia que cuentas. Veamos algunas características de este narrador:

  1. Proporciona credibilidad: tiene una autoridad absoluta en la historia e impone esa autoridad al lector, es decir, lo que explica es lo que ocurre. Por eso resulta un narrador mucho más verosímil que, por ejemplo, un narrador en primera persona que solo contaría su versión de los hechos. Piensa que puede ser una buena elección para las historias mágicas, fantásticas o absurdas.
  2. Explica, no insinúa: este narrador no sugiere, sino que se encarga de explicar lo que ocurre, juzgar y desmenuzar las causas y comportamientos de los personajes. Hace lo que quiere. Puede presentar una situación de un modo objetivo sin colarse dentro de la conciencia de los personajes. O puede elegir ser la conciencia de un personaje solo para lograr un efecto especial. El margen que se deja al lector para imaginar y deducir por su cuenta no es tan grande como con otros narradores.
  3. Puede identificarse con el escritor: y a veces sucede que los autores noveles pueden confundir las dos voces. Es importante saber diferenciar que esta voz en tercera no tiene nada que ver con el autor que escribe la historia. Al no formar parte directa de la narración y mantenerse fuera de ella, pueden llegar a confundirse, sobre todo si el narrador realiza algún juicio de valor.
  4. Permite los saltos en el tiempo y el espacio: este es el narrador más sencillo para anticipar el futuro, volver al pasado, omitir escenas innecesarias mediante la elipsis, cambiar de escenarios… Es muy versátil para contar novelas de aventuras o históricas.
  5. No atrapa tanto como una voz en primera persona: el narrador testigo se mete rápidamente en la cabeza del lector, mientras que el omnisciente está más separado. La fuerza del personaje principal se ve perjudicada, ya que el lector no solo recibe información de los sentimientos de este, sino de todos los personajes.

Como cualquier otro narrador, el omnisciente no es mejor ni peor. Tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y de cada escrit@r depende la decisión de escoger quién cuenta su historia. Porque ya sabes que no hay fórmulas mágicas ni una respuesta definitiva. Lo importante es tener claro qué quieres contar, qué emociones y sentimientos quieres despertar en el lector.

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El narrador, ¿quién cuenta la historia?

En toda historia, ya sea novela, relato corto, ensayo, reportaje, crónica…hay siempre una voz que transmite esos hechos a un lector. Todos los textos, incluso los más «objetivos» tienen siempre un punto de vista concreto, con un enfoque y un tono de voz determinados. Respondería a la pregunta: ¿Quién cuenta la historia y desde dónde la cuenta?

El narrador sirve para construir nuestra historia. Gracias a él, podemos describir a los personajes, ambientes y acciones. También transmitir emociones, crear los diálogos, las opiniones y dosificar la información para crear suspense o intriga. El narrador es la «voz mágica» que selecciona lo que cuenta y lo que omite, que elige los momentos para mostrar la información o anticipa los acontecimientos que todavía no han ocurrido.

Hay varios tipos de narradores y múltiples puntos de vista. Pero lo más importante es que el narrador que comienza a contar la historia sea el mismo que la termina. A veces leo borradores de novela en los que empieza a narrar una primera persona, pero luego sin razón aparente cambia el foco y se mezcla con la voz del autor. El narrador tiene que ser coherente desde el principio hasta el final. Aunque puede haber dos narradores (o más) intercalados en la acción, por ejemplo, un narrador en primera en forma de diario o de cartas, y un narrador omnisciente que cuenta el resto de puntos de vista de los otros personajes.

  • Narrador en primera persona. Se cuenta la historia desde el yo, a través de los ojos y opiniones de un personaje. Puede ser el protagonista o un secundario. Para mi es el más difícil de construir porque no te puedes despegar nunca de su visión. Es el que más engancha al lector porque automáticamente te metes en la piel de ese protagonista
    pero es el que tiene un punto de vista más reducido.
    También en primera persona podemos encontrar al narrador testigo, que es un personaje implicado en la historia de manera más o menos directa y nos la cuenta desde su punto de vista, como hace Scott Fitzgerald en «El gran Gatsby».
  • Narrador en tercera persona. El más usado. Alguien, implicado en la historia o no, cuenta en tercera persona lo sucedido. Es un observador, pero puede ser de dos tipos: 1. Omnisciente. El narrador lo sabe todo, como un dios que mira. Alberga un conocimiento superior al del protagonista y al de los secundarios. 2. Limitado o equisciente: también en 3ª persona pero desde el punto de vista de un solo personaje. Puede contarnos lo que siente, ve y opina dicho personaje, pero no lo que les pasa por la cabeza a los otros.
  • Narrador en segunda persona. El menos utilizado de todos, pero uno de los más interesantes. Apela directamente al lector mediante el tú o el vosotros. Consigue que el lector se involucre en lo que se le cuenta porque se apela directamente a él. Se suele usar en el género epistolar. Un ejemplo clásico sería «Cinco horas con Mario»  de Miguel Delibes.
  • Según el punto de vista, puede haber un narrador desapegado, que describe de manera objetiva lo que ocurre. Se limita a narrar los hechos tal y como se ven o se oyen, sin opiniones. Es sutil y, a veces difícil, pero gratificante para el lector, que añade su interpretación a la historia, sin verse influido por el narrador. Es el estilo periodístico o de informe, como si se contase lo que se ve a través de una cámara de vídeo. También puede haber un narrador comentarista que, aunque no participe en la historia, puede introducir reflexiones sobre lo que sucede.

Y ahora viene lo complicado… ¿Cómo elegir uno u otro para contar tu historia? Por desgracia, como todo en la literatura, no hay fórmulas mágicas ni una respuesta definitiva. Lo importante es tener claro qué quieres contar, qué emociones y sentimientos quieres despertar en el lector. Creo que más que una decisión racional, es algo intuitivo, que surge de una especie de voz interior con la que te encuentres cómod@ y con la que la historia fluya. Cuando te hable, déjate llevar por ella.

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