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Los clásicos son para el verano. Trucos que aprender de los libros de toda la vida

En verano el ritmo varía, los hábitos se rompen. Viajamos, cambiamos de ubicación, incluso llegamos a desconectar del resto del planeta. Por eso, las vacaciones estivales son uno de los momentos perfectos del año para sumergirse en la lectura sin horarios. Tenemos más tiempo para disfrutar de una novela larga o con un tempo más lento. Para leer relato corto que requiere más atención, novelas frescas e intrascendentes, sumergirse en toda la bibliografía de un aut@r o para adentrarse en ese sesudo ensayo procrastinado a lo largo del año. Y todo a la sombra de una palmera, mientras escuchas al vendedor playero, o en un casita rural en mitad de los Pirineos.

Soy una privilegiada. Estas semanas de verano puedo disfrutar de mi paraíso terrenal (Cádiz) y practicar una de mis actividades favoritas, además de ir a la playa y montar en bici. Siempre aprovecho esta época para hacer una lectura tranquila de libros que he ido acumulando en meses. Y sobre todo para leer o releer clásicos. En este post os propongo cinco más que conocidos. ¿Por qué? Por eso mismo, porque los damos por conocidos. Porque nos sabemos el argumento, hemos visto mil películas sobre ellos, pero ¿de verdad, los hemos leído? Y lo mejor de todo, ¿sabemos qué nos pueden enseñar? ¿Qué trucos utilizan l@s grandes autor@s? ¿Qué podemos «apropiarnos» de ellos para nuestra escritura?

  • Drácula, Bram Stoker. ¿Qué te voy a contar que no sepas del vampiro? El año pasado se cumplieron 120 años de la publicación de la novela y es alucinante lo bien que se mantiene, no solo el mito, sino la estructura del relato. Parece que fue escrito ayer. Si la lees, vas a flipar con los usos de la primera persona y el manejo de los puntos de vista. El recurso de contar la historia a través de cartas, telegramas, diarios de a bordo, recortes de periódico y otras pruebas escritas, ordenadas “luego” de forma cronológica, era algo ya muy visto en el siglo XIX. Lo habían hecho Frankenstein o Wilkie Collins, el pionero de la narrativa detectivesca, en La piedra lunar. Stoker escribía entonces para sacarse un dinero extra, novelas y relatos de corte sensacionalista, gótico y de terror que gustaban mucho a sus contemporáneos. Tras varios años interesado por el folklore europeo y tras absorber varias lecturas e influencias, construyó la novela que ha sentado las bases de lo que entendemos actualmente por un vampiro, a pesar de que para entonces ya existían Carmilla de Sheridan Le Fanu, Varney the Vampire de James Malcolm Rymer, y el Vampyre de John Polidori. Hay que decir que la película de Francis Ford Coppola es la versión que más se acerca al libro, aunque con un punto más romántico.
  • Frankenstein, Mary Shelley. En el mismo verano en el que Polidori daba forma a su Vampyre, Mary Shelley dio a luz a su criatura. Alojados en dos villas junto a las orillas del lago Lemán (la famosa Villa Diodati), cerca de Ginebra, el círculo de amigos de Shelley pasaron aquel tormentoso, frío y oscuro verano contando historias de fantasmas y charlando en lugar de hacer excursiones o navegar. Habría que ver a la pandilla… De esa oscuridad nacerían las pesadillas y el arte, sumidos en ese caldo decimonónico de superstición, religión, razón, ciencia y romanticismo. La figura de Mary Shelley merece un post entero, pero ¿por qué leer a su monstruo? Por la misma razón que Drácula. Hemos visto tantas reinterpretaciones del mito que se ha perdido su valor original, que va más allá del terror. Es un texto principalmente filosófico, que hace reflexionar sobre el sentido de la existencia, la figura del creador y la divinidad, la maldad y la fealdad, el miedo a lo desconocido… Es una novela de la que no se sale indemne.
  • Historia de dos ciudades, Charles Dickens. De este maestro habría que leerlo todo porque es un grande en la construcción de «culebrones»de relatos con unos personajes inolvidables, de argumentos universales y «copiados» hasta la náusea. Si quieres aprender a estructurar y a crear una trama que enganche, ya sabes. Pero ¿por qué esta novela? Primero, porque tiene el comienzo más maravilloso de todos los tiempos. Y segundo, porque es un poco diferente a las demás que escribió. En su mayoría eran historias protagonizadas por niños o adolescentes que pretendían denunciar a la sociedad británica de la época y las consecuencias de la industrialización. Pero en esta novela histórica se narra la vida en el siglo XVIII. Se desarrolla entre Londres y París, en los comienzos de la Revolución Francesa. Fue publicada en la revista All the Year Round (fundada por el propio Dickens, ¡¡qué crack!!) en 31 entregas semanales entre abril y noviembre de 1859.​ Fue la primera publicación de la revista con una enorme aceptación. Llegó a tener una tirada de 120.000 ejemplares. Un bestseller en toda regla, ¡vaya!
  • Madame Bovary, Gustave Flaubert. He de reconocer que es de esos clasicazos con los que nunca me atreví por su tamaño. Hace dos años lo leí en la playa y me enamoré del personaje. Bien es cierto que es una obra realista con un comienzo bastante lento para mi gusto. Pero que tiene tantas capas de significado profundo en Emma que tendré que volver a leerla para exprimir al máximo su épica y su alegoría. Si quieres aprender cómo se construye la psicología de un personaje con todas sus aristas y redondeces, esta es tu novela. Solo la escena maravillosa de Emma con su amante dentro del coche de caballos, esa elipsis que Flaubert se marca para contar el polvo que están echando los protagonistas, es una de las cumbres de la literatura. Magistral: lee y «copia».
  • Cumbres Borrascosas, Emily Brönte. Como las dos primeras novelas de la lista, esta publicada por primera vez en 1847, ha dado lugar a mil  adaptaciones, incluyendo varias películas, dramatizaciones radiofónicas y televisivas, un musical, telenovelas y canciones. Todos tenemos en la cabeza que es la gran historia de amor, el super culebrón que no puede superar ningún serial colombiano…Pero nada más lejos de la realidad. Cumbres Borrascosas es una historia oscura y atormentada con una estructura innovadora para su época, que se suele comparar con un conjunto de muñecas de matryoshka, y que dejó a los críticos boquiabiertos y ojipláticos. Por supuesto, se ganó el mito de incomprendida, tanto la obra como la autora. Si quieres aprender sobre descripción de ambientes y pintura de los espacios, sumérgete en la finca Cumbres Borrascosas y la Granja de los Tordos.

Ya te he dado unas cuantas razones para bañarte en los clásicos. Si aún así no te sirven, déjate llevar y léelos por el simple placer de leer. Porque estás en tu paraíso, sea cual sea.

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¿Cómo volver a enamorarte de tu escritura?

Es normal. Suele ocurrir. En las relaciones a largo plazo, a veces tenemos momentos de bajón, de pérdida de pasión, de huída del entusiasmo. Y con la escritura también pasa porque la relación que tenemos con ella es una de las más intensas, lujuriosas, fértiles y a la vez tormentosas. Decía Bukowski, «Si algo arde en tu alma con propósito y deseo, es tu obligación ser reducido a cenizas. Cualquier otra forma de existencia será otro aburrido libro en la biblioteca de la vida». ¿Qué hacemos entonces para avivar la llama, para sentir el enamoramiento de nuevo? ¿Las mariposas en el estómago y la cabeza perdida?

Reconecta con el porqué y el para qué

¿Te has preguntado por qué escribes? ¿Cuál es la razón que te impulsa a sentarte delante del ordenador o del cuaderno, a pesar de la falta de tiempo o de inspiración? ¿Qué buscas con tu escritura: ser ric@, famos@, simplemente conectar con los demás a través de tus palabras…? Todos los que nos dedicamos a escribir tenemos una o varias razones y a veces ocurre que perdemos el foco, nos desconectamos de los motivos que nos impulsan a seguir. Hay que recuperar la zanahoria, esa con la que se engaña al burro para que avance. ¿Cuál es tu zanahoria?

Desconecta durante un tiempo

En ocasiones, hay que darse tiempo, no forzar las cosas. Si estás tan atascad@ en tu novela, que no ves la luz al final del túnel, déjala reposar, escribe relato corto u otro género distinto. Dedícate a leer, a salir de tu entorno, o a cambiar de arte. ¿Y si durante un tiempo en lugar de escribir, aprendes a pintar, a bailar o a tejer? Cualquier otra actividad que te permita estar activo y que tu mente siga trabajando en la escritura en un segundo plano.

Conecta con otros escritores

Conocer a otras personas que tienen tu misma pasión, te ayuda a salir de tu propia escritura, a verla con perspectiva, a compartir tus obstáculos y obsesiones con gente que no te mirará como un bicho raro. Métete en grupos de escritores de Facebook, por ejemplo, que hay muchos y muy didácticos como El escritor emprendedor. También puedes apuntarte a un curso, taller o escuela de escritura que te permitirá, además de conectar con otros escritores, aprender nuevas técnicas y compartir tus textos.

Estar en la naturaleza

Si eres como yo, urbanita hasta la médula, entenderás la importancia de este punto. Me encanta estar rodeada de edificios, plazas, bares, restaurantes, librerías, cines, teatros, gente…pero es cierto que a veces también resulta cansado. Y salir de la ciudad, aunque sea a dar una vuelta por sus alrededores campestres, es una forma de conectar con tu intuición, con lo que sientes y con algo mucho más grande que tú (y todo esto, sin ponerme trascendental 😄) Ahora que llega el buen tiempo, lo que más deseo es volver al sur, a ver ese azul gaditano que me vuelve loca, a sentarme en la orilla y dejar que las frases vayan y vuelvan al ritmo de las olas. Además, los viajes, como te comentaba en este post, pueden generar un material perfecto para tu escritura.

Trascender los miedos

Los miedos y las dudas sobre nuestra escritura hay que tomárselos como una fase del cambio, de evolución, de mantener la calma y pensar que estás en el camino correcto si no puedes dejar de escribir. Trascender esos miedos te convierte en la persona capaz de conseguir lo que quieres. Es el famoso viaje del héroe, que ya he puesto de ejemplo otras veces: hace falta pasar por determinados obstáculos en la vida para enfrentarse al problema y resurgir de forma distinta. Sin cambio, no hay literatura.

 

En definitiva, la escritura es como un matrimonio, nunca hay que dejar de regar tu plantita 😃😃 de mantener el entusiasmo, a pesar de los baches en el camino. Vamos evolucionando como personas y como escritores: no escribimos igual que hace 5 años y que probablemente escribiremos dentro de 10. Los temas, las técnicas, las estructuras… van cambiando, pero lo importante es ser fiel a la escritura.

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