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El narrador, ¿quién cuenta la historia?

En toda historia, ya sea novela, relato corto, ensayo, reportaje, crónica…hay siempre una voz que transmite esos hechos a un lector. Todos los textos, incluso los más “objetivos” tienen siempre un punto de vista concreto, con un enfoque y un tono de voz determinados. Respondería a la pregunta: ¿Quién cuenta la historia y desde dónde la cuenta?

El narrador sirve para construir nuestra historia. Gracias a él, podemos describir a los personajes, ambientes y acciones. También transmitir emociones, crear los diálogos, las opiniones y dosificar la información para crear suspense o intriga. El narrador es la “voz mágica” que selecciona lo que cuenta y lo que omite, que elige los momentos para mostrar la información o anticipa los acontecimientos que todavía no han ocurrido.

Hay varios tipos de narradores y múltiples puntos de vista. Pero lo más importante es que el narrador que comienza a contar la historia sea el mismo que la termina. A veces leo borradores de novela en los que empieza a narrar una primera persona, pero luego sin razón aparente cambia el foco y se mezcla con la voz del autor. El narrador tiene que ser coherente desde el principio hasta el final. Aunque puede haber dos narradores (o más) intercalados en la acción, por ejemplo, un narrador en primera en forma de diario o de cartas, y un narrador omnisciente que cuenta el resto de puntos de vista de los otros personajes.

  • Narrador en primera persona. Se cuenta la historia desde el yo, a través de los ojos y opiniones de un personaje. Puede ser el protagonista o un secundario. Para mi es el más difícil de construir porque no te puedes despegar nunca de su visión. Es el que más engancha al lector porque automáticamente te metes en la piel de ese protagonista
    pero es el que tiene un punto de vista más reducido.
    También en primera persona podemos encontrar al narrador testigo, que es un personaje implicado en la historia de manera más o menos directa y nos la cuenta desde su punto de vista, como hace Scott Fitzgerald en “El gran Gatsby”.
  • Narrador en tercera persona. El más usado. Alguien, implicado en la historia o no, cuenta en tercera persona lo sucedido. Es un observador, pero puede ser de dos tipos: 1. Omnisciente. El narrador lo sabe todo, como un dios que mira. Alberga un conocimiento superior al del protagonista y al de los secundarios. 2. Limitado o equisciente: también en 3ª persona pero desde el punto de vista de un solo personaje. Puede contarnos lo que siente, ve y opina dicho personaje, pero no lo que les pasa por la cabeza a los otros.
  • Narrador en segunda persona. El menos utilizado de todos, pero uno de los más interesantes. Apela directamente al lector mediante el tú o el vosotros. Consigue que el lector se involucre en lo que se le cuenta porque se apela directamente a él. Se suele usar en el género epistolar. Un ejemplo clásico sería “Cinco horas con Mario”  de Miguel Delibes.
  • Según el punto de vista, puede haber un narrador desapegado, que describe de manera objetiva lo que ocurre. Se limita a narrar los hechos tal y como se ven o se oyen, sin opiniones. Es sutil y, a veces difícil, pero gratificante para el lector, que añade su interpretación a la historia, sin verse influido por el narrador. Es el estilo periodístico o de informe, como si se contase lo que se ve a través de una cámara de vídeo. También puede haber un narrador comentarista que, aunque no participe en la historia, puede introducir reflexiones sobre lo que sucede.

Y ahora viene lo complicado… ¿Cómo elegir uno u otro para contar tu historia? Por desgracia, como todo en la literatura, no hay fórmulas mágicas ni una respuesta definitiva. Lo importante es tener claro qué quieres contar, qué emociones y sentimientos quieres despertar en el lector. Creo que más que una decisión racional, es algo intuitivo, que surge de una especie de voz interior con la que te encuentres cómod@ y con la que la historia fluya. Cuando te hable, déjate llevar por ella.

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¿Qué dos cualidades son esenciales para escribir?

En el último vídeo de este año, he me puesto a reflexionar sobre cómo contar historias y desde dónde si ya está todo contado cientos de veces. He llegado a la conclusión de que todos, absolutamente todos los humanos, tenemos dos cualidades esenciales que sirven para escribir y que podemos utilizar para dar un nuevo punto de vista a nuestros relatos. ¿Quieres saber cuáles son?  Porque la escritura es eso, un punto de vista, una forma de mirar lo que tenemos a nuestro alrededor, una manera de entender la vida que es única e intransferible.

Espero que te resulte útil este vídeo. Si quieres ver más trucos de escritura, te invito a suscribirte a mi canal de Youtube.

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El recurso inagotable que tienes y puedes utilizar para escribir

A veces cuando me quedo sin ideas para describir un ambiente, una situación o un personaje, recurro a una fuente inagotable a la que no solemos dar demasiada importancia. En el vídeo de esta semana te cuento cuál es. Lo he grabado en el Parque de María Luisa en Sevilla por una razón que tiene que ver con este recurso que tenemos todos y es muy práctico a la hora de escribir.

 

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¿Cómo escribí mi primera novela? Making of de “La mujer que vendía el tiempo”

Hoy vengo a hablar de mi libro porque estoy de celebración. Así de claro. Se acaba de publicar y presentar “La mujer que vendía el tiempo”, mi primera novela breve. La escribí en un mes exactamente. ¿Solo un mes?, me pregunta todo el mundo. Tiempo récord, ¿no? La verdad es que sí, pero te voy a contar el secreto de cómo lo hice para que veas que es más que posible. Aunque tienen que darse varias circunstancias en tu vida…

Antes solo había escrito relatos cortos, algunos de ellos recopilados en el libro “Nido ajeno”, publicado en 2014 en la Colección El Pez Volador. Esta novela comencé a escribirla hace algo más de tres años, a raíz del concurso que lanzó el Taller de Escritura de Clara Obligado del que soy alumna.

Todos tenemos un pasado…

Por aquel entonces de 2015, yo trabajaba en un banco. Sí, ahora me parece increíble… No me disgustaba lo que hacía pero odiaba la maquinaria del sistema. Me encontraba siempre fuera, todo me parecía un engranaje kafkiano y muchas veces estuve a punto de dejarlo. Pero marcharme sin un euro después de 17 años, no me parecía una buena salida… Y llegó mi rescate, que fue una bendición, en forma de ERE. Me acogí al despido, me indemnizaron, me dieron dinero por antigüedad, por la voluntariedad de acogerme al ERE y me compré el tiempo. Me compré la posibilidad de reinventarme y de pensar en qué quería invertir ese tiempo tan precioso que tenía por delante.

Cuando me quedé en el paro, el concurso seguía abierto y Camila Paz, la editora de “La mujer que vendía el tiempo”, me presionó. Me dijo, “ahora no tienes excusa para ponerte a escribir. Tienes un mes para enviar algo al concurso”. Solo faltó mandarme también a unos sicarios…”Ahhh, vale, un mes, me sobran dos semanas”, le dije, ¡¡glups!! Nada como escribir bajo presión…

Empieza con un fin en mente

Lo cierto es que ya tenía el primer capítulo escrito, lo había leído en clase del Taller de Escritura y había gustado el tema. El personaje de Ruth es real. Llegó a mí gracias a un artículo de una revista digital que se llama Yorokobu, de la que saco bastantes ideas para relatos y posts. La historia de Ruth me fascinó. Me apetecía que me contara más, porque una de mis obsesiones es el tiempo. Ruth Belville fue una mujer empresaria, fuerte y con coraje, que heredó el negocio que su padre había creado a mediados del siglo XIX. Consistía en un servicio de venta de la hora, mediante la sincronización de los relojes de los clientes con la estandarización horaria del Observatorio de Greenwich.

Cuidado con la documentación que mata la narración

La novela sucede en Londres en 1940, en plena Blitz o guerra relámpago de los alemanes contra los ingleses en la II Guerra Mundial. No es una novela histórica, sino inspirada en hechos reales, pero lo cierto es que la documentación es importante, sobre todo para no meter la pata. ¿Había bolígrafos en 1940? ¿Qué tipo de faldas llevaban las mujeres mayores? ¿Y las jóvenes? ¿Cómo eran los túneles del metro de Londres? La documentación ya la tenía preparada antes de ponerme a escribir porque me encanta ese periodo histórico, no tanto desde el punto de vista bélico, o sea, macro, sino desde el micro, desde la mirada en detalle de la vida cotidiana. Me pierde la documentación, pasé bastante tiempo buscando cómo eran los aviones, las bombas, los globos antiaéreos, dónde se produjeron los bombardeos, qué pasaba en el paso de Calais,… En fin, me podría pasar la vida documentándome. Durante la construcción de la novela, escuchaba en bucle, en una lista de Spotify, la canción que canta Erika, uno de los personajes principales. Se titula “We will meet again” de Vera Lynn. Es una canción que cantaban los soldados en el frente y es tan bella como escalofriante si recapacitas en la letra y el contexto.

Pero la realidad es que la documentación se come la narración. Es mejor no ir tanto al detalle (a no ser que sea una novela muy fiel a la historia) porque al final acabas metiendo la pata. Hay que utilizar la información más básica e integrarla como si fuera parte de la narración. De hecho, en la novela solo hay una anécdota real de la vida de Ruth, de las pocas que han trascendido de su vida, una noticia que salió en The Times… El resto es ficción, solo he rellenado los huecos de lo que podría haber sido la vida de esta mujer. O no.

Lo siento, no hay un secreto, es solo trabajo y trabajo…

De todo lo demás que sucedía en la novela, no tenía ni idea.  Me levantaba, me sentaba delante del ordenador y Ruth me iba contando la historia. Lo que hice sistemáticamente durante ese mes fue trabajar durante 8 horas, como si me pagaran por ello. Solo paraba a mediodía para ir al gimnasio, comer y luego seguir escribiendo. Fue extrañísimo porque yo no tenía ni idea de lo que iba a pasar, os lo juro, me sentaba y me llegaba la voz. Eso es algo que tuve desde el principio, una voz que me hablaba. Quizá estoy un poco loca… Elegí una tercera persona porque era la más fácil para contar en tan poco tiempo. Esa voz se va pegando a los personajes y va poniendo el foco sobre todo en Ruth y en Erika. Yo lo único que hice fue transcribir lo que me iban contando. En serio, es un momento mágico que espero recuperar. Lo más difícil fue darle tensión, esconder datos, dosificar la información y encontrar una pieza que faltaba, una escena que es crucial en el pasado de Ruth y que explica muchas cosas de su presente. El resto del proceso fue muy placentero. Es una novela que me divirtió mucho escribir. Me hubiera gustado que fuera más larga porque el final, muy muy abierto, sucede fuera de la novela, en la cabeza del lector.

Si te obsesiona un tema, lo mejor para quitárselo de encima es escribirlo

Cuando empecé a escribirla yo era una auténtica vendedora de tiempo. Trabajaba para el dinero de otros, en un sistema que no entendía, luchando contra los viejos paradigmas, y tenía siempre la sensación de ir contra el tiempo. Nunca tenía tiempo de nada, siempre quería más para hacer más cosas, para llenar una vida profesional que no me satisfacía. Y de pronto me di cuenta de que estaba malgastando un montón de horas de mi vida en transportarme a un sitio para trabajar, que no me gustaba, para volver tardísimo a casa y repetir la secuencia todos los días con el parón del fin de semana… Me pareció que no estaba haciendo nada significativo, nada que dijera algo bueno de mi, solo nació, trabajó en un sitio que no le gustaba para ganar dinero y comprar cosas que no quería y… murió. Y era así de triste, de verdad…

Escribir esta novela me permitió poner en orden mis ideas y tratar de explicarme mis obsesiones. ¿Qué es el tiempo? Durante tantos años trabajando con el concepto del dinero que es acumulable, me di cuenta que el tiempo es el único recurso, la única energía que no es almacenable ni renovable. Gracias a la historia de Ruth, fui consciente de la necesidad de aprovechar correctamente esa energía, haciendo lo que hemos venido a hacer en este momento que nos ha sido dado, con las personas y las experiencias adecuadas.

Puedes encontrar “La mujer que vendía el tiempo” en la librería Cervantes y Compañía, calle del Pez, 27, Madrid. Y es un regalo perfecto para estas Navidades que se acercan, palabrita de autora.

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¿Atascad@ en la trama? Pinta, baila o haz teatro en lugar de escribir

Desconecta por un tiempo

Lo reconozco. En ocasiones, cuando me atasco en la trama de un relato, lo mejor que puedo hacer es desconectar durante un tiempo. Darme un descanso y no forzar las cosas. Si no ves la luz al final del túnel, déjalo reposar, escribe un género distinto o comienza otro relato.

También es muy beneficioso dedicarse a leer, salir de tu entorno, o cambiar de arte. ¿Y si durante un tiempo en lugar de escribir, aprendes a pintar, a bailar, a hacer teatro o a tejer? Cualquier otra actividad que te permita estar activ@ y que tu mente siga trabajando en la escritura en un segundo plano.

Espero que este vídeo te sirva para devolverte la ilusión por tu escritura.

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¿Por qué y para qué escribes?

¿Nunca te has preguntado por qué escribes? ¿Cuáles son las razones que te impulsan a sentarte delante del ordenador o del cuaderno, a pesar de la falta de tiempo o de inspiración? ¿Qué buscas con tu escritura: ser ric@, famos@, simplemente conectar con los demás a través de tus palabras…?

Todos los que nos dedicamos a escribir tenemos una o varias razones y a veces ocurre que perdemos el foco, nos desconectamos de los motivos que nos impulsan a seguir. A veces es necesario recuperar la zanahoria, esa con la que se engaña al burro para que avance. ¿Cuál es tu zanahoria? En este vídeo te cuento lo importante que es reconectar con el porqué y el para qué de tu escritura si no quieres perder la ilusión y tirar la toalla.

Espero que este vídeo te sirva para volver a enamorarte de tu escritura.

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Cuando el héroe inicia la aventura. Segunda etapa del Viaje del héroe

Cuando el héroe ya se ha lanzado a la aventura, comienza lo bueno. Las pruebas, los dragones, los obstáculos, el amor, las tentaciones, el miedo al poder, el conocimiento, los dones, el elixir de la inmortalidad…

La semana pasada te contaba la primera etapa del Viaje del héroe, cuando recibe la llamada y decide salir de su cómoda vida para enfrentarse a la aventura. Vamos ahora con la segunda etapa, la iniciación, que está formada por las 6 fases más importantes de esta estructura clásica, recurrente y tan eficaz para escribir tus novelas y/o relatos.

En este nuevo vídeo te lo cuento muy resumido.  👇👇

Las 6 fases de esta segunda etapa son:

  • Las distintas pruebas. El héroe tiene que enfrentarse a varias hazañas o tareas difíciles para vivir la transformación. Suelen presentarse en grupos de tres y el héroe fracasa en todas ellas o en alguna. Es la fase de los paisaje difusos porque el protagonista no tiene muy claro dónde se ha metido. También es el momento de resolver acertijos, enigmas, arrancar las escamas al dragón…
  • El encuentro con la diosa/el dios. El héroe o la heroína se encuentran con el amor, el sentimiento que les hace sentirse todopoderosos y ETERNOS. Una de las mayores fuerzas del universo.
  • La mujer/el hombre como tentación. El héroe/la heroína tiene que enfrentarse a tentaciones físicas, materiales, placenteras, lujuriosas…que le van a hacer abandonar por un momento su misión. No necesariamente tiene que ser un hombre o mujer, puede ser una fuerza que le haga extraviarse de su objetivo. El ejemplo clásico son los cantos de las sirenas de Ulises en la Odisea.
  • La reconciliación con el padre. El padre representa en muchas culturas la figura del gran poder sobre la vida y la muerte. Es la fase más importante de esta etapa porque el héroe se tiene que enfrentar a él y reconciliarse para madurar. Abrir los ojos al terror y al miedo para superar este poder.
  • La apoteosis. El protagonista ha llegado a un estado de conocimiento divino, de felicidad, de epifanía. Es el momento de descanso y paz antes del regreso que es la tercera parte del viaje.
  • El don final. El héroe recibe la bendición que es haber logrado la misión de su aventura. Es la recompensa al esfuerzo y su purificación. Suele ser un objeto (o estado inmaterial) trascendente: el elixir de la vida, una planta de inmortalidad, el Santo Grial…

La iniciación es la parte más larga y compleja de la estructura del héroe, la que encierra la profundidad de la trama y los conflictos principales. Revisa si tu novela o relato desarrolla estas fases en el orden cronológico.

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Todo comienza con una llamada. Primera etapa del Viaje del héroe

Todo viaje tiene un punto de partida, un pistoletazo de salida que arranca la acción. Suele ser una llamada irrefrenable, una voz interna, una información desconocida, un dato que cambia la historia… algo tan potente que obliga al héroe a emprender la aventura.

En este vídeo anterior hablaba sobre los ingredientes fundamentales de la estructura clásica del “Viaje del héroe”. Y ahora comenzamos el viaje con la primera etapa, la salida del héroe. Que a su vez está formada por 5 fases que el protagonista tiene que recorrer en orden cronológico para avanzar en la trama.

En este nuevo vídeo te lo cuento en solo 3 minutitos y poco. 👇

Las 5 fases de esta primera etapa son:

  • La llamada a la aventura: el héroe recibe esa información o esa voz interior que le incita hacia lo desconocido, a salir de su vida cotidiana y enfrentarse a algo distinto.
  • El rechazo de la llamada: el héroe mira hacia otra parte y no presta atención a la llamada, no quiere traspasar su zona de confort por miedos, obligaciones, inseguridades, debilidades…
  • La ayuda sobrenatural: aparece un guía o ayudante mágico que proporcionará talismanes para proteger al héroe en su viaje y le dará pautas para aprender a enfrentarse a lo desconocido.
  • El cruce del primer umbral: el héroe deja atrás las fronteras conocidas y se aventura en lo peligroso, un mundo donde no hay reglas o al menos él/ella no las conoce.
  • El vientre de la ballena: el protagonista se separa de su mundo conocido y se compromete con su metamorfosis.

Fuertecito para ser un comienzo, no? Revisa si tu novela o relato comienza con estos pasos, con esta llamada a la acción.

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Vigas y columnas de tu novela. Estructura en 3 actos

La estructura de una narración son como las vigas y columnas de cualquier edificio: no se ven pero dan forma y carácter a todo el conjunto. Y sobre todo, lo sostienen. En el vídeo de esta semana me gustaría hablaros de la estructura más clásica, el esquema aristotélico de 3 actos: 1. planteamiento 2. nudo y 3. desenlace.

  1. En el planteamiento debemos introducir el incidente detonador, es decir, el suceso que lo va cambiar todo. También presentar al protagonista, el lugar de la acción y dar una idea del tema que será el foco de tu historia: libertad, amor, pérdida, infancia, vejez…
  2. En el desarrollo de una novela es donde sucede lo primordial. Donde conocemos más sobre el personaje principal y vemos cómo se enfrenta al conflicto y cómo supera los obstáculos. Recuerda que en una novela siempre, siempre, siempre tiene que haber un conflicto, un cambio. El protagonista no puede ser el mismo que al comienzo de la obra, tiene que sufrir una transformación. Esta es la clásica estructura del viaje del héroe, que ya contaré más detenidamente en otro vídeo, lo prometo 😃
  3. En el desenlace deben unirse de forma lógica todos los puntos de la historia. Incluso aunque plantees un final abierto, lo que sucede en el desenlace tiene que desprenderse de lo que ha venido ocurriendo hasta el momento. Las fuerzas del conflicto vuelven a quedar en reposo y el personaje completa su evolución. Te recomiendo que cuando empieces a escribir tu siguiente novela, escribas primero el final. Puede que luego lo cambies, no pasa nada, pero te ayudará a que tu cerebro vaya del punto A al punto B, como si fuera un GPS, llenando todos los huecos de la trama que vas a ir encontrando en el viaje/proceso de escritura.

Si escribes sagas compuestas por varias novelas, también cada una de ellas debe tener un final. Aunque la trama principal vaya a continuar desarrollándose en las sucesivas entregas, debes ponerle el punto final a alguna de las tramas secundarias que manejas para que el lector perciba esa sensación de resolución.

Además de esta estructura clásica, puedes utilizar otras formas que me guardo para contarte en otra ocasión. Y ahora, si te interesa profundizar en el punto de la estructura de las obras de ficción, te recomiendo que escuches esta charla del escritor argentino Federico Falco. A partir del minuto 24 habla sobre comienzos y finales, aunque todo el podcast merece muchísimo la pena.

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¿Te has quedado sin ideas para tu novela? [Vídeo-truco para avanzar en tu escritura]

En el vídeo de la semana pasada hablaba del enorme problema que supone tener demasiadas buenas ideas que contar en tu novela. Pero, ¿qué pasa cuando se te agota la creatividad para las descripciones, los diálogos o las metáforas? ¿Cómo puedes recuperar la inspiración?

¿Quieres saber cuál es la fuente inagotable para incentivar tu imaginación y que nunca te falten los recursos en tu escritura?

Aquí tienes el cuarto vídeo de la serie veraniega, fresca y playera, en la que te cuento trucos en menos de un minuto para avanzar en tu escritura. 👇👇

Vídeo-truco

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Lee cosas parecidas a lo que estás escribiendo. Te permite asimilar el estilo de ese autor que ha escrito antes lo que tú quieres escribir. O te puede dar ideas para construir un nuevo personaje, una descripción o una subtrama. Por ejemplo, a una autora a la que estoy ayudando con su novela de género chick lit, le he recomendado que lea Sheila Levine está muerta y vive en Nueva YorkCumbres borrascosas o cualquier novela de Ingrid Noll, una divertidísima escritora alemana de novela policíaca. Porque la autora descubrió escribiendo el final de su novela, que necesitaba darle un punto más negro.