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¿Cómo pasar de asalariado a autónomo? Cinco aprendizajes básicos (2ª parte)

En un post anterior, te comenté cinco aprendizajes básicos para pasar de autónomo a asalariado. Una reflexión que surgió a partir de la pregunta de un ex compañero con el que trabajé durante algunos años: “Creo que me voy a hacer autónomo, ¿te puedo preguntar algunas dudas?”

Él, como otros muchos, ha sufrido un ERE y lleva meses buscando trabajo. Tiene una edad, digamos considerable, y eso es un freno a su contratación. Su decisión, que están siguiendo much@s antiguos compañeros que conozco de mi época de empleada, me llevó a meditar sobre qué puntos son importantes, a nivel mental, para emprender el camino del autónomo.

Bien, como se quedó algo corto el post anterior y se me ocurrieron nuevas pautas para dar el salto de un empleo fijo a emprender sin perder la cabeza, aquí van cinco puntos más:

[Inciso: Por si no conoces mi historia, antes de ser autónoma y desarrollar mi negocio, trabajé durante 17 años en una entidad financiera. Es decir, pasé de ser una empleada con su sueldo fijo y sus beneficios extrasalariales, a depender única y exclusivamente de mi esfuerzo, mi talento y mis recursos]

1. Busca siempre la rentabilidad. Este punto tiene mucho que ver con el del manejo del dinero que te comentaba en el post anterior. Los autónomos somos unos grandes recaudadores para Hacienda. Así que no debemos caer en el error de confundir ingreso con beneficio. La supervivencia del negocio depende de que sea rentable y esa rentabilidad no se puede dejar de lado buscando incrementar las ventas. Es importante no “tirar los precios por los suelos” ni vender por debajo de tu umbral de rentabilidad porque acabarás quemad@ y arruinad@. Esto también tiene mucho que ver con no hacer trabajos gratis por conseguir un futuro cliente (¿qué pasa con los clientes que ahora te están pagando por tus servicios/productos?). Y no aceptar a clientes que te hacen rebajas de precios. Si ellos no están dispuestos a pagar el precio que tú consideras que tiene tu trabajo, no es tu cliente ideal. Sigue buscando.

2. Aprende a trabajar en diferentes sitios. Hace unos años tardaba hora y cuarto en llegar a un edificio donde trabajaba. Tenía un despachito con vistas a la sierra de Madrid, una mesa, una silla ergonómica, cajoneras, un ordenador de sobremesa y un cartel con mi nombre en la entrada. Pensaba que esa era la única forma de trabajar o eso es lo que me habían vendido… Ahora trabajo en bibliotecas, bares, restaurantes, salas de coworking, el salón de mi casa, en la cama con mi gata en las piernas, en un chiringuito mirando al mar, en un parque natural, en un banco de un parque…en cualquier sitio donde haya internet. Requiere trabajar la concentración y el enfoque. También ayudan a aislarse los cascos y las millones de listas de Spotify.

3. Ten un por qué muy claro. Este punto está muy relacionado con la autodisciplina, la constancia y el para qué estás haciendo el negocio, es decir, la visión. El porqué son los motivos para levantarte de la cama todas las mañanas sin un jefe que te vigile ni nadie que te ingrese un sueldo a final de mes hagas lo que hagas… Los motivos (es obvio) mueven a la acción y tienen que ser poderosos, tan poderosos que cuando venga el primer revés (que lo habrá), sigas pensando que el camino merece la pena.

4. Inseguridad vs Libertad. El autónomo está siempre en la cuerda floja. Puede haber meses de buenos ingresos y otros no tan buenos, es decir, no hay un salario fijo y esa inseguridad da miedito. Es una de las cosas más importantes que he tenido que aprender: gestionar el pánico al vacío. Pero todo se aprende. A cambio, tengo una motivación tan potente que aniquila los monstruos: puedo trabajar cuando y donde me dé la gana. Eso significa que he podido cambiar de ciudad a una más barata y con mejor calidad de vida, donde disfruto de las cosas que son importantes para mi: ver el mar con frecuencia, ir a todas partes en bicicleta o andando, ahorrar dinero, tener más tranquilidad…). Eso no podría hacerlo si viviera atada a una mesa de despacho.

5. No dejes tu trabajo (si lo tienes). ¿Tienes dudas? No lo hagas. ¿No lo ves claro? Déjalo pasar. Ser autónomo en lugar de asalariado no es fácil, tienes que estar convencido. Está fenomenal la frase de Steve Jobs: “si tú no trabajas por tus sueños, alguien te contratará para que trabajes por los suyos”. Vaya por delante que estoy totalmente de acuerdo pero si el trabajo está muy alejado de tus sueños y es solo un medio que te permite conseguir dinero, no lo dejes hasta que tengas el boceto de un plan B. Aguanta donde estás, haz tu trabajo lo mejor que puedas, conviértete en una persona indispensable dentro de la empresa que te contrata y piensa cómo podrías salir de ahí. Yo me pasé muchos años formándome al mismo tiempo que trabajaba, buscando opciones en otros sectores, creando planes de empresa y de marketing, pensando cómo conectar los puntos de mi pasión con mi valor y mi vocación…esto último prometo contarlo en otro post…

Espero que te hayan resultado útiles estos puntos y los pongas en práctica si estás pensando dar el salto profesional.

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¿Cómo pasar de asalariado a autónomo? Cinco aprendizajes básicos

Hace unos días, un ex compañero de trabajo me hizo una pregunta que me permitió recapacitar sobre qué significa ser autónomo y mis aprendizajes durante estos meses. Por si no conoces mi historia, antes de ser autónoma y desarrollar mi negocio, trabajé durante 17 años en una entidad financiera. Es decir, pasé de ser una empleada con su sueldo fijo y sus beneficios extrasalariales, a depender única y exclusivamente de mi esfuerzo, mi talento y mis recursos.

“Creo que me voy a hacer autónomo, ¿te puedo preguntar algunas dudas?”, me comentó este ex compañero con el que trabajé durante algunos años. Él, como otros muchos, ha sufrido un ERE y lleva meses buscando trabajo. Tiene una edad, digamos considerable, y eso es un freno a su contratación. Su decisión, que están siguiendo much@s antiguos compañeros que conozco de mi época de empleada, me llevó a meditar sobre qué puntos son importantes, a nivel mental, para emprender el camino del autónomo. Si estás en esta misma situación, pensando en montártelo por tu cuenta, por convicción o por obligación, aquí van cinco aprendizajes que he vivido en mis propias carnes:

1. Autodisciplina. Antes tenía el respaldo de una macro organización, unos horarios, unas tareas, un equipo para repartir el trabajo…Y ahora estoy yo conmigo misma, creando nuevas rutinas, protocolos y sistemas de gestión. Esto requiere mucha disciplina, constancia y sobre todo un “para qué” muy fuerte. Nadie te vigila para que cumplas con tu misión, nadie te ingresa un sueldo a final de mes hagas lo que hagas… Eres el únic@ responsable de tus objetivos.

2. Liderazgo. Según vas subiendo peldaños en tu negocio, empiezas a necesitar un equipo que gestione todo aquello que tú necesitas delegar para seguir creciendo.  Eso implica asumir responsabilidades, tomar decisiones estratégicas, gestionar a personas que trabajan online desde cualquier parte del planeta… Hay que estar al tanto de todos los errores para detectarlos, aprender de ellos y saber corregirlos en el futuro antes de que se produzcan.

3. Manejo del dinero. Un autónomo antes de emprendedor y de dueño de un negocio, es un recaudador. Por tus manos pasará mucho dinero en impuestos que no es tuyo, es de Hacienda. Así que lo primero que es importante aprender es a no gastar lo que no es tuyo. Otro salto al vacío (este es uno de los frenos mentales que más cuesta vencer) es que hasta ahora disponías de un salario y ese era el dinero para los gastos. El autónomo está siempre en la cuerda floja. Puede haber meses de buenos ingresos y otros no tan buenos, es decir, no hay un salario fijo y eso da miedo. Tener un negocio propio supone aprender a gestionar dinero que va destinado a terceros: pagar a proveedores, colaboradores, Hacienda, Seguridad Social, etc. No todo lo que se ingresa es para uso propio y hay que aprender a manejarlo de la forma más rentable.

4. Conciliación de trabajo y vida privada. No dejas de ser autónomo en ningún momento del día. Cuando trabajaba para otros, me iba cuando había cumplido mi jornada laboral y desconectaba. Ahora, es muy muy distinto, siempre estoy pensando en nuevos proyectos, en cómo hacer que un servicio que ofrezco sea más rentable, qué nuevas ideas pueden ayudar a mi público… Puedo trabajar un domingo, pero a cambio puedo decidir no trabajar un lunes o un martes. Esto para mi es una ventaja porque valoro mucho la libertad y el poder gestionar mi tiempo. Pero también hago un esfuerzo por crear espacios para disfrutar de mi familia, mis amigos, mi gata, mis ratos de ocio… Es fundamental crear una rutina de horarios que te permitan conciliar y, en la medida de lo posible, desconectar.

5. Optimismo. Ser autónomo es difícil, no te voy a engañar. Tiene muchas compensaciones y es mejor que las recuerdes continuamente y te tomes todo con un poco de ligereza y sentido del humor. Porque vendrán curvas peligrosas y cuestas muy empinadas que tendrás que subir tú sol@. Trabajar el lado bueno de la vida y la resilencia te llevarán a conseguir tus objetivos. No te olvides nunca de reírte al menos 30 veces al día 😉

Espero que te hayan resultado útiles estas pautas y que las pongas en práctica si estás pensando iniciar un nuevo camino profesional. Me quedan por compartir algunos aprendizajes más pero me los guardo para la próxima entrada.

 

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