Palabras viejunas, modernetas y de mal rollo

En estos tiempos inciertos, vamos a llamarlos así,  ¿te has dado cuenta del revuelo que provocan las palabras? Las palabras queman, hieren, agreden, transgreden, atacan, corrompen, y te pueden llevar a la cárcel por hacer un determinado uso de ellos. Que esto no es nuevo, ya lo sabemos. Pero de un tiempo a esta parte, tengo la sensación de que lo que se dice está en el centro de todo. Y no solo porque me dedique a las palabras con cuerpo y alma.

Todo esto de los límites a la libertad de expresión, de la interpretación del humor en según qué contexto, de las amenazas en las Redes Sociales aprovechando el anonimato, de la ley mordaza… me hace reflexionar sobre el poder que tiene no solo la palabra, sino la cultura en general. La persecución que ha sufrido en la mayoría de las épocas. El otro día hablando con una amiga escritora, me comentaba que está pensando escribir una novela ambientada en un país históricamente muy conflictivo, pero que le resultaba difícil no acabar cayendo en uno u otro bando. Y es que hay palabras tabú, como guerras de las que no se puede hablar…“hay palabras que suben como el humo, y otras que caen como la lluvia”, como decía Madame de Sévigné, una autora francesa del siglo XVII.

En fin, dejemos el tema anterior porque da para una tesis doctoral y esto es un artículo más bien ligerito, aunque hasta ahora pueda parecer lo contrario. Lo cierto es que “las palabras son la más potente droga utilizada por la humanidad” – Rudyard Kipling – y los que nos dedicamos a trabajar con ellas les damos muchísimas vueltas, las retorcemos hasta hacerlas sangrar, buscando siempre significados viejos o nuevos o ¡¡vaya usted a saber!!

Viejunismos

Durante la época en la que trabajé en una entidad financiera, me confeccioné un diccionario de palabras viejunas. El mundo bancario está lleno de perlas: devengo, boleta, bedel, arqueo, imposición a plazo fijo…palabras que me hacían gracia y que me sonaban rancias, con olor a moho. Aún sigo apuntándolas, con la vana esperanza de hacer un libro de relatos con ellas. Es un ejercicio de imaginación excelente.

También lo es buscar la etimología de las palabras, su origen, de dónde vienen los dichos, las frases hechas, las expresiones manidas…En la revista Yorokobu, que consumo vorazmente, hay muchos artículos interesantes sobre el origen de los dichos y las expresiones. Conocer el significado original de una palabra hace que el tema de un relato tenga una mayor profundidad o una mirada diferente a la que pensabas en un inicio.

Vocablos modernetes

Si las palabras viejecillas me vuelven loca, tampoco le hago ascos a los nuevos vocablos. El lenguaje evoluciona como lo hace la sociedad. Estoy de acuerdo con que las reglas ortográficas son las que son y hay que cuidarlas. Y si hay una palabra en español para nombrar algo, es mejor que utilizar el anglicismo. Pero que se puedan incorporar nuevas palabras al diccionario, me parece que nos enriquece. Hace unas semanas, Hotmart, una plataforma de cursos online de la que soy usuaria, me enviaba un email preguntándome si me sentía frustrada cada vez que intento explicar a algún familiar o amig@ a qué me dedico. Y sí, la verdad. Ofrecer servicios online, todavía es difícil de comprender. Me miran como si estuviera hablando en marciano.

El 90% de la población desconoce el entorno de los negocios digitales. Solo los que nos dedicamos a este mundo entendemos lo que supone esta nueva forma de emprender en internet. Y solo nosotros conocemos la terminología que usamos a diario. A menos que formes parte del mundo de los negocios digitales, el resto de la humanidad no tiene la más remota idea de lo que es un infoproducto, un webinar o un funnel. De hecho, el otro día hice un webinar y una persona por Facebook me preguntó que era… Hasta a mí me resulta difícil definirlas.

El problema es que tampoco puedes encontrar estas palabras en el diccionario. Por eso esta buena gente de Hotmart creó una encuesta entre sus usuarios para que la Real Academia de la Lengua admita un nuevo término que empiece a tener significado para el resto de españoles.

Las nuevas palabras propuestas fueron:

  • Webinario
  • Infoproducto
  • Emprendedurismo
  • Lead

Los usuarios votamos y ganó mi palabra elegida: Infoproducto, es decir, un producto digital (libros, manuales, guías…) cuyo único canal de venta es internet. Han enviado la solicitud formal a la RAE y además han creado una petición en change.org para recaudar firmas. Me parece una idea genial. Si papichulo, amigovio/a o culamen están en recogidas en el diccionario, todavía quedan esperanzas. 😉

Lenguaje de mal rollo

Con lo que no puedo es con cierto tipo de palabras que leo sobre todo en Twitter. Lo confieso, no me siento muy a gusto en esta red. Quizá porque los últimos 6 años que trabajé en la entidad financiera que te comentaba al principio, estuve gestionando su cuenta de atención a clientes de Twitter. Era la época más dura de la crisis, los desahucios (lanzamientos, los llamábamos), las cláusulas suelo, los escraches, las preferentes, las tarjetas black… Fueron años divertidos, entiéndase la ironía, en los que aprendí mucho sobre el poder de las palabras. Aprendí que “la diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta, es la misma que entre el rayo y la luciérnaga“, como decía Mark Twain.

Teníamos que medir tanto las palabras para que no se malinterpretaran, para que fueran lo más “asépticas” posibles, para que no se pudieran dar la vuelta… Aunque muchos tuits se confeccionaban y venían dados desde el departamento de Comunicación y Marca, tratar temas tan delicados en 140 caracteres (¡¡en aquella época!!) era un ejercicio de concreción y contención.

Twitter era un hervidero de mal rollo, y aún hoy, que estoy en otro sector más “amigable”, donde tengo la suerte de encontrarme con personas maravillosas, reconozco que la red me sigue dando un poco de repelús. Me cansa tanta energía negativa amparada en el anonimato de las Redes.

“La herramienta básica para la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si puedes controlar el significado de las palabras, puedes controlar a la gente que debe usar las palabras”, Philip K. Dick.

Pero no solo eso, las palabras también sanan, curan, suavizan, aligeran, comprenden, aceptan y acercan. Sean viejas, nuevas o de mal rollo, nunca subestimes su poder.

¿Qué te ha parecido este post? Me harás muy feliz si me lo cuentas y más si lo compartes 😃

2 comentarios
    • Nuria Sierra Dice:

      😃😃¡¡Muchas gracias por leerlo Cristina!! Me apunto el artículo de viejunismos, voy a rescatar mi diccionario 😃😃

      Responder

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