Mi libro no se vende, ¿por qué será?

¿Os acordáis de aquellos armarios de fichas bibliográficas de las bibliotecas? Si has nacido en el último cuarto del siglo XX o antes, no hace falta que te explique cómo eran. Si eres un millennial, seguro que estás buscando una imagen de este objeto en google (o deberías, porque son una monada). Esos armarios eran como el Oráculo de Delfos, la Casa de las Vestales o el Templo de Salomón, un compendio de sabiduría al que acudir buscando iluminación y sabiduría. Se buscaba en ellos con fe, ¿tendrán el libro aquí o me tendré que ir a la biblioteca de Algete?; ¿se habrá perdido la ficha?; ¿qué ha pasado con las referencias de la AR a la AS?

Hoy todas esas fichas están en el armario de internet. San Google se encarga de traerte a tu casa todos los resultados de tu búsqueda. Todo está ahí y para lo bueno o lo malo no se perderá jamás (veremos cómo avanza la ley de derecho al olvido…).

Ya hace más de 20 años que aquellos armarios me parecían un mundo. Pensaba ¿cómo puede haber tantísimos libros en el planeta y bastante gente para catalogarlos todos? Ahora, la cantidad de referencias se me hace tan abrumadora como la infinitud del universo. Y los que no están publicados todavía: Como lectora profesional, llevo 18 manuscritos leídos desde febrero hasta hoy. Me da la sensación de que todo el planeta está sentado frente al ordenador pariendo y pariendo novelas, libros de relatos, biografías, ensayos…

A primeros de este mes me escribió un autor de literatura infantil que tiene un libro autopublicado, para contarme que hacía muchísimos esfuerzos pero que no se vendía, que la editorial no le estaba apoyando, que su libro era muy interesante pero que no alcanzaba la difusión suficiente para llegar a las editoriales ni a los lectores. Y la semana pasada, un poeta ecuatoriano, me escribió para contarme prácticamente lo mismo. A todos les hablo de los siguientes escollos (u oportunidades, según se mire) que he identificado en el panorama editorial actual.

La forma de hacer las cosas ha cambiado…

…y tú no te has dado ni cuenta. Soy así de sincera, lo digo sin tapujos. Tú te desplazas en un tren a vapor y ahora un dron te trae el pan a casa. Debido a la transformación digital y al desarrollo de las Redes Sociales, el mundo editorial ha cambiado radicalmente en los últimos años. La entrada en el mercado de editoriales de autopublicación y de plataformas tipo Amazon y similares, ha provocado que la audiencia esté muy atomizada y que las grandes editoriales “de toda la vida” hayan modificado sus criterios de publicación.

“Busco un agente o una editorial tradicional, como las de antes”…

…me comentan algunos autores. Y les digo, vale, sube a mi máquina del tiempo y viajemos al pasado. Quedémonos sentados en el sofá de tu casa a ver si entra por la puerta un editor que quiera publicar tus cuentos como le pasó a Grace Paley en los años ’50…

Al mercado saturado y al aumento del número de impactos informativos que recibe la audiencia cada día, se une la falta de apoyo al escritor por parte de las editoriales que no pueden asumir una oferta cada vez más amplia. Los agentes editoriales también están en la misma situación, buscando voces nuevas que se diferencien, que no sea “más de lo mismo”. Pero tienen tal acumulación de representados que es difícil de gestionar tanta oferta cuando se publican 1.565 libros a la semana (cifras de la Federación de Gremios de Editores de España ¡¡en 2016!!).

Diferénciate con tu marca personal

Por eso, se hace cada vez más necesaria la participación activa de los autores en la promoción de sus libros: La utilización de estrategias de marketing, publicidad y visibilidad en Redes Sociales con el fin de dar a conocer la obra propia e incrementar las ventas. Incluso los autores que publican con grandes editoriales comerciales y que manejan muy buenas cifras de venta, tienen internamente tanta competencia entre sus propios compañeros de editorial, que no da tiempo a hacer campañas extensas. Ellas y ellos mism@s tienen que mover y gestionar sus Redes Sociales (o contratar a un Community Manager) y hacer las promociones de sus libros en Facebook y Twitter Ads.

Si quieres acercarte a las editoriales y que un agente te represente, primero tendrás que mostrar tus diferencias, ser visible, hacerte querer, comunicarte con tu audiencia, fidelizarla y más tarde, presentar unas cifras de ventas. Es un camino largo y perseverante, lo sé, y no existen atajos, ni fórmulas mágicas. Se impone más que nunca que investigues sobre tu marca personal, la manera en que los demás te están percibiendo, la huella que dejas en tus lectores, lo que los otros dicen de ti en las reseñas, blogs, páginas especializadas…

“Es que les envío mi libro por messenger y me marcan como spam”

Hace casi 20 años, yo trabajaba en una sucursal bancaria. Y como era la más joven, la pringada y la última en llegar, me mandaban a hacer puerta fría, a recorrer las calles en busca de locales que quisieran cambiar de TPV o necesitaran una línea de financiación. Pasé tardes enteras – otoñales e invernales – entrando en tiendas a contar mi rollo. ¿Y sabéis el resultado? Menos cero. ¿Por qué? Porque nadie me conocía, ¿cómo iban a confiarme su dinero? ¿Cómo va a comprar tu libro cualquier persona, si lo primero que haces al pedirle amistad en Facebook es enviarle publicidad? Ehhhh, ¿tú quién eres y por qué entras en mi casa sin permiso? ¿No te recuerda a los antiguos vendedores de enciclopedias?

El punto de despegue en mi carrera de looser vendedora se produjo en una tienda de antigüedades. Me encantaba aquel sitio. Entraba para curiosear, para toquetear las preciosidades restauradas, sin venderle nada a la dueña, una chica que tendría unos 35 en aquella época. Comencé a ir todas las tardes, a interesarme por su trabajo, por su vida…No recuerdo cuántas semanas tardó en cambiar el TPV por el de la entidad en la que yo trabajaba y en abrir un Plan de Pensiones, pero supongo que fue el mismo tiempo que en sincerarse y hasta contarme que tenía los pechos operados… Primera regla de oro en el mundo digital: No puedes vender nada antes de que te conozcan, de que confíen en ti.

Trazando un plan digital

Y para finalizar, la Gran Verdad: Si no estás dispuesto a invertir tiempo o dinero – o más bien las dos cosas – en conocerte a ti y a tu audiencia, en tener conversaciones con tu público, en mantenerte al día en las Redes Sociales, lo vas a tener tremendamente complicado. Porque esto va de tener un plan estratégico y de llevar a cabo todas las acciones tácticas que estén en tu mano para alcanzar tus objetivos de visibilidad y venta. Si no tienes tiempo para formarte porque no conoces bien el lenguaje online, o lo tuyo es escribir y punto, te recomiendo que busques a un profesional que lo haga, si de verdad estás comprometido con la difusión de tu obra.

Ser constante es otra de las reglas de oro. No vale publicar hoy 10 entradas y dejar tu mundo virtual abandonado un mes. Hay que estar siempre, sin agobios y sin estar todo el día pegado al móvil o al ordenador. Se trata de organizar tus comunicaciones, por ejemplo una vez a la semana, y utilizar herramientas de programación. Ahorrarás muchísimo tiempo y no tendrás que preocuparte de ¿qué publico hoy?… hoy no he publicado nada… ¿y mañana? De verdad, déjate de sufrimientos inútiles que no sirven para nada. Vale más que dediques 2 horas a la semana a programarlo todo y te olvides.

 

Releyendo este post, creo que me ha quedado un poco pesimista, no? ¡¡Nada más lejos de mi intención!! Con todo lo anterior no quiero decir que dejes de escribir y de presentarte a concursos y de enviar tus manuscritos a editoriales. ¡¡Sigue haciéndolo, por favor!! Entiendo que puede tener un punto frustrante, yo también soy escritora. Pero hacedme caso, copón (es una expresión que decía mi abuelo y me encanta). Las reglas han cambiado y me parece que tenemos muchas más oportunidades que antes de llegar a nuestra audiencia, siempre y cuando aprendemos a utilizar en nuestro favor la tecnología y sus nuevas normas.

Soy muy fan de la frase de Kafka que he puesto en la imagen de este post. El escritor solo publicó algunos relatos en vida, una pequeñísima parte, por lo que su obra pasó desapercibida hasta después de su muerte. Y gracias a su amigo y albacea, Max Brod, que no cumplió su última voluntad de destruir los manuscritos, podemos disfrutar de “La metamorfosis”. ¿Os imagináis que habría hecho Kafka en el mundo digital del siglo XXI?

 

¿Qué te ha parecido este post? Me harás muy feliz si me lo cuentas y más si lo compartes 😃

4 comentarios
  1. Jeins Durán Dice:

    Hola Nuria. Me parece un excelente post con contenido muy centrado y pertinente para quienes amamos el arte de poner letras sobre las hojas… o sobre el ordenador? jeje. Felicitaciones y gracias por compartir tus conocimientos de una forma clara y amena.

    Responder
  2. Víctor Dice:

    Una bestial verdad y una total frustración a los que no disponemos de un miserable centavo, siquiera para una fotocopia. Mis novelas, mis poemas victorianos, y mis narraciones en lenguaje élfico, van a tener que esperar por mil años, encerrados en una bolsa de nylon al vacío. En fin, Nuria te mereces todo el respeto y el ánimo para que continúes rescatando a novatos perdidos en la niebla del anonimato.

    Responder
    • Nuria Sierra Dice:

      ¡Muchas gracias por tu comentario Víctor! En efecto, es un mundo complicado pero si estás tocado por el veneno de la escritura, no puedes hacer otra cosa que juntar y juntar letras. Te animo a que continúes que yo seguiré rescatando en la niebla (me encanta la metáfora). Abrazos!!

      Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *