El recurso inagotable que tienes y puedes utilizar para escribir

A veces cuando me quedo sin ideas para describir un ambiente, una situación o un personaje, recurro a una fuente inagotable a la que no solemos dar demasiada importancia. En el vídeo de esta semana te cuento cuál es. Lo he grabado en el Parque de María Luisa en Sevilla por una razón que tiene que ver con este recurso que tenemos todos y es muy práctico a la hora de escribir.

 

Espero que te resulte útil este vídeo. Si quieres ver más trucos de escritura, te invito a suscribirte a mi canal de Youtube.

Y si te ha gustado este post, me harás muy feliz si me dejas un comentario y más si lo compartes.

 

Dentro de nada tu trabajo lo hará un robot… y lo sabes

La semana pasada presentamos en Madrid mi primera novela breve “La mujer que vendía el tiempo”. Empecé a escribirla en 2015 y en aquel entonces yo trabajaba en un banco. Sí, ahora me parece increíble… No me disgustaba lo que hacía pero odiaba la maquinaria del sistema. Me encontraba siempre fuera, todo me parecía un engranaje kafkiano y muchas veces estuve a punto de dejarlo. Pero marcharme sin un euro después de 17 años, no me parecía una buena salida… Y llegó mi rescate, que fue una bendición, en forma de ERE. Me acogí al despido, me indemnizaron, me dieron dinero por antigüedad, por la voluntariedad de acogerme al ERE y me compré mi tiempo. Me compré la posibilidad de reinventarme y de pensar en qué quería invertir esa vida tan preciosa que tenía por delante.

Y te preguntarás por qué te cuento todo esto

Cuando empecé a escribirla yo era una auténtica vendedora de tiempo. Trabajaba para el dinero de otros, en un sistema que no entendía, luchando contra los viejos paradigmas. Tenía siempre la sensación de ir contra el tiempo. Nunca tenía horas suficientes, siempre quería más para hacer más cosas, para llenar una vida profesional que no me satisfacía. Y de pronto me di cuenta de que estaba malgastando un montón de horas de mi vida en transportarme a un sitio para trabajar, que no me gustaba, para volver tardísimo a casa y repetir la secuencia todos los días con el parón del fin de semana… Me pareció que no estaba haciendo nada significativo, nada que dijera algo bueno de mi, solo nació, trabajó en un sitio que no le gustaba para ganar dinero y comprar cosas que no quería y… murió. Y era así de triste, de verdad…

Escribir la novela de “La mujer que vendía el tiempo” me permitió poner en orden mis ideas y tratar de explicarme mis obsesiones. ¿Qué es el tiempo? Durante tantos años trabajando con el concepto del dinero que es acumulable, me di cuenta que el tiempo es el único recurso, la única energía que no es almacenable ni renovable. Así me hice consciente de la necesidad de aprovechar correctamente esa energía, haciendo lo que hemos venido a hacer en este momento que nos ha sido dado, con las personas y las experiencias adecuadas.

Encuentra tu talento, no malvendas tu tiempo

Toda esta reflexión anterior, me lleva a la conclusión de que encontrar en la vida tu verdadero talento se está convirtiendo en una necesidad, dado que la tecnología está cambiando completamente el panorama profesional y el mundo empresarial. Los negocios ya no son lo que eran y las profesiones más demandadas, según el mapa de la empleabilidad en España de la Fundación Teléfonica, son las digitales: desarrolladores Java, ingenieros de Big Data, expertos en ciberseguridad…

¿Qué te encanta hacer, aquello que harías aunque no te pagaran? ¿Qué se te da bien hacer y solo tú sabes hacerlo de una determinada manera? ¿Cuál es tu pasión? ¿Tienes talento para algo en concreto? Apunta todo lo que se te ocurra, desde pequeñas cosas que creas que no tienen sentido hasta los trabajos que has tenido y en los que has disfrutado. Ahí tienes la clave…y ahora, ¿crees que habría alguien interesado en lo que tú haces genial y en cómo lo haces? ¿Crees que ayudarías a alguien con ese talento que tienes para…? Seguro que si te pones a pensarlo durante un rato con un papel y un boli, te saldrán ideas sorprendentes.

Porque si tu trabajo lo puede hacer un robot…

…dentro de nada lo hará un robot, eso seguro. Cada vez más trabajos manuales están siendo sustituidos por máquinas y en un futuro no muy lejano veremos transportes públicos sin conductor, cadenas de montaje controladas a distancia por un ordenador, máquinas limpiadoras que se mueven solas en los aeropuertos y centros comerciales, brazos mecánicos realizando operaciones a corazón abierto, robots humanoides cuidando a nuestros mayores en las residencias… Algunas de estas cosas ya son una realidad en países como Japón.

Hace falta un replantamiento y reorientación de las carreras profesionales de tal forma que tiendan más a la búsqueda del talento que cada persona puede desarrollar, que a las horas que puede venderle a una empresa. Porque los robots pueden trabajar 24/7 sin quejarse ni pedir aumento de sueldo ni horas extras. El paradigma del presentismo ha muerto (¡menos mal!) y la conciliación de la vida laboral y personal se impone en las sociedades occidentales. Los humanos tenemos entonces que aportar otro significado, otro sentido a la forma de trabajar. ¿Qué valor estás aportando tú?

——————-

Sobre este cambio de paradigma y las oportunidades de la vida reflexiono en mi novela. Si te apetece leer “La mujer que vendía el tiempo”, puedes encontrarla en la librería Cervantes y Compañía, calle del Pez, 27 – Madrid. Es un regalo fantástico para estas Navidades que se acercan, palabrita de autora.

Y si te ha gustado este post, me harás muy feliz si me dejas un comentario y más si lo compartes.

¿Cómo escribí mi primera novela? Making of de “La mujer que vendía el tiempo”

Hoy vengo a hablar de mi libro porque estoy de celebración. Así de claro. Se acaba de publicar y presentar “La mujer que vendía el tiempo”, mi primera novela breve. La escribí en un mes exactamente. ¿Solo un mes?, me pregunta todo el mundo. Tiempo récord, ¿no? La verdad es que sí, pero te voy a contar el secreto de cómo lo hice para que veas que es más que posible. Aunque tienen que darse varias circunstancias en tu vida…

Antes solo había escrito relatos cortos, algunos de ellos recopilados en el libro “Nido ajeno”, publicado en 2014 en la Colección El Pez Volador. Esta novela comencé a escribirla hace algo más de tres años, a raíz del concurso que lanzó el Taller de Escritura de Clara Obligado del que soy alumna.

Todos tenemos un pasado…

Por aquel entonces de 2015, yo trabajaba en un banco. Sí, ahora me parece increíble… No me disgustaba lo que hacía pero odiaba la maquinaria del sistema. Me encontraba siempre fuera, todo me parecía un engranaje kafkiano y muchas veces estuve a punto de dejarlo. Pero marcharme sin un euro después de 17 años, no me parecía una buena salida… Y llegó mi rescate, que fue una bendición, en forma de ERE. Me acogí al despido, me indemnizaron, me dieron dinero por antigüedad, por la voluntariedad de acogerme al ERE y me compré el tiempo. Me compré la posibilidad de reinventarme y de pensar en qué quería invertir ese tiempo tan precioso que tenía por delante.

Cuando me quedé en el paro, el concurso seguía abierto y Camila Paz, la editora de “La mujer que vendía el tiempo”, me presionó. Me dijo, “ahora no tienes excusa para ponerte a escribir. Tienes un mes para enviar algo al concurso”. Solo faltó mandarme también a unos sicarios…”Ahhh, vale, un mes, me sobran dos semanas”, le dije, ¡¡glups!! Nada como escribir bajo presión…

Empieza con un fin en mente

Lo cierto es que ya tenía el primer capítulo escrito, lo había leído en clase del Taller de Escritura y había gustado el tema. El personaje de Ruth es real. Llegó a mí gracias a un artículo de una revista digital que se llama Yorokobu, de la que saco bastantes ideas para relatos y posts. La historia de Ruth me fascinó. Me apetecía que me contara más, porque una de mis obsesiones es el tiempo. Ruth Belville fue una mujer empresaria, fuerte y con coraje, que heredó el negocio que su padre había creado a mediados del siglo XIX. Consistía en un servicio de venta de la hora, mediante la sincronización de los relojes de los clientes con la estandarización horaria del Observatorio de Greenwich.

Cuidado con la documentación que mata la narración

La novela sucede en Londres en 1940, en plena Blitz o guerra relámpago de los alemanes contra los ingleses en la II Guerra Mundial. No es una novela histórica, sino inspirada en hechos reales, pero lo cierto es que la documentación es importante, sobre todo para no meter la pata. ¿Había bolígrafos en 1940? ¿Qué tipo de faldas llevaban las mujeres mayores? ¿Y las jóvenes? ¿Cómo eran los túneles del metro de Londres? La documentación ya la tenía preparada antes de ponerme a escribir porque me encanta ese periodo histórico, no tanto desde el punto de vista bélico, o sea, macro, sino desde el micro, desde la mirada en detalle de la vida cotidiana. Me pierde la documentación, pasé bastante tiempo buscando cómo eran los aviones, las bombas, los globos antiaéreos, dónde se produjeron los bombardeos, qué pasaba en el paso de Calais,… En fin, me podría pasar la vida documentándome. Durante la construcción de la novela, escuchaba en bucle, en una lista de Spotify, la canción que canta Erika, uno de los personajes principales. Se titula “We will meet again” de Vera Lynn. Es una canción que cantaban los soldados en el frente y es tan bella como escalofriante si recapacitas en la letra y el contexto.

Pero la realidad es que la documentación se come la narración. Es mejor no ir tanto al detalle (a no ser que sea una novela muy fiel a la historia) porque al final acabas metiendo la pata. Hay que utilizar la información más básica e integrarla como si fuera parte de la narración. De hecho, en la novela solo hay una anécdota real de la vida de Ruth, de las pocas que han trascendido de su vida, una noticia que salió en The Times… El resto es ficción, solo he rellenado los huecos de lo que podría haber sido la vida de esta mujer. O no.

Lo siento, no hay un secreto, es solo trabajo y trabajo…

De todo lo demás que sucedía en la novela, no tenía ni idea.  Me levantaba, me sentaba delante del ordenador y Ruth me iba contando la historia. Lo que hice sistemáticamente durante ese mes fue trabajar durante 8 horas, como si me pagaran por ello. Solo paraba a mediodía para ir al gimnasio, comer y luego seguir escribiendo. Fue extrañísimo porque yo no tenía ni idea de lo que iba a pasar, os lo juro, me sentaba y me llegaba la voz. Eso es algo que tuve desde el principio, una voz que me hablaba. Quizá estoy un poco loca… Elegí una tercera persona porque era la más fácil para contar en tan poco tiempo. Esa voz se va pegando a los personajes y va poniendo el foco sobre todo en Ruth y en Erika. Yo lo único que hice fue transcribir lo que me iban contando. En serio, es un momento mágico que espero recuperar. Lo más difícil fue darle tensión, esconder datos, dosificar la información y encontrar una pieza que faltaba, una escena que es crucial en el pasado de Ruth y que explica muchas cosas de su presente. El resto del proceso fue muy placentero. Es una novela que me divirtió mucho escribir. Me hubiera gustado que fuera más larga porque el final, muy muy abierto, sucede fuera de la novela, en la cabeza del lector.

Si te obsesiona un tema, lo mejor para quitárselo de encima es escribirlo

Cuando empecé a escribirla yo era una auténtica vendedora de tiempo. Trabajaba para el dinero de otros, en un sistema que no entendía, luchando contra los viejos paradigmas, y tenía siempre la sensación de ir contra el tiempo. Nunca tenía tiempo de nada, siempre quería más para hacer más cosas, para llenar una vida profesional que no me satisfacía. Y de pronto me di cuenta de que estaba malgastando un montón de horas de mi vida en transportarme a un sitio para trabajar, que no me gustaba, para volver tardísimo a casa y repetir la secuencia todos los días con el parón del fin de semana… Me pareció que no estaba haciendo nada significativo, nada que dijera algo bueno de mi, solo nació, trabajó en un sitio que no le gustaba para ganar dinero y comprar cosas que no quería y… murió. Y era así de triste, de verdad…

Escribir esta novela me permitió poner en orden mis ideas y tratar de explicarme mis obsesiones. ¿Qué es el tiempo? Durante tantos años trabajando con el concepto del dinero que es acumulable, me di cuenta que el tiempo es el único recurso, la única energía que no es almacenable ni renovable. Gracias a la historia de Ruth, fui consciente de la necesidad de aprovechar correctamente esa energía, haciendo lo que hemos venido a hacer en este momento que nos ha sido dado, con las personas y las experiencias adecuadas.

Puedes encontrar “La mujer que vendía el tiempo” en la librería Cervantes y Compañía, calle del Pez, 27, Madrid. Y es un regalo perfecto para estas Navidades que se acercan, palabrita de autora.

Si te ha gustado, me harás muy feliz si me dejas un comentario y más si lo compartes.

 

 

¿Miedos y dudas cuando te sientas a escribir? Bienvenid@ al Club

Tener miedo a la página en blanco, dudas al sentarse al escribir, pensar ¿esto le interesa a alguien, esto que estoy escribiendo es bueno, merece la pena seguir esforzándome? Ainssss…. Pues sí, podríamos fundar un club de miedos@s y dudos@s al escribir. Pero tampoco seríamos tan especiales ni sería un club exclusivo porque, déjame que te confiese, que es lo más normal del mundo.

La realidad es que si no puedes dejar de escribir, si te tiene agarrad@ por el cuello y no te deja vivir, vas a tener que vencer esos miedos y trascender las dudas para convertirte en una mejor versión de ti mism@ y alcanzar tus objetivos como escrit@r. Te lo cuento en el siguiente vídeo:

Espero que estos consejos te sirvan para volver a enamorarte de tu escritura.

Si te ha gustado, me harás muy feliz si me dejas un comentario y más si lo compartes.

¿Atascad@ en la trama? Pinta, baila o haz teatro en lugar de escribir

Desconecta por un tiempo

Lo reconozco. En ocasiones, cuando me atasco en la trama de un relato, lo mejor que puedo hacer es desconectar durante un tiempo. Darme un descanso y no forzar las cosas. Si no ves la luz al final del túnel, déjalo reposar, escribe un género distinto o comienza otro relato.

También es muy beneficioso dedicarse a leer, salir de tu entorno, o cambiar de arte. ¿Y si durante un tiempo en lugar de escribir, aprendes a pintar, a bailar, a hacer teatro o a tejer? Cualquier otra actividad que te permita estar activ@ y que tu mente siga trabajando en la escritura en un segundo plano.

Espero que este vídeo te sirva para devolverte la ilusión por tu escritura.

Si te ha gustado, me harás muy feliz si me dejas un comentario y más si lo compartes.

¿Cómo pasar de asalariado a autónomo? Cinco aprendizajes básicos (2ª parte)

En un post anterior, te comenté cinco aprendizajes básicos para pasar de autónomo a asalariado. Una reflexión que surgió a partir de la pregunta de un ex compañero con el que trabajé durante algunos años: “Creo que me voy a hacer autónomo, ¿te puedo preguntar algunas dudas?”

Él, como otros muchos, ha sufrido un ERE y lleva meses buscando trabajo. Tiene una edad, digamos considerable, y eso es un freno a su contratación. Su decisión, que están siguiendo much@s antiguos compañeros que conozco de mi época de empleada, me llevó a meditar sobre qué puntos son importantes, a nivel mental, para emprender el camino del autónomo.

Bien, como se quedó algo corto el post anterior y se me ocurrieron nuevas pautas para dar el salto de un empleo fijo a emprender sin perder la cabeza, aquí van cinco puntos más:

[Inciso: Por si no conoces mi historia, antes de ser autónoma y desarrollar mi negocio, trabajé durante 17 años en una entidad financiera. Es decir, pasé de ser una empleada con su sueldo fijo y sus beneficios extrasalariales, a depender única y exclusivamente de mi esfuerzo, mi talento y mis recursos]

1. Busca siempre la rentabilidad. Este punto tiene mucho que ver con el del manejo del dinero que te comentaba en el post anterior. Los autónomos somos unos grandes recaudadores para Hacienda. Así que no debemos caer en el error de confundir ingreso con beneficio. La supervivencia del negocio depende de que sea rentable y esa rentabilidad no se puede dejar de lado buscando incrementar las ventas. Es importante no “tirar los precios por los suelos” ni vender por debajo de tu umbral de rentabilidad porque acabarás quemad@ y arruinad@. Esto también tiene mucho que ver con no hacer trabajos gratis por conseguir un futuro cliente (¿qué pasa con los clientes que ahora te están pagando por tus servicios/productos?). Y no aceptar a clientes que te hacen rebajas de precios. Si ellos no están dispuestos a pagar el precio que tú consideras que tiene tu trabajo, no es tu cliente ideal. Sigue buscando.

2. Aprende a trabajar en diferentes sitios. Hace unos años tardaba hora y cuarto en llegar a un edificio donde trabajaba. Tenía un despachito con vistas a la sierra de Madrid, una mesa, una silla ergonómica, cajoneras, un ordenador de sobremesa y un cartel con mi nombre en la entrada. Pensaba que esa era la única forma de trabajar o eso es lo que me habían vendido… Ahora trabajo en bibliotecas, bares, restaurantes, salas de coworking, el salón de mi casa, en la cama con mi gata en las piernas, en un chiringuito mirando al mar, en un parque natural, en un banco de un parque…en cualquier sitio donde haya internet. Requiere trabajar la concentración y el enfoque. También ayudan a aislarse los cascos y las millones de listas de Spotify.

3. Ten un por qué muy claro. Este punto está muy relacionado con la autodisciplina, la constancia y el para qué estás haciendo el negocio, es decir, la visión. El porqué son los motivos para levantarte de la cama todas las mañanas sin un jefe que te vigile ni nadie que te ingrese un sueldo a final de mes hagas lo que hagas… Los motivos (es obvio) mueven a la acción y tienen que ser poderosos, tan poderosos que cuando venga el primer revés (que lo habrá), sigas pensando que el camino merece la pena.

4. Inseguridad vs Libertad. El autónomo está siempre en la cuerda floja. Puede haber meses de buenos ingresos y otros no tan buenos, es decir, no hay un salario fijo y esa inseguridad da miedito. Es una de las cosas más importantes que he tenido que aprender: gestionar el pánico al vacío. Pero todo se aprende. A cambio, tengo una motivación tan potente que aniquila los monstruos: puedo trabajar cuando y donde me dé la gana. Eso significa que he podido cambiar de ciudad a una más barata y con mejor calidad de vida, donde disfruto de las cosas que son importantes para mi: ver el mar con frecuencia, ir a todas partes en bicicleta o andando, ahorrar dinero, tener más tranquilidad…). Eso no podría hacerlo si viviera atada a una mesa de despacho.

5. No dejes tu trabajo (si lo tienes). ¿Tienes dudas? No lo hagas. ¿No lo ves claro? Déjalo pasar. Ser autónomo en lugar de asalariado no es fácil, tienes que estar convencido. Está fenomenal la frase de Steve Jobs: “si tú no trabajas por tus sueños, alguien te contratará para que trabajes por los suyos”. Vaya por delante que estoy totalmente de acuerdo pero si el trabajo está muy alejado de tus sueños y es solo un medio que te permite conseguir dinero, no lo dejes hasta que tengas el boceto de un plan B. Aguanta donde estás, haz tu trabajo lo mejor que puedas, conviértete en una persona indispensable dentro de la empresa que te contrata y piensa cómo podrías salir de ahí. Yo me pasé muchos años formándome al mismo tiempo que trabajaba, buscando opciones en otros sectores, creando planes de empresa y de marketing, pensando cómo conectar los puntos de mi pasión con mi valor y mi vocación…esto último prometo contarlo en otro post…

Espero que te hayan resultado útiles estos puntos y los pongas en práctica si estás pensando dar el salto profesional.

¿Qué te ha parecido este post? Me harás muy feliz si me lo cuentas y más si lo compartes.

¿Por qué y para qué escribes?

¿Nunca te has preguntado por qué escribes? ¿Cuáles son las razones que te impulsan a sentarte delante del ordenador o del cuaderno, a pesar de la falta de tiempo o de inspiración? ¿Qué buscas con tu escritura: ser ric@, famos@, simplemente conectar con los demás a través de tus palabras…?

Todos los que nos dedicamos a escribir tenemos una o varias razones y a veces ocurre que perdemos el foco, nos desconectamos de los motivos que nos impulsan a seguir. A veces es necesario recuperar la zanahoria, esa con la que se engaña al burro para que avance. ¿Cuál es tu zanahoria? En este vídeo te cuento lo importante que es reconectar con el porqué y el para qué de tu escritura si no quieres perder la ilusión y tirar la toalla.

Espero que este vídeo te sirva para volver a enamorarte de tu escritura.

Si te ha gustado, me harás muy feliz si me dejas un comentario y más si lo compartes.

¿Cómo pasar de asalariado a autónomo? Cinco aprendizajes básicos

Hace unos días, un ex compañero de trabajo me hizo una pregunta que me permitió recapacitar sobre qué significa ser autónomo y mis aprendizajes durante estos meses. Por si no conoces mi historia, antes de ser autónoma y desarrollar mi negocio, trabajé durante 17 años en una entidad financiera. Es decir, pasé de ser una empleada con su sueldo fijo y sus beneficios extrasalariales, a depender única y exclusivamente de mi esfuerzo, mi talento y mis recursos.

“Creo que me voy a hacer autónomo, ¿te puedo preguntar algunas dudas?”, me comentó este ex compañero con el que trabajé durante algunos años. Él, como otros muchos, ha sufrido un ERE y lleva meses buscando trabajo. Tiene una edad, digamos considerable, y eso es un freno a su contratación. Su decisión, que están siguiendo much@s antiguos compañeros que conozco de mi época de empleada, me llevó a meditar sobre qué puntos son importantes, a nivel mental, para emprender el camino del autónomo. Si estás en esta misma situación, pensando en montártelo por tu cuenta, por convicción o por obligación, aquí van cinco aprendizajes que he vivido en mis propias carnes:

1. Autodisciplina. Antes tenía el respaldo de una macro organización, unos horarios, unas tareas, un equipo para repartir el trabajo…Y ahora estoy yo conmigo misma, creando nuevas rutinas, protocolos y sistemas de gestión. Esto requiere mucha disciplina, constancia y sobre todo un “para qué” muy fuerte. Nadie te vigila para que cumplas con tu misión, nadie te ingresa un sueldo a final de mes hagas lo que hagas… Eres el únic@ responsable de tus objetivos.

2. Liderazgo. Según vas subiendo peldaños en tu negocio, empiezas a necesitar un equipo que gestione todo aquello que tú necesitas delegar para seguir creciendo.  Eso implica asumir responsabilidades, tomar decisiones estratégicas, gestionar a personas que trabajan online desde cualquier parte del planeta… Hay que estar al tanto de todos los errores para detectarlos, aprender de ellos y saber corregirlos en el futuro antes de que se produzcan.

3. Manejo del dinero. Un autónomo antes de emprendedor y de dueño de un negocio, es un recaudador. Por tus manos pasará mucho dinero en impuestos que no es tuyo, es de Hacienda. Así que lo primero que es importante aprender es a no gastar lo que no es tuyo. Otro salto al vacío (este es uno de los frenos mentales que más cuesta vencer) es que hasta ahora disponías de un salario y ese era el dinero para los gastos. El autónomo está siempre en la cuerda floja. Puede haber meses de buenos ingresos y otros no tan buenos, es decir, no hay un salario fijo y eso da miedo. Tener un negocio propio supone aprender a gestionar dinero que va destinado a terceros: pagar a proveedores, colaboradores, Hacienda, Seguridad Social, etc. No todo lo que se ingresa es para uso propio y hay que aprender a manejarlo de la forma más rentable.

4. Conciliación de trabajo y vida privada. No dejas de ser autónomo en ningún momento del día. Cuando trabajaba para otros, me iba cuando había cumplido mi jornada laboral y desconectaba. Ahora, es muy muy distinto, siempre estoy pensando en nuevos proyectos, en cómo hacer que un servicio que ofrezco sea más rentable, qué nuevas ideas pueden ayudar a mi público… Puedo trabajar un domingo, pero a cambio puedo decidir no trabajar un lunes o un martes. Esto para mi es una ventaja porque valoro mucho la libertad y el poder gestionar mi tiempo. Pero también hago un esfuerzo por crear espacios para disfrutar de mi familia, mis amigos, mi gata, mis ratos de ocio… Es fundamental crear una rutina de horarios que te permitan conciliar y, en la medida de lo posible, desconectar.

5. Optimismo. Ser autónomo es difícil, no te voy a engañar. Tiene muchas compensaciones y es mejor que las recuerdes continuamente y te tomes todo con un poco de ligereza y sentido del humor. Porque vendrán curvas peligrosas y cuestas muy empinadas que tendrás que subir tú sol@. Trabajar el lado bueno de la vida y la resilencia te llevarán a conseguir tus objetivos. No te olvides nunca de reírte al menos 30 veces al día 😉

Espero que te hayan resultado útiles estas pautas y que las pongas en práctica si estás pensando iniciar un nuevo camino profesional. Me quedan por compartir algunos aprendizajes más pero me los guardo para la próxima entrada.

 

¿Qué te ha parecido este post? Me harás muy feliz si me lo cuentas y más si lo compartes 

😃

 

¿Cómo crear una rutina en tu escritura? Aunque te parezca odiosa… o precisamente por eso

A veces la vida se nos va de las manos. Y reconozcámoslo, hay mil cosas más importantes que escribir. Salvo que vivas de tus novelas y tu editor esté dándote con el látigo todos los días. Pero si escribes por placer, por la sencilla razón de que te encanta y es tu pasión, en ocasiones la vida se desborda y tienes otras prioridades.

Para mi estos últimos dos meses han sido un verdadero desbarajuste: mudanza, casa y ciudad nuevas, viajes constantes… Por mucho que he intentado mantener el ritmo de posts, de vídeos y de publicaciones en las redes sociales, la semana pasada que estuve trabajando en Madrid, fue el caos y no lancé ningún contenido.

Bien, estas cosas pasan y tampoco hay que castigarse por ello. Sirven para aprender lo importante que es tener las cosas planificadas con antelación. Así que entonando el “mea culpa”, este artículo lo escribo para que me sirva como recordatorio, y para personas como yo, que aunque son organizadas, dejan bastante campo a la improvisación. ¡¡Es tan aburrida la planificación!! 😩😩 Pero por otro lado, reconozco que la estructura es liberadora de tiempo, minimiza imprevistos y riesgos y te permite tener capacidad de reacción.

Vaya por delante que este post no solo sirve para planificar tu escritura, sino también otras facetas de tu vida que te cueste poner en piloto automático. Porque se trata de crear “caminos mentales” que no te supongan un esfuerzo extra para que las tareas sean más llevaderas, de integrar hábitos en tu rutina diaria.

¿Qué cinco cosas puedes hacer?

  1. Incorporar el hábito a una rutina ya establecida. Piensa que hay mil cosas que haces en una cadena rutinaria. Por ejemplo, antes de acostarte te pones el pijama, te lavas la cara, te cepillas los dientes, te pones crema de noche… Y estoy segura de que siempre lo haces en el mismo orden sin darte cuenta. Tengo una amiga que dirige una tienda online de cosmética coreana. La rutina nocturna de exfoliantes, esencias y cremas consta de 10 pasos ¡¡10!! Al principio cuesta entender que tengas que ponerte 10 productos en un orden determinado todas las noches…pero se acaba convirtiendo en una rutina. Con la escritura, pasa lo mismo. Elige una hora del día, siempre la misma e intégrala dentro de tu rutina. Por ejemplo, voy a escribir una hora o media hora entre el café de la merienda y recoger a los niños de la clase de inglés, o entre mi entrenamiento del gimnasio y la hora de la cena. La idea es integrarlo como un paso más dentro de tu día a día.
  2. La repetición es la clave. Una vez que has elegido la hora dentro de tus tareas rutinarias, siéntate y escribe. ES-CRI-BE. Esto significa cerrar las redes sociales, el email, silenciar el móvil… Evitar distracciones y aunque no te salga nada, porque no todos los días está un@ con la inspiración a flor de piel, escribe palabras, frases inconexas, recuerdos, posibles párrafos, comienzos de capítulos, descripción de un personaje…
  3. Apunta tu rutina. En post-it, anotaciones en el calendario, avisos en el móvil…Hora de escribir, escribir, escribir…
  4. Recuérdate los “para qué” del hábito. Es importante asociar tu escritura a para qué escribes, cuál es la zanahoria que te motiva a seguir avanzando. Así será más fácil que no lo abandones. Es como el que odia ir al gimnasio pero recuerda que tiene el colesterol alto y hacer ejercicio es muy beneficioso para su salud, para evitar por ejemplo un ataque al corazón. Y es más sencillo si lo pones en positivo, es decir, piensa en las ventajas que tiene el nuevo hábito de escribir. Este es el típico consejo que te dan cuando quieres dejar de fumar, piensa en tooooodos los beneficios para tu salud.
  5. Empieza escribiendo en cortos espacios de tiempo. Yo odiaba correr. Empecé hace 14 años unos días de verano que pasé en Sitges. Mi novio de aquel entonces corría y me aficionó. Al principio, daba pasitos como un ganso loco y no más de 5 minutos. Pero al final de aquella semana de vacaciones, ya trotaba ida y vuelta por el paseo marítimo. Llegué a correr la media maratón de Madrid. Y ahora no es que sea Usain Bolt, pero hacer 10 kilómetros en un entrenamiento normal, no me asustan. Empieza con 5 minutos, que luego serán 10 y cuando te des cuenta, todas las horas de tu día te parecerán pocas.

Resumiendo, la incorporación del hábito de la escritura en el resto de rutinas de tu vida te permite planificar para avanzar tanto en un relato como en una novela. Solo puedes corregir el rumbo si estás en movimiento. Pero aunque la planificación sea fundamental, deja margen para la improvisación. Algunas veces también hay que dejarse llevar un poco, no? Flowwwww 😉

¿Qué te ha parecido este post? Me harás muy feliz si me lo cuentas y más si lo compartes 

😃

 

El fin está cerca… Tercera y última etapa del Viaje del Héroe

¿Qué pasa cuando el héroe ya ha conseguido su misión, cuando ya ha alcanzado el objeto de su búsqueda? Todo viaje que comienza irremediablemente tiene que terminar.

La semana pasada te contaba la segunda etapa del Viaje del héroe,  la iniciación, y anteriormente hice un resumen de la primera etapa, la salida.  Vamos ahora con la tercera etapa, el regreso, que está formada por las 6 fases que tiene que atravesar cronológicamente el héroe o heroína para volver a su vida ordinaria y transmitir el conocimiento adquirido en su búsqueda a sus semejantes.

En este nuevo vídeo te lo cuento en solo 5 minutillos.  👇👇

Las 6 fases de esta tercera etapa del regreso son:

  • La negativa a regresar. Después de alcanzar la felicidad y la iluminación, el héroe rehúsa a volver a su mundo ordinario para compartir el don que ha recibido con sus semejantes.
  • El vuelo mágico. A veces el héroe debe escapar con el don que suele ser algo (material o inmaterial) que los dioses guardaban celosamente. El regreso puede ser tan peligroso y aventurero como el camino de búsqueda.
  • El rescate del exterior. Al igual que en el viaje el héroe necesitaba ayudantes para la búsqueda, en el regreso encontrará guías y salvadores de gran poder que lo lleven a su vida cotidiana, sobre todo si el héroe ha sido herido o debilitado por la experiencia del viaje.
  • El cruce del umbral de retorno. El sentido del regreso es la conservación de la sabiduría adquirida en la búsqueda, la incorporación del conocimiento en la vida humana y encontrar la forma de compartirla con el resto.
  • El maestro de dos mundos. Suele convertirse en una figura trascendente, tipo Jesús o Buda. Para el héroe humano, esta fase es el equilibrio entre lo material y lo espiritual. Se siente cómodo con el mundo interior y exterior.
  • La libertad para vivir. El dominio y la sabiduría que ha adquirido el héroe le conducen al temor a la muerte y a la libertad de vivir. Ha alcanzado el poder de vivir el momento presente, sin lamentar el pasado o anticipar el futuro.

La regreso es la parte que une las dos anteriores y le da un sentido de trascendencia a toda la historia. Espero que esta estructura te sirva como andamiaje para tus novelas y relatos, de tal forma que puedas construir con facilidad el desarrollo de los acontecimientos de tu protagonista.

¿Qué te ha parecido este post? Me harás muy feliz si me lo cuentas y más si lo compartes 
😃