Cómo terminar las historias empezadas sin acabar

¿Tienes un montón de historias empezadas pero ninguna está terminada? ¿Mil ideas anotadas pero no sabes cómo desarrollarlas hasta llegar al punto final? La semana pasada recibí una consulta a través de un formulario de la web. Era una chica llamada Elienai que me comentaba lo siguiente:

“Mi problema es que he tenido varias ideas para escribir pero no sé cómo desarrollarlas bien. Tengo el tiempo para escribir y la voluntad para ponerle dedicación. Pero no encuentro la forma de desarrollar una idea bien hasta terminarla. Tengo varias historias empezadas pero ninguna está terminada. Espero que me puedas ayudar”.

A raíz de esta cuestión me puse a reflexionar sobre la cantidad de comienzos de relatos, escenas de novelas, ideas para personajes… que tengo almacenadas en el ordenador y sin haber llegado a la palabra “FIN”. Escribimos enormes cantidades de palabras que luego no somos capaces de desarrollar hasta el desenlace por tres razones fundamentales. En el vídeo te explico las causas punto por punto pero te adelanto que son las siguientes:

  1. Empezamos a escribir un primer párrafo glorioso o una frase que va a ser la cumbre de la literatura universal, pero no hemos pensado cómo va a terminar, dónde va a estar el protagonista, qué emociones/sensaciones/sentimientos quieres que la historia deje en el lector.
  2. Tenemos miedo a no ser perfectos, a esa voz que nos juzga y nos dice que no escribimos bien, que no merece la pena seguir escribiendo, que esto es una basura… La perfección no existe y para llegar a ser Alice Munro, Cortázar o García Márquez, hay que echarle horas y horas de trabajo. El músculo de la escritura solo se desarrolla escribiendo y escribiendo.
  3. Nos faltan herramientas y técnicas de escritura. Todos sabemos leer y escribir porque nos enseñan de niños. Pero escribir ficción requiere de una serie de habilidades que solo se aprenden en talleres o cursos de escritura. Es importante estar siempre en continuo aprendizaje y, sobre todo, compartir tus textos con compañeros escritor@s para que otros puntos de vista te ayuden a mejorar.

Dale al play y dime en los comentarios en cuál de las tres razones crees que te encuentras tú para no poder terminar tus historias.

Otros vídeos relacionados:

Espero que este vídeo te sirva de utilidad y muchísimas gracias por verlo.

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Claves para mantener la relación de amor con tu escritura [Contiene escenas amorosas]

Creo que este es el post más personal que he escrito hasta ahora. Y es que mañana es San Valentín. Aunque no soy muy partidaria de este tipo de celebraciones (que me parecen consumistas y artificiales), tengo que confesarte que en esta ocasión quiero celebrarlo. Porque estoy enamorada. Sí, ya lo he dicho, ya está. Vale, estarás pensando, <<“¿y a mí qué?” “Yo soy más de San Solterín”. “¿Esto no era un blog de escritura?” “¿Qué tiene que ver esto con escribir?”…>>

Pues tiene que ver T-O-D-O. Porque no he terminado lo que te estaba contando… Soy de esas personas que creen que hay que ponerle amor a todo lo que se hace en la vida. Que prefiere morir de pasión que de aburrimiento, como decía Zola. Y te confieso que estoy tremendamente enamorada de mi trabajo, de poder ayudar a las personas que tienen una historia que contar y necesitan que el mundo la lea. Después de este año trabajando con diferentes escritor@s, me he dado cuenta de que tod@s ell@s tienen tres cosas en común, que les convierte en grandes apasionados de su escritura. Vamos a llamarlas: claves para mantener y llevar a buen puerto su historia de amor con la escritura.

Pero antes, otra confesión

Yo no siempre he amado lo que hacía [esta es la parte personal del post, así que si no te interesa, puedes saltártela e ir directamente a las claves]. Durante 17 años trabajé en un banco. ¡¡Sí!! Yo también me sorprendo aún cuando lo menciono. Aunque te digo la verdad, no me disgustaba lo que hacía. Me dediqué primero a desarrollar campañas de marketing enfocadas a segmentos. Más tarde gestioné los contenidos digitales y las redes sociales de atención a clientes. Y dirás, pues parece un trabajo chulo. ¡Y lo era! Pero tenía un problema: era desapasionado, no sentía nada por él. Era como una relación de años que ha caído en la rutina y el aburrimiento. No resonaba conmigo, no era mi vocación. Yo necesitaba pasión, aventura, riesgo… sentir que estaba vida. No sé si me estoy explicando.

Y entonces sucedió el milagro…que si te interesa puedes leer en mi historia para no alargarme más. El caso es que a partir de entonces me embarqué en este viaje de no retorno: ayudar a escritoras y escritores a desatar todo el poder de la palabra. ¿Cómo? Leyendo y mejorando sus manuscritos, acompañándoles en el proceso de escritura de su libro o visibilizando y promocionando su obra en redes sociales.

Claves para mantener tu amor por la escritura

Y como te comentaba más arriba, he descubierto tres claves, tres puntos fuertes que tod@s tienen en común para mantener su compromiso con la escritura y que te comparto:

  1. Regar la plantita. O llámalo “mantener viva la llama de amor” aunque suene un poco más ñoño. Igual que con tu pareja, hay que estar pendiente de la relación, de trabajarla con constancia todos los días. Hay que regar a base de bien tu ficus cada mañana…tú ya me entiendes. La escritura es una amante generosa pero también exigente. Exige perseverancia, trabajo, paciencia, tesón, firmeza y grandes dosis de amor. En otras palabras, la escritura es escribir, escribir, escribir, todos los días, aunque sean tres párrafos, dos frases, un título. ESCRIBIR.
  2. Poner todos los sentidos en la relación. Si vas enrollándote por ahí con otr@s, es probable que tu relación de pareja no sea tan fuerte como crees. En la escritura pasa lo mismo, si no sientes algo que te corroe por dentro, una obsesión alimaña como la llamaba Cortázar, si puedes dejar de escribir… haz punto de cruz o pinta naturalezas muertas. Pero si estás “hasta las trancas” por ponerte a contar esa historia que llevas dentro, entonces no hagas otra cosa, enfócate en poner todos tus sentidos en escribir. Lleva siempre un cuaderno o toma notas de voz para recordar esa frase genial que se te ha ocurrido, apunta rasgos de tus personajes y posibles argumentos… En este vídeo amplío el concepto de la atención y la curiosidad en literatura.
  3. Dejarse llevar. A veces nos exigimos demasiado a nosotros mismos y a nuestra pareja. Queremos que todo sea perfecto, que nuestro amante nos dedique su tiempo al máximo, que no la cague, que vayamos perfectamente vestidos y por favor, que no se tire pedos (y que no se me escape ninguno, upss!). Ya, ya, pero la realidad es que hay momentos en la vida que es mejor dejarse llevar, confiar en la improvisación, la espontaneidad, la falta de planificación. En escritura, el concepto “flow” (fluir) es uno de los más poderosos: dejarse arrastrar por la voz de los personajes de un cuento o de una novela es pura magia. Fluye mientras escribes y luego ya corregirás o podrás pedir la opinión de un lector profesional.

Así que trata a tu escritura como a tu relación de pareja: mantenla bien regada, enfócate en ella y flow. ¿Te has quedado con ganas de más? En este post tienes más claves para volver a enamorarte de la escritura si estás en esa etapa de lo dejo o no lo dejo…

*Bonus track: escenas amorosas*

Vuelve al título de este post…¿Dónde están las escenas amorosas? Vale, lo prometido es deuda. Toda novela o relato que se precie tiene que tener algún momento amoroso. Puede que sea explícito, sutil, atormentado, dulce, aludido… Aquí van cinco de mis novelas favoritas con escenas de amor/pasión/sexo para enmarcar. Te recomiendo que las leas (no vale haber visto la película) para “copiar” y fabricar tus propios capítulos de love love love.

  • “Cumbres borrascosas”, Emily Brönte. Pufff, ¡¡madre mía!! Ese amor atormentado entre Heathcliff y Catherine, que perdura más allá de la muerte, esos personajes al borde la locura, ese ambiente del más puro romanticismo… Sin olvidar esa estructura portentosa y desconcertante. Todo un clásico.
  • “El amante”, Marguerite Duras. Acabo de releerla para tomar notas sobre la frialdad con que la protagonista habla de su relación con el chino rico y las escenas de sexo despojadas de amor pero impregnadas de sensualidad. Resulta dura y a la vez tiene un barniz de ternura que deja huella.
  • “Memorias de África”, Isak Dinesen. La baronesa nos regaló esta señora novela, contando su propia historia de amor, épica, colonial y aventurera encarnada en ese cazador profesional, que siempre recordaremos con la cara de Robert Redford. «Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas Ngong»… Muero de amor.

Vale, los hombres también escriben grandísimas historias de esas que se te caen la baba:

  • “Madame Bovary”, Gustave Flaubert. Este señor en el siglo XIX se marcó una de las escenas de sexo más calientes y a la vez más sutiles de la historia de la literatura. Emma Bovary y su amante León Dupuis tienen una larga sesión de “dámelo todo, papito” mientras su carruaje da vueltas por la ciudad de Rouen. La escena, narrada desde el punto de vista del cochero, es una obra maestra de la alusión. He tenido ganas de plagiarla en más de una ocasión. Solo en un instante se ve una parte del cuerpo de los amantes: cuando la mano desenguantada de Emma aparece detrás de las cortinas. ¡¡Por favor!!
  • “Los puentes de Madison”, Robert James Waller. Vale, todo el mundo recuerda la película pero ni idea de quién la escribió, ¿verdad? Yo creo que la fuerza y la credibilidad de esta historia, paradigma clásico del amor imposible, solo puede surgir de una pasión real. ¿Se enamoró locamente de una mujer casada, señor Waller? En cualquier caso, nos da igual que fuera verdad o no. Lo importante de esta novela es el ambiente, cómo las variaciones climatológicas se mezclan con los estados de ánimo de Francesca y Robert. La sensualidad del calor, la melancolía de la lluvia… Bien, solo pido que si hay un remake de la película, el exótico fotógrafo del National Geographic no sea interpretado de nuevo por Clint Eastwood.

Espero que aunque seas más de San Solterín, estas novelas te vuelvan loc@ de amor.

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¿Más historias de love del bueno? Te invito a que las escribas en un comentario. Y si te ha gustado este post, me harás muy feliz si lo compartes.

Narrador en primera persona

¿Sabes que el narrador en primera persona es el que más atrae la atención de los lectores? El personaje que narra en primera se hace real y se cuela rápido en la mente del lector. Es el más creíble porque se convierte en una voz, en una persona que le habla directamente. También es uno de los más difíciles de manejar. En este post hablaba sobre la omnisciencia del narrador en tercera que actúa como un dios caprichoso que lo sabe todo de la historia. En cambio, la primera persona es todo lo contrario. Muy utilizado en la literatura actual, se trata de un personaje principal de la historia hablando de sí mismo como eje de la narración. Es importante que tengas en cuenta una serie de requisitos para que sea creíble y atrape la atención:

  1. Tendrás que tener muy en cuenta qué información puede o no puede manejar tu protagonista en primera. Porque no puede saber lo que piensan el resto de los personajes, lo que han hecho o lo que sienten, a no ser que ellos se lo hayan contado explícitamente. Solo puede imaginar lo que ha pasado o lo que siente el otro personaje. No es posible que tenga el don de la ubicuidad (o a lo mejor tiene superpoderes…), luego no podrá estar en todas partes y solo podrá contar desde su punto de vista lo que le ha pasado directamente. Es importante que juegues con la retención de la información. Mantener la tensión, tratando de revelar la información a medida que el personaje la va averiguando.
  2. Tu personaje en primera tiene que hablar como el personaje. Según la historia que quieras contar y el efecto que quieras conseguir en el lector (empatía, rechazo, complicidad, admiración…), así debes construir a este personaje narrador. Tiene que tener una forma de expresarse concreta, de acuerdo con su carácter, su edad, su procedencia, su estrato social, su formación, etc…
  3. La voz del autor no es la voz del narrador en primera. Tiene un punto de vista de los hechos limitado y subjetivo. El lector vivirá la historia a través de sus ojos, opiniones, pensamientos y emociones. Pero tiene que tener vida propia y coherencia, no ser el punto de vista del autor. Ojo, que muchas veces puede confundirse.
  4. El narrador en primera persona suele narrar su historia en tiempo pasado. Esa distancia temporal le permite tener todos los datos de los acontecimientos que cuenta. La historia ya ha finalizado y el narrador sabe todo lo que ha pasado. A veces, esa distancia se come parte de la tensión de la narración. Y si se trata de una novela de acción o suspense, el lector sabe que el narrador ha sobrevivido a todo lo narrado porque lo está contando. En este último caso, para mantener la tensión puedes hacer tres cosas:
    • Usar el tiempo presente en la narración, aunque resulte chocante y difícil de construir.
    • Hacer que el narrador deje su historia escrita (en primera persona) y sea una segunda persona quien la lea. Así, hasta el final no se sabe si el manuscrito se interrumpe porque algo le sucedió al escritor/personaje en primera que le impidiera concluirlo.
    • O puedes hacer que tu narrador no corra riesgo de muerte. Puede haber otras cosas importantes que estén en peligro: la vida de un ser querido, su estabilidad mental, su libertad…

Hay miles de ejemplos de novelas actuales contadas por un narrador en primera, por ejemplo “Funes, el memorioso” de Borges; “Viaje de Gulliver a Liliput” de Jonathan Swift, “El guardián entre el centeno” de J.D. Salinger;…

Es un narrador empleado con frecuencia en la novela negra. También se utiliza en otros géneros como el epistolar, el diario íntimo, la biografía, el monólogo interior… Uno de los ejemplos clásicos de utilización de múltiples narradores en primera (y mi favorito) es “Drácula” de Bram Stoker. Si no la has leído (no vale haber visto la película :-), no sé a qué esperas.

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Si se te ocurren ejemplos de historias contadas en primera persona, te ha gustado este post o las dos cosas, me harás muy feliz si me dejas un comentario y más si lo compartes.

Charlando con Cristina López Barrio, Finalista del Premio Planeta 2017

Para terminar el mes de enero a lo grande, inauguramos sección en el canal de Youtube. Y ya que estamos, te invito a suscribirte para recibir antes que nadie los vídeos con trucos y consejos de escritura.

El título de la nueva lista de reproducción es “Charlando con”. Va de entrevistas a escritores y escritoras que se atrevan a charlar un rato conmigo y contarnos su día a día, sus hábitos de escritura, sus trucos mágicos, sus secretos más inconfesables… en definitiva, lo que les de la gana.

Cristina López Barrio ha sido la valiente que ha roto el hielo, la primera en charlar conmigo. Por si alguien que quiera ver el vídeo no conoce a Cristina, ella además de escritora es abogada. Estudió Derecho en la Universidad Complutense de Madrid y se especializó en propiedad intelectual en la Universidad Pontificia Comillas.

En el año 2000 dio un giro a su carrera como escritora cuando se apuntó al Taller de Escritura Creativa de Clara Obligado. Se dio a conocer en el mundo literario con “El hombre que se mareaba con la rotación de la Tierra”, una obra de género juvenil que le valió el Premio Villa Pozuelo de Alarcón en 2009.

Con “La casa de los amores imposibles”, Cristina dio el salto a la narrativa adulta y consiguió llegar al mercado internacional, con un notable éxito de público tras ser traducida a más de quince idiomas. Luego llegó “El cielo en un infierno cabe”en 2013 y “Tierra de brumas”en 2015, las tres publicadas por Plaza & Janés.

Y en 2017 “Niebla en Tánger”, novela maravillosa con la que quedó Finalista del Premio Planeta de ese año. ¡¡Vaya curriculum, señoras y señores!! Si todavía hay algun@ que no haya leído a Cristina, ya puede salir corriendo a comprar cualquiera de sus libros.

No os perdáis los consejos de escritura que nos da en el vídeo porque son oro puro. Pero la charla dio mucho de sí. ¿Qué más perlas vas a encontrar en la entrevista?

  • ¿Cuál de sus novelas es su favorita y por qué?
  • ¿Qué es lo más interesante de los talleres de escritura y por qué los recomendaría?
  • ¿Cree que se puede aprender a escribir? ¿Y a leer?
  • ¿Cómo es su día a día cuando está escribiendo una novela?
  • ¿Tiene un hábito o un plan que le resulte eficaz a la hora de escribir?
  • ¿Cuál fue la novela que más le costó sacar adelante y por qué?
  • ¿Cómo recuerda aquel comienzo cuando todavía era abogada, pero se moría de ganas de ser escritora?
  • ¿Cuál fue la primera “cosa” que escribió y que se podría considerar ficción?
  • De todas sus novelas, ¿cuál es la que tiene más de ella, de su historia personal?
  • ¿Qué supuso el Premio Villa de Pozuelo de Alarcón, luego el Premio a la escritora revelación en 2010 y por último el finalista del Planeta?
  • ¿Qué les dice a los que están viendo el vídeo y tienen una novela en mente, pero no saben si su idea es buena, o tienen miedo al ponerse a escribir porque les falta confianza?
  • Adelanto de su nueva novela… sin spolier.

Y ahora sí, tómate unos minutos para ti, sírvete tu bebida favorita y disfruta tranquilamente de la charla.

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Narrador en tercera persona u omnisciente

¿Te imaginas que lo supieras todo y lo entendieras todo? ¿Que pudieras predecir el futuro, juzgar y meterte en la cabeza de todos tus personajes? Pues esto es lo que puedes hacer con el narrador omnisciente. Ya vimos en este post la definición de narrador y los tipos que existen. Vamos a empezar con el más sencillo de todos. El que nos cuenta la historia en tercera persona. No como un personaje del relato, sino como alguien externo, que no se sabe bien quién es.

Dios caprichoso

Actúa como un dios caprichoso, lo ve todo y lo sabe absolutamente todo. Está o puede estar en todas partes. Penetrar en la mente de todos los personajes, conocer sus pensamientos, sus deseos más íntimos, sus sueños, sus temores… El narrador omnisciente describe en tercera persona del singular lo que los personajes ven, oyen, piensan y sienten. También puede narrar hechos que no hayan sido presenciados por ningún personaje. O viajar al pasado y conocer también el futuro, utilizando para ello recursos temporales como el flashback o la anticipación. Así el lector tiene una mayor información de la escena que aquellos que la protagonizan. Aporta un amplio cuadro de la vida humana o una escena de mínimos detalles.

Narrador del siglo XIX

Es el narrador más utilizado en las novelas del siglo XIX y el que deberías utilizar si no quieres complicarte mucho la vida o si es la primera historia que cuentas. Veamos algunas características de este narrador:

  1. Proporciona credibilidad: tiene una autoridad absoluta en la historia e impone esa autoridad al lector, es decir, lo que explica es lo que ocurre. Por eso resulta un narrador mucho más verosímil que, por ejemplo, un narrador en primera persona que solo contaría su versión de los hechos. Piensa que puede ser una buena elección para las historias mágicas, fantásticas o absurdas.
  2. Explica, no insinúa: este narrador no sugiere, sino que se encarga de explicar lo que ocurre, juzgar y desmenuzar las causas y comportamientos de los personajes. Hace lo que quiere. Puede presentar una situación de un modo objetivo sin colarse dentro de la conciencia de los personajes. O puede elegir ser la conciencia de un personaje solo para lograr un efecto especial. El margen que se deja al lector para imaginar y deducir por su cuenta no es tan grande como con otros narradores.
  3. Puede identificarse con el escritor: y a veces sucede que los autores noveles pueden confundir las dos voces. Es importante saber diferenciar que esta voz en tercera no tiene nada que ver con el autor que escribe la historia. Al no formar parte directa de la narración y mantenerse fuera de ella, pueden llegar a confundirse, sobre todo si el narrador realiza algún juicio de valor.
  4. Permite los saltos en el tiempo y el espacio: este es el narrador más sencillo para anticipar el futuro, volver al pasado, omitir escenas innecesarias mediante la elipsis, cambiar de escenarios… Es muy versátil para contar novelas de aventuras o históricas.
  5. No atrapa tanto como una voz en primera persona: el narrador testigo se mete rápidamente en la cabeza del lector, mientras que el omnisciente está más separado. La fuerza del personaje principal se ve perjudicada, ya que el lector no solo recibe información de los sentimientos de este, sino de todos los personajes.

Como cualquier otro narrador, el omnisciente no es mejor ni peor. Tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y de cada escrit@r depende la decisión de escoger quién cuenta su historia. Porque ya sabes que no hay fórmulas mágicas ni una respuesta definitiva. Lo importante es tener claro qué quieres contar, qué emociones y sentimientos quieres despertar en el lector.

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El narrador, ¿quién cuenta la historia?

En toda historia, ya sea novela, relato corto, ensayo, reportaje, crónica…hay siempre una voz que transmite esos hechos a un lector. Todos los textos, incluso los más “objetivos” tienen siempre un punto de vista concreto, con un enfoque y un tono de voz determinados. Respondería a la pregunta: ¿Quién cuenta la historia y desde dónde la cuenta?

El narrador sirve para construir nuestra historia. Gracias a él, podemos describir a los personajes, ambientes y acciones. También transmitir emociones, crear los diálogos, las opiniones y dosificar la información para crear suspense o intriga. El narrador es la “voz mágica” que selecciona lo que cuenta y lo que omite, que elige los momentos para mostrar la información o anticipa los acontecimientos que todavía no han ocurrido.

Hay varios tipos de narradores y múltiples puntos de vista. Pero lo más importante es que el narrador que comienza a contar la historia sea el mismo que la termina. A veces leo borradores de novela en los que empieza a narrar una primera persona, pero luego sin razón aparente cambia el foco y se mezcla con la voz del autor. El narrador tiene que ser coherente desde el principio hasta el final. Aunque puede haber dos narradores (o más) intercalados en la acción, por ejemplo, un narrador en primera en forma de diario o de cartas, y un narrador omnisciente que cuenta el resto de puntos de vista de los otros personajes.

  • Narrador en primera persona. Se cuenta la historia desde el yo, a través de los ojos y opiniones de un personaje. Puede ser el protagonista o un secundario. Para mi es el más difícil de construir porque no te puedes despegar nunca de su visión. Es el que más engancha al lector porque automáticamente te metes en la piel de ese protagonista
    pero es el que tiene un punto de vista más reducido.
    También en primera persona podemos encontrar al narrador testigo, que es un personaje implicado en la historia de manera más o menos directa y nos la cuenta desde su punto de vista, como hace Scott Fitzgerald en “El gran Gatsby”.
  • Narrador en tercera persona. El más usado. Alguien, implicado en la historia o no, cuenta en tercera persona lo sucedido. Es un observador, pero puede ser de dos tipos: 1. Omnisciente. El narrador lo sabe todo, como un dios que mira. Alberga un conocimiento superior al del protagonista y al de los secundarios. 2. Limitado o equisciente: también en 3ª persona pero desde el punto de vista de un solo personaje. Puede contarnos lo que siente, ve y opina dicho personaje, pero no lo que les pasa por la cabeza a los otros.
  • Narrador en segunda persona. El menos utilizado de todos, pero uno de los más interesantes. Apela directamente al lector mediante el tú o el vosotros. Consigue que el lector se involucre en lo que se le cuenta porque se apela directamente a él. Se suele usar en el género epistolar. Un ejemplo clásico sería “Cinco horas con Mario”  de Miguel Delibes.
  • Según el punto de vista, puede haber un narrador desapegado, que describe de manera objetiva lo que ocurre. Se limita a narrar los hechos tal y como se ven o se oyen, sin opiniones. Es sutil y, a veces difícil, pero gratificante para el lector, que añade su interpretación a la historia, sin verse influido por el narrador. Es el estilo periodístico o de informe, como si se contase lo que se ve a través de una cámara de vídeo. También puede haber un narrador comentarista que, aunque no participe en la historia, puede introducir reflexiones sobre lo que sucede.

Y ahora viene lo complicado… ¿Cómo elegir uno u otro para contar tu historia? Por desgracia, como todo en la literatura, no hay fórmulas mágicas ni una respuesta definitiva. Lo importante es tener claro qué quieres contar, qué emociones y sentimientos quieres despertar en el lector. Creo que más que una decisión racional, es algo intuitivo, que surge de una especie de voz interior con la que te encuentres cómod@ y con la que la historia fluya. Cuando te hable, déjate llevar por ella.

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¿Qué dos cualidades son esenciales para escribir?

En el último vídeo de este año, he me puesto a reflexionar sobre cómo contar historias y desde dónde si ya está todo contado cientos de veces. He llegado a la conclusión de que todos, absolutamente todos los humanos, tenemos dos cualidades esenciales que sirven para escribir y que podemos utilizar para dar un nuevo punto de vista a nuestros relatos. ¿Quieres saber cuáles son?  Porque la escritura es eso, un punto de vista, una forma de mirar lo que tenemos a nuestro alrededor, una manera de entender la vida que es única e intransferible.

Espero que te resulte útil este vídeo. Si quieres ver más trucos de escritura, te invito a suscribirte a mi canal de Youtube.

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El recurso inagotable que tienes y puedes utilizar para escribir

A veces cuando me quedo sin ideas para describir un ambiente, una situación o un personaje, recurro a una fuente inagotable a la que no solemos dar demasiada importancia. En el vídeo de esta semana te cuento cuál es. Lo he grabado en el Parque de María Luisa en Sevilla por una razón que tiene que ver con este recurso que tenemos todos y es muy práctico a la hora de escribir.

 

Espero que te resulte útil este vídeo. Si quieres ver más trucos de escritura, te invito a suscribirte a mi canal de Youtube.

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Dentro de nada tu trabajo lo hará un robot… y lo sabes

La semana pasada presentamos en Madrid mi primera novela breve “La mujer que vendía el tiempo”. Empecé a escribirla en 2015 y en aquel entonces yo trabajaba en un banco. Sí, ahora me parece increíble… No me disgustaba lo que hacía pero odiaba la maquinaria del sistema. Me encontraba siempre fuera, todo me parecía un engranaje kafkiano y muchas veces estuve a punto de dejarlo. Pero marcharme sin un euro después de 17 años, no me parecía una buena salida… Y llegó mi rescate, que fue una bendición, en forma de ERE. Me acogí al despido, me indemnizaron, me dieron dinero por antigüedad, por la voluntariedad de acogerme al ERE y me compré mi tiempo. Me compré la posibilidad de reinventarme y de pensar en qué quería invertir esa vida tan preciosa que tenía por delante.

Y te preguntarás por qué te cuento todo esto

Cuando empecé a escribirla yo era una auténtica vendedora de tiempo. Trabajaba para el dinero de otros, en un sistema que no entendía, luchando contra los viejos paradigmas. Tenía siempre la sensación de ir contra el tiempo. Nunca tenía horas suficientes, siempre quería más para hacer más cosas, para llenar una vida profesional que no me satisfacía. Y de pronto me di cuenta de que estaba malgastando un montón de horas de mi vida en transportarme a un sitio para trabajar, que no me gustaba, para volver tardísimo a casa y repetir la secuencia todos los días con el parón del fin de semana… Me pareció que no estaba haciendo nada significativo, nada que dijera algo bueno de mi, solo nació, trabajó en un sitio que no le gustaba para ganar dinero y comprar cosas que no quería y… murió. Y era así de triste, de verdad…

Escribir la novela de “La mujer que vendía el tiempo” me permitió poner en orden mis ideas y tratar de explicarme mis obsesiones. ¿Qué es el tiempo? Durante tantos años trabajando con el concepto del dinero que es acumulable, me di cuenta que el tiempo es el único recurso, la única energía que no es almacenable ni renovable. Así me hice consciente de la necesidad de aprovechar correctamente esa energía, haciendo lo que hemos venido a hacer en este momento que nos ha sido dado, con las personas y las experiencias adecuadas.

Encuentra tu talento, no malvendas tu tiempo

Toda esta reflexión anterior, me lleva a la conclusión de que encontrar en la vida tu verdadero talento se está convirtiendo en una necesidad, dado que la tecnología está cambiando completamente el panorama profesional y el mundo empresarial. Los negocios ya no son lo que eran y las profesiones más demandadas, según el mapa de la empleabilidad en España de la Fundación Teléfonica, son las digitales: desarrolladores Java, ingenieros de Big Data, expertos en ciberseguridad…

¿Qué te encanta hacer, aquello que harías aunque no te pagaran? ¿Qué se te da bien hacer y solo tú sabes hacerlo de una determinada manera? ¿Cuál es tu pasión? ¿Tienes talento para algo en concreto? Apunta todo lo que se te ocurra, desde pequeñas cosas que creas que no tienen sentido hasta los trabajos que has tenido y en los que has disfrutado. Ahí tienes la clave…y ahora, ¿crees que habría alguien interesado en lo que tú haces genial y en cómo lo haces? ¿Crees que ayudarías a alguien con ese talento que tienes para…? Seguro que si te pones a pensarlo durante un rato con un papel y un boli, te saldrán ideas sorprendentes.

Porque si tu trabajo lo puede hacer un robot…

…dentro de nada lo hará un robot, eso seguro. Cada vez más trabajos manuales están siendo sustituidos por máquinas y en un futuro no muy lejano veremos transportes públicos sin conductor, cadenas de montaje controladas a distancia por un ordenador, máquinas limpiadoras que se mueven solas en los aeropuertos y centros comerciales, brazos mecánicos realizando operaciones a corazón abierto, robots humanoides cuidando a nuestros mayores en las residencias… Algunas de estas cosas ya son una realidad en países como Japón.

Hace falta un replantamiento y reorientación de las carreras profesionales de tal forma que tiendan más a la búsqueda del talento que cada persona puede desarrollar, que a las horas que puede venderle a una empresa. Porque los robots pueden trabajar 24/7 sin quejarse ni pedir aumento de sueldo ni horas extras. El paradigma del presentismo ha muerto (¡menos mal!) y la conciliación de la vida laboral y personal se impone en las sociedades occidentales. Los humanos tenemos entonces que aportar otro significado, otro sentido a la forma de trabajar. ¿Qué valor estás aportando tú?

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Sobre este cambio de paradigma y las oportunidades de la vida reflexiono en mi novela. Si te apetece leer “La mujer que vendía el tiempo”, puedes encontrarla en la librería Cervantes y Compañía, calle del Pez, 27 – Madrid. Es un regalo fantástico para estas Navidades que se acercan, palabrita de autora.

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¿Cómo escribí mi primera novela? Making of de “La mujer que vendía el tiempo”

Hoy vengo a hablar de mi libro porque estoy de celebración. Así de claro. Se acaba de publicar y presentar “La mujer que vendía el tiempo”, mi primera novela breve. La escribí en un mes exactamente. ¿Solo un mes?, me pregunta todo el mundo. Tiempo récord, ¿no? La verdad es que sí, pero te voy a contar el secreto de cómo lo hice para que veas que es más que posible. Aunque tienen que darse varias circunstancias en tu vida…

Antes solo había escrito relatos cortos, algunos de ellos recopilados en el libro “Nido ajeno”, publicado en 2014 en la Colección El Pez Volador. Esta novela comencé a escribirla hace algo más de tres años, a raíz del concurso que lanzó el Taller de Escritura de Clara Obligado del que soy alumna.

Todos tenemos un pasado…

Por aquel entonces de 2015, yo trabajaba en un banco. Sí, ahora me parece increíble… No me disgustaba lo que hacía pero odiaba la maquinaria del sistema. Me encontraba siempre fuera, todo me parecía un engranaje kafkiano y muchas veces estuve a punto de dejarlo. Pero marcharme sin un euro después de 17 años, no me parecía una buena salida… Y llegó mi rescate, que fue una bendición, en forma de ERE. Me acogí al despido, me indemnizaron, me dieron dinero por antigüedad, por la voluntariedad de acogerme al ERE y me compré el tiempo. Me compré la posibilidad de reinventarme y de pensar en qué quería invertir ese tiempo tan precioso que tenía por delante.

Cuando me quedé en el paro, el concurso seguía abierto y Camila Paz, la editora de “La mujer que vendía el tiempo”, me presionó. Me dijo, “ahora no tienes excusa para ponerte a escribir. Tienes un mes para enviar algo al concurso”. Solo faltó mandarme también a unos sicarios…”Ahhh, vale, un mes, me sobran dos semanas”, le dije, ¡¡glups!! Nada como escribir bajo presión…

Empieza con un fin en mente

Lo cierto es que ya tenía el primer capítulo escrito, lo había leído en clase del Taller de Escritura y había gustado el tema. El personaje de Ruth es real. Llegó a mí gracias a un artículo de una revista digital que se llama Yorokobu, de la que saco bastantes ideas para relatos y posts. La historia de Ruth me fascinó. Me apetecía que me contara más, porque una de mis obsesiones es el tiempo. Ruth Belville fue una mujer empresaria, fuerte y con coraje, que heredó el negocio que su padre había creado a mediados del siglo XIX. Consistía en un servicio de venta de la hora, mediante la sincronización de los relojes de los clientes con la estandarización horaria del Observatorio de Greenwich.

Cuidado con la documentación que mata la narración

La novela sucede en Londres en 1940, en plena Blitz o guerra relámpago de los alemanes contra los ingleses en la II Guerra Mundial. No es una novela histórica, sino inspirada en hechos reales, pero lo cierto es que la documentación es importante, sobre todo para no meter la pata. ¿Había bolígrafos en 1940? ¿Qué tipo de faldas llevaban las mujeres mayores? ¿Y las jóvenes? ¿Cómo eran los túneles del metro de Londres? La documentación ya la tenía preparada antes de ponerme a escribir porque me encanta ese periodo histórico, no tanto desde el punto de vista bélico, o sea, macro, sino desde el micro, desde la mirada en detalle de la vida cotidiana. Me pierde la documentación, pasé bastante tiempo buscando cómo eran los aviones, las bombas, los globos antiaéreos, dónde se produjeron los bombardeos, qué pasaba en el paso de Calais,… En fin, me podría pasar la vida documentándome. Durante la construcción de la novela, escuchaba en bucle, en una lista de Spotify, la canción que canta Erika, uno de los personajes principales. Se titula “We will meet again” de Vera Lynn. Es una canción que cantaban los soldados en el frente y es tan bella como escalofriante si recapacitas en la letra y el contexto.

Pero la realidad es que la documentación se come la narración. Es mejor no ir tanto al detalle (a no ser que sea una novela muy fiel a la historia) porque al final acabas metiendo la pata. Hay que utilizar la información más básica e integrarla como si fuera parte de la narración. De hecho, en la novela solo hay una anécdota real de la vida de Ruth, de las pocas que han trascendido de su vida, una noticia que salió en The Times… El resto es ficción, solo he rellenado los huecos de lo que podría haber sido la vida de esta mujer. O no.

Lo siento, no hay un secreto, es solo trabajo y trabajo…

De todo lo demás que sucedía en la novela, no tenía ni idea.  Me levantaba, me sentaba delante del ordenador y Ruth me iba contando la historia. Lo que hice sistemáticamente durante ese mes fue trabajar durante 8 horas, como si me pagaran por ello. Solo paraba a mediodía para ir al gimnasio, comer y luego seguir escribiendo. Fue extrañísimo porque yo no tenía ni idea de lo que iba a pasar, os lo juro, me sentaba y me llegaba la voz. Eso es algo que tuve desde el principio, una voz que me hablaba. Quizá estoy un poco loca… Elegí una tercera persona porque era la más fácil para contar en tan poco tiempo. Esa voz se va pegando a los personajes y va poniendo el foco sobre todo en Ruth y en Erika. Yo lo único que hice fue transcribir lo que me iban contando. En serio, es un momento mágico que espero recuperar. Lo más difícil fue darle tensión, esconder datos, dosificar la información y encontrar una pieza que faltaba, una escena que es crucial en el pasado de Ruth y que explica muchas cosas de su presente. El resto del proceso fue muy placentero. Es una novela que me divirtió mucho escribir. Me hubiera gustado que fuera más larga porque el final, muy muy abierto, sucede fuera de la novela, en la cabeza del lector.

Si te obsesiona un tema, lo mejor para quitárselo de encima es escribirlo

Cuando empecé a escribirla yo era una auténtica vendedora de tiempo. Trabajaba para el dinero de otros, en un sistema que no entendía, luchando contra los viejos paradigmas, y tenía siempre la sensación de ir contra el tiempo. Nunca tenía tiempo de nada, siempre quería más para hacer más cosas, para llenar una vida profesional que no me satisfacía. Y de pronto me di cuenta de que estaba malgastando un montón de horas de mi vida en transportarme a un sitio para trabajar, que no me gustaba, para volver tardísimo a casa y repetir la secuencia todos los días con el parón del fin de semana… Me pareció que no estaba haciendo nada significativo, nada que dijera algo bueno de mi, solo nació, trabajó en un sitio que no le gustaba para ganar dinero y comprar cosas que no quería y… murió. Y era así de triste, de verdad…

Escribir esta novela me permitió poner en orden mis ideas y tratar de explicarme mis obsesiones. ¿Qué es el tiempo? Durante tantos años trabajando con el concepto del dinero que es acumulable, me di cuenta que el tiempo es el único recurso, la única energía que no es almacenable ni renovable. Gracias a la historia de Ruth, fui consciente de la necesidad de aprovechar correctamente esa energía, haciendo lo que hemos venido a hacer en este momento que nos ha sido dado, con las personas y las experiencias adecuadas.

Puedes encontrar “La mujer que vendía el tiempo” en la librería Cervantes y Compañía, calle del Pez, 27, Madrid. Y es un regalo perfecto para estas Navidades que se acercan, palabrita de autora.

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