Narrador en segunda persona

Si hay un narrador complicado y que se utiliza poco en ficción es el narrador en segunda. Los que escribimos en blogs solemos utilizar este narrador que se dirige a ti o a vosotros. Pero es cierto que hay pocos casos de novelas o relatos que se dirijan directamente al lector.

Bueno, vale, el género epistolar es el rey de la segunda persona y es frecuente encontrar el recurso de las cartas dentro de novelas. También, algunas autobiografías noveladas se dirigen al lector en segunda persona para contar la propia historia del autor, con la idea de que las vivencias y emociones narradas en el libro son cotidianas y podrían ser las de cualquier otro. Así, a través del narrador en segunda persona, el autor logra el efecto de que el lector viva la vida del escritor como si le hubiese sucedido a él.

Características del narrador en segunda persona

  1. El lector es el protagonista. Este narrador consigue una sensación mágica: que los acontecimientos de la historia los protagonice directamente el lector.
  2. La ambientación es clave. Para conseguir que el lector se emocione, sienta miedo, se ría y viva la historia como propia, con tu narrador en segunda persona tendrás que crear una atmósfera real (que no tiene por qué ser realista) para envolver con ella al lector.
  3. El presente es el tiempo fundamental. Utiliza verbos en presente para dirigirte al lector, como si se tratase de un guión. Porque el lector es el actor que interpreta el papel que tú has creado y no tiene recuerdos ni ha vivido las experiencias que le estás contando. Lo está viviendo al mismo tiempo que lee.
  4. Usa la descripción para que el lector visualice. Tu narrador en segunda tiene que describir perfectamente lo que ocurre para que el lector se haga visible a sí mismo en medio de la escena. Además, tendrá que intuir las reacciones del lector para adaptarse a sus emociones y pensamientos. Si quieres que se emocione, tu narrador tendrá que lograrlo a través de la descripción y de los acontecimientos, no diciéndoselo directamente, es decir, no vale la frase “Ahora estás emocionado”.

Ejemplos de narrador en segunda persona

Una novela breve maravillosa: “Aura” de Carlos Fuentes. Considerada como una de las mejores de la narrativa mexicana del siglo XX. Es el relato inquietante de un joven historiador que encuentra trabajo en una casa habitada por dos mujeres. Según avanza la acción, se va transformando en una novela de misterio en la que nada es lo que parece. Como lector, te sientes atrapado en ese ambiente extraño y claustrofóbico que genera el narrador en segunda, gracias a las descripciones en presente:

“Caminas, esta vez con asco, hacia ese arcón alrededor del cual pululan las ratas, asoman sus ojillos brillantes entre las tablas podridas del piso, corretean hacia los hoyos abiertos en el muro escarapelado. Abres el arcón y retiras la segunda colección de papeles. Regresas al pie de la cama; la señora Consuelo acaricia a su conejo blanco.”

El fantástico relato “Carta a una señorita en París” (sí, ese famoso de los conejitos) de Julio Cortázar. Lo he leído unas cuantas veces (no sabría decirte el número) y siempre saco una lectura diferente. Es el cuento de las mil interpretaciones. Pero el desasosiego y la incomodidad que me deja, creo que está relacionado con el narrador en segunda persona:

“Usted sabe por qué vine a su casa, a su quieto salón solicitado de mediodía. Todo parece tan natural, como siempre que no se sabe la verdad. Usted se ha ido a París, yo me quedé con el departamento de la calle Suipacha, elaboramos un simple y satisfactorio plan de mutua convivencia hasta que septiembre la traiga de nuevo a Buenos Aires.”

 

 

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Si se te ocurren ejemplos de historias contadas en segunda persona, te ha gustado este post o las dos cosas, me harás muy feliz si me dejas un comentario y más si lo compartes.

Los atajos en la escritura no sirven para nada

¿Estás buscando atajos en tu escritura? ¿Fórmulas mágicas que te conviertan en tu escrit@r favorit@ de la noche a la mañana? Pues siento decirte que en la escritura, como en muchas facetas de nuestra vida, los atajos no existen. No llevan a ninguna parte. Si alguien te vende que puedes escribir como los grandes de la literatura en dos semanas, desconfía. La escritura exige trabajo, dedicación, esfuerzo y mucho tiempo, tiempo que no le vas a poder dedicar a otras actividades o personas… No puedes pretender escribir como Alice Munro o Cortázar en cuestión de días. Llegará un momento en el que encontrarás tu voz, tu estilo y la forma de contar tu visión de la vida a través de tus relatos, pero es un proceso de años escribiendo, corrigiendo y leyendo.

En este vídeo te doy dos argumentos por los cuales creo que en la escritura los atajos no sirven para nada.

Primer argumento: Necesitas crecer para merecer

Esta es una ley universal, la del equilibrio y la compensación. Imagínate que la escritura es ir subiendo una escalera, pasando de un peldaño al siguiente. Y no te puedes saltar ninguno. No puedes ir del nivel 1 al nivel 5 de la noche a la mañana. Es como el caso de aquella persona que le toca la lotería, de repente se ve con chorrecientos mil millones en su cuenta y al año se los ha gastado. Esa persona ha pasado del nivel 1 de “pobreza” al nivel superior de “riqueza” sin formarse en finanzas, sin gestionar con cabeza ese dinero, sin pasar por todos los peldaños del esfuerzo y el trabajo que cuesta ganar esos euros.

Cuanto más escribes, corriges y lees, más vas subiendo en esa escalera, en esos niveles. Si pretendes publicar la obra maestra sin escribir y sin leer todos los días, olvídate. Todos queremos el resultado pero la realidad es que no estamos preparados para el trabajo y la energía que conlleva ese proceso.

Segundo argumento: La escritura no es un fin en sí misma, es un proceso

La escritura es una inversión de tiempo y dedicación. El resultado no importa, lo que importa es el/la escritor/a en el que te conviertes en ese proceso a lo largo de los años gracias a la formación y al aprendizaje de nuevas habilidades. Porque subir peldaños supone gestionar nuevos problemas: no son los mismos problemas los que se tienen en el nivel 1 de escritura que en el nivel 30. Y aunque te conviertas en un escrit@r reconocido y consagrado, tendrás otros problemas del nivel “maestro del universo”, pero problemas. Porque la vida es eso, ir resolviendo problemas de diferentes niveles mientras vas transformándote.

Si escribes una novela y la rechazan todas las editoriales a las que la envías, escribes otra, o un libro de relatos, o un ensayo, o una saga completa… De lo que se trata es de escribir independientemente del resultado. Es la única forma de que ese resultado que deseas llegue. Porque ya sabes que es una ley universal.

Ahora dale al play y dime en los comentarios si crees que hay algún atajo infalible para escribir como Alice Munro de la noche a la mañana. Por favor, cuéntamelo.

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El punto de vista narrativo es el quid de la cuestión

El punto de vista narrativo es la madre del cordero, la base central y crucial de un relato o novela. En serio, no estoy de broma. Elegir en la primera página cuál va a ser la perspectiva desde la que se van a contar los hechos es fundamental para el desarrollo de la historia. Si te equivocas y cuando llevas 100 páginas escritas te das cuenta de que no funciona, es bastante probable que tengas que reescribirla desde el primer párrafo.

¿Qué es el punto de vista?

Es la perspectiva o posición desde la que se van a narrar los acontecimientos de tu historia y también el nivel de conocimiento de los hechos que tiene esa voz que cuenta.

Por eso, el punto de vista tiene mucha relación con el narrador:

  1. Si el narrador es un personaje, forzosamente veremos todo lo que ocurre a través de sus ojos y será un punto de vista interno.
  2. Si eliges un narrador que no es un personaje de la historia y está por encima de todos (o focalizado en varios según la acción), tendrás más margen de maniobra y será un punto de vista externo.

Cualquiera de los dos es válido. Todo dependerá de ti, de lo que quieras contar y sobre todo de quién quieres que transmita lo que vas a narrar. Elígelo bien desde el principio porque es uno de los pilares de la narración que más difícil es de modificar. Y no te digo nada si llevas más de la mitad de la novela escrita…

En el vídeo te cuento lo siguiente:

  • ¿Qué es el punto de vista?
  • Diferencias entre punto de vista interno y externo.
  • Ejemplos de ambas perspectivas.

Es fundamental saber desde el principio de tu historia quién va a contarla porque podría convertirse (y de hecho se convierte) en un relato radicalmente distinto. Ahora dale al play y dime en los comentarios qué punto de vista utilizas con más frecuencia.

[Aviso: Te pido mil disculpas si en algún momento del vídeo el sonido no es el óptimo. Subí a la azotea para explicar el tema de la perspectiva en real y no veas qué viento de levante y qué ensayos de las bandas de música de Semana Santa… Me he jugado la vida para grabarlo 😀]

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Epígrafes, ¿qué son y para qué sirven?

¿Te has parado a pensar alguna vez qué son los epígrafes? Y sobre todo, ¿para qué sirven? ¿Son útiles esas frases que ponemos al comenzar un relato o una novela? ¿Los utilizas antes de ponerte a escribir?

Puede resultar un asunto obvio, pero los epígrafes tienen más importancia de lo que parece a simple vista por dos razones:

  1. Sugieren el contenido de lo que nos vamos a encontrar dentro de la obra.
  2. Expresan el pensamiento o la idea que ha motivado a escribirla.

Teniendo en cuenta las dos razones anteriores, las funciones primordiales de los epígrafes son:

  1. Enfocar el tema. A veces es demasiado abstracto lo que estamos contando y no encontramos las palabras exactas para expresarlo. Por eso, recurrir a frases de otros autores/as nos puede abrir los ojos, dar una nueva perspectiva o aterrizar nuestros pensamientos antes de ponernos a escribir.
  2. Inspirar y motivar. Hay otros autores que han llegado a la misma (o parecida) conclusión que nosotros. Recurrir a sus palabras hace que el proceso de escritura se convierta en un diálogo con otros escritores/as. Porque al fin y al cabo, la literatura son vasos comunicantes, es la retroalimentación entre las historias de unos y de otros.

En el vídeo te cuento lo siguiente:

  • ¿De dónde ha surgido la reflexión sobre los epígrafes?
  • Truco muy práctico para tener organizados tus epígrafes.
  • Funciones de los epígrafes.
  • Número máximo de epígrafes.
  • Ejemplos de epígrafes.

Utilizar las frases de autores/as que nos resuenan puede ser muy útil y motivador a la hora de ponernos a escribir sobre una temática complicada. También sirven para contextualizar nuestra historia o dar pistas al lector de lo que se va a encontrar dentro del libro. Ahora dale al play y dime en los comentarios si utilizas los epígrafes. O escríbeme alguna frase que te apasione y que hayas utilizado para enmarcar alguna de tus historias.

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Más allá de los escollos del mar. Reseña de “La mecánica del agua” de Silvana Vogt

Contar las olas

¿Quién no se ha sentado alguna vez en la playa a contar las olas? ¿Y los segundos que tardan en romper en la orilla?* Vera, la protagonista de “La mecánica del agua” es una experta en contar olas, en desentrañar el mecanismo del agua, esa mecánica del fluido que erosiona las rocas y las convierte en arena blanca que tapiza las playas. Y así durante milenios, acción y reacción. Porque ya se sabe que después de la erosión siempre llega la calma y que el mar está sujeto a unas leyes enigmáticas como las que obligan a los seres humanos a reinventarse una y otra vez. A luchar por vivir cuando lo fácil sería dejarse arrastrar por la corriente en un planeta cuajado de cobardes, corruptos y mentirosos.

No hay señales luminosas o carteles de dirección en el mar ni en el cielo. Y Vera solo podrá valerse para este viaje de una brújula que siempre apunta al sur. Con ella y con su perro Kantiano, un teckel con cuerpo de salchicha, emprenderá la huida de su país, Argentina, que se ahoga en un nuevo corralito, que ha dejado de hablar de crisis para decir “estado natural de las cosas”. Vera abandona la patria (¿qué es la patria y hasta dónde hay que serle fiel?), abandona a Darío, un amor cobarde que nunca se decidirá a dar el paso definitivo y se abandona a sí misma a la melancolía, a vivir en el pasado como apunta el epígrafe de la novela:

“Escribimos para recordar lo que hemos perdido/Cada palabra es póstuma”, Anise Koltz.

* Por cierto, si nunca has contado olas, no sabes lo que te pierdes.

Nadar hacia la vocación

Vera no solo emprende un viaje de huida a España. También es un periplo de búsqueda. Busca un libro, desaparecido de Argentina tras el nuevo colapso, un libro que la salve de la autodestrucción. “Encontrar un búnker de papel y letras donde pueda esconderse de los políticos, de los muertos inocentes, del clamor del pueblo, de las mentiras del gobierno, de las promesas de Darío”. Y busca poder dedicarse a su vocación, la literatura. “Elegir la literatura ya que no puedo elegir la realidad”. Pero, ¿cómo una “sin papeles” podrá demostrar su talento más allá de trabajos precarios en negro? Barcelona no es Buenos Aires, ni siquiera el idioma es el mismo.

Aunque la nueva ciudad parece que se rompe bajo sus pies, en Barcelona está la editorial del libro que Vera busca, de ese salvavidas que le permitirá despedirse del dolor, del agujero negro del pasado. En ella, el editor Eliseo Mussol se refugia de una rabia antigua y conocida, de tres muertos en la memoria que le arrastran hacia el acantilado. Ambos personajes encontrarán en la palabra ese bote que les permita contar su relato porque “Eliseo se da cuenta de que, como él, Vera también tiene necesidad de explicarse. De relatarse”. ¿Podrían estar inventándose el pasado? Sí. ¿Podrían mentir? También.

Remar a favor del viento

“La mecánica del agua” es también una historia sobre la amistad incondicional de Nil, un escritor novel que ayuda a Vera a remar hacia el futuro; sobre el fracaso o más bien sobre la necesidad de no fracasar; sobre el resurgimiento de las cenizas; sobre el amor (“…el amor es incómodo, feroz, inaplazable.”); sobre el deseo (“…el deseo detiene el mundo externo porque todo quema dentro. Todo arde dentro.”); sobre el miedo que siempre (siempre, siempre, siempre, repite conmigo…) supera al amor, salvo en la factoría Disney. Pero, ayyy amiguit@s, esta novela es la realidad, aunque sea lo suficientemente universal para trascender e impactar en el lector.

Dicen que dijo Kafka:

“Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. […] Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un puñetazo en la cara, ¿para qué molestarnos en leerlo?”.

Me alegro de que esta novela me haya apuñalado. Definida como autoficción, signifique lo que signifique, utiliza una estructura fragmentada como el pensamiento y un hilo lírico que hilvana toda la trama. Narrada en una tercera persona que, con toda probabilidad la autora utiliza para tomar distancia de lo contado, pero que en la mente del lector es una voz en primera con todas sus consecuencias. Y un estilo, para mi gusto el mayor acierto, cargado de emoción, de metáforas brillantes, de lenguaje sensorial certero y afilado (“Lila era lavanda./Virgilio, madera./Mateo, tiza”). Casi poesía. Y ese final… Pero ya he contado demasiado.

Solo me queda decirte que si vas a leer “La mecánica del agua”, coge lápiz porque te vas a hartar de subrayarlo que es lo mejor que le puede pasar a un libro.


Extras

Te gustará si…

  • Adoras los relatos “inspirados en hechos reales” pero con espíritu de trascendencia.
  • Eres fan de los estilos potentes y las voces peculiares.
  • Las historias de resurgimiento y superación te ponen.
  • Buscas una novela diferente y con mucha personalidad.
  • Quieres que un libro te estruje el alma y la tire contra la pared.
  • Crees que la LITERATURA (mayúsculas, negrita, ¡ojo!) existe.

Sinopsis de la contraportada

Argentina se colapsa bajo el peso de la economía y se ahoga en la densidad de los gases lacrimógenos. Sin embargo, Vera no se abraza al patriotismo para salvarse del naufragio, todo lo contrario, detesta este país que ha dejado sin libros a su patria imaginada: las librerías. Y decide huir con una brújula que no funciona junto a su perro Kantiano, el único ser vivo que no la ha abandonado en esta parte del mundo.

De todos es sabido que hay más de una Barcelona: la Barcelona de Vera, la del recién llegado que sobrevive a merced de la suerte; la Barcelona de Eliseo, editor prestigioso que aparentemente lleva una vida cómoda y aburguesada, y quien también, en su día, decidió romper con su destino. Tal vez por este motivo le concede una oportunidad a Vera, como si, indirectamente, se la concediera a sí mismo antes de que sea demasiado tarde.

Dos ciudades, dos culturas, dos maneras de entender la vida y la literatura. Y un puente hecho de libros.

«Un relato maduro sobre la migración, la vocación y el legado. Un relato autobiográfico inspirado en hechos reales pero con ambición de trascender», Jorge Carrión

Sobre la autora 

Silvana Vogt (Morteros, Argentina, 1969) estudió Filosofía y ejerció de periodista radiofónica antes de que el cisma económico de su país la empujara hacia una ciudad del norte, desconocida pero con rastros literarios. En Barcelona, tras sobrevivir con varios empleos, se vinculó al mundo de los libros trabajando como lectora editorial, columnista en prensa gratuita y emisoras de radio y, finalmente, como librera en Cal Llibreter, en Sant Just Desvern.

Ficha técnica

La mecánica del agua · Autora: Silvana Vogt

Editorial EntreAmbos · Barcelona

Colección: Narrativa, 11 · Primera edición: febrero de 2019

ISBN: 978-84-16379-14-9 · 208 páginas · 17,00 €

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Técnica para convertir tus historias personales en ficción

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Espero que esta reseña te anime a leer la novela y si la lees, por favor déjame un comentario. Si te ha gustado, me harás muy feliz compartiendo este post con quien creas que le puede interesar.

Técnica para convertir tus historias personales en ficción

La semana pasada en unas jornadas sobre Storytelling aprendí una técnica muy sencilla, más bien un juego divertido, para convertir tu historia personal en ficción literaria, en un relato universal que atrape la atención de los lectores.

Sé que tú tienes una historia que contar pero en ocasiones no sabes cómo empezar a narrarla: qué anécdotas de tu vida cotidiana elegir para trasladarlas a la ficción, cómo distanciarte de tu historia personal para que se convierta en universal, cómo crear tu mitología íntima para no caer en los tópicos y lugares comunes…

En el vídeo te cuento lo siguiente:

  • ¿Quién me enseñó esta técnica? Juan José Morales, ‘Tate’, dramaturgo, director y actor. Él la aplica a la escritura de obras teatrales pero se puede trasladar perfectamente a una novela o un relato corto.
  • ¿Qué es la mitología íntima vs. los lugares comunes? Crear tus propias metáforas sin caer en los tópicos.
  • Deseo y acción. A todos los personajes de una historia les mueve una motivación, un objetivo que conseguir. Sin acción y sin conflicto no hay historia.
  • Búsqueda del distanciamiento. Para transformar tu historia personal en ficción universal hace falta distanciarse de uno mismo y utilizar un protagonista totalmente ajeno a ti.
  • Los dos pasos de la técnica. Elige un tema, dale características tangibles, busca tu protagonista y las 3 acciones principales que va a realizar. Así contado parece que vas a construir una catedral, pero de verdad que es una técnica muy sencilla.

Contarnos a nosotros mismos y transformar lo cotidiano en épico puede resultar tan fácil como utilizar el juego que te comparto en el vídeo de esta semana. Solo te hacen falta dos folios, un bolígrafo, tu memoria y tu imaginación. Ahora dale al play y ¡¡ponte a jugar/escribir!!

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Tres razones por las cuales vas a escribir toda la vida

Lo sé. A veces te dan ganas de dejar de escribir, te entra el bajón. Te planteas ¿para qué escribo? ¿A dónde me lleva todo esto?

Yo me lo suelo cuestionar bastante, sobre todo en horas bajas, cuando parece que toda tu vida se va a pique y no puedes corregir el rumbo…. Pero esa es otra historia.

Por suerte la semana pasada me llegó este vídeo de Dimitri Uralov, un coach financiero al que sigo desde hace años. Se titula “Vas a trabajar toda la vida”. Él da tres razones por las cuales piensa que los que tenemos 40 años o menos no vamos a poder dejar de trabajar.

Lejos de lanzar un mensaje pesimista y derrotista, te explica por qué debes abrazar este valor del trabajo. Y sobre todo, ser feliz haciendo lo que mejor sabes hacer. Te invito a que inviertas 14 minutos en verlo porque es revelador.

Así que he grabado un vídeo en esta línea. Para contarte las tres razones por las cuales creo que vas a seguir escribiendo toda tu vida a pesar de todos los inconvenientes y bajones. Es un vídeo optimista, lo prometo, para darte ánimos y para que desates el poder de las palabras y las abraces.

Las tres razones que se desarrollan en el vídeo:

  1. Lo has hecho toda la vida, desde que eres niñ@: no puedes dejar de poner tu vida en palabras.
  2. Todos tenemos una vocación artística que debemos desarrollar: hay gente que pinta, otra que esculpe, otros tocan un instrumento o se suben a un escenario.
  3. No puedes dejar de hacerlo: es una necesidad como comer o dormir, algo fisiológico que te obliga a desatar todas las palabras que llevas dentro.

Y ahora, dale al play y deja que te cuente las tres razones por las cuales vas a escribir toda la vida. Vale, sí, lo que se ve al fondo es el mar, la bahía de Cádiz 😎

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Convierte tus historias personales en universales

¿Quieres saber cómo transformar tus historias personales en literatura? ¿Cómo convertir lo que te ocurre en tu día a día en ficción?

Estas preguntas sobre la universalidad de las historias surgen a raíz de dos reflexiones:

  • La primera está relacionada con mi trabajo. Como lectora profesional, leo muchos manuscritos que llevan la etiqueta de “autoficción”. Parece ser un género que está muy de moda. Y me pregunto: ¿todos los que escribimos nos autoficcionamos? ¿Escribimos basándonos en nuestras historias personales? ¿En lo que nos ocurre entre levantarnos de la cama y acostarnos? La respuesta es SÍ. Todos escribimos de lo que conocemos, incluso los escritores de género fantástico o de ciencia-ficción.
  • La segunda tiene que ver con una novela que estoy leyendo: “La pasión” de Jeanette Winterson. El epígrafe que encabeza el libro dice:

“Navegando con furia te alejaste del hogar paterno, fuiste más allá de los escollos del mar y ahora habitas un país extranjero”, “Medea”.

Y estas reflexiones me llevan a pensar sobre el poder que tienen los textos para tocarnos el alma. Para resonarnos, del latín re-sonare: volver a sonar, sonar mucho. Esta frase la escribió el griego Eurípides (431 c.C.) en su tragedia “Medea”, un texto formidable con una protagonista sabia, fuerte, hábil, luchadora, respetada y temida por todos. Y me planteo cómo estas palabras me tocan a mí después de tantos siglos, cómo me dice tantas cosas algo escrito en ese tiempo y en ese lugar tan ajenos a mí.

La literatura son vasos comunicantes

Porque la literatura son las vidas personales que se tejen unas a otras. Se convierten en universales y llegan a nosotros a través del tiempo y el espacio. Pero, ¿qué hace que esa colección de anécdotas personales sean algo más que un relato pormenorizado de lo que hago en mi día a día sin trascendencia? Para convertir el relato personal en universal hacen falta tres pilares:

  1. La emoción: es aquello que engancha y empatiza con el lector.
  2. El conflicto: sin descenso a los infiernos, ruptura y cambio no hay literatura.
  3. El momento epifánico: el punto de inflexión en el que el protagonista se da cuenta de una revelación, de un aprendizaje clave para evolucionar y convertirse en otra persona.

Y ahora, dale al play y dime en los comentarios si crees que hay algún punto más que permita que un relato se convierta en universal.

Vídeo relacionado:

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Cómo terminar las historias empezadas sin acabar

¿Tienes un montón de historias empezadas pero ninguna está terminada? ¿Mil ideas anotadas pero no sabes cómo desarrollarlas hasta llegar al punto final? La semana pasada recibí una consulta a través de un formulario de la web. Era una chica llamada Elienai que me comentaba lo siguiente:

“Mi problema es que he tenido varias ideas para escribir pero no sé cómo desarrollarlas bien. Tengo el tiempo para escribir y la voluntad para ponerle dedicación. Pero no encuentro la forma de desarrollar una idea bien hasta terminarla. Tengo varias historias empezadas pero ninguna está terminada. Espero que me puedas ayudar”.

A raíz de esta cuestión me puse a reflexionar sobre la cantidad de comienzos de relatos, escenas de novelas, ideas para personajes… que tengo almacenadas en el ordenador y sin haber llegado a la palabra “FIN”. Escribimos enormes cantidades de palabras que luego no somos capaces de desarrollar hasta el desenlace por tres razones fundamentales. En el vídeo te explico las causas punto por punto pero te adelanto que son las siguientes:

  1. Empezamos a escribir un primer párrafo glorioso o una frase que va a ser la cumbre de la literatura universal, pero no hemos pensado cómo va a terminar, dónde va a estar el protagonista, qué emociones/sensaciones/sentimientos quieres que la historia deje en el lector.
  2. Tenemos miedo a no ser perfectos, a esa voz que nos juzga y nos dice que no escribimos bien, que no merece la pena seguir escribiendo, que esto es una basura… La perfección no existe y para llegar a ser Alice Munro, Cortázar o García Márquez, hay que echarle horas y horas de trabajo. El músculo de la escritura solo se desarrolla escribiendo y escribiendo.
  3. Nos faltan herramientas y técnicas de escritura. Todos sabemos leer y escribir porque nos enseñan de niños. Pero escribir ficción requiere de una serie de habilidades que solo se aprenden en talleres o cursos de escritura. Es importante estar siempre en continuo aprendizaje y, sobre todo, compartir tus textos con compañeros escritor@s para que otros puntos de vista te ayuden a mejorar.

Dale al play y dime en los comentarios en cuál de las tres razones crees que te encuentras tú para no poder terminar tus historias.

Otros vídeos relacionados:

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Claves para mantener la relación de amor con tu escritura [Contiene escenas amorosas]

Creo que este es el post más personal que he escrito hasta ahora. Y es que mañana es San Valentín. Aunque no soy muy partidaria de este tipo de celebraciones (que me parecen consumistas y artificiales), tengo que confesarte que en esta ocasión quiero celebrarlo. Porque estoy enamorada. Sí, ya lo he dicho, ya está. Vale, estarás pensando, <<“¿y a mí qué?” “Yo soy más de San Solterín”. “¿Esto no era un blog de escritura?” “¿Qué tiene que ver esto con escribir?”…>>

Pues tiene que ver T-O-D-O. Porque no he terminado lo que te estaba contando… Soy de esas personas que creen que hay que ponerle amor a todo lo que se hace en la vida. Que prefiere morir de pasión que de aburrimiento, como decía Zola. Y te confieso que estoy tremendamente enamorada de mi trabajo, de poder ayudar a las personas que tienen una historia que contar y necesitan que el mundo la lea. Después de este año trabajando con diferentes escritor@s, me he dado cuenta de que tod@s ell@s tienen tres cosas en común, que les convierte en grandes apasionados de su escritura. Vamos a llamarlas: claves para mantener y llevar a buen puerto su historia de amor con la escritura.

Pero antes, otra confesión

Yo no siempre he amado lo que hacía [esta es la parte personal del post, así que si no te interesa, puedes saltártela e ir directamente a las claves]. Durante 17 años trabajé en un banco. ¡¡Sí!! Yo también me sorprendo aún cuando lo menciono. Aunque te digo la verdad, no me disgustaba lo que hacía. Me dediqué primero a desarrollar campañas de marketing enfocadas a segmentos. Más tarde gestioné los contenidos digitales y las redes sociales de atención a clientes. Y dirás, pues parece un trabajo chulo. ¡Y lo era! Pero tenía un problema: era desapasionado, no sentía nada por él. Era como una relación de años que ha caído en la rutina y el aburrimiento. No resonaba conmigo, no era mi vocación. Yo necesitaba pasión, aventura, riesgo… sentir que estaba vida. No sé si me estoy explicando.

Y entonces sucedió el milagro…que si te interesa puedes leer en mi historia para no alargarme más. El caso es que a partir de entonces me embarqué en este viaje de no retorno: ayudar a escritoras y escritores a desatar todo el poder de la palabra. ¿Cómo? Leyendo y mejorando sus manuscritos, acompañándoles en el proceso de escritura de su libro o visibilizando y promocionando su obra en redes sociales.

Claves para mantener tu amor por la escritura

Y como te comentaba más arriba, he descubierto tres claves, tres puntos fuertes que tod@s tienen en común para mantener su compromiso con la escritura y que te comparto:

  1. Regar la plantita. O llámalo “mantener viva la llama de amor” aunque suene un poco más ñoño. Igual que con tu pareja, hay que estar pendiente de la relación, de trabajarla con constancia todos los días. Hay que regar a base de bien tu ficus cada mañana…tú ya me entiendes. La escritura es una amante generosa pero también exigente. Exige perseverancia, trabajo, paciencia, tesón, firmeza y grandes dosis de amor. En otras palabras, la escritura es escribir, escribir, escribir, todos los días, aunque sean tres párrafos, dos frases, un título. ESCRIBIR.
  2. Poner todos los sentidos en la relación. Si vas enrollándote por ahí con otr@s, es probable que tu relación de pareja no sea tan fuerte como crees. En la escritura pasa lo mismo, si no sientes algo que te corroe por dentro, una obsesión alimaña como la llamaba Cortázar, si puedes dejar de escribir… haz punto de cruz o pinta naturalezas muertas. Pero si estás “hasta las trancas” por ponerte a contar esa historia que llevas dentro, entonces no hagas otra cosa, enfócate en poner todos tus sentidos en escribir. Lleva siempre un cuaderno o toma notas de voz para recordar esa frase genial que se te ha ocurrido, apunta rasgos de tus personajes y posibles argumentos… En este vídeo amplío el concepto de la atención y la curiosidad en literatura.
  3. Dejarse llevar. A veces nos exigimos demasiado a nosotros mismos y a nuestra pareja. Queremos que todo sea perfecto, que nuestro amante nos dedique su tiempo al máximo, que no la cague, que vayamos perfectamente vestidos y por favor, que no se tire pedos (y que no se me escape ninguno, upss!). Ya, ya, pero la realidad es que hay momentos en la vida que es mejor dejarse llevar, confiar en la improvisación, la espontaneidad, la falta de planificación. En escritura, el concepto “flow” (fluir) es uno de los más poderosos: dejarse arrastrar por la voz de los personajes de un cuento o de una novela es pura magia. Fluye mientras escribes y luego ya corregirás o podrás pedir la opinión de un lector profesional.

Así que trata a tu escritura como a tu relación de pareja: mantenla bien regada, enfócate en ella y flow. ¿Te has quedado con ganas de más? En este post tienes más claves para volver a enamorarte de la escritura si estás en esa etapa de lo dejo o no lo dejo…

*Bonus track: escenas amorosas*

Vuelve al título de este post…¿Dónde están las escenas amorosas? Vale, lo prometido es deuda. Toda novela o relato que se precie tiene que tener algún momento amoroso. Puede que sea explícito, sutil, atormentado, dulce, aludido… Aquí van cinco de mis novelas favoritas con escenas de amor/pasión/sexo para enmarcar. Te recomiendo que las leas (no vale haber visto la película) para “copiar” y fabricar tus propios capítulos de love love love.

  • “Cumbres borrascosas”, Emily Brönte. Pufff, ¡¡madre mía!! Ese amor atormentado entre Heathcliff y Catherine, que perdura más allá de la muerte, esos personajes al borde la locura, ese ambiente del más puro romanticismo… Sin olvidar esa estructura portentosa y desconcertante. Todo un clásico.
  • “El amante”, Marguerite Duras. Acabo de releerla para tomar notas sobre la frialdad con que la protagonista habla de su relación con el chino rico y las escenas de sexo despojadas de amor pero impregnadas de sensualidad. Resulta dura y a la vez tiene un barniz de ternura que deja huella.
  • “Memorias de África”, Isak Dinesen. La baronesa nos regaló esta señora novela, contando su propia historia de amor, épica, colonial y aventurera encarnada en ese cazador profesional, que siempre recordaremos con la cara de Robert Redford. «Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas Ngong»… Muero de amor.

Vale, los hombres también escriben grandísimas historias de esas que se te caen la baba:

  • “Madame Bovary”, Gustave Flaubert. Este señor en el siglo XIX se marcó una de las escenas de sexo más calientes y a la vez más sutiles de la historia de la literatura. Emma Bovary y su amante León Dupuis tienen una larga sesión de “dámelo todo, papito” mientras su carruaje da vueltas por la ciudad de Rouen. La escena, narrada desde el punto de vista del cochero, es una obra maestra de la alusión. He tenido ganas de plagiarla en más de una ocasión. Solo en un instante se ve una parte del cuerpo de los amantes: cuando la mano desenguantada de Emma aparece detrás de las cortinas. ¡¡Por favor!!
  • “Los puentes de Madison”, Robert James Waller. Vale, todo el mundo recuerda la película pero ni idea de quién la escribió, ¿verdad? Yo creo que la fuerza y la credibilidad de esta historia, paradigma clásico del amor imposible, solo puede surgir de una pasión real. ¿Se enamoró locamente de una mujer casada, señor Waller? En cualquier caso, nos da igual que fuera verdad o no. Lo importante de esta novela es el ambiente, cómo las variaciones climatológicas se mezclan con los estados de ánimo de Francesca y Robert. La sensualidad del calor, la melancolía de la lluvia… Bien, solo pido que si hay un remake de la película, el exótico fotógrafo del National Geographic no sea interpretado de nuevo por Clint Eastwood.

Espero que aunque seas más de San Solterín, estas novelas te vuelvan loc@ de amor.

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