Trucos para vencer el bloqueo al escribir una novela

Como estar rodeada de paredes de ladrillos y no tener ningún superpoder para atravesarlas. Así me sentí el año pasado cuando escribí mi primera novela corta y cuando estoy frente a un relato complicado. Atascada, bloqueada, sin salida. Se ha hablado hasta la náusea de este tema, lo sé, como del miedo a la hoja en blanco o del pánico al qué dirán los lectores. Y sin embargo, sigue y sigue sucediendo. Vale, los que escribimos somos humanos… ya está desvelado el secreto. 😉

Desde el mes pasado, estoy ayudando a una autora que llegó a mi buscando una solución a su bloqueo. Había escrito 30 páginas de una novela de género chick lit y de repente, estaba dentro del laberinto, rodeada de muros. Así que lo primero que hice fue leer ese comienzo y empezar a hacerle preguntas. Ahora ha encontrado un camino, ha modificado cosas que ya tenía escritas y avanza a velocidad de crucero…Para agosto quiere tenerla terminada y estoy convencida de que así será.

¿Cuál es la fórmula mágica? No existe, no me canso de repetirlo. Cada autor es un mundo, y aquellos consejos que funcionan para algunos, para otros no sirven de nada. Pero sí hay una serie de pautas que pueden ayudarte a romper el muro y empezar a ver la luz:

1. Planifica. Antes de pegarte cabezazos contra el muro, hay una fase previa que yo me suelo saltar, lo reconozco. Es la fase de planificación, que para mi es un coñazo (con perdón). Adoro la documentación, me lo paso en grande leyendo sobre un tema o buscando fotos para ambientar los vestidos de una época. Pero odio tener que sentarme a planificar. Si eres un escritor de mapa (no creo mucho en esta clasificación, pero en fin…), te encantará trazar un plan y tenerlo todo atado antes de ponerte a escribir. Yo soy más de brújula y sobre todo más del método de Muriel Spark, que no empezaba a escribir hasta tener mentalmente un comienzo satisfactorio. Con los relatos no me ocurre, los escribo sin planificar; luego reescribo y corrijo. Pero cuando escribí la novela el año pasado, me di cuenta de que antes tenía que haber planificado varios “huecos” de la trama, pensar en algunas piezas del puzzle que cuando llevas muchas páginas escritas, da bastante pereza reescribir. En definitiva, si vas a escribir algo que tenga más de 20 páginas, haz un esquema previo y fichas de personajes.

2. Mata a un personaje. Cuando ya estés bloqueado y no sepas cómo continuar con una trama que se te ha venido abajo, asesina a un personaje protagónico y párate a pensar cómo va a afectar a la vida de los otros personajes. Si le da “vidilla” a la historia, además de un giro inesperado, sigue por ese camino.

3. Invéntate un personaje. Es similar al ejemplo anterior, sácate de la manga un personaje nuevo que te permita comenzar con una nueva subtrama. A lo mejor no te lleva a ninguna parte, pero te puede dar ideas para desatascarte.

4. Escribe el final. Es una de las pautas que más me sirven para avanzar y que recomiendo a los autores. Normalmente empezamos a escribir porque hemos tenido una idea “genialísima”, o hemos parido una primera frase “perfecta”. Pero esto es como los matrimonios, al principio hay un enamoramiento loco pero en cuanto empiezan los problemas, ya puedes tener un fin en mente, un propósito y una intención que quieres transmitir con esa historia. Escribe a dónde quieres llegar. Puede que luego lo cambies, pero si en tu viaje tienes un punto de llegada, es más fácil que puedas trazar la ruta, aunque sea un camino tortuoso.

5. Pórtate mal con tus personajes. Hazles putaditas, ponlos a prueba, permítete ser malvado y búscate la vida para que salgan del agujero (o no). No hay nada mejor que la estructura del viaje del héroe que se lleva utilizando en literatura desde La Odisea para darle frescura a una historia que no sabes continuar. Inventa conflicto tras conflicto y cuando tu protagonista ya esté en el sótano de sus miserias, recuerda que siempre hay un sótano del sótano. 😃

6. Revisa las motivaciones del protagonista. ¿Por qué está haciendo lo que hace, por qué quiere ir a ese lugar, por qué tiene esa relación con el antagonista? Conocer los motivos, los actantes (razones que mueven a la acción) permite recomponer una trama caída. Si sabes qué es lo que mueve de verdad a tus personajes, podrás adelantarte al futuro y dar el siguiente paso para desbloquearte.

7. Párate y piensa sobre qué estás escribiendo. Ocurre con bastante frecuencia que empezamos a escribir con un tema en mente, voy a hablar de la dependencia emocional de las mujeres, o del paso del tiempo, o de la esclavitud en el sur de EEUU, pero en el fondo no tenemos muy claro qué queremos contar. El tema es fundamental en cualquier relato, es el foco de la narración. Intenta que sea lo más concreto posible, que aunque haya temas secundarios, el principal siempre sirva de guía. Si estás dando bandazos a la historia, es muy probable que no tengas claro el tema. No pasa nada, párate e intenta escribir en una frase de qué va tu novela. Como si fuera un titular de prensa o un tuit.

8. Escribe algo que no tenga nada que ver. Si estás escribiendo un novelón de aventuras, altérnalo con un relato corto con mucho humor e ironía. O si estás escribiendo género fantástico, altérnalo con algún texto de corte realista. La idea es “engañar” a la mente, hacer que se centre en otra cosa mientras tu inconsciente está trabajando para encontrar una solución al bloqueo.

9. Lee cosas parecidas a lo que estás escribiendo. Te permite asimilar el estilo de ese autor que ha escrito antes lo que tú quieres escribir. O te puede dar ideas para construir un nuevo personaje o una subtrama. Por ejemplo, a la autora que te comentaba más arriba, a la que le estoy echando una mano con su chick lit, le he recomendado que lea Sheila Levine está muerta y vive en Nueva York, Cumbres borrascosas o cualquier novela de Ingrid Noll, una divertidísima escritora alemana de novela policíaca. Porque la autora descubrió escribiendo el final de su novela, que necesitaba darle un punto más negro.

10. Olvídate de la perfección. Primero porque no existe. Segundo porque es enemiga de la acción. Tercero porque es una excusa más para ponerte a escribir. Sigue escribiendo, aunque te falten piezas y escenas. Ya volverás sobre ellas. O a lo mejor descubres más tarde que no hacían falta.

Seguro que alguno de los anteriores trucos te sirve para vencer el bloqueo. Si aún así no lo logras, déjate ayudar por alguien que te asesore y vea desde fuera dónde puede estar el problema de tu novela. Si crees que yo puedo ser esa persona, escríbeme contándome tu caso.

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Mi libro no se vende, ¿por qué será?

¿Os acordáis de aquellos armarios de fichas bibliográficas de las bibliotecas? Si has nacido en el último cuarto del siglo XX o antes, no hace falta que te explique cómo eran. Si eres un millennial, seguro que estás buscando una imagen de este objeto en google (o deberías, porque son una monada). Esos armarios eran como el Oráculo de Delfos, la Casa de las Vestales o el Templo de Salomón, un compendio de sabiduría al que acudir buscando iluminación y sabiduría. Se buscaba en ellos con fe, ¿tendrán el libro aquí o me tendré que ir a la biblioteca de Algete?; ¿se habrá perdido la ficha?; ¿qué ha pasado con las referencias de la AR a la AS?

Hoy todas esas fichas están en el armario de internet. San Google se encarga de traerte a tu casa todos los resultados de tu búsqueda. Todo está ahí y para lo bueno o lo malo no se perderá jamás (veremos cómo avanza la ley de derecho al olvido…).

Ya hace más de 20 años que aquellos armarios me parecían un mundo. Pensaba ¿cómo puede haber tantísimos libros en el planeta y bastante gente para catalogarlos todos? Ahora, la cantidad de referencias se me hace tan abrumadora como la infinitud del universo. Y los que no están publicados todavía: Como lectora profesional, llevo 18 manuscritos leídos desde febrero hasta hoy. Me da la sensación de que todo el planeta está sentado frente al ordenador pariendo y pariendo novelas, libros de relatos, biografías, ensayos…

A primeros de este mes me escribió un autor de literatura infantil que tiene un libro autopublicado, para contarme que hacía muchísimos esfuerzos pero que no se vendía, que la editorial no le estaba apoyando, que su libro era muy interesante pero que no alcanzaba la difusión suficiente para llegar a las editoriales ni a los lectores. Y la semana pasada, un poeta ecuatoriano, me escribió para contarme prácticamente lo mismo. A todos les hablo de los siguientes escollos (u oportunidades, según se mire) que he identificado en el panorama editorial actual.

La forma de hacer las cosas ha cambiado…

…y tú no te has dado ni cuenta. Soy así de sincera, lo digo sin tapujos. Tú te desplazas en un tren a vapor y ahora un dron te trae el pan a casa. Debido a la transformación digital y al desarrollo de las Redes Sociales, el mundo editorial ha cambiado radicalmente en los últimos años. La entrada en el mercado de editoriales de autopublicación y de plataformas tipo Amazon y similares, ha provocado que la audiencia esté muy atomizada y que las grandes editoriales “de toda la vida” hayan modificado sus criterios de publicación.

“Busco un agente o una editorial tradicional, como las de antes”…

…me comentan algunos autores. Y les digo, vale, sube a mi máquina del tiempo y viajemos al pasado. Quedémonos sentados en el sofá de tu casa a ver si entra por la puerta un editor que quiera publicar tus cuentos como le pasó a Grace Paley en los años ’50…

Al mercado saturado y al aumento del número de impactos informativos que recibe la audiencia cada día, se une la falta de apoyo al escritor por parte de las editoriales que no pueden asumir una oferta cada vez más amplia. Los agentes editoriales también están en la misma situación, buscando voces nuevas que se diferencien, que no sea “más de lo mismo”. Pero tienen tal acumulación de representados que es difícil de gestionar tanta oferta cuando se publican 1.565 libros a la semana (cifras de la Federación de Gremios de Editores de España ¡¡en 2016!!).

Diferénciate con tu marca personal

Por eso, se hace cada vez más necesaria la participación activa de los autores en la promoción de sus libros: La utilización de estrategias de marketing, publicidad y visibilidad en Redes Sociales con el fin de dar a conocer la obra propia e incrementar las ventas. Incluso los autores que publican con grandes editoriales comerciales y que manejan muy buenas cifras de venta, tienen internamente tanta competencia entre sus propios compañeros de editorial, que no da tiempo a hacer campañas extensas. Ellas y ellos mism@s tienen que mover y gestionar sus Redes Sociales (o contratar a un Community Manager) y hacer las promociones de sus libros en Facebook y Twitter Ads.

Si quieres acercarte a las editoriales y que un agente te represente, primero tendrás que mostrar tus diferencias, ser visible, hacerte querer, comunicarte con tu audiencia, fidelizarla y más tarde, presentar unas cifras de ventas. Es un camino largo y perseverante, lo sé, y no existen atajos, ni fórmulas mágicas. Se impone más que nunca que investigues sobre tu marca personal, la manera en que los demás te están percibiendo, la huella que dejas en tus lectores, lo que los otros dicen de ti en las reseñas, blogs, páginas especializadas…

“Es que les envío mi libro por messenger y me marcan como spam”

Hace casi 20 años, yo trabajaba en una sucursal bancaria. Y como era la más joven, la pringada y la última en llegar, me mandaban a hacer puerta fría, a recorrer las calles en busca de locales que quisieran cambiar de TPV o necesitaran una línea de financiación. Pasé tardes enteras – otoñales e invernales – entrando en tiendas a contar mi rollo. ¿Y sabéis el resultado? Menos cero. ¿Por qué? Porque nadie me conocía, ¿cómo iban a confiarme su dinero? ¿Cómo va a comprar tu libro cualquier persona, si lo primero que haces al pedirle amistad en Facebook es enviarle publicidad? Ehhhh, ¿tú quién eres y por qué entras en mi casa sin permiso? ¿No te recuerda a los antiguos vendedores de enciclopedias?

El punto de despegue en mi carrera de looser vendedora se produjo en una tienda de antigüedades. Me encantaba aquel sitio. Entraba para curiosear, para toquetear las preciosidades restauradas, sin venderle nada a la dueña, una chica que tendría unos 35 en aquella época. Comencé a ir todas las tardes, a interesarme por su trabajo, por su vida…No recuerdo cuántas semanas tardó en cambiar el TPV por el de la entidad en la que yo trabajaba y en abrir un Plan de Pensiones, pero supongo que fue el mismo tiempo que en sincerarse y hasta contarme que tenía los pechos operados… Primera regla de oro en el mundo digital: No puedes vender nada antes de que te conozcan, de que confíen en ti.

Trazando un plan digital

Y para finalizar, la Gran Verdad: Si no estás dispuesto a invertir tiempo o dinero – o más bien las dos cosas – en conocerte a ti y a tu audiencia, en tener conversaciones con tu público, en mantenerte al día en las Redes Sociales, lo vas a tener tremendamente complicado. Porque esto va de tener un plan estratégico y de llevar a cabo todas las acciones tácticas que estén en tu mano para alcanzar tus objetivos de visibilidad y venta. Si no tienes tiempo para formarte porque no conoces bien el lenguaje online, o lo tuyo es escribir y punto, te recomiendo que busques a un profesional que lo haga, si de verdad estás comprometido con la difusión de tu obra.

Ser constante es otra de las reglas de oro. No vale publicar hoy 10 entradas y dejar tu mundo virtual abandonado un mes. Hay que estar siempre, sin agobios y sin estar todo el día pegado al móvil o al ordenador. Se trata de organizar tus comunicaciones, por ejemplo una vez a la semana, y utilizar herramientas de programación. Ahorrarás muchísimo tiempo y no tendrás que preocuparte de ¿qué publico hoy?… hoy no he publicado nada… ¿y mañana? De verdad, déjate de sufrimientos inútiles que no sirven para nada. Vale más que dediques 2 horas a la semana a programarlo todo y te olvides.

 

Releyendo este post, creo que me ha quedado un poco pesimista, no? ¡¡Nada más lejos de mi intención!! Con todo lo anterior no quiero decir que dejes de escribir y de presentarte a concursos y de enviar tus manuscritos a editoriales. ¡¡Sigue haciéndolo, por favor!! Entiendo que puede tener un punto frustrante, yo también soy escritora. Pero hacedme caso, copón (es una expresión que decía mi abuelo y me encanta). Las reglas han cambiado y me parece que tenemos muchas más oportunidades que antes de llegar a nuestra audiencia, siempre y cuando aprendemos a utilizar en nuestro favor la tecnología y sus nuevas normas.

Soy muy fan de la frase de Kafka que he puesto en la imagen de este post. El escritor solo publicó algunos relatos en vida, una pequeñísima parte, por lo que su obra pasó desapercibida hasta después de su muerte. Y gracias a su amigo y albacea, Max Brod, que no cumplió su última voluntad de destruir los manuscritos, podemos disfrutar de “La metamorfosis”. ¿Os imagináis que habría hecho Kafka en el mundo digital del siglo XXI?

 

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¿Cómo organizar tu tiempo para escribir más y mejor?

Siempre me han fascinado las teorías sobre los universos paralelos, los viajes por el tiempo y su relatividad. Desde niña, adoro la ciencia-ficción y aunque no escriba en este género (¡¡me parece dificilísimo!!), me encanta leerlo. Así que no lo puedo evitar, me obsesiona el tiempo y sin embargo…[al final de este post te contaré un secreto].

Decía Albert Einstein que:

La diferencia entre el pasado, el presente y el futuro es solo una ilusión persistente”. 

Yo creo que es la invención más torturadora del ser humano. Porque el concepto temporal no es más que un relato compartido por todo el planeta. De hecho es una invención del siglo XIX, nacido al calor de la Revolución Industrial y las máquinas de vapor. ¿Sabías que la forma de medir el tiempo surgió para estandarizar los horarios de los trenes en Inglaterra? Pero esa es otra historia…

Te confieso que este post se iba a llamar ¿Cómo ser más rentable en tu escritura?, pero después de trabajar tantos años en el sector financiero, la palabra rentabilidad me da un poco de grima, me sabe rancia y sobada. Tampoco me gusta mucho “productividad”. Pero vale, va de eso, de “producir más en tu escritura”.

He preferido enfocarlo a pequeñas cosas que están en tu mano, que solo con cambiar tus hábitos, notarás la diferencia. Pero advierto, no creo en las reglas estándar escritas en piedra para todos. Cada escrit@r es un mundo y lo más práctico (y productivo) es conocerse a uno mismo, testarse, ver qué cosas te funcionan mejor y repetirlas. Sé que esto no es sencillo, el sistema educativo tradicional nos ha preparado a todos para la fábrica, para trabajar bajo los mismos patrones, para tener horas y espacios de producción determinados…Por suerte los paradigmas están cambiando. 😃

En la siguiente lista hay consejos que he ido probando a lo largo de los últimos años y me funcionan. Utiliza aquellos que te vayan bien a ti y ponlos a prueba. Como en la escritura, no hay fórmulas mágicas. Si las hubiera, sería un aburrimiento 😄:

  • Agrupación de tareas en días. Organizo la agenda (en papel, soy una romántica) con antelación y coloco las tareas que voy a hacer en los siguientes días, divididos por categoría de trabajo: el lunes lo dedico a programar las redes sociales, el martes a escribir posts, el miércoles a leer manuscritos, el jueves a escribir ficción…O a veces lo fragmento en horas dentro del mismo día: dos horas para escribir, dos para leer… Si solo tienes media hora para escribir al día, márcala en tu agenda, deja ese espacio reservado única y exclusivamente para escribir. La idea de agendar el tiempo de esa tarea es “sitiar” al cerebro, decirle que te vas a concentrar solo en escribir, en enfocarte en un único tema, aunque sea un rato reducido.
  • Poner plazos. Trabajar con fechas en España es duro, lo sé…Mientras que en otros países es algo lógico marcarse plazos, aquí lo dejamos todo para el último día. Siempre que me piden algún texto o informe, pregunto ¿Para cuándo? No he encontrado otra forma de poder organizar mi trabajo y sobre todo de desmenuzar las tareas que conlleva un proyecto. Por ejemplo, me va a llevar X días leer el manuscrito y otros X hacer el informe. O necesito X horas para generar los contenidos de las Redes Sociales del escrit@r Y y una vez que tengan el ok, necesitaré X horas para programar los espacios. Además, tener un objetivo temporal me sirve para luchar contra la resistencia y la procrastinación, que son miedos a si seré capaz de hacerlo, a qué pasará si…voy acallando a mi “juez” interior marcándome objetivos medibles y acotados por el reloj. Si vas dejando tu novela para cuando tengas tiempo, créeme, nunca lo vas a tener. Ponte una fecha, escríbela por todas partes, hazte una camiseta, cuéntasela a tu gente o tatúatela…Es la única forma de que te comprometas con tu escritura.
  • Levantarse pronto o acostarse tarde. ¿Eres alondra o búho? ¡¡Cuántas veces habré escuchado esta frase!! Me levanto entre 7:30 – 8:00 de lunes a viernes. Me gustaría hacerlo antes, pero soy búho hasta la médula, y a mis años ya me he dado por vencida. ¿Por qué tengo que madrugar si es lo más parecido a que me arranquen el hígado? Hay gente que es más productiva a las 6 de la mañana y otras personas que están a tope a las 10 de la noche. Yo estudié toda la carrera de noche y sigo viva. Adoro el silencio de la oscuridad y mi cabeza funciona mejor según va avanzando el día. Escribe cuando estés más despierto, si es antes de ir a trabajar por las mañanas o al volver del trabajo por la tarde o cuando la familia duerme, lo deciden tus biorritmos.
  • Elegir un espacio. Somos animales de costumbres. Incluso cuando éramos una tribu nómada, elegíamos una cueva para resguardarnos de la lluvia. Como te decía en el punto anterior, prefiero el silencio así que muchos días trabajo en la biblioteca que hay cerca de mi casa. Me ayuda a concentrarme y me “obliga” a no estar haciendo llamadas o cogiendo el teléfono, que puedo hacer en otros momentos del día. Pero conozco escritor@s que escriben en cafeterías abarrotadas, en trenes (sin vagón de silencio), en su casa con la televisión puesta o encerrados en un cuarto sin ventanas. Siempre que tengas adquirido el hábito de escribir, lo harás en cualquier parte, aunque yo soy partidaria de tener “una habitación propia”.
  • Cerrar las redes sociales y el resto de programas. Qué difícil es esto, sobre todo si trabajas como yo en proyectos online. La idea es la misma que en el primer punto: concentrarse en la tarea sin distracción. Mensajes que entran y necesitas contestar ya o sucede una desgracia en el mundo, gente que te saluda por el chat…Si eres de los que escriben a mano, lo tienes mucho más fácil. De momento el cuaderno y el boli no tienen conexión a internet. Yo estoy pegada todo el día al portátil y es un verdadero reto cerrar todas las demás aplicaciones. Estoy pensando volver al papel…
  • Moverse. Si vas a escribir varias horas/días seguidos, lo mejor para relajarse y cargar las pilas, es moverse, salir a la calle, dar un paseo, ir al gimnasio, nadar, bailar…Cualquier cosa que te active. En este artículo comentaba las lecciones del deporte que sirven para la escritura y hablaba sobre mi rutina de entrenamiento físico. Necesito deportes de sudar y de adrenalina. El yoga me estresa.
  • Constancia y sin excusas. Escribe aunque solo sea un párrafo todos los días, y no pasa nada si al día siguiente lo borras. El músculo se entrena dándole caña de forma sistemática. Si escribes en casa, cuántas cosas “chulas” hay que hacer en lugar de escribir, sobre todo si estás atascad@, ¿verdad? Poner la lavadora, tender la ropa, una pelusa en el suelo, el vecino que necesita azúcar, la gata que quiere jugar y te araña las piernas, los deberes de los niños, el partido del Mirandés… ¿Cuántas excusas somos capaces de inventarnos? El que quiere algo encuentra el momento y la forma de hacerlo; el que no, encuentra excusas.
  • Utilizar programas de organización. El tiempo se esfuma, se evapora, se pierde, pero también se gana. Y en esto último la tecnología es la diosa. Hay que aprovecharla en nuestro beneficio para que nos facilite la vida. Te cuento mi caso: abro un documento de word y lo guardo tan bien, tan bien, que luego no soy capaz de encontrarlo. Tengo la documentación de la nueva novela que estoy preparando desorganizada y dispersa. Una idea en un documento, un enlace interesante en otro, un trozo de diálogo que se me ocurrió mientras iba en el autobús, carpetas con imágenes de lugares para la ambientación, otras con fotos de vestidos de la época, una web que tenía una cosa que…¡¡¡El caos!!! Hasta que descubrí Scrivener, un programa bien interesante para escritor@s, que te permite escribir y organizar tus textos, tenerlos en un único lugar y poder compilarlos rápidamente. ¡Una pasada! Si quieres saber cómo funciona, he organizado un webinar gratuito para que Gema Moratalla, escritora y friki de Scrivener, nos cuente en directo todas sus utilidades. Será el jueves 24 de mayo a las 20:00 hrs. Aquí tienes más información y el enlace para apuntarte.

Y ya para terminar, después de tanto hablar del tiempo y de lo que me obsesiona, te contaré el secreto prometido: no llevo reloj. Me lo quité hace casi tres años y no he tenido necesidad de volver a ponérmelo. ¿Qué pasaría si te lo quitas? Te dejo las instrucciones de Cortázar para darle cuerda al reloj por si quieres reflexionar sobre ello… 

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5 puntos débiles de los borradores de libros [Segunda Parte]

Hace dos semanas publiqué un artículo sobre los 5 puntos débiles que tenían la mayoría de los borradores de libros de ficción que he leído en mi vida. Al lanzarlo me pareció un post bastante sencillo, y pensé, a quién le va a interesar esto. Pero cuál sería mi sorpresa cuando vi el número de veces que se ha compartido y empecé a leer vuestros comentarios. Así que nunca podemos dar nada por supuesto. En vista de la buena acogida, aquí va la segunda parte, las otras cinco flaquezas de la mayoría de los manuscritos que leo. ¡¡Y son unos cuantos!! Espero que resulte al menos igual de útil y leída que la primera. Porque segundas partes también pueden ser excelentes, aunque ahora no se me ocurre ninguna 😃

  • Comienzo. ¿Cuándo empieza una historia? Hay tantas maneras de comenzar una novela que daría para una tesis. Pero lo más importante (y la única regla, si es que existe alguna) es que la frase inicial agarre al lector por el cuello y le obligue literalmente a traspasar el umbral de la primera página. Pero también asegúrate de que no empiezas demasiado en “alto” la historia y que luego no puedas mantener ese nivel porque así se frustran las expectativas del lector. Se puede comenzar con una larga descripción, la de un paisaje natural o urbano (como hace Chéjov), con una conversación, con una autopresentación del narrador (como en “Moby Dick”), con una reflexión filosófica o con un marco histórico para contextualizar el relato. Uno de mis comienzos clásicos favoritos es el de “Historia de dos ciudades” de Charles Dickens:

«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, solo es aceptable la comparación en grado superlativo».

  • Final. Tanto el principio como el final de una novela, tienen que estar íntimamente ligados y ser coherentes con toda la estructura del relato. Pero como en los comienzos, no hay demasiadas reglas y si las hay, están para saltárselas 😉 Si bien, este punto de la estructura no lo voy a tratar en este post porque se haría eterno, sí os contaré que Hemingway fue el primer autor que se cargó de un plumazo el primer acto de la estructura clásica: ya sabéis, planteamiento, nudo y desenlace de toda la vida. Él decidió que ya teníamos suficiente información en nuestro imaginario colectivo como para saltarnos los comienzos. Pero unas décadas antes, A. Chéjov ya había destrozado el tercer acto, es decir, el final de la historia. El autor ruso creía que hay conflictos que no se pueden resolver. Hay cosas que pasan en la literatura pero no en la vida, porque la vida siempre sigue. Más tarde, desde Salinger y sobre todo desde Carver, la estructura se desbarata y ya no hay ni principio ni final. Hay un momento epifánico en el que los personajes entienden algo (se hace luz sobre un conocimiento que estaba oculto) pero no se resuelve nada. La vida continúa y por tanto los finales deben ser abiertos. Yo no me creo los finales que cierran demasiado. Como lectora, no me dejan margen a la imaginación. Uno de mis “The End” favoritos (aunque está bastante cerrado) es el de “El gran Gatsby” de F. Scott Fitzgerald: [SPOILER]

«Había recorrido un largo camino para llegar a este verde césped, y su sueño debió de parecerle tan próximo que no le sería imposible lograrlo. No sabía ya que estaba detrás de él en alguna parte de aquella vasta oscuridad, más allá de la ciudad, donde los oscuros campos se desplegaban bajo las sombras de la noche. Gatsby creía en la luz verde, el orgiástico futuro que, año tras año, aparece ante nosotros…Nos esquiva, pero no importa; mañana correremos más de prisa, abriremos los brazos, y…un buen día…Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado».

[Un inciso: si te interesa el tema de la estructura de las obras de ficción, te recomiendo que escuches esta charla del escritor argentino Federico Falco. A partir del minuto 24 habla sobre comienzos y finales, aunque todo el podcast merece muchísimo la pena.]

  • Tiempo. También muy relacionado con la estructura, está el punto del tiempo interno de la narración. Lo más sencillo es contar una historia en el orden cronológico en el que se sucedieron los acontecimientos. Pero es aburrida hoy en día. Estamos bastante cansados de consumir historias sobre todo en el formato cinematográfico. Los cambios temporales le dan frescura y dinamismo a los textos: los retrocesos temporales o flashback; la visión anticipada de lo que va a ocurrir en el futuro o flashforward; las estructuras fragmentadas que van dando saltos en el pasado y en el futuro y que hay que reconstruir una vez acabada la historia como Pulp Fiction… Una de mis estructuras favoritas, sobre todo para construir relato corto, es in media res, es decir, comenzar en medio de la historia, cuando ya han sucedido muchas cosas, e ir retrocediendo y avanzando hasta superar de nuevo el comienzo y poner el punto y final. Así es como empiezan la mayoría de los capítulos de las series actuales de televisión. No te limites a contar linealmente de un punto A a uno B, juega con los cambios temporales. Tendrás que construir primero la historia de forma lineal y luego ir cortándola para introducir los saltos.
  • Ambientación. Toda historia sucede en un espacio. Las largas descripciones estaban fantásticas en el siglo XIX, antes del cine y de la televisión. Pero ahora tenemos otra forma de leer, más rápida y apresurada, donde la acción prima sobre la descripción. A mi me encanta leer clásicos; eso sí, lo hago en vacaciones cuando tengo más tiempo. El resto del año prefiero textos que fluyan. Eso no significa que no haya descripciones, pero estas tienen que hacerse con cuatro pinceladas, sin demorarse en los detalles. En el siglo XXI donde todo es visual y estamos aburridos de consumir imágenes en internet, tenemos suficiente información en la cabeza sobre ciudades y lugares de todo el planeta. Es difícil que una descripción de ambiente no caiga en el costumbrismo. Lo que sí sigue siendo interesante es el recurso de los fenómenos meteorológicos, tanto para marcar el paso del tiempo en la historia (las estaciones del año) como para mostrar los estados anímicos o como síntoma metafórico de las vidas interiores de los personajes: nevadas, tempestades en el mar, lluvia de ceniza, calor que derrite a los pájaros… Pero de nuevo, sin caer en la descripción demasiado pormenorizada y sobre adjetivada. Estoy pensando en <<Afuera está la primera inmunda>> de Silvina Ocampo, <<Un tiempo implacable de noviembre>> de “Casa desolada” (Dickens) o <<la muerte del sol>> de “La máquina del Tiempo” (H.G. Wells)
  • Tema. Lo he puesto en último lugar pero me parece el punto más esencial de cualquier historia. El tema es el foco principal al que se dirige la novela. Respondería a la pregunta ¿de qué va esta historia?, ¿qué quiere contar este relato? Sirve también para definir el género en el que se enmarca. Es conveniente que haya un único tema principal aunque puede haber temas secundarios. Muchas veces me encuentro con novelas que van dando bandazos entre un tema y otro. ¿Es una novela de investigación en la que se resuelve un misterio? ¿Es una historia sobre una ciudad? ¿Es un relato sobre un hombre en plena crisis sentimental? En ocasiones, la mezcla de varias historias que compiten en importancia hacen que el relato vaya dando tumbos. Unas veces “juega” a una cosa y otras veces a otra, pero no hay un equilibrio. Parece como si el autor estuviera en una partida de póker y al mismo tiempo en una de parchís con las mismas reglas. Habría que tomar una decisión: ¿cuál de todas las historias es la principal? Y seguir el hilo de la trama desde el principio hasta el final, intercalando las tramas secundarias.

Comentaba en el artículo anterior sobre los personajes, la acción y la tensión, la credibilidad, el narrador y el estilo. Son puntos tan importantes como los anteriores. Si bien, no flojean todos a la vez, es cierto que si uno falla, hace que el resto pierda fuerza. Lo mejor es que haya un equilibrio entre todos los pilares de la historia, ya sea una novela o un libro de relatos.

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